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Por Carlos Hernández Osorio | Daniela Amaya Rueda · 26 de Octubre de 2019

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Además de la elección de Alcalde o Alcaldesa este domingo, en el trasfondo de estas elecciones en Bogotá están en juego otros aspectos, que variarán en buena medida dependiendo de quien gane. Aquí algunas ideas.

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La continuidad del modelo Peñalosa

Después de romper con el modelo de ciudad que había comenzado a forjar Gustavo Petro (2012-2015), Enrique Peñalosa dejará andando o a punto de comenzar megaproyectos que reflejan su visión de ciudad, y que dependiendo de quien gane las elecciones serán continuados plenamente o serán reconsiderados.

El proyecto que mejor recoge esa visión es el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que es a 12 años, está en discusión en el Concejo y será aprobado después de las elecciones.

Ahí no sólo hay planteadas 15 troncales de Transmilenio más, sino los macroproyectos de vivienda para extender la ciudad al norte (aunque no está la intervención en la reserva Van der Hammen porque la CAR no la ha aprobado), occidente y sur, así como el sendero de los cerros orientales.

Eso se mantendría tal cual si gana Miguel Uribe (aunque nunca ha punteado en las encuestas); no se vería muy perturbado con Carlos Fernando Galán (que hoy puntea); se pondrá en cuestión si triunfa Claudia López (que ha estado entre el primero y segundo lugar) y se echará para atrás si gana Hollman Morris (que siempre ha estado en los últimos lugares).

Como contamos en nuestro Peñalosímetro, Uribe Turbay propone una especie de tercer gobierno de Peñalosa mientras el programa de Galán es continuista con matices.

El cambio que propone Galán es, sobre todo, en el estilo de gobierno, que quiere ser más allegado a la ciudadanía y no arrogante como él mismo admite que ha sido Peñalosa. Aunque no se trata de una transformación en la visión de ciudad, posiblemente eso le ayude a echar a andar la agenda continuista que propone, generando consensos que Peñalosa no logró con la ciudadanía. Esto lo propone, por ejemplo, para sacar adelante la construcción de vías en lo que hoy es la Reserva Van der Hammen, algo a lo que se opone Claudia López.

Ambos coinciden en que harán el metro elevado que dejará adjudicado Peñalosa, pero se distancian en otros proyectos que para el actual Alcalde son claves. Ella se opone al POT porque lo considera nocivo para el medio ambiente de la ciudad, mientras él dice que hay que hacerle cambios, pero en su programa propone aplicarlo y hacer pedagogía para que la gente lo entienda, aunque precisa que volvería a calcular el crecimiento de la ciudad en función del censo definitivo que determine el Dane para Bogotá, pues todo indica que será menor a los 8 millones a partir de los cuales trabajó el equipo de Peñalosa para proyectar la construcción de vivienda en un futuro.

Esta semana, además, dijo que reduciría drásticamente las troncales de Transmilenio planteadas en el POT, aunque, a diferencia de López, sí haría las de la Séptima y la de la 68. Ella, en cambio, propone usar los más de 2 billones de Séptima en poner la plata que le corresponde al Distrito para extender el metro a Engativá y Suba.

Coinciden también en que no venderían la ETB, algo que tampoco haría Hollman Morris, mientras Miguel Uribe sí cree que esa empresa necesita, al menos, un socio estratégico.

 
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Dos visiones sobre el centro

Con lo difusa que es la definición del centro político, en estas elecciones, como contamos desde un comienzo, la apuesta por quedarse con el votante que se considera de centro es clave en una ciudad donde la izquierda está de capa caída y la derecha no tiene cómo poner alcalde por sí sola.

Claudia López y Carlos Fernando Galán fueron los que hicieron esa apuesta, que al principio parecía significar una ubicación entre Petro y Peñalosa, los protagonistas de una pelea alrededor del modelo de ciudad que ha marcado, al menos, los últimos cuatro años en Bogotá.

Y fue así en tanto ambos comenzaron sus campañas con el discurso de mantener lo bueno de Peñalosa y retomar lo que a Petro le salió bien, mientras que Hollman Morris se casó con el regreso de la Bogotá Humana de Petro y la ruptura con Peñalosa, al tiempo que Miguel Uribe Turbay mantuvo la línea de avanzar en lo que hizo Peñalosa con una crítica constante al legado de Petro.

Después de conocidos los programas y a medida que avanzó la campaña se notó que, en el caso de López y Galán, buscaron el centro de una forma diferente.

Sobre todo porque Galán mostró que su programa es sobre todo una continuidad con respecto a Peñalosa (ver el punto 1 de esta historia), y le apostó a la moderación en el tono que no tienen ni el Alcalde ni Petro.

López, por su parte, sí se la jugó por un programa que rescatara puntos clave del Alcalde y el exalcalde, pero ante la estrategia de moderación en las formas que le sirvió a Galán para subir en las encuestas, se vio obligada a dejar el estilo confrontacional que la caracteriza.

Y todo indica que en la última semana le terminó apostando más a persuadir a los votantes de izquierda de clase media, con propuestas como la de congelar las tarifas del predial y del aseo por un año, sin que eso implique que haya dejado a un lado aquellas en las que busca continuidad con Peñalosa (ver punto 1 de esta historia).

 
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La elección de un alcalde sin mayorías en el Concejo y que no dé puestos a concejales

El único candidato que, de ganar, llegaría con mayorías en el Concejo sería Miguel Uribe Turbay, que tiene el respaldo de cinco partidos (Liberal, Centro Democrático, Conservador, MIRA y Colombia Justa Libres) que, sumados a Cambio Radical, que con él probablemente también sería partido de Gobierno, podrían meter los 23 concejales con los que haría mayoría entre los 45.

Los otros tres no la tendrían tan fácil y por eso en estas elecciones está en juego la llegada de un Alcalde sin mayorías aseguradas, a diferencia de Peñalosa.

Eso es importante porque Claudia López, Carlos Fernando Galán y Hollman Morris se verían obligados a patinar con más dificultad sus proyectos en el Concejo, sobre todo teniendo en cuenta que, como dependerían de los partidos tradicionales para asegurar mayorías, y ahí muchos se mueven a punta de que les den puestos, la tendrían más de para arriba.

En particular, Galán y López han insistido en que quieren cambiar esa forma de relacionarse con el Concejo.

Galán lo ha hecho como parte de su bandera de independencia de los partidos, pues a pesar de que, como contamos, hay políticos de Cambio Radical, el Partido Liberal, La U y los verdes haciéndole campaña, él dice que no ha hecho acuerdos con nadie y que no dependerá de ellos para gobernar.

López, por su parte, sustenta su bandera anticorrupción en esta campaña justamente en terminar con prácticas como esas.

Sería un cambio grande teniendo en cuenta que, al menos, los últimos tres alcaldes hicieron transacciones con el Concejo para garantizar gobernabilidad.

Lo hizo Samuel Moreno, en una confabulación que terminó en el “carrusel de la contratación”. También Petro, cuyo primer Secretario de Gobierno, Antonio Navarro, ofreció públicamente representación política a los concejales de partidos que no eran de gobierno con el fin de trabajar juntos, y, por ejemplo, al Partido de la U Petro le dio la Secretaría de Movilidad y al Conservador, el Fondo de prestaciones de la Secretaría de Hacienda (Foncep).

Peñalosa lo hizo por medio de la Secretaría Social cuando estaba en cabeza de la uribista María Consuelo Araújo, que les dio a los concejales, sobre todo de Cambio Radical y el Centro Democrático, las subdirecciones de esa entidad en las localidades.

Cambiar eso puede significar, para quien lo intente, una relación difícil con el Concejo, y un clima de tensión constante, al tiempo que significaría pasar de una relación clientelista a una institucional, que ya logró Antanas Mockus en su momento.

 
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La llegada de una mujer lesbiana a la Alcaldía

El posible triunfo de Claudia López sería muy simbólico porque se trata de una mujer (la primera en ser elegida alcaldesa por voto popular) y además, abiertamente lesbiana.

Es decir: representa a dos poblaciones a las que históricamente se les han negado u obstaculizado esos espacios de poder.

Que gane, por un lado, la puede convertir en un referente para mujeres y personas con orientaciones sexuales diversas que verán en ella la posibilidad de abrirse también campo en espacios de toma de decisiones. Es decir: la fuerza de ese símbolo estaría en su capacidad de tener efectos palpables, y eso la diferenciaría a ella de otras mujeres que no llegarían con una agenda de defensa de los derechos de la mujer y de inclusión.

Además, su triunfo hablaría del sentir y querer de “las mayorías” en Bogotá, una ciudad que, en un país godo, ya mostró en todo caso que tiende a ser más progresistas, pues les abrió las puertas a alcaldes desvinculados de los partidos tradicionales y, por otra parte, a la izquierda, que gobernó 12 años.

Eso pasaría con todo y que dentro del mismo feminismo López ha recibido críticas porque en esta campaña también envió mensajes de corte patriarcal, como escribió Carolina Sanín en Arcadia al analizar el video en el que la candidata aparece tocando piano con Antanas Mockus en su espalda; o porque su feminismo no cuestiona el sistema económico, como trinó la profesora Luciana Cadahia.

Ahora, más allá de los peros que pueda tener López dentro de algunas tendencias feministas, si gana es posible que los cristianos y la derecha más radical de la ciudad abran un frente de debate que gire alrededor de políticas de educación y de familia que no están dispuestos a que se toquen, y menos si quien lidera la política pública es una mujer lesbiana. Esto teniendo en cuenta que ella se quejó en campaña de que pusieron a rodar cadenas de whatsapp diciendo que ella iba a implementar la ideología de género en los colegios (un argumento de cristianos y de la derecha para decirle No al plebiscito por la paz en 2016), algo falso, y de que esta semana ella dijo en el debate de RCN Televisión que la educación sexual de los estudiantes debía estar en cabeza de la familia por encima de los colegios, una concepción a la que también son cercanos los cristianos.

 
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El fortalecimiento de la centroizquierda en el Concejo

Con la caída de Samuel Moreno en 2011 y la derrota del petrismo en 2015, la izquierda del Polo y de Petro se vio menguada en el Concejo al punto que hoy sólo tiene cinco de 45 concejales: cuatro polistas y uno progresista. La centroizquierda, sin embargo, tiene buenas probabilidades de fortalecerse en el Concejo a partir de estas elecciones.

Primero porque Claudia López, avalada por los verdes y el Polo, puede ayudar a jalar ambas listas, particularmente la del verde, su partido, que es probable que aumente sus seis curules.

Además, la lista cerrada de Colombia Humana, Unión Patriótica y Maís seguramente pondrá concejales que ayuden a reforzar el bloque de centroizquierda dentro de un concejo en el que hoy tienen mucha más fuerza los partidos tradicionales como Cambio Radical y el Liberal.

Eso sí, aunque las reivindicaciones de esos partidos puedan ser similares, no necesariamente trabajarán en bloque. Si gana Galán posiblemente estén más alineados que si gana López, a la que quienes queden de la lista de Colombia Humana probablemente le hagan, si no oposición, al menos sí mucho control político.

 
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La influencia de Petro en Bogotá

Después de que ganó la Alcaldía en 2011, Gustavo Petro no logró poner como sucesora a la candidata que respaldó en 2015, Clara López, y pinta muy difícil que Hollman Morris, su candidato este año, gane las elecciones.

A eso se suma que quedó de segundo en la ciudad en la primera vuelta presidencial de 2018, por debajo de Sergio Fajardo.

El petrismo no pone alcalde por sí solo, pero sí se mantiene como una fuerza importante que puede inclinar balanzas. Al menos este año, queda la sensación de que si hubiera acompañado a Claudia López, quizás ésta tendría más fuerza ahora que la que muestran las encuestas (ese acuerdo en todo caso le hubiera alejado votantes de centro y derecha).

Y si López pierde, entre las explicaciones estará que el petrismo le quitó votos que pudieron ser vitales (dependiendo de por cuánto pierda, en todo caso).

Pero si ella gana, Petro puede verse más disminuido por haber hecho una apuesta que ni pudo ganar ni logró llevarse una porción decisoria de la izquierda. Y en cambio, el Polo se vería fortalecido, en tanto avala a López.

El destino del exalcalde de izquierda en esta elección también comenzará a definir su camino a la Presidencia en 2022, después de que se la jugó por irse solo y la Colombia Humana terminó dividida entre López y Morris.

Desde ya, en todo caso, él tiene el reto de recomponer su movimiento.

 
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El poder en las localidades

La derrota del petrismo en 2015 implicó una reconfiguración del poder en las localidades, en las que el movimiento Progresistas de Petro se había fortalecido con la victoria de Petro en 2011.

La victoria de Peñalosa, avalado por Cambio Radical, impulsó mucho a este partido no sólo para ser el más votado el Concejo, sino también a las Juntas Administradoras Locales (JAL). Cambio puso 38 ediles; el Partido Liberal, 36; el Centro Democrático, 28; el Polo, 26; la Alianza Verde, 25; La U, 22; el Conservador, 4; el Mira, 3, y la UP, 2.

Que Cambio Radical no tenga en esta elección un candidato a la Alcaldía que ayude a impulsarlo podría significar que pierda fuerza en el nivel local. A su vez, podrían ganar espacios los verdes, las listas de Colombia Humana e incluso las que presentaron en algunas localidades “Bogotá para la gente”, el movimiento de Galán, y la Farc.

 

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