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Por Carlos Hernández Osorio · 28 de Octubre de 2019

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Además del triunfo de Claudia López en Bogotá, de los resultados de las elecciones en la ciudad se pueden sacar otras conclusiones que La Silla Cachaca presenta a continuación.

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Bogotá ratificó su inclinación al voto alternativo

La elección de Claudia López es en sí misma una ratificación de que Bogotá es una ciudad que no le teme a las apuestas alternativas, pues no sólo se trata de una mujer que no viene de la élite y que milita en un partido no tradicional como Alianza Verde, sino abiertamente lesbiana, como ya contamos.

Pero más allá de eso, la ciudad ratificó que tiene la capacidad de cambiar de tendencia cada que no le satisface el alcalde actual.

Y es que por tercera elección consecutiva eligió a un alcalde que representa el cambio con respecto al mandatario en ejercicio. Lo fue Gustavo Petro frente a Samuel Moreno en 2011; Enrique Peñalosa frente a Petro en 2015, y ahora Claudia López frente a Peñalosa.

Además, mantuvo la tendencia de elegir a alguien que representa la oposición al Gobierno Nacional, como pasó con Lucho Garzón y Samuel Moreno durante los gobiernos de Álvaro Uribe Uribe, y con Gustavo Petro durante el gobierno de Juan Manuel Santos. La excepción en este tiempo fue Enrique Peñalosa frente a Santos.

 

 
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La pelea sí era por el centro

Que Claudia López y Carlos Fernando Galán hayan sido, de lejos, los dos primeros con más de un millón de votos, y que la diferencia entre ambos no haya sido tan amplia (86 mil votos que representan una brecha del 2,7 por ciento) muestra que la disputa sí era por el votante de centro que ambos buscaron desde el principio de su campaña.

Sobre todo porque los otros dos candidatos que quedaron en la cola representaban los extremos de la campaña: Hollman Morris, la izquierda del petrismo (440 mil votos, 13,9 por ciento), y Miguel Uribe, la derecha de los partidos tradicionales con el Centro Democrático y el grueso de las iglesias cristianas (426 mil votos, 13,5).

López y Galán coinciden, precisamente, en que representaban al votante que no se identificaba ni con Petro ni con Uribe. Y también en que le apostaron a irse por la mitad entre Petro y Peñalosa, aunque eso era más claro en el programa de ella, pues la agenda de Galán era mucho más continuista con respecto al modelo de ciudad del Alcalde, y le apostó sobre todo a acabar con el tono arrogante que caracteriza a Peñalosa y al propio Petro.

 

 
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La elección fue por un timonazo al modelo Peñalosa, pero no por una ruptura

“Bogotá votó por un cambio”, dijo Claudia López en su discurso de victoria, y resaltó los puntos en los que, precisamente, le dará un timonazo a lo que viene haciendo Enrique Peñalosa como alcalde: extender el metro a Suba y Engativá y no hacer Transmilenio por la Séptima ni por la avenida 68; no urbanizar la Reserva Thomas Van der Hammen; se opone al Plan de Ordenamiento Territorial (POT), la primera pelea que se le viene como alcaldesa electa porque el proyecto puede ser votado esta semana en un Concejo que, hasta ahora, mantiene mayorías peñalosistas.

Además le apostará a hacer un tren de cercanías que llegue por el norte de la ciudad, que se suma al que ya está licitado para que entre por el occidente. Ambos son proyectos en los que Peñalosa nunca ha creído.

No hará más colegios en concesión (cosa que sí hizo Peñalosa) y propone crear una agencia pública para garantizar el acceso gratuito de 20 mil estudiantes a educación superior, un modelo que rompe con el actual, que está basado, sobre todo, en créditos.

Sin embargo, López siempre resaltó que continuará lo que considera que va bien, como la que redujo el embarazo adolescente, el proyecto Lagos de Torca en el norte de Bogotá; y finalmente hará el metro elevado que piensa dejar contratado Peñalosa.

Antonio Navarro define este viraje como “un cambio inteligente”, que termina siendo muy diferente al que proponía el petrista Hollman Morris, que era una ruptura. Eso al punto de que él dijo que López era una peñalosista más en contienda.

Su idea de montar a la ciudad de nuevo en el proyecto del metro subterráneo, a pesar de que hasta ahora los jueces no le han dado razón en sus denuncias de corrupción, implicaba demorar el comienzo del metro para Bogotá prácticamente los cuatro años que duraría su gobierno, en medio del traumatismo que significaría parar el proyecto elevado y con la posibilidad de que finalmente no lograra sacarlo adelante.

Además, eso traería consigo el retorno a una confrontación política alrededor de la obra, que claramente iba a atravesar un posible gobierno suyo en todos los frentes.

Eso no quiere decir que el gobierno de López vaya a estar exento de la confrontación política, precisamente porque representa un cambio y es previsible que todos o casi todos los partidos que ahora apoyan a Peñalosa pasarán a la oposición.

 

 
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La centroizquierda se fortaleció en el Concejo, pero Claudia López arranca sin mayorías

Como era de esperarse, la Alianza Verde fue el partido más votado al Concejo de Bogotá, con una votación histórica de 570 mil votos, muy posiblemente jalonados por la nueva alcaldesa, Claudia López, que milita allá.

Pasará de 6 a 12 curules, que sumadas a las 4 del Polo y a las 3 de Colombia Humana le dan un nuevo aire a la centroizquierda en Bogotá, sobre todo si se tiene en cuenta que hoy sólo tiene 5 curules (4 del Polo y una petrista).

Pero para López las noticias no son tan alentadoras, pues con los verdes y el Polo tiene una bancada inicial de 16 curules, que aunque es la tercera parte del Concejo no le alcanza para hacer las mayorías que necesita para aprobar proyectos. Le quedan faltando 7 para asegurar la mayoría que necesita para aprobar proyectos.

Y no parece haber, al menos de entrada, otro partido que pudiera declararse de gobierno, así que para cada proyecto le tocará buscar completar con concejales de otros partidos.

Al menos Gustavo Petro ya anunció que la bancada de Colombia Humana, que metió tres curules, se declarará en independencia porque ella no los representa.

 

 
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Las maquinarias y los tradicionales quedaron golpeados, pero no de muerte

La muestra más flagrante del golpe que sufrieron los partidos tradicionales que mueven maquinaria en Bogotá fue el bajonazo de Cambio Radical, que pasó de 9 a 5 curules y de 371 mil votos a 237 mil, algo que seguramente también está ligado a la mala imagen de Germán Vargas Lleras (jefe máximo de ese partido) después de las presidenciales, y a la baja popularidad del alcalde Enrique Peñalosa, avalado por ese partido.

A ellos se suma que los conservadores pasaron de 3 a 2 curules, y La U de 4 a 1.

Eso no quiere decir que las maquinarias y los tradicionales hayan sufrido un golpe mortal.

El Partido Liberal, por ejemplo, pasó de 6 a 7 curules, probablemente impulsado por los votos cristianos de la Misión Carismática Internacional, que tenía como candidata a la cabeza de lista, Sara Castellanos. Además, el resto de elegidos son de estructura y no de opinión: Samir Abisambra, María Victoria Vargas, Germán García, Luz Marina Gordillo, Álvaro Acevedo y Armando Gutiérrez.

Y en Cambio Radical, más allá de sus pérdidas, ganaron los candidatos que tienen más estructura (Yefer Vega, Rolando González, Carolina Arbeláez -cuyo esposo Julio César Acosta, actual concejal, le puso los votos-, Pedro Julián López y César García) mientras que perdió su cabeza de lista, María Andrea Nieto, algo inisual pues los número 1 suelen salir elegidos.

Tan sólo los liberales, Cambio Radical, los conservadores y La U obtuvieron en conjunto 754 mil votos.

A lo que se suma que en el Centro Democrático entraron al menos dos candidatos de maquinaria: Óscar Ramírez y Diana Diago.

 

 
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Quedó ratificada la debilidad de Álvaro Uribe en Bogotá

Los 426 mil votos de Miguel Uribe Turbay (el 13,5 por ciento), el candidato del expresidente Álvaro Uribe en esta campaña, son más de los 327 mil (12 por ciento) que sacó Pacho Santos en 2015, pero en todo caso quedó claro el carácter minoritario del uribismo en la ciudad, que nunca ha avalado a un candidato ganador.

Además, es muy probable que el Centro Democrático pase de seis a cinco curules en el Concejo, con una votación cercana a los 263.000 votos que representa el 9 por ciento de los votos; casi 10.000 menos que en 2015, cuando votó menos gente en general y  obtuvieron el 10 por ciento con 272 mil.

 

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Petro no fue decisivo

La apuesta de Gustavo Petro por Hollman Morris pintó perdedora desde el comienzo. Estructuraron una campaña que le habló sólo al petrismo y por lo tanto terminó cautivando sólo una porción minoritaria de los votantes (440 mil votos que representan el 13,9 por ciento).

Además, esos votantes no le hicieron falta a Claudia López, que era la candidata de la centroizquierda y por eso pintaba en un comienzo como candidata también del petrismo, hasta que el metro los separó.

De haber perdido López, Petro habría podido cobrar esa derrota, en tanto se habría llevado los votos que posiblemente a ella le hubieran faltado.

Pero el hecho de que ella hubiera ganado sin el impulso de Petro hace que la derrota de éste en Bogotá sea aún más fuerte, con el ingrediente adicional de que su apuesta por Morris implicó una fractura de su movimiento, la Colombia Humana, al que le tocará recomponer de cara a su campaña presidencial de 2022.

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El poder local ahora es verde

El triunfo de Claudia López también implicó una reconfiguración del poder en las localidades.

La Alianza Verde sacó la mayor votación a Juntas Administradoras Locales (JAL), con 502.000 votos (70 mil menos que a Concejo), y fue el partido más votado en 15 de las 20 localidades: Usaquén, Chapinero, San Cristóbal, Tunjuelito, Kennedy, Fontibón, Engativá, Suba, Barrios Unidos, Teusaquillo, Los Mártires, Antonio Nariño, Puente Aranda, Rafael Uribe Uribe y Ciudad Bolívar.

Así, reemplaza a Cambio Radical como las fuerza política más poderosa en las JAL, y sobre todo le da una base territorial sólida a Claudia López que le puede servir para legitimarse en los barrios.

El Partido Liberal ganó en tres localidades pequeñas: Santa Fe, La Candelaria y Sumapaz. Y Colombia Humana en dos: Bosa y Usme.

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Con una edilesa, Farc hará sus primeros pinitos en el poder local bogotano

El partido Farc se estrenó en elecciones locales en Bogotá con una votación de 26 mil votos a Concejo, el doble de lo que sacaron el año pasado a la Cámara de Representantes en la ciudad, lo que significa un avance a pesar de que estuvieron lejos de alcanzar una curul.

Su candidato más votado, Jorge Rojas (militante de la Colombia Humana de Petro), obtuvo 9.710 votos.

Sin embargo, lograron elegir como edilesa en Ciudad Bolívar a Luceris Segura Salas, una lideresa de esa localidad que representa la incursión de ese partido en las corporaciones públicas de la capital después de que se desmovilizó la antigua guerrilla.

 

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Galán sembró el germen de un nuevo movimiento, aunque sin mayores bases locales

El millón de votos que sacó Carlos Fernando Galán le dio para decir que ayer nació un nuevo movimiento político en Colombia.

Aunque perdió, dio un golpe de opinión potente en una ciudad donde ningún alcalde había sacado esa cantidad, y por eso centró su discurso de aceptación de la derrota en mirar hacia adelante, dadas las posibilidades que se le pueden abrir como una opción de centro, que no está ni con Petro ni con Uribe.

Sin embargo, también es simbólico que “Bogotá para la gente”, el movimiento por el que se lanzó, sólo sacó 108 mil votos al Concejo y alcanzó dos curules, a las que se sumará la de él, que decidió aceptar esta mañana, pero en todo caso será una bancada muy pequeña.

A eso se suma que desde un comienzo arrancó sin mayor arraigo en las localidades, ya que intentó recoger firmas para presentar listas a las Juntas Administradoras Locales (JAL) en 17, pero sólo le alcanzó en dos: Teusaquillo y Usaquén.

Allá sacaron 6.040 y 17.700 votos, respectivamente, y quedaron de quintos y cuartos.

Es decir, por ahora la fuerza del movimiento de Galán radica en él mismo, como pasa también con Uribe, Petro y Fajardo.

 

Comentarios (1)

Marleny Barrera López

28 de Octubre

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Claudia llega a la alcaldía sin Peñalosa y sin Petro. Consolidando su fuerza electoral sin clientelismo y conquistando los votos del ciudadano del común.

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