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Por Enrique Pardo Uribe · 28 de Octubre de 2018

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Con la reciente presentación de la Encuesta de Percepción de Seguridad y Victimización de la Cámara de Comercio quedó ratificado que en Bogotá, a pesar de que el alcalde Enrique Peñalosa ha consolidado a la baja los homicidios, en el resto de asuntos importantes sale mal librado, aunque no todo es su culpa.

Durante la administración Peñalosa la tasa de homicidios se ha reducido a 14 por 100 mil habitantes, la tasa más baja en 37 años según la administración y en el transporte público ocurrieron menos delitos. Pero la cantidad de personas que reportaron haber sido víctimas de algún delito en primer semestre de este año aumentó en 7 puntos porcentuales con respecto al primer semestre del año pasado hasta llegar al 47 por ciento de los ciudadanos.

Los siguientes son cuatro puntos para entender el problema actual de la seguridad en Bogotá

(El próximo martes La Silla Vacía hará una mesa redonda con expertos, desde las 9:00 de la mañana, para hablar sobre este tema. El espacio, que se enfocará en la formulación de soluciones, será transmitido por nuestras redes sociales y las de la Cámara de Comercio de Bogotá, CCB).

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Peñalosa, a diferencia de sus antecesores, no ha logrado frenar la mala racha

Los resultados de la encuesta de Victimización de la CCB muestran, gráficamente, la evolución de ese fenómeno en Bogotá durante los últimos tres gobiernos.

La cantidad de personas que se declararon víctimas directa o indirectamente de algún delito en la ciudad está en uno de sus momentos más altos en los últimos años, con un 47 por ciento que reportó haber sido víctima en el primer semestre.

Por victimización directa la encuesta se refiere a las personas que dijeron haber sido víctimas personalmente de algún delito, mientras que por victimización indirecta se refiere a las personas que reportaron que algún conocido fue la víctima.

Esa cifra es prácticamente la misma de los peores momentos de la administración de Samuel Moreno (49%) y Gustavo Petro (48%) con la salvedad de que estos dos alcaldes sólo mantuvieron esas cifras por dos semestres en el caso de Samuel y uno en el caso de Petro, mientras que este es el tercer semestre de Peñalosa en esos niveles.

De hecho, Peñalosa lleva dos años y medio con una tasa de victimización por encima del 40 por ciento, algo que no se vio en ninguna de las dos administraciones anteriores. Eso es un golpe para el Alcalde, pues llegó al cargo ondeando la movilidad y la seguridad como sus banderas.

Inclusive el Secretario de Seguridad, Jairo García, reconoció que con un delito como el hurto a celulares la política de bloqueo de los IMEI y reporte de los celulares robados había fracasado. Eso es especialmente sensible porque el 40 por ciento de los bienes robados en el primer semestre de este año fueron celulares, la misma cifra que en el primer semestre del 2017.

Aunque la Alcaldía comparte la responsabilidad con el Gobierno Nacional en este punto, no deja de ser un golpe para Peñalosa porque Bogotá se consolidó como la ciudad en la que hay más víctimas de robos.

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Los cuadrantes de la Policía se dejaron caer

Aunque la Policía mantiene su Plan de Vigilancia por Cuadrantes, la Encuesta de victimización muestra cómo se está viniendo abajo la estrategia.

Ese plan consiste en que la ciudad se divide en sectores, cada uno vigilado por seis policías que mantienen un contacto cercano y constante con los vecinos. Intercambian números de celular, por ejemplo, o hacen grupos de whatsapp.

En Bogotá comenzó a funcionar en el 2010, durante la Alcaldía de Samuel Moreno, y fue una estrategia a la que la Policía le metió la ficha desde entonces.

El número de personas que reportó haber interactuado con un policía de su cuadrante pasó de 37 por ciento en el 2014 a 21 por ciento en el primer semestre del 2018. En el mismo periodo los que han oído hablar del Plan pasaron de 90 a 40 por ciento.

Para Jerónimo Castillo, Director de Seguridad y Política Criminal de la Fundación Ideas para la Paz, la política de seguridad de la administración Peñalosa no ha sido clara en las estrategias para lograr el cumplimiento del plan de cuadrantes, pues se ha perdido el trabajo con la comunidad.

Esa misma idea la defiende Hugo Acero, Exsubsecretario de Seguridad, para quién los cuadrantes se concentraron más en transmitir la información hacia sus superiores que en  crear interacción con la comunidad. Para él, es necesario repensar las labores que hacen en el día a día los policías del cuadrante.

Sin esa cooperación entre ciudadanía y Policía es más difícil que la fuerza pública reciba información de la comunidad y pueda aplicar sus planes con mayor certidumbre sobre lo que necesita la gente.

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La Nación sigue en deuda

Además de las acciones locales, la Nación también tiene su responsabilidad en la situación actual de la criminalidad en la ciudad.

Hacen falta cárceles: En enero del 2018 la ciudad mantenía alrededor de 16.000 reos cuando sólo existe capacidad para 10.000. Eso mismo sucede en el resto de ciudades principales, lo cual no sólo hace difícil mantener a los criminales a raya, sino que desvía parte de los policías disponibles a cuidar reos en las estaciones de policía.

Aumentar el número de cárceles es importante porque permite tener un mayor control sobre los reos que están dentro de ellas, reduciendo la criminalidad que surge de las cárceles.

También, como lo dijo el alcalde de Medellín Federico Gutierrez, permite liberar el pie de fuerza de la policía que hoy está dedicado a cuidar reos en los CAI y URI’s.

Por ejemplo, una fuente de la fiscalía le confirmó a La Silla Cachaca que los fiscales encuentran problemas para meter a los reos a las cárceles, pues en muchos casos no encuentran un lugar para recluirlos.

Falta una política de seguridad ciudadana a nivel nacional: Aunque Duque le ha prometido a los alcaldes mayor apoyo, la queja de ellos, según quedó en evidencia el viernes en un foro sobre seguridad, es que no existe una estrategia única que le dé directrices a las alcaldías sobre cómo enfrentar los problemas de sus ciudades.

De acuerdo con lo que dijo Néstor Humberto Martínez, el Fiscal General de la Nación en el último foro de seguridad ciudadana en la Cámara de Comercio, eso es importante porque hay estructructuras criminales que trascienden los límites de los municipios y si bien cada ciudad tiene sus propias dinámicas del crimen, también existen fenómenos nacionales que son difíciles de atacar por separado.

La queja de siempre: falta pie de fuerza: Mientras Tunja y Bucaramanga cuentan con más de 600 policías por cada 100 mil habitantes, en Bogotá en enero eran 238, muy por debajo de los 320 policías recomendados por la ONU. Esto sucede aún cuando las tasas de criminalidad son más altas en Bogotá que en algunas de estas ciudades.

En esto Peñalosa y los demás alcaldes dependen en buena medida de lo que haga Duque, que maneja el presupuesto para decidir cuántos policías más pone y dónde.

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El cubrimiento que hace la televisión puede jugar en contra

Según la encuesta, el 48 por ciento de los ciudadanos en Bogotá reporta a los medios de comunicación como su principal fuente de información para formarse opiniones de la Seguridad en Bogotá. Ahí los noticieros de televisión juegan un papel importante, pues son responsables por la información que recibe el 43% de los ciudadanos.

Eso genera interrogantes sobre el papel de los medios en la percepción de seguridad, ya que, en particular, los noticieros se la han jugado por privilegiar los videos de cámaras de seguridad que muestran hechos de inseguridad puntuales, como atracos que aparentemente inciden en la mala percepción que tiene la gente.

Eso inicialmente suena contradictorio con que, como lo dice la Encuesta, el 57 por ciento de los habitantes de la ciudad se siente seguro en su barrio.

Sin embargo, Castillo, de la FIP, considera que eso es así porque la gente se siente segura en aquellos sitios donde conoce a sus vecinos y puede hablar a partir de experiencias personales, pero que no pasa lo mismo en el resto de la ciudad, adonde la gente sale prevenida porque lo que conoce lo ha construido a partir de los medios.

Echarle la culpa de la mala percepción de la seguridad en Bogotá a la mala imagen que puedan crear los medios es, en todo caso, un argumento debatible, sobre todo en un momento en que los índices de victimización son altos. (A Petro en su momento lo criticaron por atribuirles esa responsabilidad a los medios).

Tres expertos con los que hablamos, sin embargo, se hacen la pregunta y consideran que es necesario abrir el debate. Ante esto, la Cámara de Comercio propone realizar espacios de reflexión con los directores y editores de los medios que cubren la seguridad en Bogotá, para buscar que hagan un cubrimiento menos enfocado en casos puntuales y más en darles contexto a esos casos, al tiempo que sugiere reformular la estrategia de comunicación de la Secretaría de Seguridad.

Comentarios (1)

Juan Camilo Ariza

28 de Octubre

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