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Por Carlos Hernández Osorio · 22 de Noviembre de 2018

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Mientras estudiantes y el Ministerio de Educación siguen negociando en medio de un paro que lleva más de un mes de marchas masivas y constantes, para el próximo miércoles, 28 de noviembre, los universitarios junto a las centrales obreras, maestros, indígenas, campesinos e integrantes de otros movimientos sociales preparan la movilización más grande que hasta ahora vaya a enfrentar el todavía naciente gobierno de Iván Duque.

 

Será una suerte de bienvenida que le dará el movimiento social en pleno, como una muestra del llamado a “la resistencia” que desde distintos sectores sociales se hizo una vez ganó Duque y que está atizando el exalcalde Gustavo Petro desde su cuenta en Twitter.

Lo que está ocurriendo, sin embargo, tiene raíces más hondas que la coyuntura por la reforma tributaria, por el paro estudiantil o por los mismos llamados de Petro. En estos tres meses ha quedado al descubierto que Duque no la tendrá fácil en las calles, sea porque heredó compromisos que había adquirido Juan Manuel Santos, porque el movimiento social tiene muchas prevenciones con el regreso del uribismo, porque no ven al Presidente como a alguien que realmente respalda el proceso de paz y porque su contraparte en la segunda vuelta fue un candidato de izquierda que hace constantes llamados a marchar.

Estas son algunas lógicas bajo las cuales puede entenderse el agite del movimiento social con Duque:

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A Duque le piden que responda por pendientes que dejó Santos

Esto es evidente, sobre todo, con los campesinos y los maestros.

Santos enfrentó el paro agrario de 2013 y el de maestros de 2017, y en ambos llegó a acuerdos con campesinos (aglomerados en las Dignidades) y profesores (representados en Fecode) que consideran que les incumplieron y que, tras el cambio de gobierno, Duque tiene que cumplirles.

“Vamos para dos años de la negociación porque el pliego se radicó a comienzos de 2017, pero no han salido ni siquiera los proyectos de decreto o la convocatoria a compañeros que deben hacer curso para ascenso, por ejemplo”, le dijo a La Silla Cachaca Jairo Arenas, líder de maestros e integrante del comité ejecutivo de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

Y de hecho Fecode ya empezó a moverse contra Duque: primero acompañando las marchas de los universitarios y el próximo miércoles, durante la toma a las capitales, harán paro por 24 horas.

Luis Fernando Paipilla, líder panelero de Boyacá y Presidente de Dignidad Agropecuaria, nos dijo: “La lucha de nosotros empezó desde que paramos el país en 2013. Con Santos firmamos actas en todas partes, con los arroceros, cañicultores, lecheros, pero a nadie le cumplió. Y esta nueva Administración es lo mismo”.

Las dignidades, a propósito, se reunieron ayer en Bogotá para definir cómo van a actuar hacia adelante, y de las primeras cosas que harán será unirse a la toma a Bogotá del próximo miércoles.

Algo similar sienten las organizaciones campesinas que consideran que el Gobierno no ha cumplido con el punto agrario del Acuerdo de Paz, y por eso, como cuenta hoy La Silla Sur, comenzaron a organizarse en el sur del Meta y Guaviare alrededor de una “alianza campesina”.

Ya los cocaleros del Caquetá y el Catatumbo le habían mostrado los dientes a Duque no sólo exigiéndole que cumpliera el Acuerdo, sino que hiciera más de lo ya pactado y metiera más familias al Programa Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (Pnis), pues de lo contrario paralizarían las carreteras.

Todas esas exigencias son un reto mayúsculo para Duque sobre todo porque, como ya ocurrió con los estudiantes, no parece estar dispuesto a comprometer más plata de la que considera que puede dar.

 
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Sin la paz como discurso central y representando el regreso del uribismo, hay una predisposición con Duque

Santos vivió movilizaciones y paros muy fuertes, como los del movimiento indígena en Cauca y de estudiantes en 2011, el agrario de 2013 y el de maestros en 2017.

Sin embargo, su apuesta por firmar un acuerdo con las Farc incidió en que al final de su mandato buena parte del movimiento social fuera menos pendenciero con su Gobierno, por más reservas que tuviera con el modelo económico, que es lo que está en el fondo de los reclamos.

“Hubo un proceso de ‘pacificación’ (del movimiento social) dados los acuerdos con las Farc”, nos dijo un militante del Congreso de los Pueblos que pidió que no lo mencionáramos.

Eso se debe en buena medida a que las organizaciones de base con más capacidad de movilización, como las centrales obreras, los estudiantes, maestros, campesinos e indígenas históricamente han coincidido en el respaldo a la salida negociada al conflicto.

“Con la paz todo el mundo era más prudente”, nos dijo Fabio Arias, fiscal de la CUT. “Con Duque ese tema desaparece, y entonces a la corrupción y al modelo económico inconveniente que veíamos con Santos se le suma la guerra que representa Duque”.

Eso pasa a pesar de que el Presidente no ganó con la bandera de hacer trizas los acuerdos, sino de modificarlos. Sin embargo, desde abajo consideran que el mero hecho de que represente al uribismo genera prevención muy grande.

Primero porque significa el regreso de una mano dura que ya comenzaron a sentir, por ejemplo, con la decisión de volver a fumigar con glifosato (algo que Santos había parado), y con las declaraciones del ministro de Defensa, Guillermo Botero, sobre regular la protesta social.

Segundo porque vieron que con la llegada de Duque al Gobierno “habrá un fortalecimiento de entes privados”, nos dijo el líder estudiantil Julián Baez, de la  Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (Unees), y eso suele ir en contravía de las reivindicaciones de estos movimientos por la defensa de lo público, particularmente de la educación y de las empresas estatales.

En eso Duque ha mostrado que su apuesta puede chocar mucho con lo que le piden estos movimientos en la calle. Su propuesta de Plan de Desarrollo, como contamos, pone a la empresa privada en el centro. En el caso de la educación, además, a pesar de modificar Ser pilo paga (que les pasaba plata a universidades privadas donde los pilos decidieran estudiar), mantiene una estrategia en la que eso sigue ocurriendo.

Y, por ejemplo, en sus primeros 100 días sostuvo 33 encuentros con gremios y empresarios en congresos, foros y conferencias, mientras que sostuvo sólo seis eventos exclusivos con organizaciones sociales, como representantes de organizaciones indígenas u organizaciones sindicales como la Confederación de Trabajadores de Colombia, tal y como contamos en nuestro balance de su arranque.

Eso genera un mensaje de distancia que el movimiento social entiende como la tendencia histórica de los gobiernos a privilegiar las cúpulas de los grandes gremios sobre los representantes de las bases, que constantemente piden reunirse con él.

 
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El movimiento estudiantil se estaba reacomodando

Las movilizaciones que hizo la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane) en 2011 y que tumbaron la reforma a la Ley 30 que proponía Juan Manuel Santos fueron las más grandes y efectivas antes de las que está enfrentando Duque.

En ese entonces los estudiantes lograron que el Gobierno les diera la oportunidad de presentar su propia propuesta de reforma, en lo que se tardaron dos años. Para entonces, sin embargo, el movimiento ya estaba resquebrajado internamente. “El Gobierno no la analizó y tampoco había fuerza para defenderla”, le dijo a La Silla Cachaca Julián Baez, líder estudiantil de la Unees.

Ahí comenzó el reacomodamiento, dice él, sobre todo en escenarios locales que se fueron ampliando.

En 2016 nació la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (Acrees) y este año la Unees, que son las principales organizaciones que lideran el paro actual y, junto con profesores, están sentadas negociando con el Gobierno.

“Siempre después de cada movilización hay un poco de reflujo”, nos dijo Baez sobre lo que pasó en su momento con la Mane. “Hubo acumulación de fuerzas, y ahora (con Duque) el movimiento estudiantil tiene la suficiente fuerza otra vez para salir a las calles”.

 
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La tributaria es un catalizador y un elemento de unión para el movimiento social

La ley de financiamiento o reforma tributaria que radicó Duque en el Congreso, con su propuesta de gravar con IVA toda la canasta familiar, es el factor más coyuntural que explica la molestia de los movimientos sociales con este Gobierno, y se ha convertido en un factor de unión de diversas organizaciones.

Un ejemplo claro fue lo que pasó con las centrales obreras. Mientras la CTC y la CGT quisieron darle un compás de espera a Duque, la CUT ha estado desde un comienzo en la oposición; sin embargo, una vez el Gobierno radicó la tributaria, las dos primeras marcaron distancia y terminaron haciendo frente común con la CUT para marchar cada semana, desde el 9 de noviembre, al lado de los estudiantes.

Anoche se conoció la decisión del Congreso, en negociaciones con el Gobierno, de sacar de la reforma el IVA a los alimentos, así que está por verse si eso hace que algunos actores se contengan. Parece difícil en tanto el modelo neoliberal que tanto cuestionan se mantiene y porque sus reivindicaciones van más allá de este proyecto.

La toma de capitales que se está organizando para la semana entrante, en todo caso, se forjó con la tributaria como un tema central. “Es muy irresponsable que el Gobierno se meta con la comida de la gente”, dice Fabio Arias, de la CUT.

 
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La fuerza de Petro en las presidenciales marcó un precedente

El movimiento social es muy diverso y no se puede generalizar diciendo que todo es afecto a Petro, pero en campaña él tuvo la capacidad de aglutinar a su alrededor al grueso de las estructuras de izquierda, a las que son afines los movimientos sociales (también hay sectores más de centro, que se reconocen como liberales e incluso como militantes de la Alianza Verde, como el caso de Alejandro Palacios, el presidente de la organización estudiantil Acrees).

“La inconformidad con todo lo que venía pasando con Santos le dio mucha fuerza a Petro en la campaña y desde entonces se veía una movilización social que le permitió a él tener un número de votos tan grande”, nos dijo Fabio Arias, de la CUT.

A eso se suma que con el triunfo de Duque comenzó a forjarse "la resistencia", que a pesar de que no es un movimiento de Petro, él sí tiene la capacidad de capitalizar, y lo ha hecho con su convocatoria constante en los últimos días a marchar el 28 de noviembre (la primera vez que lo hizo fue con una falsa foto de una supuesta movilización contra el alza del precio de la gasolina en Francia, que en realidad era por unos atentados terroristas).

Se la ha apropiado tanto, que cuando conoció que el Contralor de Bogotá le había ratificado las multas que se le pueden atravesar en su camino a la Presidencia en 2022, también invitó a marchar por eso.

En todo caso, que el candidato que quedó de segundo en las elecciones sea de izquierda y un abanderado de la movilización social le marcó a Duque un precedente sobre el tipo de oposición que se le viene en su gobierno.

CONTEXTO

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