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Por Carlos Hernández Osorio | Julián Huertas · 26 de Marzo de 2018

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El exvicepresidente Germán Vargas Lleras vive una paradoja en Cundinamarca: en este departamento contará para la primera vuelta presidencial con la maquinaria de la mayoría de los partidos más grandes, que ha demostrado mucha fuerza en el pasado reciente, por ejemplo, eligiendo al gobernador Jorge Rey. Sin embargo, en su campaña ven muy difícil ganarle aquí a Iván Duque, debido a la fuerza histórica que ha mostrado el uribismo.

 

La maquinaria de Rey, para Vargas

La maquinaria que montó a Jorge Rey en la Gobernación con 545 mil votos en 2015 es casu la misma en la que el exvicepresidente puede apalancarse en Cundinamarca.

El Gobernador es un factor de cohesión entre los distintos partidos que lo apoyaron, a todos los cuales les ha dado participación en su gabinete. Por eso para Vargas ha sido clave que la cabeza de su campaña en el departamento sea un hombre de la entraña de Rey, el exalcalde de Mosquera Nicolás García, que viene de La U y está encargado de conectar a los partidos con el candidato presidencial.

El principal argumento de Vargas para tener a los políticos de su lado es que estos puedan decir que gracias a él en Cundinamarca se pudieron comenzar grandes obras de infraestructura. La Vicepresidencia calculó, antes de que él renunciara a ese cargo, que había dejado 19 proyectos andando (autopistas, ampliación de vías, casas gratis y acueductos y alcantarillados).

Se da por descontado el respaldo de Cambio Radical, que con Rey tiene la Gobernación y este año se mantuvo como el partido más votado en la Cámara de Representantes con 144 mil votos.

Cambio cuenta con figuras que van de salida como Jorge Rozo, que acaba de quemarse en su intento por reelegirse en la Cámara, pero es una de las fichas tradicionales de Vargas con su aliado y fórmula, el senador Germán Varón.

El senador Juan Carlos Restrepo tampoco va a repetir, pero acaba de demostrar que mantiene su fuerza al endosarle sus votos a su amigo, el vallecaucano Carlos Abraham Jiménez.

Y quedan los dos que alcanzaron curul este año en la Cámara: Betty Zorro, que repite con su fortín en Soacha; y Leonardo Rico, el más votado de la lista a Cámara con 35 mil votos y muy cercano al Gobernador.

Otro apoyo es el de la casa conservadora de los Tamayo, que tiene al senador Fernando Tamayo (excompañero de Vargas en el Concejo de Bogotá), que espera heredarle su curul a su hermana Soledad (aunque el 11 de marzo eso parecía fijo, en el escrutinio es posible que ella la pierda).

La ficha clave de ese grupo en Cundinamarca es otro hermano de ellos, Rafael, que es el diputado más votado del departamento con 43 mil votos. Él le dijo a La Silla Cachaca que dentro de las discusiones del partido para definir si apoyan a Duque o a Vargas, ellos están con éste último.

Además, acaban de elegir a la Cámara a Buenaventura León, exsecretario de Gobierno de Rey.

En La U hay al menos dos peces gordos que es muy posible que respalden a Vargas más allá de la dificultad del exvicepresidente en las encuestas: los representantes Alfredo Molina (que se quemó en su salto al Senado, pero obtuvo una votación histórica de 40 mil votos en el departamento) y José Caicedo (que logró la reelección en la Cámara y tiene su fuerte en Zipaquirá).

Y por el lado de los liberales está el único que tiene credencial de congresista en el departamento: el representante Óscar Sánchez, que este año se convirtió en el más votado de Cundinamarca con 48 mil votos.

Él le hizo campaña a Humberto de la Calle para la consulta liberal y hasta ahora no ha dicho que se distancia del candidato oficial de su partido a pesar de las dudas que hay entre los congresistas rojos con esa aspiración, pero una fuente que conoce las movidas de la campaña vargasllerista nos dijo que independientemente de la posición que asuma Sánchez, sus bases de líderes que mueven votos están con Vargas.

Con esas estructuras aseguradas, el exvicepresidente tiene un gran terreno ganado en este departamento de 116 municipios, pero el problema está en que aunque para elecciones locales han demostrado su fuerza, las nacionales son a otro precio y es ahí donde Iván Duque puede sacar ventaja.

Los intangibles de Uribe, para Duque

“No hay estructura que logre cambiar la tranquilidad que trajo Uribe”. Con esa frase Hilda Gutiérrez, exalcaldesa de La Mesa y militante del Centro Democrático, resume por qué a Uribe, y lo que él representa, le ha ido tan bien en Cundinamarca.

Ella, que se ha quemado como candidata del CD a la Cámara en 2014 y 2018, recuerda que “Cundinamarca es mayormente rural y las Farc tuvieron una presencia fuerte en la región, por lo que la idea de que Uribe dejó que la gente volviera a las fincas es algo que la población agradece”. Es algo similar a lo que nos dijo Camilo Rubiano, también quemado en las pasadas legislativas y que hace parte del gremio lechero de Ubaté.

Así, a pesar de que la mayoría de la maquinaria sea de Vargas, el uribismo ha demostrado ya varias veces que es capaz de ganar las elecciones.

Por ejemplo, Óscar Iván Zuluaga ganó en Cundinamarca en la primera y en la segunda vuelta presidencial de 2014. Es más: en primera Santos quedó de tercero, por debajo de Zuluaga y la conservadora Marta Lucía Ramírez.

En el Plebiscito de octubre de 2016 el No al Acuerdo de La Habana ganó con 56 de cada 100 votos.

Y aunque Cambio Radical ha sido el partido más votado en Cámara en 2014 y 2018, el Centro Democrático, con Uribe como cabeza de lista, lo ha sido para Senado en ambas ocasiones. (En Cámara, de todas formas, el partido se fortaleció al pasar de una a dos curules y quedar con las mismas de Cambio).

Es todo eso lo que lleva a la campaña de Vargas, como conoció La Silla Cachaca de una fuente de primera mano, a plantear no tanto una victoria en el departamento, sino una apuesta por estar lo más cerca posible de la votación de Duque.

Y de cara a una segunda vuelta Duque-Vargas (hoy muy improbable a la luz de las encuestas) ese sería, ya no sólo en Cundinamarca sino a nivel nacional, uno de los grandes retos para que el principal líder de Cambio pueda llegar a la Casa de Nariño.

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