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Por Juan Esteban Lewin · 27 de Octubre de 2019

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La victoria en las elecciones a la alcaldía de Bogotá de Claudia López, mujer hecha a pulso, abiertamente gay y dura crítica de la clase política tradicional, es histórica. Aunque en Bogotá han ganado varios candidatos ajenos a los partidos y la clase política, no tiene precedentes que lo logre alguien con esos rasgos.

Aunque su campaña fue criticada por errática, su tono fue motivo de críticas y las encuestas la mostraban de segunda, cerca de Carlos Fernando Galán, una victoria por más de 80 mil votos y con más de un millón de apoyos la convierten en la primera mujer elegida en la ciudad más rica y poblada del país.

Eso, tras sus duros roces con Gustavo Petro por la izquierda y Álvaro Uribe por la derecha, y la distancia con los candidatos que apoyaron esos dos caudillos, también muestran una ciudad que definitivamente se mantiene en el centro (Galán también se ubicaba en esa franja del espectro político).

Otra diferencia con sus antecesores es que los primeros boletines de concejo muestran que la lista más votada sería la de su partido (a la hora de publicar esta historia, serían unos 13 de los 45 concejales), y que los partidos tradicionales perderían participación. Aunque estaría lejos de arrancar con una mayoría, eso le da fuerza para arrancar.

Una campaña accidentada

La campaña de López fue larga y accidentada. Arrancó el año pasado, pasó primero por una definición en encuesta con Antonio Navarro, luego por la definición de una alianza con el Polo (su precandidato era Cielo Nieves) y una fallida alianza con el petrismo. Luego ya vino la recta final, en la que se enfrentó a Miguel Uribe, Carlos Fernando Galán y Hollman Morris.

A lo largo de este año, López era la primera en las encuestas, un lugar que suele producir mucho desgaste porque es el más escrutado, el blanco de las críticas de sus competidores y el que de forma natural tiende a bajar, lo que puede reducir la mística de la campaña y sus votantes.

De hecho, López logra ganar a pesar de eso, algo que no ocurrió en 2015 (Clara López empezó liderando y ganó Enrique Peñalosa), 2011 (Peñalosa arrancó de favorito y ganó Gustavo Petro), 2007 (también arrancó Peñalosa y ganó Samuel Moreno) y 2003 (arrancó Juan Lozano y ganó Lucho Garzón).

Ese desgaste se notó en varios momentos, como el ruido que produjo que haya dicho en un programa de Yo José Gabriel que el pasaje de Transmilenio vale 4.200 (vale 2.400) o el crecimiento de Galán con una campaña orientada a pedir menos confrontación. Por eso, como contó La Silla Cachaca, López le bajó a los choques hace unas tres o cuatro semanas.

Ya en la recta final, el respaldo de Ángela Robledo y otras figuras visibles del petrismo, la presencia más fuerte de Sergio Fajardo, el apoyo del senador polista Iván Cepeda e incluso el criticado video de Antanas Mockus, ayudaron a ponerla en el centro de la discusión, en esa medida, a darle oxígeno a su campaña.

No es claro si los repetidos debates de la última semana le dieron un impulso, o si Galán terminó afectado por el contrato de la Corporación Galán que Ariel Ávila y José Roberto Acosta señalaron de ser apoyo de la administración Peñalosa, o por la revelación de La Silla Cachaca de que diferentes maquinarias estaban llegando a su campaña.

Como fuera, ganó contra la mayoría de estructuras locales, contra un Galán que logró también más de un millón de votos y más que cualquier alcalde anterior, y contra las duras críticas del petrismo. 

Un éxito de Claudia y más allá

La campaña de López arrastró a una exitosa lista verde al Concejo que, a pesar de que parece que no tendrá ninguno de los cinco candidatos más votados, prácticamente dobla en votación a la segunda, la del Partido Liberal, y saca uno de cada cinco votos.

Además, se trata de una votación inusual en Colombia en la que el partido como tal (los votos por el logo) son uno de cada tres, cuando usualmente los candidatos individualmente ponen muchos votos, en listas armadas más como una federación de personalismos.

Eso muestra que la victoria no es solamente la de una candidata sino la de una fuerza de centro que va más allá de ella.

Una fuerza que se había manifestado en las elecciones de 2018, cuando en las legislativas lograron enormes votaciones Antanas Mockus y Jorge Robledo (que la apoyaron hoy) y en la primera vuelta presidencial, en la que Sergio Fajardo y Humberto de La Calle sumaron el 36  por ciento de los votos.

Curiosamente, su porcentaje de votos es similar al de esos dos candidatos, que la apoyaron en la campaña.

En la misma línea, el uribismo y el petrismo mostraron la menor fortaleza que tienen en la lucha local.

Aunque Petro sacó casi el 30 por ciento en la primera vuelta presidencial, su lista al Senado había tenido el 9 por ciento, y la de la Cámara el 10 por ciento. En votos, casi 1,1 millones en la primera vuelta de las presidenciales, contra 234 mil a Senado y 238 mil a la Cámara.

También le fue mal si se miran los resultados de 2015. En esas elecciones la candidata de la izquierda, Clara López, sacó 500 mil votos, el 18 por ciento, por lo que los 438 mil de Morris, y su 14 por ciento, son una clara reducción.

Con esa votación, queda claro que el petrismo es un 10 a 15 por ciento de la votación local, una cifra importante, pero que está lejos del tamaño del centro y a la que le queda difícil poner alcalde en si misma.

Para Uribe el golpe es todavía más duro.

Hace cuatro años su candidato, Pacho Santos, sacó 327 mil, el 12 por ciento, enfrentándose contra el grueso de los partidos políticos, que estaban con Rafael Pardo (Liberal y La U) y Peñalosa (Cambio Radical).

Esta vez apoyó a Miguel Uribe, quien sacó 425 mil votos, el 13 por ciento, a pesar de tener el apoyo de muchas maquinarias locales. Eso es menos que los 473 mil votos que sacó el Centro Democrático a la Cámara (el 20 por ciento) o los 465 mil (19 por ciento) al Senado, y menos de la mitad de los 984 mil del hoy presidente Iván Duque en primera vuelta.

De hecho, su lista al Concejo sacó alrededor del 8 por ciento de los votos, que seguramente serán unos 250 mil, menos de los 272 mil de hace 4 años, cuando eran el 10 por ciento.

Esa reducción también refrenda la fuerza del centro en la ciudad. Una fuerza que eligió una alcaldesa que propone una ciudad que no es ni la de Petro ni la de Peñalosa.

Lo que significa para Bogotá

A diferencia de la elección de Enrique Peñalosa hace cuatro años, la de López no significa un giro radical de dirección, aunque sí un cambio importante.

López, crítica del metro elevado que demandó junto con el Polo, se comprometió a mantenerlo, y ha dicho que la decisión del Consejo de Estado de no otorgar las medidas cautelares que pidió su demanda ha reducido los temores.

En muchos asuntos ha hablado de mantener o dar un paso más en políticas de Peñalosa. Por ejemplo, en seguridad ha aplaudido la creación de la Secretaría de Seguridad y el logro de acuerdos con el Consejo Superior de la Judicatura y con la Fiscalía para fortalecer la justicia en la ciudad, o los avances en política de género, o en la jornada única escolar.

Pero en general, como mostró nuestro peñalosímetro, tiene grandes distancias en varios temas neurálgicos.

Rompe con Peñalosa en su visión de la seguridad, justamente porque le apuesta más a la justicia que a la tecnología, creando más institucionalidad; en movilidad ha dicho que no hará las troncales de Transmilenio que dejó diseñadas Peñalosa para la Séptima y la Carrera 68; en educación se comprometió a no hacer más colegios en concesión y cambia los créditos para educación superior por una nueva agencia que otorga becas; en ambiente y modelo de ciudad, está contra el POT de Peñalosa y defiende la protección de la reserva Thomas van der Hammen y de los humedales.

Por eso, su llegada a la Alcaldía significa un modelo que tiene más en cuenta al ambiente y a la gente, pero que no se centre en dar subsidios como Petro (de quien retoma algunas ideas, como el modelo de salud a domicilio).

De hecho, su alcaldía puede ser una suma del énfasis en resultados de Peñalosa con la conexión con la gente de Petro. Y, en esa medida, podría ayudar a superar la polarizacion el modelo Petro y el modelo Peñalosa.

Más allá de eso, su elección es histórica en lo simbólico.

López, que no viene de una dinastía política ni de la clase alta, rompe con el paradigma de la mayoría de mujeres exitosas en la política colombiana.

Ella no es heredera política, tampoco viene de la militancia de la izquierda ni ha construido una estructura política tradicional. Ha hecho una carrera política breve y fulminante, de apenas cinco años, apalancada en sus críticas a la clase política y la corrupción, en una alta visibilidad mediática y una capacidad de dar y ganar peleas, según sus propios criterios.

Esa visibilidad inició hace más de una década como una de las investigadoras clave para revelar la parapolítica, su primer choque con los políticos tradicionales y el uribismo.

Luego creció como columnista y analista en varios espacios, como El Tiempo, Hora 20 y La Silla Vacía, y con su capacidad para tejer buenas relaciones con personas variadas. Y remató con su paso por el Senado, que la propulsó a ser fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo el año pasado y a impulsar la consulta anticorrupción de 2018.

Todo eso con un componente esnecial: internet. Como política ha sabido aprovechar la potencialidad de internet para movilizar personas, como mostró la consulta anticorrupción, y su carácter apasionado y polémico le llave a estar frecuentemente en el centro de discusiones y debates, vigente.

Esa trayectoria, que tiene a la independencia y al carácter en su centro, no está exenta de críticas.

Una es a su susceptibilidad a lanzar dardos para luego echarse para atrás, que como alcaldesa puede convertirse en un talón de Aquiles en la capacidad de tener puentes y alianzas de todo tipo, desde el sector privado con el que espera enfocar mejor la formación superior, hasta los políticos que probablemente necesite convencer para sacar adelante proyectos en el Concejo.

Otra es que su trayectoria ha sido más de analista y crítica que de administradora, y manejar una ciudad de más de siete millones de habitantes, con un presupuesto de casi 25 billones de pesos, necesita habilidades gerenciales.

Nada de eso quita que su elección es histórica: es una mujer gay alcaldesa de la ciudad más grande del país. Quizás por eso en su discurso de anoche recordó su eslogan de campañas legislativas: “la igualdad es imparable”.

Comentarios (2)

HECTOR NI?O

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Me parece importante resaltar la fuerza que obtuvo la Alianza Verde como parti...+ ver más

Me parece importante resaltar la fuerza que obtuvo la Alianza Verde como partido político, en medio de caudillismos y maquinarias, los Verdes son la esperanza de un partido político serio, coherente y conectado con las necesidades de la ciudadania en cuanto a fortalecimiento de la institucionalidad y al cuidado del medio ambiente.

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