Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Julián Huertas | Carlos Hernández Osorio · 26 de Febrero de 2018

10453

2

A dos semanas de las elecciones al Congreso, la disputa por los votos no está sólo entre los candidatos que pegan afiches en las calles, reparten volantes, cuelgan videos en sus redes sociales y asisten a debates para posicionar su nombre. Para los candidatos que no le jalan a esa estrategia está disponible un mercado de líderes barriales que se activan en cada campaña, en Bogotá y en el resto del país, y suelen venderse al mejor postor sin que importen mucho los partidos y sí los favores y la plata.

Son ellos, y no los ediles, el primer eslabón de la cadena electoral que luego sube a concejales, representantes a la Cámara y senadores. Y de hecho, a diferencia de los ediles, que tienen credencial de un partido y por lo tanto más restricciones para apoyar candidatos que militen en otro, los líderes tienen la libertad de llegar a acuerdos con varios aspirantes al tiempo, sin importar si militan en el mismo partido, para ponerles votos.

La Silla Cachaca habló con tres de ellos, con el asesor de un concejal y con dos concejales que explicaron cómo se mueve este mundo, que por estos días hace circular plata por doquier en los barrios.

No todos trabajan igual

Los líderes suelen proceder de barrios de estratos bajos en los que se han hecho a un nombre por ayudar a la gente, ya sea para que atiendan heridos en hospitales, para conseguir citas médicas, con trámites como redactar derechos de petición o haciendo vueltas en juzgados.

Un excandidato al Concejo que hoy trabaja moviendo votos en una campaña al Senado nos contó que así es que él se ha ganado a un centenar de personas que le garantizan, cada una, 10 o más votos para el candidato que está apoyando. Por ejemplo él, que es abogado, ayudó en un lío jurídico a un ancianato y con eso garantizó que los viejitos voten por su candidato. “Esto es la misma mierda que comprar votos, pero decentemente, haciendo favores”, nos dijo.

 

“Somos a los que la gente les toca las puertas. Los políticos se dan cuenta y nos buscan en campaña”, le dijo a la Silla Cachaca un líder de Bosa que desde los 18 años se dedica a este oficio y ahora tiene 45. Pero no todos trabajan igual.

Un concejal que trabaja hoy para un candidato a la Cámara y uno a Senado nos explicó, bajo reserva, que basado en su experiencia él identifica tres tipos de líderes: los burocráticos, los institucionales y los de remate de campaña.

Los burocráticos son los que mueven votos a cambio de puestos. “Ellos dicen: ‘Yo le ayudo con votos y usted o su candidato apenas salga elegido me ayuda a cuadrar a 10 personas en un cargo’. Esa es su forma de mantenerse vigentes. Pueden poner 300, 400 votos. Y aunque piden recursos para organizar un asado en el que el candidato pueda compartir con la gente, ellos no van tanto por la plata”.

Los institucionales son, por ejemplo, presidentes de juntas de acción comunal, excandidatos a ediles, jueces de paz (que también son elegidos por votación) o que intentaron serlo y por lo tanto han demostrado capacidad de movilización. “Algunos de ellos piden puestos, son sobre todo mercenarios que van por plata. Uno les paga para que organicen reuniones, pero después de eso piden que por ellos uno no vuelva a preguntar”.

Y los de remate de campaña son contactados apenas 15 días antes de las elecciones, no hacen reuniones ni se suben a la tarima con el político. “Uno les da la plata y ellos se encargan de comprar los votos y de sacar a la gente a votar”, remata el concejal.

Aunque eso ayuda a entender mejor ese mundo, no todos se ciñen a alguna de esas clasificaciones, sobre todo porque las motivaciones para ejercer ese oficio pueden ser mucho más variadas.

Por ejemplo, a un líder que viene de La U y ahora le trabaja a Cambio Radical lo contactó un candidato al Senado de este partido que le vio potencial porque él ya aspiró al Concejo y se quemó con 2 mil votos. Él aceptó calculando que en esta campaña puede darse a conocer mucho más para volverse a lanzar al Concejo el año entrante.

De hecho, nos dijo que en las reuniones que organiza invita a votar por su candidato, pero no le interesa que él esté en todas porque le conviene, sobre todo, posicionar la imagen suya entre la gente para 2019. Eso sí, le interesa que su senador gane para que le retribuya su trabajo más adelante.

Un interés similar mueve a Giovany Burgos, un líder de Fontibón que se dio a conocer en el barrio Puente Grande por haber logrado que pavimentaran la calle del colegio de sus hijos. Esto lo fue convirtiendo poco a poco en líder de su comunidad, aspiró a ser edil, se quemó con 500 votos y ahora le trabaja a la liberal Olga Lucía Velásquez, que piensa saltar de Cámara a Senado. Él quiere volver a aspirar a ser edil en 2019.

Mientras tanto, un líder de Bosa que pidió confidencialidad nos dijo que él, que tiene 45 años y trabaja en esto desde los 18, busca sobre todo que los políticos con los que hace acuerdos se comprometan a gestionar obras para su comunidad y, en algunos casos, puestos para sus allegados.

Aquí es donde empieza a importar la plata.

En efectivo

Al líder de Bosa lo buscan, o en caso dado él toca las puertas de los políticos, un par de meses antes de la campaña, y pone a disposición los 1.200 votos que dice tener en cuatro puestos de votación.

“Uno cobra dependiendo de la labor que le encomiende el político y del número de votos que uno tenga. Yo cobro más o menos 70 mil u 80 mil pesos por cada voto que pongo, y esa plata la uso para la logística de las reuniones que organizo para dar a conocer al político, como refrigerios o para tomarnos un trago con la gente”, dice.

Él primero se prueba haciendo reuniones sin cobrar, para que le miren que es capaz de convocar harta gente. Luego comienza a pedir para la logística.

Suele trabajar desde meses antes con los políticos y le entregan la plata por etapas para que la distribuya, a su vez, en las reuniones: “Eso sí, siempre debe ser en efectivo y antes de elecciones”, aclara.

La tarifa, de todas formas, depende del acuerdo al que llegue con el candidato. Es más caro si no hay un compromiso para que le ayuden después con obras o puestos y el interés es sólo poner los votos. En ese caso aumenta la tarifa.

Él dice que no le da plata a la gente para que vaya y vote, que cobra por hacer que la gente se mueve y de ahí saca para él. El líder de Cambio Radical, sin embargo, nos contó que a la hora de comprar directamente votos a la gente que va a las urnas el costo puede variar, dentro de lo que conoce, entre 10 mil y 25 mil pesos.

Los que hacen la doble

En esto la ideología importa poco. El líder de Bosa asegura que es más de izquierda y que ha trabajado sobre todo con candidatos del Polo, del Partido Liberal y de la Alianza Verde. “Pero esto no es de partidos, sino por compromiso, y alguna vez hasta hice un acuerdo con un conservador”, nos dijo.

En lo que sí hace énfasis es en que no trabaja con dos candidatos a la vez, algo que, de todas formas, es muy común.

La Silla Cachaca contó la semana pasada que hay líderes que están impulsando a Óscar Ramírez, candidato a la Cámara por Cambio Radical, y al tiempo a Ángel Custodio Cabrera, que aspira a reelegirse en el Senado por La U.

También nos contaron el caso de Gladys Alexandra Cárdenas, una exalcaldesa de Tunjuelito que tiene un equipo con el que está trabajando para, al menos, dos candidatos a la Cámara.

Uno es el conservador Juan Carlos Wills (fórmula de Efraín Cepeda). Aquí ella, de negro, en esta reunión:

Gladys Alexandra Cárdenas, de negro en la tarima, en un evento organizado para Efraín \"Fincho\" Cepeda y Juan Carlos Wills

Y otro es Camilo Acosta, de Cambio Radical. Aquí de chaqueta de cuero a su lado:

Gladys Alexandra Cárdenas con Camilo Acosta de Cambio Radical

En Ciudad Bolívar está Jhon Silver Zambrano Sosa, conocido como 'el Perro' y quien aparece en las tres fotos de la portada de esta historia. Es un exedil de La U que fue condenado por estafa en 2008, pero que mantiene un fuerte liderazgo mediante una fundación que brinda educación no formal y que tiene su nicho en las madres cabeza de hogar.

Zambrano trabaja para La U, con el concejal David Ballén, y está jugado para Congreso con la fórmula de Efraín Torres a la Cámara y Armando Benedetti al Senado. En la campaña a la Alcaldía de 2015, como La U respaldó a Rafael Pardo, él le organizó nutridas reuniones en esa localidad.

Y ese liderazgo también lo está aprovechando para invitar a su gente a que conozca las propuestas de los candidatos presidenciales. Por eso, por ejemplo, ha puesto su foto al lado de la de Juan Carlos Pinzón (que quiere que vaya en los próximos días aunque en la campaña ni siquiera conocen a Zambrano) y de Iván Duque, con quien estuvo hace una semana, en una correría que el candidato presidencial hizo por el sur de Bogotá, incluida Ciudad Bolívar, al lado del expresidente Álvaro Uribe:

"Nunca recibimos dinero de nadie", nos dijo Zambrano.

Eso sí, agregó una fuente que lo conoce, su influencia es tal y "la gente lo quiere tanto", que seguramente podrá influir entre su gente para las presidenciales apenas llegue a un acuerdo con algún candidato. “Y si ese acuerdo se daña, al otro día le dice a sus amigos que voten por otro, y así lo harán”.

De Zambrano y la exalcaldesa Cárdenas se sabe públicamente con quién están. Sin embargo, en otros casos, nos dijeron las fuentes que consultamos, lo que ocurre es que unos líderes se comprometen a ponerle votos a un candidato, le reciben plata, pero le terminan moviendo gente a otro que les paga más. "Muchos se comportan como prostitutas", nos dijo un concejal.

Otro concejal con el que hablamos lo pone en estos términos: “hay gente que pide un millón de pesos por hacer una reunión con 200 personas, y en un día hace tres reuniones para tres candidatos diferentes: uno al desayuno, uno al almuerzo y otro a la cena. Cada que se acaba una comida lo que hace el líder es bajar los afiches y montar los del político que sigue. Eso se ve en zonas muy pobres, y a la gente ni le importa porque tiene hambre. Y a esos manes en un día o en un fin de semana les queda, después de organizar todo, millón y medio. Esos son los que nos tienen jodidos porque acostumbraron a la gente a que los políticos sólo servimos para que nos pidan favores".

Nota del editor: Después de publicada esta historia pudimos hablar con el líder de Ciudad Bolívar Jhon Silver Zambrano que nos precisó detalles sobre su trabajo, algo que no había sido posible en la primera versión.

Comentarios (2)

edgar montenegro

26 de Febrero

553 Seguidores

Gorditos e insaciables de bocados. La diferencia con otros, como la gran ...+ ver más

Gorditos e insaciables de bocados. La diferencia con otros, como la gran prensa, radio y tv, es que estos se llenan con poquito. Se trata de un esquema "democratico" perverso, por corrupto y corruptor ojala proximo a morir. Se paga con avisos antes y despues. Para 2019 debe intentarse mil 1000 municipios con MANDATOS LOCALES, QUE´s y COMO´s antes de QUIENes.

dokholord

27 de Febrero

0 Seguidores

Mas que perverso es este sistema, pero es lo que sucede en barrios o municipio...+ ver más

Mas que perverso es este sistema, pero es lo que sucede en barrios o municipios pobres o alejados donde el Estado no existe pues la gente en época de elecciones se puede dar el lujo de recibir una mesada, hacer un mercado, tener un ingreso extra que en medio de la pobreza es un respiradero, lastimosamente sucede y golpea la democracia, pero sin hacer nada por ellos como se les juzga.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia