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Por Ángela Pinilla · 27 de Septiembre de 2019

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La bandera de campaña de Carlos Fernando Galán es mejorar la seguridad en Bogotá, y como parte de eso propone crear dentro de la Policía una Fuerza de Despliegue Rápido que apoye la labor de los policías en zonas donde no den abasto con delitos como hurto y microtráfico, y así mejorar tanto la vigilancia como la efectividad de la fuerza pública en las calles.

Tras consultar a tres expertos en seguridad, entre académicos, exfuncionarios del Distrito y policías, además de a la campaña de Galán, La Silla Cachaca pasó la propuesta por Carretómetro y encontró que es una propuesta viable que puede ayudar a aliviar la carga de la Policía en ciertos sectores, pero no es lo suficientemente transformadora como para solucionar problemas de fondo y, además, no está claro cuánto tiempo tomaría en aplicarse plenamente, teniendo en cuenta que comenzaría como un piloto.

El Carretómetro evalúa dos aspectos de las propuestas de los candidatos: si son muy ambiciosas y si son logrables. Para eso dibujamos un plano que cruza ambas variables y, después de investigar a profundidad sobre el tema, permite obtener cuatro resultados: las que son ambiciosas y logrables las calificamos como Transformadoras; las que son ambiciosas, pero no logrables, las calificamos como Carreta. Las que son poco ambiciosas y logrables, como Humo. Y las que son poco ambiciosas y además de eso no son logrables, les damos un Pfff.
 

La propuesta en detalle

Miguel Silva, coordinador programático de la campaña de Galán, le explicó a La Silla Cachaca que la idea es que la Fuerza Urbana de Despliegue Rápido esté conformada por cuatro grupos de 20 policías y trabajaría en tres turnos al día; es decir, requeriría un total de 240 uniformados.

Cada grupo se ubicaría en un Comando Operativo de Seguridad Ciudadana (Cosec), que son cuatro centros distribuidos por toda la ciudad desde los que la Policía monitorea las cámaras de seguridad.

Así, si los policías de determinado cuadrante necesitan apoyo, el grupo de la Fuerza de Despliegue Rápido que cubra esa zona saldrá del Cosec en el que se encuentre para brindar ayuda.

Galán ha dicho que “esos uniformados especializados operarán en momentos determinados y apoyarán una zona para después retirarse”. Silva precisa que priorizarían el hurto a personas y el microtráfico.

Parte de la clave para que funcione, según el programa de Galán, es que utilizarán las estadísticas que tiene el Distrito sobre los puntos en los que se concentran esos delitos, con la idea de que la nueva Fuerza se enfoque en esos lugares, que son los que más lo necesitan. También se tendrían en cuenta los días de la semana y las horas del día más críticas.

Y como no todas las situaciones requieren el mismo número de policías, a pesar de que plantean grupos de 20, ese número puede variar dependiendo de cada caso, explica Silva, que hace énfasis en que se trata de un “modelo adaptativo”.

El objetivo, según el programa de Galán, es que así la Policía sea más efectiva en las calles.

Y por ahí derecho, la idea es hacer más flexible el funcionamiento del Modelo de Vigilancia por Cuadrantes, unas zonas en las que la Policía divide la ciudad para coordinar la atención de las necesidades de seguridad de la gente.

Ese modelo, de hecho, está en revisión a nivel nacional con la idea de que funcione mejor, pues ya lleva 10 años. “El modelo de cuadrantes es muy rígido. Un cuadrante de policías puede estar haciendo nada mientras hay otro ocupadísimo”, explica Daniel Mejía, exsecretario de Seguridad de Bogotá.

En Bogotá hay 1.051 cuadrantes, que tienen como mínimo dos uniformados motorizados. Sin embargo, para esa estrategia, a 2016, había un déficit de 1.400 policías, lo que refuerza la intención de Galán de que es necesario brindar un apoyo adicional.

Es viable...

Galán propone que los 240 policías que harían parte de la Fuerza de Despliegue Rápido no sean nuevos, sino sacarlos de los 18 mil que ya hay en Bogotá.

Eso hace, de entrada, que su propuesta sea viable, puesto que es muy difícil traer nuevos policías y los últimos alcaldes no lo han logrado. De hecho, expertos como Juan Luis Pinilla, que fue fue directivo del desaparecido Fondo de Vigilancia y Seguridad, y Daniel Mejía, exsecretario de Seguridad de Bogotá, consideran que es imposible.

En todo caso, el primer reto es definir cuáles policías se llevaría para esa Fuerza sin que eso afecte las labores de seguridad, teniendo en cuenta que en Bogotá, en promedio, existen 240 policías para atender a más o menos 100 mil habitantes.

La apuesta de Galán es replantear las labores que cumplen policías en sectores administrativos, nos dijo Silva, su director programático.

Aquí empieza a haber una incertidumbre de tiempos para la aplicación de la propuesta. Primero, porque no es claro cuánto pueda tomar el estudio que permita saber cuántos efectivos pueden irse para la calle y no quedarse en oficinas, y si efectivamente pueden sacar al menos a los 240 que necesitan.

Ninguno de los expertos que consultamos nos dio pistas sobre este punto.

Lo que sí dijeron, y es algo que tiene en cuenta Galán, es que los integrantes de la Fuerza de Despliegue deben capacitarse para atender las situaciones para las que serán requeridos, y en particular en inteligencia para que sean contundentes, y en judicialización para asegurar que los jueces no suelten fácilmente a los capturados.

No es claro, en todo caso, cuánto tiempo pueda tomar esa capacitación. Una fuente interna de la Policía le dijo a La Silla Cachaca que puede tomar más o menos cuatro meses, pero eso en todo caso dependerá de cómo Galán aterrice su propuesta.

Es por todo lo anterior que, aunque la creación de la Fuerza es viable, no será aplicada de inmediato y sería más a mediano plazo, aunque él no se ha comprometido con plazos puntuales.

... pero limitada

Como la Fuerza de Despliegue Rápido está planteada inicialmente como un piloto porque hoy no existe algo parecido en Bogotá, de entrada arranca con la incertidumbre de si efectivamente serviría para hacer que la Policía sea más efectiva en las calles.

Galán ha puesto el ejemplo de que con ella enfrentaría a los rompevidrios que son ladrones que rompen las ventanas de los carros para atracar a los conductores o robar lo que haya adentro si es que los vehículos están solos.

“Eso no le pone fin al problema, sobre todo si es masivo, y lo que puede generar es que los delincuentes se desplacen para otras partes”, dice Pinilla, el exfuncionario del Fondo de Seguridad. “Corre el riesgo de volverse una herramienta meramente disuasiva y no tiene sentido crear un grupo especial si no sirve para erradicar el problema”, agrega la fuente de la Policía con la que hablamos.

Por eso la principal limitación es que, como él mismo Galán plantea que la Fuerza llegue al sitio, actúe y se vaya, puede quedarse en un instrumento meramente reactivo que solucione situaciones puntuales de una manera eficaz, pero que no incida en que el problema estructural se termine, como por ejemplo que se desmantele la estructura criminal detrás de los atracos de los rompevidrios.

Él ha insistido en que su propuesta de seguridad es integral y de hecho tiene un punto de inteligencia y justicia que le apunta a “propinar golpes certeros a las organizaciones delincuenciales que alimentan los mercados ilegales”, como por ejemplo “extinción de dominio, atacar el lavado de activos y judicializar correctamente a los miembros de las organizaciones delincuenciales dedicadas al hurto de celulares y bicicletas, extorsión, tráfico de drogas”.

Por eso, su principal reto es que la Fuerza sí haga parte de una estrategia en la que quede coordinada a acciones más estructurales como éstas, algo que toma tiempo, pues de lo contrario puede pasar de ser una apuesta transformadora a convertirse en mero humo.

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