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Por Ángela Pinilla · 09 de Octubre de 2019

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“Metro, metro y más metro”. Así resume Claudia López, la candidata a la Alcaldía de Bogotá de los verdes y el Polo, su apuesta por hacer de ese medio de transporte el eje de la movilidad en Bogotá, y no los buses de Transmilenio.

Y para cumplir, su principal propuesta es coger los 2,4 billones de pesos que el alcalde Enrique Peñalosa pretende invertir en el Transmilenio por la Séptima y pasarlos a la financiación de la segunda línea del metro, con la idea de extenderlo a Suba y Engativá.

La Silla Cachaca pasó esa propuesta por el Carretómetro (como ya lo hicimos con propuestas de Hollman Morris y Carlos Fernando Galán), y después de hablar con ocho expertos en el tema, incluida la campaña de López, encontró que aunque es relativamente sencillo quitarle la plata a la troncal de la Séptima, ese dinero no necesariamente será suficiente para financiar lo que pondría la Alcaldía (que es el 30 por ciento) para extender el metro como ella quiere.

 

 

El Carretómetro evalúa dos aspectos de las propuestas de los candidatos: si son muy ambiciosas y si son logrables. Para eso dibujamos un plano que cruza ambas variables y, después de investigar a profundidad sobre el tema, permite obtener cuatro resultados: las que son ambiciosas y logrables las calificamos como Transformadoras; las que son ambiciosas, pero no logrables, las calificamos como Carreta. Las que son poco ambiciosas y logrables, como Humo. Y las que son poco ambiciosas y además de eso no son logrables, les damos un Pfff.

La propuesta

El metro elevado que estructuró Peñalosa y que López se ha comprometido a construir arranca en Bosa (suroccidente) y llega hasta la Avenida Caracas con calle 72 (nororiente).

La idea que tiene ella es extender esa línea para que cubra la demanda de pasajeros del noroccidente de Bogotá, con lo que bajaría el metro por la Calle 80 para que llegue a Engativá, y luego lo metería a Suba, dos localidades que suman alrededor de dos millones de habitantes.

(Eso coincide con la propuesta de extensión del metro que hace Peñalosa en su proyecto de Plan de Ordenamiento Territorial, que hoy discute el Concejo).

López cuenta con que Peñalosa no logre adjudicar la licitación del Transmilenio por la Séptima, que cuesta 2,4 billones de pesos y que está suspendida desde abril pasado por orden judicial y de la Procuraduría, pues su objetivo es usar esa plata para financiar la extensión del metro tal y como la propone.

La plata de ese Transmilenio le serviría, según ha dicho en entrevistas y trinos, para poner el 30 por ciento de esa nueva línea de metro, partiendo de que la Nación pondrá el 70 por ciento restante, tal y como pasó con el metro elevado.

Esos planes tienen puntos fáciles y otros inciertos.

Pasar la plata de una obra a otra es fácil

El primer reto para que López pueda cumplir su propuesta lo tiene desde ya, pues depende de que de aquí al 31 de diciembre Peñalosa no adjudique la licitación de la Séptima.

Ese proceso está por ahora en el limbo luego de que la Procuraduría y varios jueces ordenaron suspenderlo porque al parecer tuvo falta de planeación

Sin embargo, puede revivir en cualquier momento, con la ventaja para Peñalosa de que cuando lo detuvieron estaba a una semana de la adjudicación, lo que le permitiría adjudicar el contrato en poco tiempo.

Si eso ocurre se estropearían los planes de López, pues se vería en una situación similar a la que tiene con el metro: no le gusta, pero dice que lo construirá porque Peñalosa lo dejará contratado y ella no está dispuesta a detenerlo porque se expondría a demandas multimillonarias. Es decir: si Peñalosa deja contratada la Séptima, López no podría cumplir su promesa de quitarle la plata a esa obra para metérsela a hacer más metro.

Por lo pronto, la troncal de la Séptima sigue en veremos y parece difícil que se alineen todos los astros para quitarle de encima las trancas que tiene, con lo que es posible que López, si gana, se encuentre con ese proyecto detenido y pueda abortarlo para dejar la plata libre.

Eso, para un alcalde, es fácil.

Por ejemplo, cuando Peñalosa se posesionó en enero de 2016 encontró abierta la licitación para construir la troncal de Transmilenio por la Avenida Boyacá, que Petro había abierto días antes de terminar su mandato en diciembre de 2015. Peñalosa decidió cancelar ese proceso porque no estaba de acuerdo con los diseños, y no tuvo ningún problema, más allá del ruido político.

Lo otro es que los 2,4 billones de pesos del Transmilenio por la Séptima hoy no están contantes y sonantes en los bolsillos de la Alcaldía, pues hacen parte de un cupo de endeudamiento que el Concejo le aprobó a Peñalosa en 2017.

López tiene la ventaja de que no tiene una fecha límite para hacer efectivo ese cupo, por lo que lo puede mantener ahí mientras hace los estudios para extender el metro.

Sin embargo, lo que sigue tiene un amplio margen de incertidumbre.

 

Los cabos sueltos

El principal cabo suelto que tiene la propuesta de López es que, en un futuro, a la hora de aportar la plata para construir la extensión del metro a Suba y Engativá, se quede corta con los 2,4 billones que le piensa quitar al Transmilenio por la Séptima, debido a que a medida que pase el tiempo esa plata podría valer menos.

Esto por varias razones:

No es claro cuánto tiempo se demorarán los estudios: Más allá de que López tumbe la licitación de la Séptima y le quede libre esa plata, para comenzar el proceso de extensión del metro debe primero contratar los estudios. Y arrancará prácticamente de cero.

Ricardo Cárdenas, asesor de movilidad de su campaña, calcula que esos estudios pueden estar listos en un año y medio y que tendrán en cuenta el Plan Maestro de Transporte realizado por la Cooperación Técnica Japonesa (JICA) en 1995.

Allí se planteó una red de metro y buses para atender la demanda de movilidad de la ciudad que incluía un trazado ferroviario por la calle 80, como lo propone hoy López.

Por los antecedentes más recientes, en todo caso, el año y medio que plantea la campaña para hacer los estudios pinta muy optimista (aunque eso no quiere decir que no se pueda lograr).

Por ejemplo, los estudios del metro subterráneo, que se hicieron entre las alcaldías de Samuel Moreno y Gustavo Petro, sin contar las interrupciones, se demoraron un poco más de tres años y medio. En ese tiempo se hicieron los estudios conceptuales (Fase I) y de factibilidad (Fase II), después de lo cual es que Alcaldía y Nación ponen plata para contratar los estudios de detalle (Fase III) junto con la construcción.

No es claro cuánto costará la extensión del metro: Sólo cuando terminen los estudios de factibilidad es que es posible saber un costo aproximado del proyecto, y eso depende de varios factores:

  1. Si se hace elevado o subterráneo, pues esta última opción es más costosa.

  2. Las calles por donde irá. Por ejemplo, si para meterse a Engativá baja por la 72 o por la 80. Aunque López ya afirmó que sería por la 80, una calle que es muy amplia, al consultar la propuesta con la campaña dijeron que eso sólo se sabrá a partir de los estudios. Por eso, dependiendo de por dónde metan el metro habrá, por ejemplo, más o menos predios que se deban comprar, y eso incide en el costo.

  3. El costo del dólar y el euro, que son fundamentales porque en esas monedas se compran muchos elementos del sistema, como los trenes. El paso del tiempo es crucial en este aspecto por la volatilidad que puedan tener esas monedas, que en los últimos años tienden a subir y por lo tanto a hacer proyectos de estos más costosos.

Estas razones complican que hoy se pueda determinar el precio de la obra, que es algo con lo que López ya se ha comprometido. Por ejemplo, en un intercambio de trinos con el gerente de la Empresa Metro, Andrés Escobar, en el que él dijo que la extensión a Suba y Engativá costaría 7 billones de pesos, ella partió de ahí para sustentar su propuesta de aportar el 30 por ciento, equivalente a 2,1 billones.

No es obligación que la Nación aporte el 70 por ciento: López parte de que el Gobierno Nacional aportará a este proyecto el 70 por ciento de la plata, tal y como pasó con el metro elevado que estructuró Peñalosa, y tal y como se comprometió en su momento el gobierno de Juan Manuel Santos con el metro subterráneo que estructuró Petro.

Esa, entonces, es una expectativa válida, pero hay que tener en cuenta que la Nación no está obligada a invertir ese porcentaje. Según la ley, lo que aporta la Nación puede variar entre el 40 y el 70 por ciento.

Que el Gobierno (el del uribista Iván Duque o el siguiente, dependiendo de lo que se demoren los estudios) decida invertir el 70 por ciento será el resultado de una combinación entre voluntad política, la capacidad de negociación de López (o del próximo alcalde) y la disponibilidad de plata que tenga la Nación.

Por ejemplo, en su momento Santos estuvo dispuesto a meterle plata al metro subterráneo que le propuso Petro, pero con la condición de que lo modificara porque no tenía con qué financiarlo hasta la calle 127, que fue lo que plantearon los estudios iniciales. Fue ahí cuando Petro replanteó y lo acortó y lo dejó hasta la calle 100.

Más allá de eso, dice el ex viceministro de Hacienda Germán Arce, el Gobierno Nacional siempre tendrá voluntad de invertir en proyectos de movilidad en Bogotá porque eso ayuda a impulsar el PIB nacional.

Sin embargo, que no sea claro cuánto costará la extensión del metro ni cuánto tiempo tomará saberlo hace que el cálculo que ella hace con la plata de la Séptima no necesariamente sea certero.

Lo que sí estaría asegurando López sería una base importante para financiar lo que le toca a la Alcaldía, y eso es una ganancia teniendo en cuenta que si le toca buscar plata adicional a la de la Séptima, no sería toda sino una parte.

Su propuesta, entonces, es ambiciosa en la medida en que quiere garantizar desde un comienzo la profundización del metro para que en un futuro sea el eje del transporte en Bogotá (lo que cambia con el modelo de Peñalosa). Sin embargo la plata con la que cuenta no le garantiza que pueda lograr eso tan fácil.

Comentarios (1)

Elgatodeschrodinger

09 de Octubre

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Otra candidata sin entiender el problema de las transversales, ir de norte a sur en bogota no es demorado del portal norte a soacha se puede uno demorar 1 hora 11 minutos en transmilenio, de la 127 con 7a al bulevar pueden haber 40 minutos, lo mismo en la 72 o la 63, como todos van de chapinero a la plaza. Plata no hay eso dice el marco fiscal de mediano plazo, en Medellin ya es tren o tranvia

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