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Por Carlos Hernández Osorio · 29 de Diciembre de 2019

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Si con las movidas de poder de 2018 quedó marcada la pauta para que en Bogotá una política como Claudia López ganara las elecciones en 2019, su elección finalmente como Alcaldesa este año implica una transformación, o al menos una promesa de hacerla, en las relaciones de poder en la ciudad.

Su triunfo implica, en particular, un cambio en las relaciones de la Alcaldía con el establecimiento político, empresarial y mediático, al que su antecesor, Enrique Peñalosa, tuvo de su lado de principio a fin y con el que gobernó. López no arranca confrontada con ese establecimiento, y de hecho busca hacer acuerdos con él, pero éste ya no hará parte central del gobierno.

Esto porque ella llega a gobernar como parte de una coalición con la izquierda del Polo (al que ya le dio participación en su gabinete) y, como ya hemos contado, con la idea de que sólo le irá bien si escucha a quienes han salido a marchar este fin de año contra, precisamente, un establecimiento que sienten que los excluye.

De la izquierda a la gerencia

El triunfo de Peñalosa en 2015 implicó una transformación grande de poder en Bogotá: le quitó la Alcaldía a la izquierda, que la había tenido por tres gobiernos seguidos. Y, en contraste con Gustavo Petro, comenzó una relación distinta con el establecimiento (sobre todo empresarios, partidos tradicionales y grandes medios), que ya no vio al Alcalde como un rival sino como un aliado con el que podía engranar sus intereses.

En lo electoral, por ejemplo, con Peñalosa se fortaleció Cambio Radical, el partido que lo avaló y terminó siendo la bancada más grande en el Concejo. Armó una coalición de centroderecha con el entonces recién llegado Centro Democrático, y los partidos tradicionales Liberal, Conservador y La U, así como con el cristiano Libres y la Alianza Verde, mayoritariamente peñalosista para ese entonces.

La agenda cambió, pues Peñalosa contuvo el gasto en subsidios y en programas sociales que para Petro habían sido importantes, al tiempo que en su Plan de Desarrollo planteó un paquete de obras civiles con las que pretendía superar la que para él había sido ineficiencia de la izquierda para ejecutar, en particular con la extensión de Transmilenio.

Y diseñó un Plan de Ordenamiento Territorial que, aunque al final se hundió, terminó con la pelea entre Petro y los grandes constructores, ya que los intereses de Peñalosa se alinearon con los de Camacol.

Peñalosa se mantuvo fiel al estilo de gobierno que le permitió dejar huella en su primera alcaldía (1998-1999), que le valió el apelativo de gerente y que tenía como base la ejecución de políticas que, como él mismo ha admitido, no necesariamente respondían a demandas ciudadanas y que “es probable que las hubieran rechazado (los ciudadanos) inicialmente de haberlos consultado”.

Pero esa falta de consulta, que terminó siendo vista como imposición (el caso más emblemático será el cambio del proyecto del metro subterráneo a uno elevado), sumada a su tono arrogante terminó por generar una tensión constante con la ciudadanía, aupada por una oposición de la izquierda mucho más fuerte y organizada que la que tuvo en su primera alcaldía y por la viralidad de las redes sociales.

Eso se terminó reflejando, primero, en sus bajos índices de favorabilidad y, al final, en la incapacidad para dejar un sucesor que siguiera su línea.

Que Claudia López haya ganado las elecciones avalada por una Alianza Verde mucho menos peñalosista que la que respaldó a Peñalosa, y por el Polo Democrático, implica que la gente votó por un cambio de visión, de modelo y de estilo, y por eso mismo su llegada al Palacio Liévano hace que, nuevamente, el poder en la ciudad se reconfigure.

De la gerencia a la promesa se acuerdos

Este año Bogotá votó por un cambio del modelo Peñalosa sin que eso implicara regresar a un modelo de izquierda.

En lo electoral, el mapa político cambió notablemente.

Con Claudia López la Alianza Verde pasó a ser el partido más votado al Concejo al subir de 6 a 12 curules. El Polo bajó de 5 a 4 concejales, pero pasó de la oposición a ser partido de gobierno, una condición que no tenía desde los cuatro años del corrupto y condenado Samuel Moreno (2008-2011).

En cambio, partidos que respaldaron a Peñalosa por cuatro años terminaron disminuidos, comenzando por Cambio Radical, que pasó de 9 a 4 curules. También perdieron concejales el Centro Democrático, el Conservador y La U. Sólo los liberales ganaron una.

Eso implica cambios en las prioridades de la agenda en la Alcaldía, pues, por ejemplo, gracias a la alianza de López con el Polo, en campaña ella firmó un compromiso con los empleados y trabajadores del Distrito para no hacer contratación mediante cooperativas ni por tercerización, cumplir los acuerdos que ha hecho la Alcaldía con el sindicato de maestros y respetar a los vendedores informales.

Firmó un acuerdo con Sintrateléfonos, el sindicato de la ETB (uno de los más activos en el impulso a la revocatoria de Peñalosa), para fortalecer esa empresa sin venderla ni buscarle un socio estratégico.

Y así mismo firmó compromisos con los trabajadores de la salud y de la educación, así como uno con organizaciones ambientales en el que se compromete, por ejemplo, a no intervenir la Reserva Van der Hammen.

En todo eso se nota un cambio en el modelo peñalosista que fue respaldado por los partidos de su coalición y el empresariado, pero que tuvo en los sindicatos y ambientalistas, en buena medida ligados a la izquierda, una oposición de principio a fin.

Sin embargo, López no se ha convertido un el coco para el establecimiento que respaldó a Peñalosa, o al menos para la mayoría, sobre todo el mediático y el empresarial.

Eso se explica, en buena medida, en que, aunque la coalición que la acompañó a ella es de centroizquierda, la nueva alcaldesa es una política que no proviene de partidos tradicionales de izquierda, que defiende la economía de mercado y que ganó definiéndose como de centro.

Y también a factores más circunstanciales, como el cambio en su estilo confrontacional que implementó desde el final de la campaña y que ha mantenido hasta ahora.

Así, Fedesarrollo y la Andi, por ejemplo, han manifestado que ven con buenos ojos la actitud de López para escucharlos y trabajar con ellos.

Para el empalme del POT conformó una comisión en la que no sólo metió a representantes de la academia y de los ambientalistas, sino a uno de Camacol, y hasta ahora, según una persona que conoce ese proceso de cerca, las reuniones han sido fluidas y sin confrontaciones.

En el reciente Congreso de la Cámara Colombiana de la Infraestructura López dijo que le quiere seguir apostando al modelo de Alianzas Público Privadas (APP) para hacer megaobras, lo que significa una continuidad con Peñalosa (aunque él no logró muchos avances por la dificultad en la estructuración de los proyectos) y una diferencia con la izquierda del Polo, que ve eso como una forma de privatización.

De hecho, López quiere, como Peñalosa, crear la Agencia Distrital de Infraestructura (ADI) para que se dedique sólo a sacar adelante APP.

Y el gabinete, por último, es una muestra de que no está entregada a la izquierda, sino de que quiso armar un equipo com visiones políticas diversas.

Una promesa suya, al fin de cuentas, es la unidad después de dos alcaldías en las que, si hubo la intención, no fue posible lograrla en función de un modelo.

Claudia López propone, en particular con respecto a Peñalosa, generar esa unidad, con la idea de buscar acuerdos y de generar lazos entre sectores que han venido chocando y evitar así la sensación de imposición de uno u otro lado, haciendo que el establecimiento ya no ocupe un lugar central en su gobierno, sin que eso signifique chocar con él.

El tiempo dirá si ese ejercicio de equilibrismo le da resultados, sobre todo porque a la hora de gobernar es casi imposible satisfacer a unos sin que otros se sientan golpeados.

Comentarios (2)

José Saramago ..

30 de Diciembre

4 Seguidores

La costosisima consulta anticorrupcion, la griteria, peleadera, calumnia anti-...+ ver más

La costosisima consulta anticorrupcion, la griteria, peleadera, calumnia anti-otro, incoherencia fue el trampolin electoral de Claudia López en unas elecciones sin buenos candidatos casi le gana el mantenido de Galán. Ahora se dara cuenta Claudia López que una cosa es que el mamerto despotrique, sea criticon y otra cosa es administrar una ciudad. Por suerte Peñalosa le dejo adelantado el trabajo..

harriarq

31 de Diciembre

0 Seguidores

No solo le dejo adelantado, además declaro que no utilizará togas, ni tutela...+ ver más

No solo le dejo adelantado, además declaro que no utilizará togas, ni tutelas, ni las malas mañas de la izquierda para frenar la ciudad, porque quien quiere a Bogotá espera su desarrollo, veremos si sus cercanos traidores hacen lo mismo, aunque creo que ella sola se frenara, por la boca muere el pez y una cosa es destruir, otra construir ciudad, los contratos están, tal vez faltará voluntad ?????1

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