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Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 09 de Febrero de 2020

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El pasado 31 de enero un médico mató a tres ladrones actuando presuntamente en legítima defensa, algo que ha polarizado la opinión.

En redes y en la radio, muchos defienden el derecho a armarse para defenderse ante la ausencia de un Estado que garantice la seguridad de los ciudadanos mientras que otros advierten que la práctica de recurrir a sus propios medios para solucionar los problemas ha desencadenado espirales de violencia en Colombia.

Mauricio García Villegas, profesor del Iepri de la Universidad Nacional, ha estudiado las razones por las que los colombianos incumplen las normas y los incentivos que tienen para actuar distinto.

En esa línea, su último libro “Virtudes Cercanas”, parte de la idea que exaltar las cualidades genera círculos virtuosos en las sociedades y que es más productivo que enfocarse en los vicios.

La Silla Académica lo entrevistó para hablar de algunos de los personajes de su libro y de las virtudes con las que los identifica, con la intención que arrojen luces para encontrar otras salidas al “vicio” de la violencia ejercida desde cualquier lado.

La Silla Académica: La defensa de la actitud del médico que mató la semana pasada tres ladrones ha vuelto a poner en la discusión si los colombianos seguimos recurriendo al “vicio” de la violencia como la mejor forma de solucionar los problemas. Usted decidió escribir un libro sobre las virtudes. ¿Por qué le interesó hablar desde esta perspectiva?

Mauricio García: Primero, los colombianos no somos violentos por naturaleza. Hemos tenido una historia con mucha violencia, eso sí, pero la violencia tiene causas sociales e históricas. Señalo dos: la relativa incapacidad del Estado para controlar a los detractores del orden social y una cultura política favorable al sectarismo.

Una sociedad organizada, pacífica, justa, se construye, en términos muy generales, con dos elementos: por un lado, con un Estado que ponga orden y que sea capaz de sancionar a los incumplidores, a los vivos y a los conchudos; y, por el otro, con una cultura ciudadana que sirva para cohesionar a la sociedad y que legitime las instituciones.

‘En el caso del médico ni la simple represión funciona, ni tampoco el simple llamado a la convivencia. Hay que hacer las dos cosas’

Mauricio García Villegas

En el caso del médico, como en muchos otros casos similares, ni la simple represión funciona, ni tampoco el simple llamado a la convivencia y la armonía social. Hay que hacer las dos cosas, y otras más, claro.

No solo es importante controlar a los incumplidores, también es importante exaltar a los ciudadanos virtuosos. Se habla mucho de lo primero. En este libro, yo preferí ocuparme de lo segundo.

LSA: ¿En qué sentido?

M.G.: La idea de escribir este libro surgió con las muertes de dos amigos íntimos, Juan Fernando Jaramillo, colega de la Universidad Nacional y ex magistrado auxiliar de la Corte Constitucional, y Eric Rambo, a quien conocí cuando vivía en Madison, Wisconsin.

Sus muertes me impactaron mucho y quise escribir sobre ellos, sobre sus vidas, tomando estas como un pretexto para hablar de sus virtudes: la justicia en el caso de Juan y la modestia, en el caso de Eric. Luego agregué seis relatos más, con personajes cercanos a mi y de los cuales resalto otras virtudes: la perseverancia, la sapiencia, el entusiasmo, la benevolencia, la elocuencia y la autonomía.

Existe la idea de que la solución contra el mal es denunciarlo; pero hay que hacer más que eso. Mostrar el bien, elogiar a los virtuosos es, por la tendencia a la imitación, una buena estrategia.

En Colombia deberíamos aprender no solo a castigar a los incumplidores, sino también a exaltar a los respetuosos de la ley

Mauricio García Villegas

LSA: Usted ha sido bastante crítico de los españoles, de los latinoamericanos y de los colombianos. ¿Este libro muestra una forma distinta de pensar los problemas a partir de usted mismo?

M.G.: Durante varios años me dediqué al estudio de la cultura del incumplimiento de reglas en Colombia y otros países, sobre lo cual he escrito dos libros: Normas de Papel (2009) y El Orden de la libertad (2017).

En ellos trato de entender, desde un punto de vista sociológico, sin ánimo moralista, la herencia cultural y política que nos vino de la España clásica (no la actual). Analizo la visión religiosa de la realidad y la debilidad del Estado para controlar las periferias, que son dos legados que nos han causado muchos problemas; y caracterizo unas mentalidades típicas en nuestra sociedad (el vivo, el rebelde, el arrogante, el taimado, etc.) y los contextos en los cuales esos personajes actúan.

En El orden de la libertad, hago una defensa progresista del orden. En Colombia pasamos con demasiada facilidad del desorden, al orden tiránico, sin explorar el punto intermedio, que es el del orden legal, constitucional, legítimo. Del desorden pasamos fácilmente al orden “a las patadas”. Uno de los problemas de la izquierda es que menosprecia la idea de orden, con lo cual le deja el asunto (uno de los más importantes de la teoría política) a la derecha y ésta, claro, sabiendo que tiene el monopolio, hace barbaridades.

La izquierda sí cree en el orden, pero cuando llega al poder muchas veces hace lo mismo que la derecha: construye un orden autoritario.

La izquierda sí cree en el orden, pero cuando llega al poder muchas veces hace lo mismo que la derecha: construye un orden autoritario

Mauricio García Villegas

Virtudes cercanas es un libro diferente. Es un ensayo moral (no moralista) sobre la fuerza redentora (no lo digo de manera religiosa) de las virtudes en una sociedad.

Muchas personas, por ejemplo, no pagan impuestos porque creen que muchos no lo están haciendo y si algo tenemos inscrito en nuestros genes es la idea de que no queremos que se aprovechen de nosotros, no queremos ser los “bobos del paseo”. Si una campaña se centra en mostrar que la mayoría de personas cumple (como sucede en la realidad) eso crea un círculo virtuoso.

Los seres humanos somos imitadores de la mayoría, cuando uno tiene la percepción de que muchos incumplen entonces también incumple.

Los seres humanos somos imitadores de la mayoría, cuando uno tiene la percepción de que muchos incumplen entonces también incumple

Mauricio García Villegas

LSA: Cuando habla de Jorge Orlando Melo, usted adapta un cuento difundido en la cultura paisa sobre la plata mal habida, al orden: “vea mijo, cuando sea grande consiga orden y autoridad, si puede conseguir eso por las buenas, hágalo; si no, consígalo de todos modos… ¿en el recurso a la violencia hay rezagos de esa cultura paisa?

M.G.: Antioquia fue una región muy pacífica hasta la mitad del siglo pasado y eso porque los antioqueños eran comerciantes y necesitaban un ambiente de paz para sus negocios.

Esto cambió a mediados del siglo XX con la migración a las ciudades, el narcotráfico y la crisis de la industria. Allí se perdió mucho de esa cultura civilista, empeñada en el mejoramiento de los bienes públicos y la educación. Los nuevos líderes políticos, muchos de ellos ligados a la tierra (ya no tanto a la industria) y en ocasiones extorsionados por la guerrilla, se volvieron agresivos, pendencieros y algunos terminaron aliándose con los paramilitares. Esto claro, hizo que sus opositores, en la izquierda, entraran en la contienda, de lo cual surgió un fenómeno de extremismo recíproco que ahogó a los pacifistas y a los moderados de antes.

LSA: ¿Pueden cultivarse las virtudes que usted menciona en su libro y extenderse al grueso de la sociedad en un país tan desigual?

M.G.: Es difícil fomentar la confianza entre las personas en una sociedad tan desigual como la colombiana, en donde los ricos y los pobres nunca se relacionan como ciudadanos. Todo eso empieza por el hecho de que no estudian juntos. Aquí tenemos un sistema de segregación educativa muy fuerte: los hijos de los ricos estudian con los hijos de los ricos y los hijos de los pobres con los hijos de los pobres. Y además, los primeros reciben una educación de calidad y los otros no. Estoy simplificando un poco, pero hay mucho de esto.

Inculcar virtudes en un grupo con tantas desigualdades es muy difícil, pero hay que intentarlo.

LSA: ¿Ha cambiado la noción de virtud en Colombia?

M.G.: Durante mucho tiempo se pensó que las virtudes eran las católicas. Hasta hace muy poco se estimaba que la virtud dependía de la fe. Ser ateo y virtuoso era algo imposible. El Manual de Urbanidad de Carreño, por ejemplo, empieza por la fe en Dios: sin fe no puede haber virtud.

Hoy sabemos, por múltiples estudios, que la fe no garantiza la bondad y que hay gente buena y mala tanto en los creyentes como en los ateos.

LSA: Juan Jaramillo, uno de los personajes de su libro, tenía la virtud de ser justo. Usted resalta que creía en una justicia que iba más allá de la igualdad ante la ley ¿en términos sencillos qué implica?

M.G.: Una de las cosas que Juan detestaba es la actitud, muy colombiana por cierto, de ser dócil con los de arriba y duro con los de abajo; o complaciente con los poderosos y autoritario con los débiles. Juan trataba a todas las personas por igual, con independencia de los títulos, los puestos, los apellidos, etc., que tuvieran.

LSA: Juan Jaramillo, según su libro, era un espíritu liberal atrapado en un cuerpo conservador ¿qué significa eso?

M.G.: Me refería a que, en su vida cotidiana, en su relación con su familia, con el dinero, en el uso de su tiempo libre, Juan era muy conservador, es decir, muy ajustado a los parámetros establecidos, a la tradición, algo que es, por lo demás, muy antioqueño. Pero en su manera de pensar, era un liberal, abierto, tolerante y flexible.

Juan tenía, además, una gran capacidad para ponerse en los zapatos del otro y emitir juicios ponderados sobre ese otro. Por eso era tan buen juez. Jonathan Haidt, uno de los psicólogos contemporáneos más importantes, dice que los seres humanos llevamos por dentro una especie de abogado que nos defiende de todo lo que hacemos y de lo que hacen los nuestros. Pues bien, Juan no era así, el tenía un juez por dentro, no un abogado.

LSA: Más allá de que cada uno de los personajes de su libro tiene una virtud y una vida distinta, ¿hay alguna característica que todos compartan y que explique que sean personas virtuosas?

M.G.: Creo que sí y tal vez esa característica común es el afecto. Para los ocho personajes que abordo, el amor de los suyos siempre fue muy importante.

Ninguno de ellos es un virtuoso misántropo (que odia a los demás) o individualista.

Todos tenían, en general, familias muy cohesionadas, algo que tiene que ver con la idea de la felicidad de Aristóteles, que ha sido muy estudiada recientemente por la neurociencia: no hay nada que produzca más felicidad que la virtud y el afecto: más que el dinero, las glorias, el reconocimiento, son las relaciones sociales y las relaciones afectivas (principalmente, la amistad) lo que nos da felicidad.

LSA: “Si el cuerpo se te queda atrás, avanza con la mente”, era la frase que el médico le decía a Ciro Angarita -y que él aplicaba a cabalidad. ¿Qué significó esta frase para el magistrado de la Corte Constitucional que sufrió de una parálisis cerebral desde muy pequeño?

M.G.: Tal vez una anécdota que cuento en el libro ayuda a entender esto. Ciro Angarita era profesor de derecho civil en la Universidad de Los Andes y una vez, mientras dictaba clase, su silla perdió el equilibrio y se cayó, los estudiantes corrieron a ayudarlo, pero él siguió desde el suelo comentando los artículos del Código, nunca se detuvo. Las adversidades le pasaban a Ciro por el lado, como si no lo afectaran.

Nunca he conocido una voluntad tan inquebrantable. Tenía un cuerpo muy frágil y una voluntad de hierro. Y tal vez lo uno fue causa de lo otro. Ciro se tomaba muy en serio el célebre consejo que dice, “si tu espada es demasiado corta, alárgala de un paso”.

Esto no solo aplica sólo para las personas, sino también para los países. Uno de los problemas que tienen los países productores de petróleo y ricos en recursos naturales, como Colombia, es que se vuelven perezosos. Dejan de hacer esfuerzos para producir riqueza, porque la extraen de su tierra.

LSA: ¿No fomenta el discurso de las virtudes y especialmente lo que usted destaca de Ciro Angarita la creencia neoliberal de que, si la gente se esfuerza, o en otras palabras es virtuosa, logra todo lo que se propone?

M.G.: Los que logran avanzar en una sociedad no son siempre los que más se esfuerzan. Eso pudo ser cierto en los EE.UU de los 50, o en la Francia de los 60, que tenían una clase media muy grande y en donde el esfuerzo era rentable y producía movilidad social.

En una sociedad desigual, jerarquizada, con poca movilidad y con una educación segregada, como la nuestra, el esfuerzo difícilmente se traduce en un avance social.

De otra parte, es importante señalar que los neoliberales se equivocaron en buena parte del diagnóstico que hicieron de la naturaleza humana, sobre todo en creer que todo el comportamiento está dirigido por la racionalidad, el interés y el egoísmo.

'Los neoliberales se equivocaron en buena parte del diagnóstico que hicieron de la naturaleza humana, los comunistas también'

Mauricio García Villegas

Muchas veces estamos dispuestos a perder un beneficio por defender un ideal de justicia. Esto se aprecia claramente en el célebre experimento del “ultimatum”.

LSA: ¿En qué consiste ese experimento?

M.G.: Al jugador A le entregan un dinero que tiene que compartir con el jugador B, de la manera que él quiera; pero el jugador B tiene la posibilidad de aceptar o no la distribución. Si no lo acepta, el juego se deshace y ninguno obtiene nada. Si B solo se guiara por el interés, de manera egoísta, aceptaría, cualquier suma de dinero superior a cero (no tenía nada y ahora tiene algo). Sin embargo, lo que se ve en este experimento es que una cifra cercana a la mitad de los participantes no acepta ninguna suma inferior al 30 por ciento, lo cual significa que prefieren perder esa suma que renunciar a su ideal de justicia.

Claro, el diagnóstico opuesto, según el cual los seres humanos somos siempre generosos, altruistas, colaboradores, que está presente por ejemplo en el comunismo, también es falso y por esos muchos de estos sistemas han fracasado.

Un buen diagnóstico sobre lo que somos (una mezcla de pulsiones egoístas y altruistas) es esencial para una teoría política y en concreto para diseñar instituciones que realmente funcionen.

LSA: A Ciro Angarita también lo caracterizaba lo que se conoce como “ética de la convicción”, que manda seguir principios a toda costa, sin importar las consecuencias ¿Se refiere a que una virtud llevada al extremo se vuelve un defecto?

M.G.: Los primeros magistrados de la Corte Constitucional, entre ellos Ciro, sólo fueron nombrados por un año; después vino la elección en el Senado de nueve magistrados por un período de ocho años, que es como funciona actualmente.

Ciro perdió la elección por un voto y eso, en buena medida, debido a que se negó a ir al Congreso para hablar con los senadores; ni siquiera les contestaba sus llamadas. Decía que si querían saber de él debían leer sus sentencias. Admiro esa actitud valiente y consecuente. Pero al mismo tiempo tenía muchas dudas sobre su conveniencia. Me parecía que hablar con los políticos no era un pecado tan grave para un juez (sobre todo teniendo en cuenta que eso hace parte de las reglas de juego establecidas) y sabiendo que las consecuencias eran tan delicadas: salir de la Corte.

En principio no soy partidario de una ética kantiana de la defensa de los principios a toda costa. Tampoco creo que los ciudadanos tengan que ser santos, no creo que sea posible ni deseable.

LSA: Hablando sobre Ciro usted dice “no fue la única vez que el tiempo le dio la razón” ¿A qué se refiere?

M.G.: Dada su enfermedad, Ciro tenía una concepción efímera de la vida, pero, al mismo tiempo, su concepción moral era de largo plazo. Él creía que, si una buena idea no era aceptada hoy, lo sería mañana. Por eso salvaba el voto con frecuencia; convencido de que “ya vendrá el día en que me hagan caso”.

Uno de los votos que salvó fue para argumentar que la defensa de la permanencia del Estado de Sitio -algo a lo que los presidentes recurrieron constantemente en la segunda mitad del siglo XX- era una contradicción.

Para ello se basó a su vez en un salvamento de voto de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia de mediados del siglo pasado. Lo hizo con la esperanza de que con sus salvamentos pasara lo mismo.

Y, en efecto, en una decisión posterior sus compañeros acogieron a su posición.

LSA: Usted resalta que Carlos Gaviria, magistrado de la Corte Constitucional y político, solo hablaba cuando tenía las cosas claras y lo hacía de forma sencilla ¿qué virtud evoca eso en contraste con la admiración que sienten muchos colombianos por la grandilocuencia de los políticos?

M.G.: Su virtud era la claridad, como forma de elocuencia. Escribir y hablar claramente es también pensar claramente; esto no se aprende fácilmente, sino con mucho ejercicio y con buenos maestros correctores.

Carlos Gaviria practicaba aquello que decía Ortega y Gasset: la claridad es la cortesía del escritor. La escritura de muchos colombianos adolece de dos defectos: falta de coherencia -que las ideas tengan un hilo conductor- y retórica insulsa. O dicho de manera coloquial; vacíos y “carreta”. En otros países los niños se pasan años aprendiendo a escribir. En Colombia, creemos que, con enseñarles reglas de gramática, les basta. Y no es así, y los que enseñamos en la universidad lo constatamos cada día.

Carlos odiaba la pedantería de los escritores que, por parecer inteligentes, escriben de manera confusa, con citas excesivas o con ideas complicadas.

Y algo que no quiero dejar de resaltar es que fue un defensor de la autonomía individual y de la libertad, en sentencias constitucionales famosas, como la de la despenalización de la dosis personal y la defensa de la eutanasia, aún cuando o -quizá por eso-, como cuento en el libro, su padre y su padrastro se suicidaron.

‘Colombia es un país que duda muy poco. Tenemos poca afición por los matices, las complejidades y los antecedentes’

Mauricio García Villegas

LSA: Del historiador Jorge Orlando Melo usted destaca que era un sabueso del conocimiento, algo que en buena parte aprendió de Jaime Jaramillo Uribe, quien se oponía a las generalizaciones simplistas, sobre todo para hablar de los problemas sociales y era famoso porque muchas de sus frases comenzaban con “sí, pero”...

M.G.: Algo que caracteriza también a todos los personajes de Virtudes Cercanas es su radical postura contra del dogmatismo.“Colombia es un país que duda muy poco: casi todo el mundo cree saber todo. Tenemos poca afición por los matices, las complejidades y los antecedentes. Todo se ve de manera binaria: bueno/malo, verdad/falsedad, si/no”.

Jorge Orlando Melo fue alumno de Jaime Jaramillo Uribe en la Universidad Nacional. Jaramillo era conocido por sus estudiantes por ver matices en todo, especialmente, en los debates ideológicos del momento. Respondía cosas como: “la revolución sí, pero”; “la Iglesia sí, pero…”; “la democracia sí, pero…”.

En Colombia todo se ve de manera binaria: bueno/malo, verdad/falsedad, sí/no

Mauricio García Villegas

Ese “sí, pero…” en el caso de Melo, se tradujo en el convencimiento que más importantes que las ideologías o las teorías que a veces son simplistas y reductoras, son las realidades específicas de cada país, la historia social que es variable y compleja.

Es conveniente dudar y dejarse convencer con buenos argumentos. Hace poco, para un libro que estoy escribiendo sobre las emociones de los colombianos, leí la autobiografía de Darwin. Allí Darwin cuenta que, cuando le pidió permiso a su padre para embarcarse en el Beagle, un bergantín (buque) de la marina británica que planeaba hacer un viaje de dos años alrededor del mundo; él en principio se negó, pero después de pensarlo un momento le dijo lo siguiente: “si encuentras una persona con sentido común que te aconseje ir en ese barco, te daré mi consentimiento”. Darwin encontró a esa persona que convenció a su padre y por eso hizo el viaje.

LSA: Usted dice que hablar de los vicios y las virtudes no es una actitud moralista ¿no es eso contraintuitivo?

M.G.: En Colombia hay dos prototipos éticos muy comunes: el de los moralistas que dividen el mundo en buenos y malos, y el de los cínicos, que no les importa diferenciar entre el bien y el mal, y todo les da igual”. Pasamos fácilmente de la Inquisición al relativismo.

En Colombia pasamos fácilmente de la Inquisición al relativismo

Mauricio García Villegas

En Francia hubo unos intelectuales muy importantes en el siglo XVII, entre ellos La Rochefoucauld, Pascal, La Bruyère, que se conocen como “los moralistas”. Pero no juzgaban a nadie, solo se preocuparon por entender el talante moral de la gente de la época; cómo pensaban y se comportaban. Para nosotros, en cambio, “moralista” es la persona que solo se preocupa por juzgar a los demás, por catalogarlos en buenos o malos. Esa es una actitud muy propia de la religión, de los confesores.

Durante muchos siglos subsumimos la moral dentro de la religión. Necesitamos una educación moral cívica que valga para todos en una sociedad pluralista, que se funde en el respeto del otro y no en la recompensa del Cielo.

LSA: A juzgar por los políticos y jueces que tenemos actualmente ¿cree que tenemos suficientes modelos virtuosos a seguir?

M.G.: Sí creo que hay muchos líderes que podemos seguir. No creo que necesariamente tengan que ser personajes públicos o notorios, pueden ser familiares, colegas, es el caso de Marie Delhaye y Cecilia Faciolince, dos de los personajes de mi libro.

Decir que todos los políticos son malos es caer en lo que he criticado; en el mundo político también hay gente muy valiosa.

Quizá cada persona debería escribir sobre sus “virtudes cercanas”; es decir sobre las personas que lo rodean y sus méritos, sus talentos, sus bondades. Todos deberíamos preguntarnos: ¿quiénes son mis diez virtuosos cercanos?

LSA: ¿Qué cree que hace que una persona desarrolle una virtud?

M.G.: Según Aristóteles, las virtudes se aprenden imitándolas, como cuando nos dormimos haciéndonos los dormidos, o cuando aprendemos a ser valientes haciéndonos los valientes; o a ser benevolentes haciéndonos los benevolentes. Al imitar la ficción se vuelve realidad.

La Rochefoucauld decía que la hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud. Esta frase no solo se puede ver como una crítica a la hipocresía, también se puede ver como el beneficio que se deriva de domesticar el vicio: al hacerle un homenaje a la virtud se termina creyendo en ella. Los niños al comienzo acatan los buenos modales de mala gana, después los interiorizan y los adoptan.

Necesitamos una educación moral cívica que valga para todos en una sociedad pluralista, que se funde en el respeto del otro y no en la recompensa del Cielo

Mauricio García Villegas

LSA: No puedo dejar de hacerle una pregunta feminista. En su libro solo hay dos mujeres virtuosas: Marie Delhaye, a quien identifica con autonomía, y Cecilia Faciolince, a quién identifica con entusiasmo, ¿por qué?

M.G.: Los personajes del libro son personas cercanas a mí, que ya murieron o que son mucho mayores que yo. Quise incluir más mujeres, pero aquellas que conozco están demasiado cerca como para poder escribir sobre ellas sin pudor.

La pregunta feminista es necesaria. Creo que uno tiene la obligación de tratar de incluir mujeres en lo que dice y escribe, pero no tiene la obligación de conseguirlo cuando no se puede.

En una ocasión una colega feminista tomó en sus manos mi libro ,“El Orden de la Libertad”, repasó la bibliografía que está al final y me lo devolvió diciendo, “yo no leo libros en los que no haya una paridad de hombres y mujeres”. Esto es un despropósito. A veces no es posible lograr eso, como en ese libro, cuya bibliografía es casi toda clásica, del siglo XVIII.

Comentarios (9)

harriarq

08 de Febrero

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Se puede moralizar todo y analizarlo desde distintos puntos de vista, pero cuando uno se encuentra en peligro la reacción es muchas veces incierta, el instinto de supervivencia, ese derecho a la defensa que tenemos y que no es presunto, solo es; yo también comparto la reacción del Medico sin aplaudirlo. El análisis de la violencia debe incluir la aplicación o no de la justicia y sus matices 1

Gustavo Adolfo

09 de Febrero

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Estoy de acuerdo con usted en que en una situación de peligro no podemos juzgar la reacción de una persona. Pero en el día a día, he descubierto que la mayoría de las opciones no son de vida o muerte, no hay que tomarse tan en serio a quien nos lleva la contraria.

harriarq

10 de Febrero

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Después de ver el asesinato del hincha del América queda sin mucho piso esto de la violencia ... con un puñal lo matan, estaba desarmado... cual moral le impedirlo defenderse, no solo no tenía con que defenderse y entre varios lo mataron, la falta de moral de los asesinos que "adolecían de falta de virtudes" (como utilizó la figura este descuidado escritor :)) a veces la virtud es no dejar ver..2

Natalia Arbeláez Jaramillo

10 de Febrero

20 Seguidores

Cito parte de la entrevista que da cuenta de que los temas de criminalidad no ...+ ver más

Cito parte de la entrevista que da cuenta de que los temas de criminalidad no solo se pueden abordar desde las virtudes: "Una sociedad organizada, pacífica, justa, se construye, en términos muy generales, con dos elementos: por un lado, con un Estado que ponga orden y que sea capaz de sancionar a los incumplidores, a los vivos y a los conchudos; y, por el otro, con una cultura ciudadana que sirva para cohesionar a la sociedad y que legitime las instituciones.

En el caso del médico, como en muchos otros casos similares, ni la simple represión funciona, ni tampoco el simple llamado a la convivencia y la armonía social. Hay que hacer las dos cosas, y otras más, claro".

harriarq

11 de Febrero

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Es una respuesta desde el deseo, para casos como estos con violencia extrema s...+ ver más

Es una respuesta desde el deseo, para casos como estos con violencia extrema solo queda reaccionar, huir si se puede o defenderse, o, porque no ayudaron los conductores? porque los delincuentes estaban armados y utilizan estrategias de este tipo para robar a los conductores, la cultura ciudadana no alcanza, la policía no puede estar en todo lado y quedamos expuestos en cualquier momento.

Elgatodeschrodinger

09 de Febrero

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Es fascinante como crea un etereo subconjunto de nuevos lideres en antioquia, que estaban ligados con la tierra, extorsionados por la guerrilla(conozco 1),estos se volvieron pendencieros y terminaran aliandose con los paramilitares(solo algunos de ellos)supongo que la bilis negra no le permiten pensar pero ni es inteligente como lo telegrafea al personaje de su imaginario pero en su odio no aporta

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EduardoSaenzRovner

09 de Febrero

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Como funcionario del gobierno de César Gaviria, Melo se encargó de tapar las...+ ver más

Como funcionario del gobierno de César Gaviria, Melo se encargó de tapar las violaciones de los derechos humanos. Ver pp. 25 y subsiguientes de: http://fce.unal.edu.co/centro-editorial/documentos/escuela-de-administracion-y-contaduria-publica/1604-33-aspectos-de-la-diplomacia-el-narcotrafico-la-agitacion-laboral-y-los-derechos-humanos-durante-el-gobierno-de-cesar-gaviria-en-colombia-1990-1994.html

EduardoSaenzRovner

09 de Febrero

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García Villegas también idealiza a la Antioquia prenarcotráfico y a sus élites empresariales de mediados de siglo. Éstas apoyaron al conservatismo sectario de los años 40, combatieron a Gaitán, y le dieron la bienvenida a la dictadura de facto de Ospina. Ver La Ofensiva empresarial (1992), libro basado en archivos públicos y privados (incluido el de la ANDI): http://bdigital.unal.edu.co/1438/

Carlos Alberto ...

15 de Febrero

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Valiosas opiniones, destacó los argumentos contra el dogmatismo. Con respecto a lo dicho frente a construir una sociedad organizada, pacífica y justa omite, entre lo que considera necesario, el como se genera el ingreso o la riqueza, que puede ser el principal impedimento para lograr dicha sociedad

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