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Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 21 de Agosto de 2020

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La semana pasada causó revuelo la renuncia en bloque de los miembros de la Junta Directiva de la empresa pública más importante que tiene la región antioqueña, EPM.

Lo que ha sido un trabajo mancomunado entre el sector privado y el público, ejemplo para el país, está en riesgo, si bien a juzgar por los nuevos miembros designados por Daniel Quintero, el alcalde de Medellín, no hubo una ruptura total de cobijas.

La Silla Académica, entrevistó a Angélika Rettberg, profesora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes, quien hace un recuento de la historia del empresariado colombiano y sus relaciones con la clase política incluyendo su participación en la construcción de paz.

Rettberg es autora de los artículos Construyendo la historia del empresariado colombiano. Un análisis de "empresariado antioqueño y sociedad, 1940-2004. Influencia de las élites patronales de Antioquia en las políticas socioeconómicas colombianas" de Nicanor Restrepo Santamaría y Empresarios y política en Colombia: un estudio de caso del gobierno Samper (1994-1998) y coautora del capítulo Contexto de los desafíos de la implementación temprana en Colombia del libro que ella coeditó titulado Excombatientes y acuerdo de paz con las FARC-EP en Colombia, con base en los cuales hacemos esta entrevista.

La Silla Académica: Angélika, Colombia no es un país que se caracteriza propiamente por su industrialización. Usted es una estudiosa del empresariado colombiano ¿qué tanto desarrollo empresarial hay aquí?

Angelika Rettberg: En comparación con países como EE.UU. es reducido todavía. Una buena parte de la riqueza de la gente se deriva de herencias y de bienes que producen y no tanto de emprender nuevas cosas.

También es cierto, para bien del país, que su economía nunca ha dependido de un solo producto, como ocurre con el petróleo en Venezuela, lo que ha permitido en los últimos 20 años, la diversificación y el desarrollo de sectores distintos como el de servicios y tecnología.

Entonces, somos un caso intermedio de desarrollo empresarial: no somos Centroamérica donde buena parte de la empresa está relacionada con la tenencia de fincas, ni tampoco somos el Silicon Valley de la región.

L.S.A.: Cuando se habla de grandes empresas generalmente se piensa en Antioquia ¿esto es acertado?

A.R.: Sin duda Antioquia ha sido ejemplar en innovar y ampliar servicios, no en vano el Grupo Éxito y Bancolombia, que son dos de las empresas más grandes y eficientes del país, tienen asiento allá.

Éxito es el principal empleador del país con más de 500 mil puestos no solo en Colombia sino en otros países de la región.

Antioquia sí ha sido un foco de desarrollo empresarial, pero no todo ha sido bueno. Ambientalmente ha sido muy poco sostenible y no necesariamente ha redundado en mejores relaciones laborales, por ejemplo.

No es el único caso de éxito, tampoco. Bogotá aporta un 25 por ciento del PIB, mientras Medellín aporta solo el 7 por ciento, lo que significa que una buena parte de la riqueza, de la innovación, de la industria ocurren en Bogotá, aunque no se saque a relucir muy a menudo.

En Barranquilla y el Atlántico, en general, también ha habido en los últimos años un desarrollo muy virtuoso porque han tratado de que haya sinergias entre las diferentes ciudades caribeñas, han invertido en infraestructura y en crear industria y eso ha generado un crecimiento importante de sus empresas. Lo han hecho, eso sí, muy de la mano de la clase política, lo que no ha ocurrido ni en Medellín ni en Bogotá, donde ha habido una independencia más sana.

L.S.A.: De hecho, la posible postulación del exalcalde de Barranquilla, Alex Char, es vista como una candidatura presidencial empresarial como lo dice este trino de Humberto de La Calle...

A.R.: Si Char llegara a ganar la Presidencia o alcanzara cargos políticos de alto nivel sería interesante ver qué pasa.

Normalmente, hablamos de la Costa como un lugar cooptado por la clase política y por ende menos eficiente y menos empresarial.

Este es un caso distinto, seguramente con muchos vicios que rayan en corrupción o son corruptos, pero es indudable que han generado riqueza y una diversificación grandes en la zona.

L.S.A.: La relación del alcalde Quintero con el empresariado antioqueño ha tenido muchas tensiones. Él se defiende diciendo que está actuando en pro del interés público, ha dicho que EPM viene perdiendo mucho dinero anualmente… otros se lo achacan a su autoritarismo. Más allá de estos intríngulis ¿cómo ha sido tradicionalmente la relación entre el empresariado y el poder político?

A.R.: Nicanor Restrepo, que ya murió y fue uno de los empresarios antioqueños más importantes, me dijo una vez: ‘empresario que se respete es gobiernista’.

Los empresarios son muy conscientes que necesitan trabajar en alianza con los gobiernos y tratan de llevársela bien con todos, por eso no se casan con una sola opción. En materia de campañas, sistemáticamente han financiado diferentes partidos políticos.

Suelen poner los huevos en diferentes canastas, así pongan más en unas que en otras.

En la misma línea rehúyen la confrontación política, los empresarios tienden a ser muy pragmáticos y a expresar de forma tranquila sus diferencias de manera que no escalen, por eso lo que está pasando en Medellín es muy inusual.

Más aún porque históricamente la relación entre el empresariado antioqueño y la clase política, ha sido de mucha independencia.

L.S.A.: ¿En qué sentido?

A.R.: El caso de Proantioquia lo ilustra bien.

Antioquia es la cuna del uribismo, una región súper conservadora en lo político y lo social -no en lo económico- y por eso allá ganó el “No”, Uribe es de ahí, un montón de gente odia a Santos porque “nos vendió al “castrochavismo”...pero, con eso y todo, Proantioquia, que reúne los principales "cacaos" antioqueños, es decir, el principal empleador, los principales pagadores de impuestos y productores de bienes y servicios del país (Nutresa, Cementos Argos, Sura, entre muchos otros), fue uno de los principales soportes de la negociación con las Farc, produjo documentos de trabajo, promovió encuentros con el Gobierno para que los empresarios expresaran sus preocupaciones y se llegara a acuerdos y eso lo hicieron más que cualquier otro empresariado regional del país.

Ni los bogotanos ni los caleños -Asocaña, por ejemplo- le apostaron tan enérgicamente a la negociación, a los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial -Pdets- o a los Espacios territoriales de capacitación y reincorporación -Etcr-, como Proantioquia.

Lo que se observa ahí es una colaboración muy cercana con el Gobierno Nacional en alianza con los gobiernos locales, no solo de Medellín, sino de otros municipios antioqueños, porque la noción de región allá es muy fuerte, y esa, que ha sido la constante, es la que se rompe en este momento.

Ahora, no sabemos de cuánta envergadura vaya a ser pues al mirar a los nuevos miembros de la junta de EPM designados por Quintero uno no observa que sean opuestos en términos de lo que representaban los anteriores.

L.S.A.: Me llama la atención que usted dice que ha habido una mayor independencia entre el empresariado antioqueño y la clase política porque la crisis que hubo por la renuncia de los miembros de la junta directiva de EPM tiene que ver con la estrecha relación que ha habido entre los dos sectores en esa región…

A.R.: Tenemos la idea de que en Antioquia hay un modelo virtuoso de colaboración entre el poder económico y político, que evita que se den confrontaciones para bien de la sociedad. Es la aplicación de la filosofía muy antioqueña de que tenemos que trabajar todos juntos.

Siempre ha habido discusiones y desacuerdos entre la clase política y la clase económica, pero hay una costumbre de resolver esas diferencias antes de que trasciendan a la opinión pública.

Lo que podría considerarse como fuente de corrupción, se ha mostrado como un modelo virtuoso de colaboración

Angelika Rettberg

Lo que uno podría pensar que son focos de corrupción, entonces, en algunos países y en regiones como Antioquia son vistos como virtuosos porque garantizan que la clase política y económica se consulten mutuamente, y que las decisiones que se tomen gocen del apoyo de ambos sectores.

Si bien se concertan ciertas cosas y se asegura el acceso del poder económico al poder político, se mantiene cierto grado de independencia, excepto cuando les pisan los callos que pareciera es lo que sucedió con la exjunta de EPM.

Ha habido cierta independencia entre el poder político y el económico en Antioquia, excepto cuando les pisan los callos

Angelika Rettberg

Se parece a lo que ha pasado en algunos países asiáticos que han hecho su milagro económico a punta de que la élite económica esté muy cerca a la política. Se educan en los mismos lugares, conforman las mismas familias, tienen una puerta giratoria casi que institucionalizada.

L.S.A.: La renuncia de los miembros de la junta de EPM generó reacciones de indignación porque muchos sectores y analistas los consideran unos “prohombres”... A partir de su reseña del libro de Nicanor Restrepo sobre las élites patronales antioqueñas, ¿qué las caracteriza?

A.R.: Aunque hay cierta percepción de que las élites empresariales que han hecho historia en Colombia son intocables, con las antioqueñas pasa algo y es que cuando miras los orígenes sociales de algunas de ellas te encuentras que están conformadas por personas hechas a pulso, a punta de trabajo, de esfuerzo, y que no heredaron simplemente su riqueza. Muy al estilo del sueño americano.

Eso contrasta con otras élites del país como las de Cali, Popayán o Barranquilla. En Cali puedes tener la misma familia desde hace ciento y pico de años, con el mismo ingenio y todos los niños nacen sabiendo que no tienen de qué preocuparse.

En ese sentido, lo que han logrado las élites empresariales de Antioquia de cierta forma no ha sido desde el privilegio. Me parece que Quintero puede estar desconociendo y yendo en contra de esa especie de dignidad que ellos han cultivado y que valoran muchísimo.

Quintero puede estar desconociendo y yendo en contra de esa especie de dignidad que ellos han cultivado y que valoran muchísimo.

Angelika Rettberg

Lo que alcancé a ver en redes fue una suerte de frente unido de intelectuales paisas, de corrientes ideológicas muy distintas, llamando la atención sobre la complejidad del tema. Entre ellos Héctor Abad que uno pensaría que en otras circunstancias sería muy dado a criticar el privilegio empresarial.

L.S.A.: Usted dice que la incapacidad del empresariado para ponerse de acuerdo en la respuesta a la crisis del Gobierno Samper tuvo que ver con la indisciplina de los grupos económicos que tienen intereses en diferentes sectores. Detrás de la renuncia de los ex miembros de la junta, muchos de ellos vinculados a empresas del GEA, hay un ruido sobre posibles conflictos de interés con empresas del grupo como Sura*, así en este caso pueda ser menor ¿a juzgar por la composición del empresariado colombiano lo cree posible?

A.R.: Los grupos económicos han cambiado mucho en los últimos 20 años, se han sometido a un proceso de “enflaquecimiento” en cuanto se han salido de sectores en los que no tienen ventajas estratégicas, sin que ello implique que no tengan presencia en varios de ellos. Al tiempo que se han expandido internacionalmente dando lugar a lo que conocemos como multilatinas, lo que ha aumentado incluso su peso en la economía nacional.

No conozco a fondo el caso de EPM pero dada la gran cantidad de empresas que conforman el GEA y la diversidad de sectores en que están ubicadas no es de extrañar que los contratistas de la hidroeléctrica, por ejemplo, contra los que hay ahora una reclamación, de alguna manera estén conectados con otras empresas del Grupo como está conectado casi todo en Antioquia.

Las empresas antioqueñas parecieran no estar centradas en personas o familias concretas como sí salta a la vista en otras empresas como Valorem-Bavaria fundada por la Familia Santo Domingo, la Organización Ardila Lule o en Aval, de Sarmiento Angulo.

El GEA siempre ha tratado de vender la idea, en cambio, de que está conformado por muchas empresas, dedicadas en su mayoría al mercado accionario, es decir, que se financian yendo a bolsa, algo muy característico del empresariado de esa región e innovador en un comienzo.

No es entonces la historia de unas pocas familias controlando, pero en la práctica están todas entralazadas por medio de propiedad accionaria.

Puede que varias de las empresas del GEA que estaban representadas en la junta directiva de EPM, están relacionadas entre sí por vía accionaria, se sientan mutuamente en sus juntas directivas, controlándose mutuamente en un modelo que era virtuoso pero que puede haberse reventado a la luz de lo que está pasando.

un modelo que era virtuoso pero que puede haberse reventado a la luz de lo que está pasando

Angelika Rettberg

L.S.A.: Nicanor Restrepo fue un modelo de empresario para el país. Una de las cosas que resalta de él es su participación en diferentes procesos de paz en el país desde los años 80, lo que ha sido característico del sector privado según otros estudios que usted ha hecho ¿Cuál es su balance de esa participación en la implementación del Acuerdo de Paz?

A.R.: Aquí me parece que vale la pena hacer un contraste histórico.

En las negociaciones del Caguán los empresarios estaban entregados de lleno a la causa.

José Félix Lafaurie, en ese entonces presidente de Fedegan, en un ataque de entusiasmo dijo que los ganaderos donarían tierras a los excombatientes, como consta en un artículo de El Tiempo. Después me dijo que lo mal interpretaron, aunque no sé cómo pasa eso si fueron sus palabras textuales.

En ese momento había recesión económica, cerca de 500 soldados y militares estaban secuestrados en las selvas, había un escalamiento total del conflicto, las Farc estaba atacando pueblos y veníamos de la crisis de gobernabilidad de Ernesto Samper; en ese contexto todos dijeron negociemos ya, al costo que sea y se acordó la zona de distensión y se sentaron sin agenda.

Hubo, además, un montón de foros para ver cómo podían los empresarios contribuir a la paz: qué había que hacer para reconciliarnos y darle empleo a los excombatientes, por ejemplo.

Terminó como terminó, no funcionó, y con el mismo amor que apoyaron la negociación, los empresarios le apostaron con toda a la seguridad democrática de Uribe.

Lo cierto es que la seguridad en el país mejoró y mejoró también la inversión.

Colombia, a pesar de tener un conflicto activo, se convirtió en el milagro económico de la región, entraron muchos dineros extranjeros, floreció el sector extractivo y ocurrió la diversificación de la economía de la que hablé anteriormente.

En el año 2012, curiosamente, cuando llegó el momento de negociar con las Farc el dividendo de la paz se había cobrado de alguna manera anticipadamente. Ya habían disminuido los homicidios, los desplazamientos, los enfrentamientos, y habían llegado ganancias.

El conflicto armado fue además principalmente rural, mientras la mayoría de los empresarios están en los cascos urbanos: el consumidor de sus productos está en las ciudades, con algunas excepciones como el sector extractivo que está donde hay petróleo y minas, y siempre tiene problemas.

Ese gran contraste es clave para entender que la participación empresarial durante Santos fue mucho más tímida, pese a que los grandes intelectos de La Habana, se formaron en lo que yo llamo la escuela del Caguán.

Es el caso de Sergio Jaramillo, que fue director de la Fundación Ideas para La Paz, creada por los empresarios en esa época para asesorar las políticas de negociación y que hoy se dedica a asesorar políticas contra la violencia urbana.

Tuvimos una dirigencia empresarial muy sensible al tema de la paz a finales de los años 90, pero que es víctima de “la paradoja de la abundancia”. Es muy difícil venderle la paz a unos empresarios que ya no sienten la guerra.

L.S.A.: En su artículo sobre la importancia del sector privado en la reintegración de los excombatientes, usted recalca el rol del liderazgo institucional en cabeza de la ARN. Este en teoría es un gobierno de los empresarios, al mismo tiempo que es un Gobierno que se eligió con el mandato de modificar el Acuerdo de Paz. ¿Cuál cree que ha sido el efecto de eso?

A.R.: Vuelvo a la idea de Nicanor de que los empresarios tienden a ser gobiernistas.

Si sube un Gobierno que no le parece chévere la paz, que implementa el Acuerdo con la misma falta de entusiasmo con que se estaba percibiendo incluso al final del Gobierno anterior (quizá porque ganó el No y no logró victorias más tempranas), aunque los empresarios crean que había que negociar, que hay que darles oportunidades a las víctimas y a los excombatientes, lo van a hacer de bajo perfil o no lo van a hacer.

Una buena parte de las iniciativas empresariales se mantienen. El Éxito que ha venido trabajando de la mano del Sena y de la Agencia para Reincorporacion en la calificación laboral de excombatientes de las Farc, lo sigue haciendo.

Uribe se puede poner furioso y les pueden decir castrochavistas -aunque no muchos se atreverán a llamarlos así, porque tienen cierto pudor-, pero lo siguen haciendo, no lo hacen eso sí con el mismo bombo de tener un Gobierno más afín a la causa.

Otros se quitaron, porque creen que el problema ahora es la violencia urbana, la delincuencia común, y se plegan al discurso del Centro Democrático de que se les vendió el país a las Farc, rechazan que ahora sus excabecillas estén en el Congreso y que no les hayamos “cobrado todos los males que causaron”. Cómodamente le han soltado la pita a la paz.

Para muchas empresas colombianas fue muy fácil operar durante muchos años como si aquí no hubiera habido conflicto, porque uno no ve el conflicto armado en los datos macroeconómicos del país. El empresariado estuvo todo el tiempo desarrollándose.

Para muchas empresas colombianas fue muy fácil operar durante muchos años como si aquí no hubiera habido conflicto

Angelika Rettberg

L.S.A.: ¿Cuál cree que es el principal impacto de que los empresarios tengan pocos incentivos ahora para contribuir al proceso de paz?

A.R.: Uno de los mayores impactos es la enorme dificultad que ha tenido la JEP y la Comisión de la Verdad para lograr que los empresarios participen en sus esfuerzos por reconstruir la historia del conflicto en el país.

Me consta que varias empresas habían expresado algún interés de vincularse como terceros antes de que Duque llegara a la Presidencia. Y las encuestas hasta el 2015 mostraban que les parecía importante contribuir a la verdad.

Pero con un Gobierno que despotrica de esas dos instituciones constantemente y en el ambiente de polarización actual, los empresarios no van a salir a autoincriminarse sin saber qué puede pasarles, además de la estigmatización de que serían objeto.

En las formas de participación que tuvieron las empresas en el conflicto armado hay un largo espectro de opciones, desde quienes fueron obligados a colaborar para evitar el secuestro o la extorsión, por ejemplo, hasta quienes lo financiaron de todo corazón.

En ese sentido la Comisión de la Verdad corre el riesgo mínimamente de ser inoportuna en la medida que no pueda reconstruir lo que pasó con la participación de un actor clave como es el empresariado colombiano.

L.S.A.: ¿Qué tanto puede inclinar la balanza en contra de Gustavo Petro el hecho que desde hace un tiempo hay una narrativa promovida al interior del mismo Gobierno Duque, según la cual un Gobierno de Petro sería opuesto a los intereses de los empresarios?

A.R.: Donde ese temor es clarísimo es en la Fundación Probogotá -no ocurre en todos los casos-: los une el temor al “castrochavismo” y, sobre todo, el pánico a Petro.

Probogotá nace como una alternativa a la Cámara de Comercio de Bogotá que se volvió para el gusto de muchos empresarios de la ciudad demasiado cercana al proceso de paz, promoviendo encuestas sobre construcción de paz y haciendo eventos para que el sector privado se vinculara a la implementación, por ejemplo.

No he hecho el análisis, y me encantaría que alguien lo hiciera, sobre qué tanto se peleó Petro con los empresarios como alcalde. Ya hemos tenido a Petro gobernando, y sería interesante saber qué tan antiempresarial fue realmente.

Puede resultar que la evidencia muestre que Petro es pragmático y entiende que con los empresarios hay que entenderse por las razones que hemos mencionado: los gobernantes necesitan gente que produzca, que invierta, que pague impuestos, aunque los califiquen como “oligarcas” y “vendidos al imperio Yanqui”.

Habrá que ver cómo se traduce la animadversión a Petro en la financiación de las campañas, algo que los empresarios ya deben estar discutiendo como parte del presupuesto del año entrante.

En todo caso, por más cercano que sea el empresariado colombiano al expresidente Uribe y su partido, porque como ellos dicen “les devolvió el país”, me parece que les resulta oneroso casarse con el discurso anticomunista y que les endosen posiciones ideológicas.

Muy al estilo de lo que pasó antes del Frente Nacional, percibo que muchas personas, entre ellos los empresarios, están viendo que con un discurso tan divisor vamos a terminar perdiendo todos, lo que me parece que explica el declive en la popularidad del expresidente.

*Sura financia el podcast de La Silla Vacía "El Futuro del Futuro".

Para citar:

McFee, E., & Rettberg, A. (2019). Excombatientes y acuerdo de paz con las FARC-EP en Colombia balance de la etapa temprana. Bogotá: Universidad de los Andes, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Ciencia Política. .

Rettberg, A. (2012). Construyendo la historia del empresariado colombiano. Un análisis de "empresariado antioqueño y sociedad, 1940-2004. Influencia de las élites patronales de Antioquia en las políticas socioeconómicas colombianas" de Nicanor Restrepo Santamaría. Cuadernos De Economía, 31(56), 331-337. http://dx.doi.org/10.15446/cuad.econ.

Rettberg, A. (2012).Rettberg, A. (2002). Empresarios Y Política En Colombia: Un Estudio De Caso Del Gobierno Samper (1994-1998). Revista De Estudios Sociales, (12), 54-67. doi:10.7440/res12.2002.05.

Comentarios (6)

José Saramago ..

21 de Agosto

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Ser gobiernista es un arma de doble filo, hasta ahora les ha podido funcionar el ser pragmático, pero así como paso con Chavez y el empresariado en Venezuela el miedo de los empresarios a una eventual presidencia puedan llevarlos a apoyarlo creyendo de que gozaran de su venia y seguir enriqueciéndose, pero no lo olvidemos Quintero es petrista, y le esta abonado el terreno a Petro y el de él mismo.

CALICHE

21 de Agosto

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Generalizar como "empresariado" solo pretende desvirtuar la realidad que unos "cacaos" que han estado en la Junta de EPM se han dedicado a aprobar pésimas inversiones en Chile, Panamá y México donde EPM pierde mucho dinero. Sin hablar de Hidroituango y toda la corrupción que hay detrás, iniciando por una selección amañada del constructor. Es una solidaridad perversa.

Guillermo Niño

22 de Agosto

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La costa Atlántica : fue usurpada por el NARCOPARAMILITARISMO y el Empresariado insipiente, para avasallarla, secuestrarla y usufructuarla Política, Social y Económicamente. Algo perecido suceda con Antioquia

José Saramago ..

23 de Agosto

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¿la PDVSA-ción de EPM?
lo que hace Daniel Quintero con EPM no son practicas de transparencia, es abrir las puertas de la más respetada y exitosa empresa pública del país a los politiqueros para que saqueen sus arcas bajo el autoritarismo; eso pasa con el apoyo de Gustavo Petro por supuesto, Luis Pérez, y con la asintomática quietud lela de Sergio Fajardo (el contrincante presidencial de Petro). .

José Saramago ..

23 de Agosto

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https://bit.ly/3aPl71U
ENLACE: “la lucha de clases”; detrás de las ...+ ver más

https://bit.ly/3aPl71U
ENLACE: “la lucha de clases”; detrás de las decisiones de Daniel Quintero no esta solamente las de su mentor Petro(y sus mismos errores q en Bogotá),esta la influencia de Cesar Gaviria y sus intereses(el de la mala apertura económica). Lo de EPM va a terminar repercutiendo en el prestigio de la empresa, las finanzas, la inversión social y en el atraso energético del país..

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