Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 28 de Junio de 2019

4118

3

 

Este domingo es la marcha del orgullo gay y esta misma semana la Comisión de La Verdad hizo su primer encuentro en el Caribe sobre la violencia sexual contra mujeres y población Lgtb en el conflicto.

Ambos eventos se dan justo cuando movimientos de derecha, incluido el partido de Gobierno y las iglesias, vienen fortaleciendo su discurso sobre la ideología de género desde el plebiscito.

Para analizar la confluencia de esos fenómenos, La Silla Académica habló con José Fernando Serrano, profesor del Departamento de Lenguas y Cultura de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, quien ha investigado sobre el tema y publicado numerosos artículos entre ellos: "La tormenta perfecta: ideología de género y articulación de públicos", "Homophobic violence in armed conflict and political transition" y "¿Qué le pueden decir las orientaciones sexuales y las identidades de género a la justicia transicional?". 

La Silla Académica: Este domingo se celebra la marcha del orgullo gay, justo cuando la comunidad Lgbti en Colombia atraviesa un momento difícil por el auge de la coalición conservadora del No. ¿Cree que esta marcha tiene un particular significado esta vez?

José Fernando Serrano: El orgullo ha sido el motor de las movilizaciones Lgtb en Estados Unidos. Pero aunque es un referente, no está en el centro de la mayoría de las movilizaciones que se han dado en América Latina.

Los medios, que en junio tienen un especial interés en las movilizaciones que se dan en diferentes ciudades, tienden a reducirlas a aspectos muy precisos, a lo que es espectacular y llamativo, a los cuerpos exuberantes.

El carnaval, sin duda, es muy político. La importancia de salir a la calle tiene que ver con una historia de persecución policial, de tener que esconder la diversidad sexual o de género o limitarla a la noche, pero nos podemos quedar en una parte de la movilización social y no dar cuenta de otras historias más complejas.

Centrar la discusión en el orgullo gay es como reducir la independencia de Colombia al Florero de Llorente. Alguien que no conozca la historia dirá: ‘muchos bobos agarrarse por un florero, cuál era el problema, por qué no se lo prestaban’.

Centrar la discusión en el orgullo gay es como reducir la independencia de Colombia al Florero de Llorente

José Fernando Serrano

LSA: ¿A cuáles otras historias se refiere?

J.F.S.: Las marchas del orgullo gay tienen en buena medida una motivación muy masculina que es la necesidad de hacer presencia en el espacio público.

Pero una historia que se nos olvida, por ejemplo, más asociada a los primeros encuentros de mujeres lesbianas, concretamente, el del 87 en México, es el de las rebeldías lésbicas que ancla la historia de las movilizaciones en otro referente: la lucha por conformar un sujeto político colectivo que se resista a todo un sistema patriarcal de dominación y no a algo circunstancial como una represión policial.

La historia de movilización de las mujeres trans, por otra parte, tiene que ver ante todo con la lucha por sobrevivir, por acceder al sistema de salud dado que no tienen en muchos casos identificación, documentos.

En el caso de las mujeres trans que son prostitutas su lucha es incluso por algo básico como poder cruzar la calle.

Desde la colonia y es algo muy latinoamericano, hay zonas de tolerancia. Las ciudades se organizan en zonas que son decentes y otras menos decentes donde se permiten “ciertas cosas”. En Bogotá, por ejemplo, la vida de las mujeres trans está circunscrita a cuatro o cinco cuadras en Mártires, que es donde se les permite existir. De ahí que cruzar la calle sea una conquista.

Los hombres trans tienen un problema específico con la libreta militar. En una sociedad como la colombiana, para los hombres completar su condición de ciudadano masculino necesitan tener ese requisito y es algo a lo que no acceden fácilmente, en otras palabras se podría decir que los hombres trans no son ciudadanos.

En América Latina y en otros lugares como África (dada la colonización europea), por ejemplo, las movilizaciones han tenido que ver más con la “liberación”, es decir, con la transformación profunda de la sociedad y del Estado.

Por eso, muchas han tenido cercanía a otras luchas y a procesos de democratización como los ocurridos después de las dictaduras del Cono Sur o a procesos de transición de la guerra en la Región Andina y Centroamérica.

En Estados Unidos, en cambio, la movilización fue principalmente una respuesta a la represión policial que tiene como referente Stonewall.

Pero incluso en ese país, la forma como se cuenta la historia ha sido objeto de debate en los últimos años porque se hace énfasis en que fueron unos hombres blancos de clase media los protagonistas, cuando hay una historia también muy rica de que mujeres trans e inmigrantes trans latinos indocumentados fueron en buena medida quienes reaccionaron primero. Eso pasa cuando pone el foco en algo y se pierden de vista otros procesos.

LSA: Esta marcha se da cuando está en auge el uso de la ideología de género en contra de la comunidad Lgbti. ¿Qué se entiende por ideología de género? Usted dice que tiene significados y efectos diferentes dependiendo el lugar…

J.F.S.: Así como, el orgullo gay es una parte importante pero no única, de una gran movilización, la ideología de género es solo una expresión de una gran contra-movilización".

El feminismo, desde sus orígenes, ha enfrentado movimientos en contra. Si revisas la prensa de comienzos del siglo XX te vas a encontrar caricaturas en contra de las mujeres que luchaban por el voto, de las sufragistas en Inglaterra, por ejemplo, prácticamente iguales a las de ahora, usan los mismos argumentos de que las mujeres con sus luchas van a acabar con la familia, con la sociedad y con la especie humana.

En estos contra-movimientos los “pánicos morales” son un recurso frecuente.

La ideología de género fue un invento del Vaticano en los 90 cuando se dieron las grandes convenciones de las mujeres, sobre todo, la del Cairo, para estigmatizarlas y mantener ciertos lugares de poder. Por eso no es casual que grupos conservadores sean los mayores impulsores.

Siguiendo con el ejemplo, en Colombia, el plebiscito fue el Florero de Llorente de una contra-movilización que venía cocinándose desde antes pero que no había tenido una alarma tan evidente como la celebración de un nuevo pacto social que es el Acuerdo.

LSA: Esta semana se celebró un encuentro de la Comisión de la Verdad en el Caribe sobre violencia sexual contra mujeres y población Lgtb en el conflicto. Usted dice que tanto el conflicto como la paz son “procesos generizados”, ¿a qué se refiere con eso?

J.F.S.: El género y la sexualidad siempre han estado en el centro de la guerra y la paz.

El género y la sexualidad siempre han estado en el centro de la guerra y la paz

José Fernando Serrano

En la guerra se ve en cosas tan básicas como la dinámica de los ejércitos que son una forma específica de organización de la masculinidad. La metáfora del héroe que salva a la nación que está amenazada, concretamente, del soldado, hombre, joven que se sacrifica por salvar la patria, ayuda a explicar esto.

En la paz también se ve porque, irónicamente, a veces las transiciones conllevan mucha violencia contra las mujeres.

La forma de resolver el conflicto entre la India y Pakistán, por ejemplo, fue sacrificando los derechos de las mujeres.

LSA: Usted dice que la discusión sobre la ideología de género en el marco del plebiscito fue una forma de reacomodar la masculinidad hegemónica. ¿A qué se refiere?

J.F.S.: A que a veces los escenarios de posconflicto no son los más beneficiosos para los derechos de las mujeres y de las personas Lgtb.

Se tiene la idea de que los procesos de posconflicto son procesos de vuelta a lo normal, a lo que había antes. En muchos casos lo que había antes eran roles tradicionales de género. La “normalidad” es que las mujeres vuelvan a ser madres, cuidadoras, las que están en la tierra.

La literatura internacional ha registrado que en algunos casos, paradójicamente, en la guerra pueden haber cambios en los ordenamientos del género y la sexualidad.

En nuestro caso, un claro ejemplo de eso son las mujeres que entraron a las filas de los grupos armados y que tenían roles diferentes a los tradicionales, no estoy por supuesto diciendo que la guerra haya sido buena para ellas.

LSA: En el encuentro de la Comisión de la Verdad en el Caribe varias mujeres y población Lgtb relataron sus historias de violencia sexual. Usted dice que el género y la violencia sexual no son un daño colateral del conflicto sino que están en su núcleo ¿Por qué lo dice y cómo puede atender la Comisión a eso?

J.F.S.: La violencia sexual no es ningún malestar, ni una cuestión de personajes raros o enfermos, no son manzanas podridas como dijo algún expresidente.

Tampoco son hechos aislados.

Hay una historia muy larga de violencia sexual contra las mujeres donde, por ejemplo, en el caso africano está documentado que se usó para apropiarse de sus tierras o para impedir que pudieran llegar a ser dueñas. Una mujer violada, estigmatizada, avergonzada, es una mujer que termina siendo excluida de la comunidad a la que pertenece.

Y esa violencia no se limitó al conflicto. En la renegociación del Acuerdo una de las discusiones más importantes fue la del alcance de la perspectiva de género. Concretamente si se iba a entender en un sentido amplio como el derecho de las mujeres a acceder a la tierra y a participar en política o, en un sentido limitado, como víctimas especialmente de violencia sexual. Esa diferencia es fundamental.

Por eso es tan importante cómo se cuentan esas historias, que verdad se cuenta y qué se resalta en esa verdad y para qué. En eso, la labor de la Comisión va a ser fundamental.

Actualmente hay una gran preocupación por las mujeres, niños y niñas, víctimas del conflicto armado con las Farc. Pero la sociedad tienen que hacerse una pregunta: ¿por qué esto no estuvo en el centro del debate cuando se desmovilizaron los paramilitares?

Hay claramente un interés político.

LSA: Una de las comisionadas que habló al comienzo del encuentro en El Caribe, dijo, explícitamente, que la violencia sexual había tenido como finalidad garantizar el poder de algunas élites, el despojo de tierras, el ingreso de economías ilegales y megaproyectos a los territorios. ¿La forma como está orientando la discusión es la adecuada?

J.F.S.: La Comisión es de las primeras a nivel mundial que pone en el centro de la discusión el tema de género y sexualidad.

La experiencia negativa a nivel internacional fue la de Sudáfrica, donde las mujeres estuvieron siempre al margen y llegaron tarde.

En un punto se preguntaron cómo era posible que las únicas que estuvieran hablando fueran las mujeres pero sólo lo estuvieran haciendo de lo que les pasó a sus padres, hermanos, esposos, hijos, y no a ellas.

En el caso de la Comisión la misma distribución paritaria, la presencia central de las mujeres en diferentes instancias y el hecho que el primer encuentro haya sido sobre género y sexualidad es claramente una apuesta en ese sentido.

LSA: Usted dice que, en todo caso, mecanismos como los de la Comisión o los de la JEP invisibilizan otras formas de contar lo que pasó y que tienen efectos más allá de los cambios legales ¿a qué se refiere?

J.F.S.: La JEP va a reconstruir una verdad que es necesaria para la justicia y la Comisión va a reconstruir un relato colectivo que no tienen efectos jurídicos sancionatorios.

Pero además de estas verdades que corresponden a los abogados en el caso de la JEP y a historiadores en el caso de la Comisión, es importante hablar de las verdades sociales que en lo que respecta a género y sexualidad son esas cosas que hizo o dejó de hacer la sociedad colombiana para permitir que esas violencias existieran.

LSA: El encuentro se dio en El Caribe porque el 30 por ciento de las 25 mil víctimas de violencia sexual en el conflicto que hay registradas son de esa región ¿Cuál puede ser la razón para que la violencia sexual hubiera golpeado más fuerte allá?

J.F.S.: En una investigación que hice, cuando todavía había poca información disponible, lo que encontré es que los actos explícitos de violencia homofóbica fueron en aumento a medida que los grupos paramilitares se fueron expandiendo por el Caribe a partir del año 2000. No hay que verlos de manera aislada de una estrategia de control territorial.

LSA: ¿Los paramilitares cometieron más actos de violencia sexual contra mujeres y personas Lgtb que otros actores del conflicto armado?

J.F.S.: Todos los ejércitos, legales o ilegales, son estructuras misóginas y homofóbicas que reproducen los órdenes raciales, sexuales y genéricos que rigen en la sociedad. Los entrenamientos militares refuerzan esto para construir el sentido de cuerpo.

Lo que pasa es que no todos son iguales ni usan la violencia homofóbica de la misma forma. El uso depende muchas veces de los momentos y las finalidades.

En general, para todos los grupos armados, es una ganancia tener el respaldo de la comunidad y para eso recurrieron a la violencia homofóbica por ejemplo. Pero la estrategia para lograrlo fue diferente entre la guerrilla y los paramilitares.

LSA: ¿En qué se diferenciaron en términos de violencia sexual?

J.F.S.: La forma como ambas organizaciones distribuyeron el sufrimiento fue diferente, es terrible hablar en esos términos pero fue la realidad de nuestra guerra.

La guerrilla tenía una organización jerárquica, comunitaria y autoritaria. En el tema de sexualidad y género y en otros regulaba lo que estaba permitido y lo que no, no sólo a su interior sino en las comunidades donde tenían presencia.

Regulaban la vida cotidiana de la gente. Era el “bienestar familiar” en muchos territorios, resolvía, por ejemplo, los casos de violencia intrafamiliar. Eso generaba un tipo de relación con la comunidad diferente.

Los paramilitares, por el contrario, eran ejércitos menos estructurados. Tenían que recurrir en muchos casos a acciones más dramáticas y a hechos más atroces para controlar las comunidades. En otras palabras, tenían que ejercer directamente el poder de vida y de muerte de forma asociada a lo que estaba en juego en un momento determinado para que el mensaje fuera claro.

Por eso la violencia homofóbica ejercida de manera directa no fue igual en los paramilitares que en las Farc.

LSA: ¿Por qué da “ganancias” la violencia contra las personas Lgtb?

J.F.S.: Porque se trata de sectores marginalizados de los que en teoría el resto de la sociedad debe protegerse y los grupos armados ofrecen esa seguridad. Es una forma muy eficiente de obtener respaldo comunitario.

La violencia, de hecho, no sólo se ejerció contra personas Lgtb sino también contra una larga lista de marginalizados como los drogadictos, pequeños delincuentes, prostitutas, frente a las cuales el Estado es indiferente y los grupos armados encuentran en ese vacío una oportunidad.

LSA: Guardadas proporciones, ¿pasó algo similar en la renegociación del Acuerdo de Paz con el No? ¿Fue la población Lgtb la gran damnificada del triunfo del No?

J.F.S.: Nuestros gobiernos se han quedado cortos en tener políticas explícitas a favor de las mujeres y de la población Lgtb.

A nivel central, no hay una instancia fuerte, con capacidad de acción, con recursos suficientes, donde tengan una representación significativa las mujeres. Las altas consejerías son instituciones muy nominales. La política de género y sexualidad se limita generalmente a empleo y salud sexual.

En la coyuntura del plebiscito, con las cartillas del Ministerio de Educación, lo que hizo el Gobierno Santos fue tratar de minimizar el tema y darle tranquilidad a la oposición en el sentido que no había ideología de género y no se quería homosexualizar a los niños.

El efecto después de eso es que a todas las instituciones les da miedo hablar de educación sexual cuando debería tener un protagonismo explícito y debería el Gobierno tener una posición clara sobre el tema.

Género y sexualidad son los temas más fáciles de canjear en una negociación política.

Género y sexualidad son los temas más fáciles de canjear en una negociación política

José Fernando Serrano

LSA: Usted dice que la ideología de género es la adaptación local de una tendencia internacional que va en crecimiento ¿cuál es esa tendencia?

J.F.S.: Lo qué está pasando es que una serie de grupos sociales que no estaban en la esfera pública central y que no tenían un lugar muy representativo en los debates públicos, lo han empezado a tener o lo han vuelto a tener apropiándose de la agenda de género, sexualidad, educación e infancia.

Áreas que, por lo menos en Colombia, son marginales en las políticas públicas y, al mismo tiempo, generan mucho ruido mediático porque en teoría vale la pena protegerlas en sí mismas.

Esos grupos varían entre países o entre regiones. En Europa del Este, quién está abanderada del tema es la Iglesia Católica que había perdido poder.

Nuestro caso es más complejo. No hay un actor unificado. Son la Iglesia Católica y varias iglesias pentecostales -el plebiscito hizo que se dividieran entre las que estaban en contra y las que estaban a favor- las que se están disputando cuál tiene más representatividad. Y no es cuestión de fundamentalismo religioso porque este se puede adaptar en función de las alianzas políticas que sean necesarias.

Con el triunfo del No en el plebiscito esos sectores asumieron una posición victoriosa que ha sido fundamental para obtener poder político. Un buen ejemplo son los grupos cristianos que obtuvieron curules en el Congreso, la exsenadora Viviane Morales o el exprocurador Ordóñez que hoy están en cargos diplomáticos.

Se trata de una estrategia de cooptación del Estado.

LSA: ¿En qué consiste esa estrategia?

J.F.S.: Consiste, por ejemplo, en el objetivo de que los países se retiren de los acuerdos internacionales sobre género, derechos sexuales y reproductivos o argumenten que no son vinculantes. Un buen ejemplo de esto es la presencia de Alejandro Ordóñez en la OEA.

De la misma forma se busca deslegitimar la Corte Constitucional argumentando que nueve personas no pueden decidir por 40 millones. Que es un argumento populista y autoritario.

LSA: Usted dice que la ideología de género no es una retórica sino una práctica política y habla de movilización espiritual y colectivos religiosos… ¿es la ideología de género un nuevo movimiento ciudadano?

J.F.S.: Estos grupos religiosos, y puntualmente las iglesias, han facilitado la organización social y colectiva de sectores que no han tenido oportunidad de hacerlo en ningún otro espacio. Están promoviendo procesos de participación, de formación democrática que no está haciendo el Estado.

En términos de género y sexualidad algunas de las Iglesias pentecostales, por ejemplo, les han permitido a mujeres jóvenes un liderazgo que no les ha dado la escuela y eso hay que revisarlo.

En ese sentido, me parece un error descalificarlos como lo hacen algunos sectores más liberales o progresistas que los tildan de fundamentalistas religiosos e ignorantes.

Tampoco son las nuevas formas de la democracia en la medida que no logran formar una ciudadanía más educada y constante en términos del ejercicio de sus derechos. Ante el temor y el pánico moral organizan algo y luego desaparecen.

Son movilizaciones sociales efervescentes que podrían haber salido por las cartillas del Ministerio de Educación o por el partido de fútbol que se perdió.

Pero aunque su movilización sea fragmentada y esporádica, es eficiente y los sectores progresistas no han logrado hacer algo similar.

Las marchas contra la supuesta ideología de género de las cartillas del Ministerio de Educación, por ejemplo, fueron masivas. Las que hubo porque se firmara el Acuerdo de Paz tras el triunfo del No no tuvieron la misma magnitud.

LSA: Entonces, ¿viene una época difícil para la sectores Lgbti?

J.F.S.: Creo que nunca ha sido fácil y las dificultades se han mantenido sólo que con diferente ropaje.

Entre los años 70 y 80 la apuesta era generar una gran revolución cultural. En términos muy abstractos se hablaba de acabar con el patriarcado, con la “súper estructura”.

Después vinieron los grandes cambios legales, necesarios pero que parecen estar llegando a su límite en cuanto a la posibilidad de generar transformaciones.

Ahora el movimiento Lgtb debe enfocarse más en políticas de solidaridad y menos en políticas de identidad o de orgullo que se basan en ‘el derecho a ser yo y a ser diferente’.

El movimiento Lgtb debe enfocarse más en políticas de solidaridad y menos en políticas de identidad o de orgullo

José Fernando Serrano

LSA: ¿Qué significa eso?

J.F.S.: Significa centrarse menos en el reconocimiento de sí mismos y más en potencializar la capacidad de asociación para mejorar las condiciones de vida. En otras palabras: Los movimientos Lgtb tiene que articular las demandas de identidad con agendas de transformación más amplias.

En las regiones, donde desde las capitales se piensa que no pasa nada, hay una experiencia de movilización de personas Lgtb muy importante. Allá la gente lucha por sus derechos como personas Lgtb pero hacen muchas otras cosas más, gestionan temas de medio ambiente, de acueducto y alcantarillado, de vías.

Negocian sus relaciones que poco a poco van dando lugar a reconocimientos importantes.

En mi trabajo en terreno he encontrado que en las Juntas de Acción Comunal hay muchas personas Lgtb y otras están aspirando a ser ediles.

Alguien puede decir que no le gustan los gay pero cuando ese miedo tiene rostro conocido, las cosas cambian

José Fernando Serrano

El reto es generar espacios de encuentro, de diálogo, de interacción que generen cambios pequeños pero sostenidos en la vida cotidiana. Alguien puede decir que no le gustan los gay pero cuando ese miedo tiene rostro de vecino, de alguien conocido y real, las cosas cambian.

Para citar:

Serrano, J.F. (2018). Homophobic violence in armed conflict and political transition. Global Queer Politics. pp. 167

Serrano, J.F. (2017). ¿Qué le pueden decir a las orientaciones sexuales y las identidades de género a la justicia transicional? En La ilusión de la justicia transicional: perspectivas críticas desde América Latina y Sudáfrica. (edt). Alejandro Castillejo Cuéllar. Universidad de los Andes. pp. 173-194

Serrano, J.F (2017). La tormenta perfecta: ideología de género y articulación de públicos.En Sexualidad, Salud y Sociedad: Revista Latinoamericana. pp. 10

 

 

Comentarios (3)

indignados con la corrupcion- colombia

01 de Julio

0 Seguidores

El movimiento GAY LESBICOS; GENERO son financiados por las organizaciones de C...+ ver más

El movimiento GAY LESBICOS; GENERO son financiados por las organizaciones de CONTROL DE LA NATALIDAD; y de multinacionales, que pretenden los RECURSOS NATURALES DE PAISES EN VIAS DE DESARROLLO . FORD FUNDATION, SOROS, FESCOL GIZ USAID, - LOS GAYS, SON VICTIMAS DE SUS PROPIAS DEBILIDADES, Y AHORA LOS MANDAN A LA ARENA POLITICA,, DONDE DEBE LUCHAR CON LOS MOVIMIENTOS POR VIDA, CONTRA EL ABORTO

Angel Bravo

01 de Julio

0 Seguidores

¿Disparate o desatino? ... «Uno y otro se aplican a todo hecho o dicho fuera...+ ver más

¿Disparate o desatino? ... «Uno y otro se aplican a todo hecho o dicho fuera de razón y propósito; pero cada uno tiene su extensión y energía particular. El disparate recae sobre hechos o dichos fuera de propósito por falta de reflexión, o por incoherencia o disparidad de ideas. El desatino ... por falta de tino, esto es, de inteligencia, de prudencia, de razón (...).»
José López de la Huerta

Elizabeth Prado

02 de Julio

6 Seguidores

Para mí, escritos como el de los indignados, denotan problemas cognitivos, pero sobre todo, un nivel inferior de desarrollo espiritual y sofisticación social. Aunque no deberían ser tomados en serio, respondo porque no puede quedar en el ambiente que esas minorías inconscientes, representan a la mayoría de la sociedad. Discriminar a otros así, está mal en sí mismo y es inadmisible y repudiable.

Para mí, escritos como el de los indignados, denotan problemas cognitivos, pero sobre todo, un nivel inferior de desarrollo espiritual y sofisticación social. Aunque no deberían ser tomados en serio, respondo porque no puede quedar en el ambiente que esas minorías inconscientes, representan a la mayoría de la sociedad. Discriminar a otros así, está mal en sí mismo y es inadmisible y repudiable.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia