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Silla Académica

Economía Dónde está la Plata Corrupción

¿Cómo los cerebros del caso Interbolsa armaron sus redes para tener menos responsabilidad?

Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 02 de Noviembre de 2018

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Seis años después del descalabro de Interbolsa, cuyo aniversario fue ayer, un grupo de profesores de la Universidad Externado realizó durante dos años una investigación sobre ese caso que se encuentra condensada en el capítulo “El Fraude en Interbolsa y el Fondo Premium en el caso Fabricato” del Tomo 3 “Corrupción en Colombia. Corrupción Privada” de la serie “Así habla el Externado”.

 

Para esta investigación los profesores Luis A. Orozco, César Y. Beltrán T., José Vargas C., Luis F. García C. y Mario A. Ruiz V se basaron en documentos periodísticos y judiciales de la Fiscalía y de las Superintendencias.

A partir de la lectura de ese texto y de la conversación que tuvo La Silla Académica con Luis Antonio Orozco, mostramos uno de los principales resultados de esa investigación que consistió en la reconstraucción de las redes sociales que los “emprendedores corruptos”, como los llaman en la investigación, usaron para llevar a cabo el fraude a gran escala evadiendo varios controles internos y externos y diluyendo la responsabilidad de los cerebros, lo que arroja luces sobre las medidas que puede tomar el Estado en estos casos.

Según la investigación académica citada, durante 2011 y parte de 2012 un grupo de inversionistas realizó 28.139 operaciones de compraventa sobre el 97 por ciento de las acciones de Fabricato que ascendieron a cerca de 1.6 billones de pesos. Esto logró que la acción de Fabricato fuera la más valorizada de ese período, al aumentar su valor en un 214 por ciento, pasando de 26.90 pesos por acción a 89.50 pesos por acción.

Algo anormal. Comparativamente, las otras dos acciones más valorizadas durante 2011 fueron las ordinarias de Almacenes Éxito S.A. con sólo un 9 por ciento y las ordinarias de Ecopetrol con sólo un 2.8 por ciento.

Dichas operaciones fueron posibles con recursos de los inversionistas de Interbolsa que se destinaron para ese fin sin su autorización y del Fondo Premium, quienes le prestaron esa plata a Alessandro Corridori y su grupo, para desarrollar su idea de inflar el precio de las acciones de Fabricato a través de operaciones de compra y venta, de la misma forma como él ya lo había hecho con éxito con las acciones de Acerías Paz del Río y Coltejer.

Aunque el 21 de diciembre de 2011 la Superfinanciera solicitó a Interbolsa SAI (una de las filiales de Interbolsa Holding S.A.) desmontar los préstamos al grupo Corridori, no tuvo la capacidad para descifrar el entramado que llevó al desplome de Interbolsa por la falta de liquidez, cuando no pudo pagar el 1 de noviembre de 2012 un préstamo inter-día al BBVA.

¿Cómo lo lograron?

Al principio los “emprendedores corruptos” tenían control sobre todas las operaciones

Rodrigo Jaramillo tenía poder absoluto en Interbolsa según el capítulo del libro consultado.

Entre sus hombres de confianza estaban Jorge Arabia Watemberg (vicepresidente financiero de la Holding), Álvaro Tirado Quintero (presidente de la Sociedad Comisionista de Bolsa), Jorge Mauricio Infante Niño (presidente de la Sociedad Administradora de Inversión) y Juan Felipe Ruiz (gerente técnico de la holding, quien manejaba el riesgo y quien había sido un alto funcionario de la Superfinanciera) y debajo de ellos muchos empleados más, los denominados “culpables por asociación” que no conocen la totalidad de la operación y realizan actos corruptos en virtud de la delegación u orden de sus superiores.

Por otro lado, Tomás Jaramillo Botero (hijo de Rodrigo Jaramillo) y Juan Carlos Ortiz (quien fue expulsado de la Bolsa de Valores de Bogotá en 1997 y sancionado disciplinariamente por esa entidad) crearon en el año 2000 Premium Capital Appreciation Fund en Curazao, del que también era accionista Rodrigo Jaramillo Correa.

Las personas de confianza de Tomás Jaramillo Botero que administraban el Fondo eran Juan Andrés Tirado (estudiaron juntos en el Columbus School en Medellín) y Rachid Maluf, cercano a Víctor Maldonado (que llegó a ser el mayor accionista de Interbolsa) porque había estudiado con su hijo en el Nueva Granada. Ellos también tenían muchas personas más a su cargo.

Según se señala en el capítulo, la idea de manipular la acción de Fabricato se la vendió Alessandro Corridori a Juan Carlos Ortiz quien empezó a ejecutarla a través de las firmas Valores Incorporados y Rentafolio Bursátil en 2008 (filiales del Fondo Premium) y se extendió luego a Interbolsa a través del mismo Rodrigo Jaramillo, de Jorge Arabia (vicepresidente financiero de la Holding) y Juan Andrés Tirado (administrador del Fondo Premium).

Los profesores del Externado encontraron que los modelos para explicar las corrupción, especialmente los del triángulo y el diamante del fraude no son suficientes para entender un fenómeno tan complejo como el de Interbolsa que no dependió solamente de la formación, experiencia y posición jerárquica de algunas personas en las organizaciones, sino que estuvo dado por el manejo de redes de relaciones sociales entre personas jurídicas y naturales que construyeron los “emprendedores corruptos”.

Estas relaciones de “intercambio, reciprocidad y lealtad” les permitieron distribuir el riesgo, hacer operaciones de mayor impacto y evadir controles, según el profesor Luis Orozco.

Después los “emprendedores corruptos” se empiezan a dispersar

 

A medida que pasa el tiempo los “emprendedores corruptos” empiezan a dispersarse para buscar menores implicaciones en caso de una investigación, al tiempo que aumentan el grado de delegación de funciones en sus subalternos, muchos de ellos representantes legales de empresas, quienes responden jurídicamente al firmar documentos en nombre de las sociedades que representan (según el profesor Orozco, sin estar conscientes muchas veces de ello).

Esto lo facilita, según el profesor Orozco, el hecho de que de acuerdo con la teoría del “Pensamiento de Grupo” desarrollada por el psicólogo Irving Janis, las personas de mayor poder en un grupo suele no ser cuestionadas por los demás, quienes se congracian con ellos para ganar aceptación y además confían en que ellos asumirán la responsabilidad.

“Confiaba en mis jefes… en que al final si algo salía mal ellos responderían por los negocios y las operaciones del Fondo. … me es claro que los directivos de Interbolsa y el Fondo, trataron de mantenernos, a los mandos medios, aislados. Yo ahora soy consciente, de las irregularidades que se cometieron dentro del Fondo, pero no concerté ni fui responsable directo de algunos de los delitos que me fueron endilgados, como la manipulación de acciones, pero que debí aceptar por la responsabilidad que tenía como representante legal. ...Llega un momento de dilema en el que se obvia el razonamiento moral y se pierde el juicio ético…”. (Entrevista de Luis Orozco a Ricardo Martínez, representante legal de Rentafolio Bursátil una de las filiales del Fondo Premium).

Al mismo tiempo, a los “emprendedores corruptos” cada vez les es más difícil detenerse. Siguen el curso de acción así sepan que están haciendo algo malo debido a la vergüenza social de aceptar que se cometió un error y a la proyección de que algo que antes fue exitoso lo será en el futuro. Corresponde a la teoría del “Escalamiento de Compromiso” de Barry M. Staw, profesor de Berkeley. Eso explicaría en parte, de acuerdo con Orozco, por qué los cerebros de Interbolsa terminaron hundiéndose por 20 mil millones de dólares en un negocio de billones.

Al final formaron comunidades cerradas con una débil intercomunicación entre sí

 

En el caso de Interbolsa, los investigadores del Externado encontraron que fue clara la dispersión de las operaciones entre grupos sociales cerrados entre sí que conforman pequeñas comunidades y que son manejadas desde la periferia por los “emprendedores corruptos”. Estos son los únicos que tienen la visión completa del fraude.

Una primera comunidad (en la gráfica G5) estaba conformada por los directivos de Interbolsa, quienes a través de sus corredores (fuerza comercial - en la gráfica recuadro G2), destinaron fondos -sin autorización de los clientes- para la operación de repos de Fabricato.

Una segunda comunidad se desprendió del seno de Interbolsa. Tomás Jaramillo Botero y Juan Carlos Ortiz utilizaron una red de empresas desde el Fondo Premium para fondear la compra de acciones de Fabricato.

Una tercera comunidad estaba integrada por las empresas del Grupo Corridori que tenía como finalidad inflar el precio de las acciones de Fabricato con su compra y venta.

En todo caso, en el capítulo del libro se señala que el control de las operaciones y de la información estaban en cabeza de Rodrigo Jaramillo y de sus hombres de confianza en la holding.

También de Tomás Jaramillo Botero y Juan Carlos Ortiz en el marco del Fondo Premium quienes tomaban las decisiones sobre las operaciones y delegaban funciones en Juan Andrés Tirado y Rachid Maluf, y éstos a su vez, en los administradores de Rentafolio Bursátil y Valores Incorporados. Y, de Alessandro Corridori y las empresas de su grupo, según la información que consta en el Capítulo tres del Libro.

“Como directora administrativa (de Valores Incorporados), y por orden de Rachid Maluf y Juan Andrés Tirado ejercía funciones directamente para esa compañía (que era filial del Fondo Premium) ... Funciones que me fueron delegadas paulatinamente” (declaración de Claudia Patricia Aristizábal en la Fiscalía General de la Nación tomada del capítulo). Aristizábal está siendo procesada por captación masiva e ilegal de recursos del público, negativa de reintegro, concierto para delinquir, manipulación de especies inscritas en el mercado nacional de valores y estafa agravada.

Por su parte, Rachid Maluf afirmó en la Superintendencia de Sociedades que:

“… las órdenes venían de Juan Carlos Ortiz y Tomás Jaramillo, que eran nuestros jefes, los que nos pagaban el salario, los dueños de la gestora, los dueños con las acciones con derecho a voto, ellos nos daban instrucciones a nosotros y así dábamos nosotros las órdenes en línea con los deseos y las instrucciones de ellos”.

Juan Carlos Ortiz en una entrevista dijo “Yo no soy administrador ni hago parte del comité de crédito ni de inversiones y por normas internacionales, Julio (Sánchez Cristo), es mejor y debe ser así que el management y los encargados del fondo den respuesta a esos temas” como consta en el capítulo. Sin embargo, de acuerdo con el profesor Orozco, las comunicaciones que reposan en los expedientes de la Fiscalía, entre Juan Carlos Ortiz y Natalia Zuñiga, administradora de Valores Incorporados, muestran lo contrario. 

Rodrigo Jaramillo negaba públicamente que hubiera una actuación coordinada pese a que dicho Fondo operaba a través de sus filiales, Valores Incorporados y Rentafolio Bursátil, en el mismo edificio de Interbolsa y los clientes lo veían como la misma organización, de acuerdo a la investigación del Externado, que señala también que después la misma Supersociedades encontró que Jaramillo Correa fue socio fundador del Fondo Premium. En esa línea declaró una vez: “... soy considerado un ‘delincuente por omisión’, por no haberle dado una delegación excesiva de poder a Jorge Arabia” (González, 2013:93).

Dicho manejo de las redes de relaciones sociales, aunado a la cooptación, por parte de los cerebros del fraude de Interbolsa, de algunas autoridades regulatorias (puerta giratoria) o con información privilegiada, para evadir los controles o aprovecharse de un mercado, han dado lugar a que, según el profesor Orozco, en algunos casos, los subalternos tengan que responder por más delitos que sus jefes.

 

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