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Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 07 de Diciembre de 2018

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En las últimas semanas la opinión pública y sectores políticos han estado divididos en torno a las explicaciones que dio el Fiscal General sobre su conflicto de interés con Odebrecht durante el debate de control político en el Congreso hace una semana y, frente al video que se reveló ese mismo día de Gustavo Petro recibiendo fajos de dinero.

Para entender qué tanto juegan la desconfianza o la simpatía que cada uno de estos personajes genera de entrada en algunos colombianos o, por el contrario, qué tanto pesan las explicaciones que cada uno ha venido dando en la formación de opinión y en los juicios sobre lo que pasó, así como para entender qué tan fácil es que quienes han sido contradictores cambien su opinión sobre el otro en la etapa de posconflicto que está viviendo Colombia, La Silla Académica habló con Juan Esteban Ugarriza, profesor de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario.

Él, con un equipo de investigadores interdisciplinario que incluye psicólogos, ha estudiado los sesgos que se dan como resultado de haber tenido un conflicto armado por varias décadas y que dificultan que haya cambios en el corto plazo. Así como las limitaciones que tiene en una sociedad tan dividida la discusión con argumentos entre contradictores para generar reconciliación. Entre sus publicaciones se encuentran "The ironic effect of deliberation: what we can (and cannot) expect in deeply divided societies" y "The Neuropsychological Impact of Conflict: An Analysis of Implicit Prejudice among Victims, Ex-combatants and Communities in Colombia" que es un documento de trabajo que está próximo a publicarse.

Uno de sus estudios sobre sesgos parte de la necesidad  de tener en cuenta los efectos neuropsicológicos de la guerra en los mecanismos para formar la opinión y tomar decisiones en las sociedades en posconflicto. ¿Cómo cree que nos determinó el conflicto armado la forma de pensar?

Juan Esteban Ugarriza: Sin conflicto armado la gente quizá no estaría tan dividida entre izquierda y derecha. En otros partes del mundo, incluyendo a Estados Unidos, la guerra ha servido como un catalizador de divisiones ideológicas.

La predisposición a que lo que huela a izquierda está mal o lo que huele a derecha está mal inunda el cerebro de las personas antes de que puedan reaccionar frente a los hechos y tomar decisiones.

Se volvió un lugar común decir que la guerrilla posiblemente sólo luchó por unos ideales al principio y que los militares sólo estaban detrás de unos ‘bandoleros’.

Lo que hemos encontrado en nuestra investigación es que por dentro, para los combatientes el conflicto armado colombiano fue absolutamente ideológico.

La guerrilla estuvo siempre desarrollando un plan estratégico de corriente marxista leninista para crear un país comunista. En el caso de los militares, si uno observa los manuales y la doctrina castrense, su lucha estuvo dirigida a combatir una amenaza comunista que tenía una manifestación local en la guerrilla y que quería acabar con el sistema democrático, aunque en el discurso público se hiciera un esfuerzo por despolitizar el conflicto. Por ideología las personas hacen todo tipo de atrocidades, pero a la opinión pública le cuesta ver que una cosa va de la mano de la otra.

Y en el posconflicto esa lucha ideológica continúa porque la confrontación no era solamente armada. Las generaciones de militares y de guerrilleros educados en esa doctrina continúan la guerra en otro nivel.

Para los militares la amenaza comunista simplemente mutó. Y a los exguerrilleros todavía los oímos hablar del problema agrario de los campesinos, en contra del imperialismo y a favor del socialismo.

LSA: ¿De ahí viene la polarización del resto de los colombianos?

J.E.U.: Lo que vemos es que las élites han sido exitosas en hacer resurgir esas identidades ideológicas, que tienen un componente emocional muy fuerte y que activan prejuicios inconscientes. Todo lo que es de izquierda es necesariamente malo o, lo que es de derecha.

Por un lado han logrado meter a quienes no han sido víctimas en la discusión sobre el castigo para los culpables.

Con Angelika Rettberg escribimos hace poco un artículo sobre las víctimas y no víctimas. Las víctimas piden justicia, reparación, verdad, mientras que las no víctimas piden eso también con el mismo fervor.

Y también han sido exitosas en plantear el caso colombiano como el de una lucha de la democracia contra el comunismo. Llevamos casi veinte años, desde que Chávez subió al poder, luchando contra la sombra del comunismo y políticamente eso ha tenido unos efectos concretos. Lo que es totalmente anacrónico pues esa conspiración global para tomarse el mundo era un discurso de la Guerra Fría. Uno puede hablar de populismo, de estatismo, pero el comunismo tiene una carga distinta.

Es asombroso que los colombianos estén preocupadísimos por el comunismo y no por los malos gobernantes.

LSA: ¿Ideología es lo mismo que sesgo y que estereotipo?

J.E.U.: Son muy cercanas. La ideología la podemos definir como un conjunto de creencias más o menos coherentes que le permiten a las personas saber cómo relacionarse con los que hacen parte de su grupo y con los que no. El problema es, precisamente, que es más o menos coherente. No existe una manera en la cual todo el mundo defina una idea, por ejemplo izquierda o derecha y en los conflictos armados uno encuentra desarrollos muy básicos entre los combatientes.

Por eso uno podía ver paramilitares diciendo que eran socialistas y tratando de explicar por qué. Y muchos guerrilleros sosteniendo que el socialismo era algo que se tenía que ir construyendo.

El estereotipo es la forma como automáticamente juzgo a otra persona antes de tener información sobre ella y el sesgo consiste en una prevención o predisposición negativa hacia una persona o tema.

Los sesgos están estrechamente relacionados con emociones. Cuando aparecen, generan miedo, entusiasmo, orgullo. La ideología crea esos estereotipos y activa esos sesgos.

 

LSA: ¿Se ve esto en las reacciones que ha despertado, por ejemplo, el video de Petro o en las grabaciones del Fiscal, por las personas de quienes se trata, más allá de las explicaciones que han dado?

J.E.U.: En el momento que hay un cuestionamiento del Fiscal, al otro día ya hay personas condenándolo y pidiéndole que renuncie. Con Petro pasa exactamente lo mismo.

Los juicios automáticos contra el Fiscal y contra Petro no están determinados pero sí empujados por los sesgos que las personas tienen en contra de la derecha o la izquierda, respectivamente. A menos que las personas estén conscientes de eso y hagan una revisión pausada de la evidencia, típicamente se van a dejar llevar por el impulso.

Los colombianos en general no tienen tiempo, su vida no gira en torno a la política, necesitan tomar decisiones vitales. Están en el rebusque, buscando trabajo, solucionando dificultades, viendo fútbol o Master Chef o, en las actividades de cada día.

LSA: ¿Lo de la falta de tiempo para hacer juicios más sopesados es una cuestión únicamente de los colombianos?

J.E.U.: Es una característica de las sociedades liberales occidentales, en los que la vida gira alrededor de conseguir el sustento. Pasa en Europa y en Estados Unidos también.

También es un mal de la democracia contemporánea que haya una hiperespecialización del Estado moderno que hace que la gente no entienda cómo funciona, esto lo explica Habermas. Por eso y por la falta de tiempo, la gente termina votando en las elecciones basada en emociones. Y los políticos no se desgastan tanto tratando de convencerlos como tratando de mover sus emociones. Son atajos.

No le podemos pedir a la verdad y a la memoria que hagan la reconciliación.

Juan Esteban Ugarriza

LSA: En su artículo se distingue entre sesgos conscientes e inconscientes ¿Cuáles son los sesgos inconscientes?

J.E.U.: A partir de nuestras investigaciones con equipos interdisciplinarios compuestos por neurobiólogos, psicólogos, ingenieros, entre otros, y pruebas que incluyen encefalogramas, hemos encontrado que ha habido una adaptación cerebral al conflicto, de las personas que estuvieron involucradas directamente y que están relacionadas con sesgos inconscientes.

Los encontramos en exguerrilleros, exparamilitares, víctimas y comunidades impactadas por la violencia, lo que no significa que otros colombianos no hayan tenido afectaciones similares.

Eso significa que sus redes neurológicas se han adaptado para asociar sistemáticamente los grupos contrarios con pensamientos, emociones y valores negativos. Y, entre más intensa haya sido la victimización, el daño sufrido o trauma de la guerra, mayor es el prejuicio implícito o inconsciente.

LSA: ¿Esos mecanismos biológicos que están en la base del cerebro y que activan los prejuicios, significan que estamos condenados a éstos?

J.E.U.: No hablamos de determinismo biológico del comportamiento. Lo que mostramos es que lo biológico también interviene en procesos de toma de decisiones mucho antes de que una persona pueda incluso reflexionar sobre una situación.

No quiere decir que la gente no pueda sobreponerse pero es difícil pues así como fueron circunstancias de victimización muy intensas las que lo moldearon tendrían que ser experiencias muy intensas las que modifiquen el cerebro y con ello los sesgos implícitos. En todo caso hacer consciente que la disposición negativa que uno tiene contra una persona es algo visceral más que racional ayuda a controlarlo.

Con eso se puede evitar que obstaculicen las posibilidades de reconciliación.

 

LSA: ¿Cómo se manifestaron en su estudio los sesgos implícitos?

J.E.U.: A través de la demora en responder. La prueba consistió en que les ponemos a las personas unos estímulos auditivos. Audios con palabras que producen alegría como: ‘ganar’, ‘feliz’, o, con palabras que producen tristeza, como: ‘horror’, ‘cárcel’, ‘pérdida’.

Al mismo tiempo les vamos pasando imágenes de víctimas o exguerrilleros y preguntas relacionadas con dichas imágenes. La demora en responder significa que la persona experimenta una disonancia entre la emoción que le produce la palabra que oye en el audio y la imagen.

Por ejemplo, si la respuesta correcta es que la imagen corresponde a Iván Márquez, al tiempo que suena la palabra ganar, posiblemente para un exguerrillero no hay disonancia entre ambas cosas y puede responder rápidamente, mientras que una víctima posiblemente se demora en hacerlo.

En las elecciones entre dos candidatos a la Presidencia entre cuyas propuestas no hay mayores diferencias, son los sesgos los que pueden hacer inclinar la balanza a favor de alguno. Cuando alguien me dice algo que no puedo comprobar, son los sesgos también los que van a determinar que crea o no en lo que me dijeron.

Se necesita que Uribe diga que él cree en la voluntad de paz de los ex guerrilleros para que se produzca la magia de la reconciliación.

Juan Esteban Ugarriza

LSA: En el documental La Negociación que causó revuelo la semana pasada por la oposición de Uribe a su transmisión se muestran los encuentros que hubo entre los que antes eran enemigos, como el general Mora e Iván Márquez, o Carlos Lozada y el general Flórez ¿podría sostenerse que realmente ninguno cambió en el fondo su percepción del otro?

J.E.U.: A partir de mi experiencia puedo arriesgarme a decir que entre los negociadores del gobierno y los de las Farc había cierta confianza con respecto a quién era el otro, de dónde venía y para dónde iba pero nunca dejó de ser una discusión entre adversarios. La gente no debe caer en la tentación de creer que dos personas son amigos porque están en la misma foto. La cuestión es mucho más pragmática de lo que nosotros percibimos.

LSA: Usted dice que las víctimas difícilmente cambian la percepción sobre los perpetradores. Si esto es así, ¿cómo podría explicarse que el Sí hubiese ganado mayoritariamente en las zonas más afectadas por el conflicto, más allá de que en algunos municipios concretamente afectados hubiera ganado el No?

J.E.U.: No se pueden perder de vista esos municipios muy afectados que votaron No al Plebiscito. No hay un municipio más afectado por el conflicto que San Carlos, en Antioquia, y sus habitantes votaron en contra de las Farc. Depende mucho de a quién perciban como victimario.

Por otro lado es posible que haya una actitud más favorable, que el efecto de los sesgos sea más limitado, frente a mecanismos y objetivos que son más abstractos como un plebiscito y como acabar la guerra, que frente a la confrontación con el adversario cara a cara o a la posibilidad de perdonarlo.

LSA: ¿Pero hemos visto que las víctimas directas han estado más dispuestas a perdonar y más favorables a la negociación con la guerrilla que otros sectores?

J.E.U.: Tenemos que bajarnos de la fantasía. No hay un proceso de paz en el mundo que haya puesto a las víctimas en el centro de la forma como lo hizo el colombiano. Pero para ellas siempre van a ser insuficientes los esfuerzos que se hagan. A la Habana las víctimas fueron a cantarle la tabla a la guerrilla, y varias organizaciones de víctimas votaron No al plebiscito. Cuando regresaron se quejaron frente al Gobierno y a las Farc, por considerar que su voz no había sido tenida en cuenta suficientemente.

LSA: ¿Los 8 millones de votos que sacó Petro demostrarían que los sesgos hacia la izquierda no están tan arraigados en los colombianos y que se están superando?

J.E.U.: El voto a favor de Petro también pasó por el sesgo que hay contra lo que muchos perciben como la ultraderecha encarnada en Uribe y su proyecto político.

Adicionalmente, la gran votación que tuvo Petro en las últimas elecciones no sólo se explica por la superación de los sesgos en su contra en el caso de algunos electores, sino por las debilidades que tiene el sistema político en el sentido que muchas personas perciben que no les resuelve sus problemas.

No estoy de acuerdo con muchas ideas de Churchill, pero decía algo muy cierto y era que la democracia es el peor de los sistemas políticos excepto todos los demás. Por eso de tanto en tanto los electores deciden experimentar, como pasó con Fujimori, con Chávez, con Uribe, con Trump y con el mismo Petro, aunque no le alcanzó para ganar.

LSA: En relación con la deliberación como mecanismo para hacer cambiar la opinión que se tiene de un contradictor, el resultado de su estudio en esta materia es que hay un “efecto irónico de la deliberación” en sociedades que están muy divididas ¿cuál es ese efecto?

J.E.U.: Ese efecto irónico consiste en que tras una discusión las partes terminen más polarizadas. Esto ocurre en discusiones que son muy racionales, basadas en argumentos, porque normalmente la gente no cambia de opinión, de hecho está mal visto culturalmente perder un debate.

Los encuentros entre víctimas y victimarios que se dieron con la Ley de Justicia y Paz muestran que de ese ejercicio puede salir algo bueno como también todo lo contrario: la víctima quiere acabar con el victimario o se revictimiza.

LSA: ¿Cuándo es bueno?

J.E.U.: Cuando las condiciones de las interacción conducen a que personas contrarias se junten para pensar hacia adelante, porque revivir el pasado y sus heridas normalmente sale mal.

Y cuando propician que haya intercambio de mensajes empáticos, más que de argumentos o justificaciones.  Lograr que un ex guerrillero diga: ‘tal vez hicimos cosas que salieron mal’. O que una víctima diga: ‘quizá la gente no tenía otra opción’ le da al otro una información que no esperaba, lo que genera cambios positivos por lo menos en las actitudes explícitas.

LSA: ¿Se trata de hablar más de la historia personal que de dar argumentos?

J.E.U.: Más que contar la historia personal, de mirar hacia el pasado, es ligar la experiencia personal con la idea que se tiene de algo, se trata de un ejercicio de intercambio de perspectivas. Por ejemplo, yo no te puedo quizá convencer de que un candidato de izquierda o de derecha es bueno, pero puedo entender que tu oposición viene de una experiencia previa que tuviste y deja de ser un ejercicio confrontativo.

Por ejemplo, tu me puedes decir ‘a mi no me gusta Petro porque es que en el pueblo donde yo vivía hubo un alcalde de izquierda que era malísimo’, más allá de tener razón o no, eso me permite ver de dónde viene tu prevención y entenderla, eso genera experiencias empáticas.

LSA: ¿Cómo puede una emoción, que se supone es más voluble, tener más efecto en el cambio de una actitud que un razonamiento?

J.E.U.: No hay tal separación entre el razonamiento y la emoción. No hay recuerdos ni memoria sin emoción. Si además de que creo que la izquierda es mala estoy aterrado con que se tome el poder mi sesgo tiene mucha más fuerza. Las emociones calan mucho en la gente.

Cuando Chávez le hablaba a la gente en la plaza, acompañaba el discurso con la entrega de un mercado, por ejemplo, y eso producía una emoción muy positiva. Era un gesto amable de un Estado que muchas veces había estado ausente, por eso muchas personas se van a morir adorándolo.

Lo mismo pasa aquí con Pablo Escobar. A los que les regaló una casa, por ejemplo, casi que no los hace cambiar de opinión sobre los daños que causó a menos que sus víctimas vayan directamente y los visiten. Las personas se mueven a ese nivel.

LSA: Si la deliberación no conduce a la reconciliación en sociedades altamente divididas ¿de qué nos pueden servir espacios de diálogo como los generados por la Comisión de La Verdad, la Jurisdicción Especial para la Paz y el mismo Congreso?

J.E.U.: No le podemos pedir a la verdad y a la memoria que hagan la reconciliación. Las comisiones de la verdad en Chile, Guatemala, Irlanda, tienen absolutamente divididos esos países. Priscilla Hayner, la persona que más ha estudiado las comisiones de verdad en el mundo, sostiene que causan una retraumatización de la sociedad.

LSA: ¿Hay que sacrificar la verdad en el caso de Colombia?

J.E.U.: Hay formas de verdad que tienen un efecto negativo en la reconciliación como las que individualizan la culpa, las que son más generales, aunque no son satisfactorias en términos de responsabilidad si pueden ayudar a explicar lo sucedido. Hay que superar el conflicto pero no desde la perspectiva ingenua de que hacer memoria nos va a llevar a la reconciliación. Décadas de investigación muestran evidencia sobre esto.

El silencio es una posibilidad en la posguerra. Ahora, por convicción ideológica y dogmática se puede considerar que la verdad es un valor en sí mismo, el problema es que no hay una verdad única y la pretensión de que la haya no va a dejar a nadie contento, nadie se va a ver reflejado en ella.

LSA: Las deliberaciones en el Congreso tampoco conducen a que haya un mejor entendimiento y acercamiento…

J.E.U.: El efecto de una deliberación es limitada. Hay una teoría que habla del discurso de doble referencia en los congresos porque los parlamentarios no le hablan tanto a sus pares como a la audiencia, a los electores que están viendo la transmisión, de manera que no están discutiendo tanto entre sí ni sopesando lo que los otros dicen en sus intervenciones.

Por eso muchas veces vemos que las decisiones en el Congreso se terminan destrabando en reuniones a puerta cerrada, en la casa de algún congresista, donde realmente se da un intercambio de argumentos, se está dispuesto a ceder y se llega a acuerdos.

LSA: ¿Qué quiere decir con que en sociedades divididas la fuerza civilizadora de la hipocresía es limitada?

J.E.U.: El académico Jon Elster es el autor de esa frase y se refiere a que la hipocresía es lo que permite que en una sociedad la gente actúe moderadamente, filtrando lo que realmente piensan de los demás o de las situaciones, no por convicción sino porque depende de los demás.

Sin embargo, lo que nosotros encontramos es que seguir las reglas de debatir con argumentos, en pie de igualdad, respetando al otro, buscando un consenso basado en el bien común que privilegie los mejores argumentos no genera reconciliación en sociedades polarizadas como la colombiana.

Se necesita que Uribe diga que él cree en la voluntad de paz de los ex guerrilleros para que se produzca la magia de la reconciliación. Esto para significar que son este tipo de mensajes empáticos y no la mera interacción “hipócrita” (en el sentido de Elster) en el Congreso, por positivo que sea que estén Uribe y Carlos Antonio Lozada, por ejemplo, en el mismo espacio, lo que puede acercar a las contrapartes.

Para citar:

Ugarriza, J. E. (2019). “The Neuropsychological Impact of Conflict: An analysis of implicit prejudice among victims, ex- combatants and communities in Colombia”. Próximo a publicarse.

Ugarriza, J. E,. & Trujillo, N. (2018). “The ironic effect of deliberation: what we can (and cannot) expect in deeply divided societies”. Acta Política. 1-21.

Ugarriza, J. E,. & Pabón, N. (2017). Militares y guerillas. La memoria histórica del conflicto armado en Colombia desde los archivos militares 1958-2016. Editorial Universidad del Rosario.

 

Comentarios (8)

Saint Sinner

07 de Diciembre

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1. La estúpida Farcs es más la ideología Marxista Lennista, de allí las ot...+ ver más

1. La estúpida Farcs es más la ideología Marxista Lennista, de allí las otras tenían sus diferencias. La Política maneja la apariencia, al maquillaje de ideas es el funcionamiento, se basa en analogías que buscar reflexiones autenticas, por eso da una figura que temer un enemigo común, revivieron el comunismo como una sofisma eficaz, no es tan sorprendente como usted cree, así ha sido siempre

Saint Sinner

07 de Diciembre

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2. el sesgo es el subproducto de todo aquello que mencione de la Política, ve...+ ver más

2. el sesgo es el subproducto de todo aquello que mencione de la Política, ver los documentales de Adam Curtis. Los 2 personajes puede haber sesgo, pero hay una diferencia enorme, donde un País tiene mas predominio por la Derecha: el Fiscal es mas del Establecimiento y por lo tanto mas protegido, alquien con mucho dinero y lamentablemente sus graves inconsistencias hacer ver que el sesgo es pobre

Saint Sinner

07 de Diciembre

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3. con Petro hay que cogerlo con pinzas, debido a que es el personaje mas calu...+ ver más

3. con Petro hay que cogerlo con pinzas, debido a que es el personaje mas calumniado en las redes, fue militante político M19 no soldado, guerrilla que se acabo hace décadas, muy diferente a Farcs & ElN, cualquier argumentación es mas recalcada lo negativo que lo positivo, por eso además no creo que poner en una frase a Petro, con Fujimori, Chávez, Uribe, Trump sea tan ecuanime

Lupita Gómez

07 de Diciembre

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"Es ¡asombroso! que los colombianos estén preocupadísimos por el comunismo ...+ ver más

"Es ¡asombroso! que los colombianos estén preocupadísimos por el comunismo y no por los malos gobernantes."
(O por la estulticia de Maduro y no por la malignidad de Uribe, por ejemplo).

Me pregunto cuál es la proporción de colombianos cuyos "sesgos implícitos" se explican como consecuencia de sus "circunstancias de victimización MUY intensas" (por la guerra). Creo muy pocos. ¿Y el resto?

Lupita Gómez

07 de Diciembre

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Si alguien afirmara que "Paloma Valencia está desquiciada". ¿Esta afirmació...+ ver más

Si alguien afirmara que "Paloma Valencia está desquiciada". ¿Esta afirmación resultaría de un "sesgo implícito" o por escuchar sus discursos desquiciados? (Podría contener una falacia: No todo aquel que dice muchos discursos desquiciados está desquiciado, especialmente si con ellos obtiene unos beneficios calculados.)

¿Será realmente desquiciado, por ejemplo, el siguiente discurso de Paloma? ::

Lupita Gómez

07 de Diciembre

1 Seguidores

"Me indigna que los citantes al debate (sobre fiscal / Odebrecht ...) hagan ac...+ ver más

"Me indigna que los citantes al debate (sobre fiscal / Odebrecht ...) hagan acusaciones que no tienen relación clara con el tema. Y aquí les pongo un vídeo antiguo de Petro que es claramente de otro tema".

El "sesgo implícito" puede ser también producto de una reputación bien ganada. ¿Cómo se podría escuchar a Paloma "insesgadamente" si grita exabruptos apasionadamente con inusitada frecuencia?

José Saramago ..

08 de Diciembre

3 Seguidores

Aquí Petro explicando:
https://www.youtube.com/watch?v=UaZTgOAK7FI

Aquí Petro explicando:
https://www.youtube.com/watch?v=UaZTgOAK7FI

Ronald-T

09 de Diciembre

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Excelente!

Excelente!

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