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Silla Académica

Conflicto Armado Justicia transicional Víctimas

"Es importante que los ciudadanos tengan un cierto deber de esperanza"

Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 23 de Noviembre de 2018

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Mañana, 24 de noviembre, se cumplen dos años de firmado el Acuerdo en el Teatro Colón, cuya implementación en teoría nos debería conducir a una sociedad más pacífica sin el conflicto armado que se extendió por más de cinco décadas. Uno de los ejes de esa transición es lo que tiene que ver con el perdón, un ejercicio que arrancó las Farc antes del plebiscito pero que se ha ido diluyendo en el camino.

La Silla Académica habló con Camila de Gamboa, miembro del Grupo de Estudios Interdisciplinario sobre Paz, Conflicto y Posconflicto - JANUS de la Universidad del Rosario y con Wilson Herrera, profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de esa Universidad, quienes han investigado sobre el rol del perdón y de las “disculpas políticas” que se dan a las víctimas en un contexto de justicia transicional como el colombiano.

Esas investigaciones han dado lugar entre otros a los artículos “Reflexiones sobre los riesgos del uso del perdón interpersonal en la construcción de la memoria social”, “El rol del perdón interpersonal en contextos de justicia transicional” escritos por Camila de Gamboa. También al artículo “Las Farc, el Castigo y el arrepentimiento: Comentarios a “Sobre democracia y justicia en las negociaciones de paz” de Francisco Cortés” de autoría de Wilson Herrera. Ambos son coautores, igualmente, del artículo “Representar el sufrimiento de las víctimas en conflictos violentos: alcances, obstáculos y perspectivas” y de un capítulo del libro que está por publicarse: “Cartografías del mal: los contextos violentos de nuestro tiempo”.  

De Gamboa y Herrera analizan cómo van, no sólo los principales actores del conflicto armado, sino la sociedad colombiana en general, en materia de arrepentimiento y reconocimiento de responsabilidades en la violencia, como presupuestos para que haya una verdadera reconciliación.

La Silla Académica: Ahora que se cumplen dos años de la firma del Acuerdo del Teatro Colón ¿cuál sería un análisis equilibrado de la evolución que ha tenido?

Wilson Herrera: Me parece que el Acuerdo de la Habana nos ha llevado por fin a enfrentarnos a los problemas del país. En este sentido es mejor no ser “optimistas ingenuos” de creer que la paz es una cuestión meramente de voluntades que se plasman en un acuerdo después de un diálogo racional, ni tampoco es conveniente pecar de pesimistas extremos creyendo que los colombianos somos inevitablemente violentos y no hay manera de cambiar las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales, lo que conlleva a quedarnos en la pasividad.

Camila de Gamboa: El balance del Acuerdo de Paz debe hacerse desde una perspectiva de largo plazo evaluando el pasado y el futuro.

Hacia el pasado es muy positivo pues el diseño integral que se logró a partir de las negociaciones de la Habana recogió las lecciones aprendidas en anteriores procesos como el de Justicia y Paz. Con esta ley se inauguró en 2005 el modelo de justicia transicional con el que los colombianos pudimos empezar a ver las atrocidades del conflicto, que antes no habíamos querido o podido ver.

Recuerdo una entrevista de Claudia Gurisatti a Carlos Castaño en la que aparecía como una celebridad. Después de que comenzaron las versiones libres de los paramilitares fue muy difícil seguir sosteniendo públicamente que se estaba de acuerdo con sus acciones pues constituía una apología al delito.

El proceso de Justicia y Paz, sin embargo, tuvo fallas y necesitó varios ajustes. Requirió de una ley de reparaciones administrativas para que el sistema judicial no fuera la única alternativa de reparación, de una ley de restitución de tierras y de una ley de víctimas.

El Acuerdo de La Habana es en ese sentido un mejor Acuerdo pues es integral y no tiene sólo un enfoque punitivo.

Hacia futuro hay también que adoptar una perspectiva de largo plazo, en el sentido que si vivimos en un país en paz a todos nos va mejor. Lo que estamos viviendo es un momento de gran peligro porque, como pasó en el siglo XX en Colombia, muchos grupos se oponen a la paz, que es una condición para la profundización de la democracia.

Así, nuevamente, hay grupos de poder, legales e ilegales, que no quieren perder su poder económico, político e, incluso, social e impiden que se logren hacer las reformas necesarias para modificar los factores que produjeron la violencia.

L.S.A.: ¿A qué grupos se refiere?

C.deG.: A algunas organizaciones ilegales, grupos de poder y partidos políticos que no simpatizan con los Acuerdos de la Habana y no quieren que se reconozcan las responsabilidades que ellos han tenido en el conflicto. Tampoco quieren perder los privilegios que ganaron de facto o a través de vías legales o ilegales. Me parece que las razones que ellos aducen para estar en desacuerdo en público muchas veces son retóricas y que detrás está es la defensa de sus intereses particulares.

L.S.A.: ¿En qué estamos más crudos en la transición hacia una sociedad más pacífica?

Wilson: No hemos adoptado un ethos de una democracia que consiste, por un lado, en que cuando uno pierde, uno no trata de violar las reglas para ganar por otro lado. Y que los que ganan no avasallan a los que pierden, de hecho, la misión de los ganadores es protegerlos.

Por otro lado, no hemos aprendido a lo largo de los procesos de paz a escuchar a las víctimas sino más bien a instrumentalizarlas. Las víctimas con razón tienen resentimiento y no se puede caer en el perdón fácil ni tampoco en revictimizarlas. Los testimonios que se han dado en la JEP han mostrado que no era tan importante el castigo como que los victimarios se enfrentaran a los reclamos de las víctimas, al daño moral que le han causado a ellos y a la sociedad civil.

L.S.A.: ¿Sobre el ethos democrático no puedo dejar de preguntarle si el Acuerdo no está en sí mismo viciado cuando no se aceptó que ganó el No y se terminó acomodando las reglas como usted dice “para ganar por otro lado”?

W.H.: Justamente cuando me refiero al ethos de la democracia me refiero a que el que pierde no es excluido, no es silenciado. Lo que pasaba con la opción del No es que implicaba dejar por fuera del juego democrático a los ex guerrilleros y hacer caso omiso de los reclamos de las víctimas, y esta exclusión tiene que ver con que en algunos casos quienes han estado en el poder no han sabido perder y prefieren continuar en la guerra que asumir las consecuencias de lo que implica la paz.

C.deG.: Adicionalmente, el ethos democrático tiene una condición y es que haya juego limpio y en la campaña por el No al plebiscito se difundieron muchas mentiras acerca de los contenidos  del Acuerdo.

L.S.A.: Sobre no caer en el perdón fácil. En el capítulo del libro “Cartografías del mal” ustedes distinguen entre disculpas políticas en contextos de justicia transicional y el perdón interpersonal ¿Cuáles son las diferencias?

C.deG.: En el contexto de justicia transicional se habla todo el tiempo de perdón y se pone muchas veces como una condición necesaria para la paz.

En otras palabras, es responsabilidad de las víctimas perdonar a sus victimarios para que los colombianos nos reconciliemos y alcancemos la paz.

El perdón interpersonal está por fuera del derecho. Es un acto privado, íntimo, que se da entre una víctima y su victimario y pasa por un proceso de transformación mutuo.

La víctima tiene que sentir que el victimario se ha transformado y se arrepiente por lo hecho. La víctima debe observar que el victimario ha modificado su conducta y que sus actos son ahora diferentes.

En contraste con esta visión del perdón, en la Ley de Justicia y Paz se condicionó al perdón de las víctimas el acceso a beneficios penales y muchos paramilitares pidieron perdón para obtener dichos beneficios. En los Acuerdos de La Habana subyace algo de eso también.

Hay un documental maravilloso que se llama “Que los perdone Dios” y muestra cuando el Iguano le pide ‘perdón’ a las víctimas y es tan claro que no tiene un genuino arrepentimiento que una de las víctimas en una entrevista después dice ‘que lo perdone Dios’.

En el contexto de justicia transicional se habla todo el tiempo de perdón y se pone muchas veces como una condición necesaria para la paz. En otras palabras, es responsabilidad de las víctimas perdonar a sus victimarios para que los colombianos nos reconciliemos y alcancemos la paz.


Camila de Gamboa

L.S.A.: Y ¿Las disculpas políticas?

C.deG.: En el Acuerdo de víctimas se habla de reconocimientos tempranos de responsabilidad. Estas son formas de  disculpas políticas. Se dan en nombre y representación de una institución o un grupo, por los daños que estos cometieron en el pasado.

Puede ocurrir que quien ofrece las disculpas no sea quien realizó el daño. En Argentina, por ejemplo, sólo hasta el gobierno de Kirchner, el Estado pidió disculpas a las Madres de la Plaza de Mayo. También ocurrió cuando Ernesto Samper pidió disculpas en nombre del Estado por la Masacre de Trujillo y Santos por el genocidio de la UP, por citar algunos casos.

L.S.A.: Ustedes llaman la atención en su capítulo sobre el abuso que a veces se comete con las disculpas ¿a qué se refieren?

C.deG.: En las disculpas políticas son muy importantes las formas y las palabras. La forma en que se dan debe ser concertada con las víctimas, pues dado que se dan en un espacio público, el discurso determina cómo quedan las víctimas representadas ante la opinión y cuál es la narrativa que se impone en la sociedad sobre lo ocurrido.

W.H.: Hay que evitar al máximo que las disculpas políticas estén sujetas al juego político. Tanto éstas como el perdón interpersonal deben permitirle a la víctima y al victimario no quedarse en esa condición. No se trata de convertirse en amigos, sino de reconocer al victimario como miembro de la comunidad de nuevo, que si la víctima se encuentra con el victimario no salga corriendo, porque sabe que no es la misma persona; ello se da cuando el ofensor reconoce sinceramente la ofensa y en casos de graves violaciones cumpla voluntariamente con las medidas que se le imponen.

Como dice Camila, las formas son muy importantes aquí. Hay que escoger bien las palabras. Comúnmente usamos la expresión ‘con todo respeto’ para decir algo y realmente su función es el de crear una zona de distensión para luego atacar.

L.S.A.: En uno de los capítulos de ‘Cartografías del Mal’ muestran cómo quienes participaron en el conflicto armado construyeron diferentes identidades que les permitieron “transitar entre el bien y el mal y esconder sus acciones” y es a menudo una víctima quien los ha roto ¿Ustedes creen que eso puede pasar con las audiencias que están teniendo lugar ante la JEP y la Comisión de la Verdad?

C.deG.: El Acuerdo de La Habana, a diferencia de la Ley de Justicia y Paz, pone a las víctimas en el centro y eso demuestra la importancia de los diseños institucionales. Por eso en la JEP estamos oyendo primero sus testimonios, y esperamos que lo mismo ocurra en la CEV. La JEP tiene un componente restaurativo para enfrentar al victimario al daño que causó a las víctimas y a la sociedad y con ello lograr que repiense lo que hizo a partir de unos elementos de juicio diferentes y que desarrolle empatía con su víctima.

Una cosa es reconocer responsabilidad a las víctimas en abstracto y otra, tener las víctimas enfrente escuchando los daños que ellas sufrieron. Cuando este reconocimiento ocurre en un juicio, el poder simbólico que tiene es muy grande.  

Un momento de quiebre en la Habana para los miembros de las FARC fue la llegada de las víctimas. Ellos no pudieron ante las víctimas negar lo que habían hecho y es muy diciente cómo al inicio de las negociaciones las FARC no reconocían el Estado de Derecho, y luego terminaron firmando un acuerdo de paz que habla en clave de derechos humanos, algo extraordinario.

L.S.A.: Ya empezaron a oírse los testimonios desgarradores de los ex secuestrados de las Farc en la JEP. En el texto habla del “genuino arrepentimiento de las Farc”¿qué tan genuino cree que ha sido hasta ahora?

W.H.: Una parte central de este proceso es que los actores del conflicto logren pasar de la perspectiva de la sanción penal, a la de la culpa moral.

Hegel tenía una idea interesante del castigo penal como un derecho del victimario para volver a integrarse a la sociedad pues implica aceptarla, reconocer que violó unas normas y sentirse mal por ello. Eso lo lleva a pedir incluso el castigo como algo merecido y no como una imposición. Lo que le da el derecho legítimo posteriormente a esas personas a volver a la sociedad a la que lesionaron.

El peligro con la justicia transicional es que haciendo un cálculo racional las personas finjan sentirse culpables moralmente para que no los castiguen penalmente. Se necesita es un cambio en los corazones y esa transformación es la finalidad de la justicia restaurativa.

Tanto la ex guerrilla de las Farc como el Estado con sus Fuerzas Armadas tienen que reconocer su culpa.  

En este momento lo que más me preocupa son estas últimas y la narrativa de que lo que pasó fue obra de unos cuantos y no de una cultura que hizo que muchos de los soldados y oficiales cometieran acciones ilegales. A esa institución le falta decir: ‘yo soy culpable’. Tienen un espíritu de cuerpo que les impide ver que en su interior también hay víctimas y victimarios.

L.S.A.: ¿Usted cree que aunque falta de todos lados, la ex guerrilla ha avanzado más en el arrepentimiento que el Estado?

W.H.: No diría que unos están mejor que otros. Hay un hecho diciente que muestra que a la Farc todavía le falta mucho en materia de arrepentimiento y es haber puesto en sus listas al Congreso personas de la cúpula, que no creyeron necesario, antes de participar en política y como gesto para ganarse la confianza de los electores, confrontarse con el daño moral que causaron a las víctimas y a la sociedad en general a través de la JEP.

Recuerdo que las listas del M19 a la Asamblea Nacional Constituyente fueron conformadas con gente muy diversa y no sólo con sus principales cabecillas.

Me parece que en las Fuerzas Militares también prevalece la idea de que ellos fueron los buenos del paseo y hay un esfuerzo por reconstruir una memoria heroica, de sus gestas.

Les daría mucha más legitimidad reconocer que también hicieron cosas terribles, pedirles perdón a las madres de Soacha, por ejemplo.

C.deG.: Hoy todavía la gente tiene presente el ‘quizá, quizá, quizá’ de Jesús Santrich cuando le preguntaron en la Habana si las Farc pediría disculpas a las víctimas.

Si las Farc hubieran reconocido tempranamente que no cometieron simplemente “errores” sino que muchas veces fueron decisiones intencionales que causaron daño no habrían tenido tanto rechazo de los colombianos posiblemente, porque habría servido para desbaratar la imagen de villanos soberbios que muchas personas tienen de ellos.

El mismo rechazo produjo Ernesto Báez, ex jefe paramilitar, cuando dijo en el Congreso que no estaba dispuesto a pagar ni un día de cárcel y que en todo caso esperaba que lo perdonaran. Las formas son profundamente importantes.

 
 

Es paradójico que muchas personas en Colombia crean que el conflicto armado no tiene que ver con ellos

Camila de Gamboa

L.S.A.:¿En el artículo de Wilson se señala que no fueron sólo las Farc, sino las élites y los ciudadanos en general quienes promovieron el conflicto ya fuera por acción o por indiferencia. ¿Por qué es importante la responsabilidad colectiva?

C.deG.: Se puede asumir una transición como un proceso lejano, que concierne sólo a unos victimarios, a unas víctimas, que están  en unas regiones apartadas y así fácilmente los no concernidos pueden continuar con su vida privada. Los medios de comunicación son responsables de alimentar muchos de esos imaginarios.

Para nosotros es fundamental la responsabilidad política que cada uno tiene como ciudadano o ciudadana de una democracia y que implica asumir que esa transición tiene que ver con nosotros, no podemos ser indiferentes.

El trabajo que va a hacer la Comisión de la Verdad en ese sentido es muy importante, pero no va a trascender si no se traslada al sistema educativo la explicación de las causas de la violencia en Colombia. Los colombianos tenemos que conocer nuestra historia desde que somos niños, como parte de la enseñanza de las primeras letras. Y es importante que esa historia abarque su complejidad, que no sea una visión simplista de la realidad, en blanco y negro, distinguiendo buenos y malos, sino una historia crítica y responsabilizante.

Es paradójico que muchas personas en Colombia crean que el conflicto armado no tiene que ver con ellos, pero a su vez se sienten con autoridad para exigir que a los victimarios se les imponga el máximo castigo posible.

L.S.A.: ¿Decir que todos somos responsables no conlleva a qué los victimarios se descarguen de su responsabilidad?

W.H.: No todo el mundo tiene el mismo tipo de responsabilidad. Están los actores que cometieron atrocidades, por ejemplo, otros tenemos otro tipo de responsabilidad, el conflicto armado pasó ante nosotros y no hicimos nada.

Las personas han construido una especie de orgullo moral a partir del cual creen que de estar bajo las mismas circunstancias habrían actuado diferente a los exguerrilleros aún cuando no hubiera sido así.

De la misma forma creen que todas las víctimas son inocentes, y tampoco eso es cierto. Muchas se encontraban en situaciones complejas, estaban indefensas y tuvieron que auxiliar a uno u otro grupo ilegal, por ejemplo.

Cuando alguien dice que una persona debe sufrir en carne propia pues en el pasado hizo algo que no se considera correcto, está justificando el uso de la violencia. Hay que combatir ese tipo de mecanismos de desconexión moral, que llevan a justificarla.

En una sociedad a cada uno le corresponde asumir parte de la culpa de lo que sucedió. Es difícil avanzar si cada uno piensa que hacia atrás y hacia el futuro lo que pase en su sociedad no depende de él, justamente esa indiferencia, esa invisibilización, también contribuyó al conflicto armado.

 

 
 

Es difícil avanzar si cada uno piensa que hacia atrás y hacia el futuro lo que pase en su sociedad no depende de él

Wilson Herrea

L.S.A.: Ustedes sostienen que todos los colombianos tenemos el compromiso político de que el proceso de paz sea exitoso. ¿Qué puede hacer un ciudadano del común?

J.P.: Hay una autora Iris Marion Young, que en su libro “Responsibility for justice”, plantea que la justicia no depende solo del sistema judicial ni de la visión tradicional de la justicia que es mirar un daño que se causó en el pasado para restaurarlo en el presente, sino que si existen situaciones estructurales, y cambiarlas compromete a toda la sociedad.

Hay unas cuestiones estructurales que conciernen a todos, eso no significa que yo sea culpable pero si yo sé que hay un grupo social que está sufriendo una injusticia, está muy mal de mi parte, o de otros grupos sociales, ser indiferente, porque ellos también son miembros de mi sociedad.

Por eso lo que todos tenemos que exigir como ciudadanos es la implementación de todos los puntos del Acuerdo, de forma que podamos atacar las injusticias estructurales y crear una sociedad más equitativa y con oportunidades para todos.

L.S.A.: ¿Hay algún rasgo de la idiosincrasia de los colombianos que, no sólo en el contexto del conflicto armado, sino en la vida cotidiana, les dificulta reconocer la responsabilidad?

W.H.: Los colombianos estamos jugando todo el tiempo de forma estratégica.

C.deG.: Además no somos autocríticos, no nos gusta que nos digan la verdad y tenemos a su vez una forma ladina, de decir las cosas. Nos molestan las personas disruptivas, que hablan fuerte.

Necesitamos ciudadanos ejemplares que vayan a la JEP y a la Comisión a contar lo sucedido.

Entiendo que esto es difícil pues nos hace profundamente vulnerables frente al otro y además puede tener efectos negativos jurídicos y políticos. Pero justamente el modelo de justicia transicional fue pensado para que todos los actores reconocieran su responsabilidad con penas muy bajas frente a las de la justicia ordinaria.

Lo que estamos viendo es que se está cerrando el espectro para dejar de únicos responsables a las Farc.

 

Se está cerrando el espectro para dejar de únicos responsables a las Farc.

Camila de Gamboa

L.S.A.: Además de los efectos legales y políticos, será que así como nos cuesta reconocer la culpa, cuando alguien la reconoce ¿también lo juzgamos severamente?

W.H.: Es problemático que una sociedad construya una imagen negativa de las personas que cuentan sus historias. Pensar bien del otro no se impone por ley sino que es una tarea educativa muy compleja.

C.deG.: El caso de Claudia Morales demuestra esto. Cuando denunció su violación, la sociedad en vez de acompañarla y aceptar la decisión que tomó de reservarse el nombre del violador, se dedicó a poner en duda la verdad de los hechos, a hacer estadísticas de cuál jefe podía tener más probabilidades de haber sido el ofensor y a llegar a sus propias conclusiones.

Como no hay canales suficientes para tramitar el resentimiento, la rabia, estos sentimientos afloran de una manera descontrolada.

L.S.A.: ¿Qué es crucial para no fracasar en el intento de la paz?

C.deG.: Para hacer una transición democrática tenemos que implementar todos los puntos del Acuerdo de manera completa y sostenerlo durante mucho tiempo. La Corte Constitucional habló mínimo de 12 años. Tiene que ser la apuesta de muchos gobiernos. Se trata de un círculo virtuoso.

Si se adopta la Reforma Rural Integral, se culmina el proceso de restitución de tierras, la sustitución de cultivos ilícitos, se hacen las reformas para mejorar la representación política, lograríamos una sociedad más equitativa y democrática.

Hay que tener en cuenta en todo caso que los procesos transicionales son muy dinámicos. Tiene momentos de expansión donde hay el ambiente propicio para hacer grandes reformas y, en otros momentos se cierran las posibilidades y se imponen visiones más retardatarias. Eso ha pasado en otros países.

W.H.: El mayor riesgo es que no se hagan los cambios estructurales que la sociedad colombiana necesita para tener un sistema democrático incluyente y uno económico equitativo, que conlleve a que muchos miembros de la Farc vuelvan a tomar las armas de forma que se fortalezcan los grupos ilegales que ya hay y que tienen menos razones para acogerse a un proceso de paz.

En Colombia ha sido recurrente el ciclo de violencia - negociación - violencia.

Yo tengo la tesis de que es importante que los ciudadanos tengan un cierto deber de esperanza, que uno debe procurar ver los signos de que las cosas pueden mejorar y en eso los medios de comunicación tienen una labor importante.  

Las marchas estudiantiles de estos días tienen ese componente. Más allá de los errores que cometen es esperanzador que estén luchando para que todos tengan acceso a la educación y que no estén concentrados únicamente en sus intereses individuales.

 

Comentarios (1)

José Saramago ..

23 de Noviembre

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Mi impresión de la entrevista:
solo leí a dos izquierdistas bien radica...+ ver más

Mi impresión de la entrevista:
solo leí a dos izquierdistas bien radicales atacando a lo que les sabe a derecha. Para ellos que el plebiscito lo haya votado la mitad+ del pueblo colombiano no vale.Re-Juran que en el acuerdo de La Habana participo el pueblo y las victimas, y no es así,. Para ellos es el acuerdo perfecto. Para ellos las Fuerza Militares y los demás(que no son ellos)somos los malos.

CONTEXTO