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Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 23 de Mayo de 2019

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Ayer se iban a quedar sin servicios médicos básicos 30 mil venezolanos en Bucaramanga, por cuenta falta de recursos del Instituto de Salud Municipal, por lo que hoy la Gobernación de Santander anunció un plan para garatizar su atención. Esto cuando el Canciller, Carlos Holmes Trujillo, pide a la comunidad internacional ayuda humanitaria para antender a los venezolanos, ante la imposibilidad de Colombia de afrontar este desafío solo.

El reto no pasa solamente por garantizar la atención en salud de los migrantes venezolanos, sino por enfrentar las enfermedades que en el país vecino pueden estar fuera de control y que pueden extenderse por la región. 

Con ese contexto, por primera vez un grupo de investigadores se dio a la tarea de cuantificar la crisis de de salud pública de Venezuela, en materia de enfermedades crónicas transmisibles con más riesgo de contagio en países limítrofes, como Colombia. Son la malaria, el zika, el dengue, el chikunguña, la enfermedad de Chagas y la leishmaniasis.

La Silla Académica entrevistó a Juan David Ramírez, director del doctorado en Ciencias Biomédicas y Biológicas y del Grupo de Investigaciones Microbiológicas de la Universidad del Rosario. Él fue parte de esta investigación junto con un grupo de investigadores brasileros, ecuatorianos y venezolanos liderados por el profesor Martin S. Llewellyn, de la Universidad de Glasgow en Gran Bretaña. A partir de ella publicaron el artículo "Venezuela’s humanitarian crisis, resurgence of vector-borne diseases, and implications for spillover in the region".

Los investigadores venezolanos recopilaron la información de su país de los últimos diez años, escudriñando en las secretarías estatales de salud, lo que no fue fácil pues recibieron amenazas por parte del gobierno de Nicolás Maduro, mientras los investigadores colombianos y brasileros recaudaron la información del mismo período en los respectivos departamentos fronterizos.

Este es el diagnóstico de la situación no sólo en Venezuela sino en Colombia, y lo que recomiendan hacer los investigadores teniendo en cuenta que el panorama político del país vecino es totalmente incierto:

 

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La malaria se ha disparado en Venezuela y en la frontera

Venezuela fue certificada por la Organización Mundial de La Salud -OMS- en los años 70 como el primer país en eliminar la transmisión de la malaria, enfermedad transmitida por un mosquito y causada por el parásito Plasmodium que genera picos de fiebre, escalofríos y puede matar a las personas.

Paradójicamente, desde hace dos años y como otro efecto de la crisis política que afronta, es el país que más casos de malaria aporta al mundo, habiendo desbancado a los países africanos y muy pobres que tradicionalmente tienen los índices más altos.

Las cifras son alarmantes. Los investigadores encontraron un aumento de casi un 300 por ciento en la población venezolana en los últimos cinco años.

Con la migración, también ha migrado la malaria a los países fronterizos ya que el mosquito que picó una persona infectada y después pica a una persona sana, le transmite la enfermedad. Por ejemplo, en Norte de Santander, en los últimos tres años, el aumento ha sido del 75 por ciento, y en Roraima, Brasil, está entre el 100 y el 120 por ciento.

“La crisis de salud pública en Venezuela, tomando sólo la malaria, es un problema de la región”, sostiene Ramírez.

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El aumento de otras enfermedades tropicales también es alarmante

Los investigadores se concentraron en el estudio de la malaria, el zika, el dengue, el chikungña, la enfermedad de Chagas y la leishmaniasis porque son enfermedades que los hospitales deben reportar a los gobiernos centrales y estos, a su vez, a la OMS. Eso permite que haya datos disponibles que si bien no son 100 por ciento confiables sí pueden dar una aproximación a la realidad.

Adicionalmente, la región es especialmente propensa a dichas enfermedades porque por su vegetación y clima tiene las condiciones para que existan los insectos que las transmiten.

Lo que encontraron es alarmante. El 80 por ciento de las mujeres venezolanas embarazadas tenían zika en 2016, que fue el pico de la epidemia. Eso es muy grave porque los fetos pueden sufrir microcefalia. En el caso del país vecino se desconoce, sin embargo, el dato de los nacidos con esa malformación.

La incidencia del zika, en la población venezolana en general y en 2016, fue de 2.057 casos por 100 mil personas, en contraste con menos de dos casos por 100 mil personas para Colombia por ejemplo, dice Ramírez. Los síntomas cuando no se trata de embarazadas, son dolores musculares, de cabeza, fiebre y vómito. 

Otra de las enfermedades estudiadas por los investigadores fue el chikunguña, que acarrea dolores en las articulaciones y con posterioridad, las personas puedan desarrollar artritis.

En el pico de la epidemia en 2014, la incidencia fue de 6.975 casos por 100 mil personas, 12 veces más alta que las cifras reportadas en ese momento por el Ministerio de Salud de Venezuela, lo que muestra la falta de transparencia en la información.

En cuanto al dengue, la incidencia en el vecino país se ha multiplicado por cuatro entre 1990 y 2016.

Entre 2007 y 2016, se presentaron seis epidemias graves comparadas con cuatro en los 16 años anteriores. El dengue clásico es una especie de gripa súper destructora, que produce dolores de cabeza, musculares y articulares, y el hemorrágico, que es otro tipo, si no se trata a tiempo puede matar a una persona en dos semanas debido a las hemorragias internas, explica el investigador Ramírez.

En el caso de la población afectada por la enfermedad de Chagas, otra de las cuatro enfermedades objeto de la investigación, entre 2014 y 2016, el 12 por ciento de los menores de 10 años de tres comunidades del estado de Portuguesa, en Venezuela, estaban afectados. Esto es bastante si se tiene en cuenta que en Colombia la incidencia de esa enfermedad ha sido del uno por ciento.

La enfermedad de Chagas es crónica. Generalmente la pasa un insecto que a su vez transmite un parásito en el organismo que se va al corazón, se reproduce ahí, y 20 ó 30 años después la persona puede presentar una falla cardíaca.

Pero, dice Ramírez, en los últimos años ha surgido un nuevo escenario de transmisión oral que es altamente peligroso.

Se da a través de unos insectos que parecen cucarachas chiquitas a los que les gustan los costales donde hay frutas. Cuando la gente licua las frutas para hacer jugo, se puede comer el insecto sin darse cuenta y, por ende, el parásito.

En este caso la enfermedad es letal: 80 por ciento de los casos por transmisión oral terminan en pacientes muertos en una o dos semanas, dice el científico de la Universidad del Rosario.

En la investigación encontraron que en Venezuela, entre 2007 y 2018, se han presentado 16 brotes de este tipo de Chagas oral, y hay registrados 321 casos y 23 muertes en diez años por esta causa.  

En Norte de Santander en 2018 se presentaron al menos cuatros casos registrados de Chagas oral por personas que se infectaron en Venezuela y llegaron a Colombia.

La de Chagas es una enfermedad netamente vinculada a la pobreza. Los insectos que la transmiten se encuentran especialmente en las casas hechas en bahareque. “Las únicas personas que tienen estos tipos de casas tienen pocos recursos” explica Ramírez.

La leishmaniasis que fue la otra enfermedad estudiada por los investigadores genera úlceras en el sitio donde pica el mosco que pueden aumentar de tamaño o infectarse si no se tratan a tiempo. Si se demora la atención, señala Ramírez, puede destruir el tabique, el paladar e incluso la tráquea, deformando a la persona.

En este caso, los investigadores encontraron que en Venezuela ha disminuido y está en siete casos por 100 mil personas, mientras Colombia tiene una situación grave.

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La situación en Colombia no es mejor

Colombia es uno de los tres países que más casos de leishmaniasis cutánea aporta en el mundo. Entre otras razones, porque el conflicto armado obligó a guerrilleros y soldados a vivir en la selva, donde vive el mosquito que la transmite.

Y ahora, la emergencia de Hidroituango también ha disparado las cifras.

En el caso de la malaria, si bien en Venezuela está disparada y eso ha afectado a los departamentos de frontera, en los últimos 20 a 30 años, no ha ocurrido un cambio significativo en la prevención y control en Colombia.

En Chocó, por ejemplo, la afectación por malaria es abrumadora. Solo ese departamento aporta el 30 por ciento de los casos de todo el país que no tienen que ver además con la migración venezolana.

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La solución: despolitizar la ayuda humanitaria

La migración genera un aumento de los casos de enfermedades, que puede llegar a desbordar al sistema de salud colombiano por la falta de información, control y tratamiento de esas enfermedades que hay en el país vecino, señala Ramírez. Según dijo ayer el Ministro de Salud, la atención en salud de los venezolanos ha costado más de 110 millones de dólares

En Colombia, el Sistema de Vigilancia de Enfermedades -Sivigila-, que maneja el Instituto Nacional de Salud, semanalmente reporta los casos de enfermedades de obligatoria notificación, entre ellas, las tropicales.

Esto mismo ocurría en Venezuela. Sin embargo, desde 2005 se dejaron de reportar los casos con esa periodicidad y, ahora solo se publica alguna información cada tres meses. En todo caso, dice Ramírez, no es completa ni está actualizada. 

“Es gravísimo que no haya cifras de lo que está pasando con muchas enfermedades en el vecino país, menos es posible saber de las muertes por esa causa”.

En Venezuela la gente se muere de malaria porque no hay tratamiento, pese a que es económico.

Los medicamentos que deja entrar el gobierno de Nicolás Maduro son donaciones de Rusia destinadas, especialmente, para enfermedades típicas crónicas no transmisibles como cáncer, diabetes o hipertensión.

Esas enfermedades crónicas no transmisibles, para las que hay por lo menos más acceso a tratamiento, no están tan vinculadas a la pobreza como las tropicales.

“Es como si éstas no fueran del interés de Maduro”, dice el investigador.

Todas las enfermedades del estudio tienen tratamiento si se diagnostican a tiempo.

Aunque el gobierno colombiano ha adoptado medidas para dar tratamiento a los venezolanos en el país, como un decreto que firmó hace dos meses para financiar su seguridad social y el Conpes del año pasado, dada la incertidumbre en Venezuela sobre el futuro del gobierno de Maduro, la solución más sencilla que proponen los investigadores es que se puedan ingresar los medicamentos a ese país para que se les pueda dar un manejo adecuado allá mismo.

“No es lógico que ese ingreso se haga a través de países, como ocurrió el pasado 23 de febrero, sino de organismos internacionales neutrales como la Cruz Roja o la misma OMS”, concluye Ramírez.

 

Para citar:

Grillet M.E,. & Hernández-Villena, J.V,. &  Llewellyn, M.S, et al. (2019). Venezuela´s humanitarian crisis, resurgence of vector-borne diseases, and implications for spillover in the region. Lancet Infect Dis. Volume 19 (4)

Ramírez, J.D. (2019). Resurgence of Vaccine-Preventable diseases in Venezuela as a regional public health threat in the Americas. Emerging Infectious Diseases. 25 (4). pp. 625-632

 

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