Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 12 de Julio de 2019

11001

0

De cara a las elecciones regionales, La Silla Académica entrevistó a Adolfo Meisel Roca, rector de la Universidad del Norte en Barranquilla y autor del libro “El liderazgo y el futuro del Caribe colombiano” sobre qué le ha implicado a su región no tener líderes con capacidad de llegar a la Casa de Nariño o a posiciones de liderazgo en la tecnocracia económica.

La Silla Académica: Usted habla de la paradoja entre la poca incidencia del Caribe en el destino del país versus el peso electoral en el rumbo político del país ¿Por qué lo dice?

Adolfo Meisel Roca: Según las últimas cifras del Dane el Caribe aporta más del 22 por ciento de la población nacional, es la región con más personas en el país.

Pese a esto, desde 1894, hace más de 100 años, Colombia no tiene un presidente ni un ministro de hacienda costeño.

hace más de 100 años, Colombia no tiene un presidente ni un ministro de hacienda costeño.

Adolfo Meisel Roca

El último presidente que tuvimos fue Rafael Núñez, elegido en cuatro ocasiones. Es la excepción que confirma la regla. Venía de una ciudad decadente como era Cartagena en esa época y de una familia que no tenía tierras ni mucha tradición pero llegó al poder por su inteligencia superior y por su habilidad política. Eso no se volvió a repetir en épocas posteriores en parte por el retroceso económico de la Costa Caribe, en términos relativos, en el siglo XX.

LSA: ¿Por qué dice que eso contrasta con el poder electoral?

 

A.M.R.: Sólo para hablar de dos casos relativamente recientes: Santos ganó la reelección en el Caribe y perdió las elecciones en el resto del país. La enorme victoria en esta región le permitió compensar la derrota en las demás regiones.

De una forma similar, Gustavo Petro pasó a la segunda vuelta gracias a los buenos resultados en el Caribe, pues en el resto del país Sergio Fajardo le ganó por más de 840 mil votos.

LSA: Usted habla de liderazgo a partir de la participación en el Gobierno Nacional, es decir, a partir de ser presidente o ministro ¿Por qué el énfasis en ese tipo de liderazgo?

A.M.R.: Para el desarrollo de las regiones, en un sistema presidencialista, la influencia en el Estado es muy importante, especialmente, para la asignación de la inversión pública. Hay regiones que han recibido más recursos que otras.

Pongo un ejemplo: la época en que Colombia más invirtió en infraestructura fue en la de 1920, la llamada “Danza de los millones”, siendo presidente el antioqueño Marco Fidel Suárez.

El país recibió 25 millones de dólares de la indemnización por la pérdida de Panamá, que era uno de los tres estados soberanos costeños de esa época.

Adicionalmente, la Nación pidió préstamos extranjeros de más de 175 millones de dólares. Doscientos millones de dólares, eso implicó un porcentaje del PIB que nunca más se ha vuelto a ver en el país en inversión pública. Pero de esa inversión casi nada le llegó a la Costa Caribe porque casi todo este dinero se invirtió en el interior del país, sobre todo en infraestructura para la red de ferrocarriles.

De igual forma, el país es poco competitivo en exportaciones, algo que desfavorece, principalmente, a la región Caribe que tiene los principales puertos.

Si hubiera más liderazgo del Caribe se enfatizaría en un modelo de exportaciones fuerte.

LSA: Explíquenos esto mejor

A.M.R.: Antioquia y los departamentos de la colonización antioqueña, dada su topografía, se beneficiaron del crecimiento de las exportaciones de café, en cambio, el Caribe se perjudicó por la enfermedad holandesa, es decir, la pérdida de competitividad de otras exportaciones por la revaluación del peso originada por la bonanza cafetera.

Mientras que las exportaciones per cápita del país entre 1905 y 1950 crecieron las del Caribe decrecieron en términos reales.

Y la situación se mantiene. Desde la apertura económica del gobierno de Gaviria, en el que se redujeron los aranceles, se han venido introduciendo por la puerta de atrás medidas proteccionistas que restringen, a través, por ejemplo, de la exigencia de permisos sanitarios, la importación de insumos que ayudarían a que muchos industriales fueran más competitivos internacionalmente y exportaran más.

LSA: ¿Un presidente o un ministro no debería actuar en pro de todo el país sin consideraciones personales como de dónde es oriundo?

A.M.R.: En Colombia ha sido común que los gobernantes favorezcan a sus regiones y gobiernen con gente de sus regiones.

Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina y es desigual entre sus regiones, algo que entre otras cosas está ligado a la forma como ha estado distribuido el poder político.

Una cosa es el ingreso per cápita del Chocó, un departamento históricamente olvidado por el Estado, y otra el de Santander, por ejemplo

El Caribe tiene la mayor pobreza en Colombia. El ingreso per cápita está 30 por ciento por debajo del promedio nacional, y es todavía más bajo en Sucre o La Guajira. Aunque hay muchas explicaciones que tienen que ver hasta con el tipo de suelos y el clima, no tener incidencia en el poder central es uno de los determinantes. Esto último es cierto también para el resto de la periferia de Colombia.

LSA: Usted hace un recuento histórico del liderazgo político en Colombia desde el siglo XIX hasta la fecha, y por regiones. ¿Qué lo caracteriza?

A.M.R.: Podríamos decir que el liderazgo político en Colombia depende de tres factores que contribuyen a que algunas regiones dominen la vida política nacional.

Uno de ellos es el desarrollo económico de cada región. Antioquia, que no tuvo un gran nivel económico en el siglo XIX, no tuvo mucha incidencia ni en los presidentes ni en sus gabinetes en ese siglo.

Sin embargo, la influencia de Antioquia fue significativa especialmente en la primera mitad del siglo XX cuando tuvo una participación preeminente en la economía nacional gracias a la bonanza cafetera y el desarrollo industrial que vino con ella.

La Asociación Nacional de Industriales -Andi- se fundó en Medellín en 1944 y de diez presidentes en un siglo, siete fueron antioqueños, dos risaraldenses y un caldense. En la Federación Nacional de Cafeteros de siete presidentes, cinco fueron antioqueños y caldenses. Y su influencia en la elección de los presidentes del país fue notoria.

LSA: ¿Qué otros factores han determinado el liderazgo político en Colombia?

A.M.R.: Otro factor es la inercia. El hecho de que la capital del país sea Bogotá ha concentrado allí el funcionamiento del Estado y su protagonismo en el poder central ha sido constante.

En el siglo XIX el centro del país, Cundinamarca y Boyacá, tuvo una representación en los ministerios del 39 por ciento, una cifra superior a su peso en la población.

En el siglo XX la tendencia se mantuvo:

De igual forma en lo que va corrido del siglo XXI:

El tercer factor con mayor incidencia es el nivel de capital humano, que no era tan importante en un comienzo pero en la medida que el Estado ha ido creciendo, demanda más tecnocracia. La tecnocracia más grande la tiene Bogotá por lo que no es sorpresivo que domine el manejo del Estado.

LSA: ¿Por qué ese poder electoral jalonado por dirigentes políticos de la región Caribe no se traduce en una mayor participación en el poder central?

A.M.R.: Hay un problema grave de estereotipos que hace que la Costa Caribe se discrimine culturalmente y se excluya del manejo del Estado.

Hablar diferente ya es una razón para no ser tomado en serio porque el lenguaje culto está asociado a los acentos de otras regiones.

Adicionalmente, cuando un costeño está involucrado en un caso de corrupción siempre se hace alusión a su lugar de origen. Cuando se habla de Samuel Moreno, quien está condenado, no se hace una relación de causalidad con que sea de Bogotá.

Este imaginario contribuye a pensar que un costeño no es idóneo para estar en el escenario nacional, pese a que no hay ninguna evidencia empírica más allá de casos anecdóticos, de que exista más corrupción en la Costa Caribe.

LSA: ¿Es solo, entonces, una cuestión de estereotipos?

A.M.R.: Además de los estereotipos tenemos menos capital humano. Una parte significativa de los tecnócratas en economía en Colombia se ha formado con becas otorgadas por el Banco de La República. De 498 entregadas entre 1980 y 2016 solo uno de los beneficiarios había hecho el pregrado en una universidad del Caribe y sólo 8 - el 1.6 por ciento- fueron costeños.

De igual forma, en Colfuturo desde su creación en 1991 hasta 2017 de 1143 becas sólo 98 -8.6 por ciento- fueron para personas oriundas del Caribe.

A lo que se suma la falta de conexiones. No hay unas redes de poder de economistas costeños a nivel nacional que impulsen a los más jóvenes, como sí ocurre entre los bogotanos y paisas.

LSA: Usted asocia tecnocracia con liderazgo dado que en órganos como el Minhacienda, el Banco de La República y el DNP se toman las decisiones más importantes. ¿No cree que la tecnocracia ha garantizado la estabilidad económica pero al parecer no ha disminuido la desigualdad que justamente es lo que usted proponer combatir con liderazgos regionales?

A.M.R.: Es cierto que la tecnocracia colombiana tiene una nota alta en macroeconomía, pero en microeconomía se raja porque ha fallado en equidad, entre otros temas relevantes.

Hay un problema de eficiencia en la asignación de recursos y de ausencia de políticas fuertes para reducir las enormes disparidades entre regiones, pero también entre géneros y grupos étnicos.

La gran estrategia para reducir esas desigualdades es la educación. Necesitamos líderes que independientemente de la región le apuesten decididamente a corregir las enormes desigualdades que hay en el acceso y en la calidad de la educación básica media y superior, esta es un área de inversión que requiere menos recursos que el desarrollo de infraestructura, por ejemplo, y que genera grandes réditos para un país.

LSA: Usted dice que el rol de las universidades regionales es muy importante ¿Qué cambios pueden hacer en la formación de líderes?

A.M.R.: Las universidades regionales podemos contribuir a que la inteligencia, que se reparte por igual por todo el país, tenga cada dia más oportunidades para destacarse y contribuirle a Colombia.

Las universidades regionales podemos contribuir a que la inteligencia, que se reparte por igual por todo el país, tenga cada dia más oportunidades para destacarse y contribuirle a Colombia.

Adolfo Meisel Roca

En la medida que las universidades regionales tengan más programas en los primeros lugares a nivel nacional se generan unos círculos virtuosos. Más personas quieren estudiar aquí, más empresas en el interior los quieren contratar y hay más redes entre los profesionales.

Hace poco escribí en una columna del Espectador sobre “la selección de la periferia”. En la Copa América casi todos los jugadores de la selección Colombia eran de la periferia y el único bogotano que había estaba en la en la banca. En el fútbol sólo importa el talento.

Para llegar a ser ministro además de talento, se necesita tener la formación, trayectoria y conexiones.

Los que están dirigiendo el país no son necesariamente los más capaces.

Estamos desperdiciando talentos, no sólo de la gente de la periferia del territorio nacional sino de la periferia de las principales ciudades colombianas.

En Colombia hay poca movilidad social y, por lo mismo, hay una alta correlación entre el ingreso del padre y el del hijo, por lo que el esfuerzo y el talento no siempre terminan siendo determinantes.

LSA: Usted cita a Weber, a unos politólogos ingleses y a los griegos sobre cualidades de los líderes ¿Cuáles son?

A.M.R.: La responsabilidad social es la principal característica. Tenemos tecnócratas a quienes el territorio les huele maluco.

Tenemos tecnócratas a quienes el territorio les huele maluco.

Adolfo Meisel Roca

Recibir una educación integral no es solo manejar unos textos y pasar unos exámenes, es conocer la historia del país, la historia de los conflictos, la geografía colombiana, su idiosincrasia, ser conscientes de las dificultades pero también de los avances.

Los líderes del Caribe necesitan tener influencia pero también saber usarla.

Los líderes del Caribe necesitan tener influencia pero también saber usarla.

Adolfo Meisel Roca

LSA: Usted habla del escaso liderazgo del Caribe y lo atribuye a varios factores ¿Con las alcaldías de Char en Barranquilla cree que algunos de esos factores han cambiado?

A.M.R.: Barranquilla ha mejorado en sus indicadores sociales, en educación y en salud, por ejemplo. Pero la brecha era tan grande que las políticas se tienen que sostener por mucho tiempo para ver grandes cambios.

LSA: ¿La fragmentación departamental del Caribe ayudaría a explicar que los buenos resultados en alguno de sus departamentos no jalonan necesariamente la región?

A.M.R.: El contraste de Barranquilla es Cartagena: no sólo no está avanzando sino que va para atrás, está peor que hace 10 años. Pese a tener un auge económico en lo portuario, turístico, finca raíz e industria con la inversión más grande en la historia del país, la gente está sufriendo un gran deterioro en sus condiciones de vida, lo que se explica por la crisis de liderazgo que tiene esa ciudad.

LSA: Usted plantea diferencias entre las élites económicas de Bogotá o Antioquia y las del Caribe y su relación con el nivel de liderazgo ¿Son los Char una excepción a la regla de la élite costeña o la regla?

A.M.R.: La diferencia más grande entre las élites de Bogotá o Antioquia y la del resto del país es la poca densidad empresarial de las segundas lo que da lugar a un “círculo vicioso” porque no hay muchos liderazgos.

Como el grupo Char no hay ningún otro en el Caribe. En Cartagena, por ejemplo, no hay una clase industrial. La refinería es de Ecopetrol y la mayoría de empresas petroquímicas son de multinacionales y, en general, de extranjeros, así que quizá ni conocen la ciudad. Por ende, tampoco están interesados en participar en su vida política.

LSA: Cree que aún con la favorabilidad y el poder político y económico de los Char en Barranquilla ¿El Caribe está lejos de poner presidente?

A.M.R.: Yo veo lejos el día que volvamos a tener un presidente costeño así como también veo lejos unas políticas económicas favorables para el Caribe. La influencia de la Costa no se ha consolidado en muchos frentes. Hay que seguir mejorando la calidad de la democracia local, el capital humano, los indicadores sociales y nuestra competitividad.

Para citar:

Meisel, Adolfo;(2018). “El liderazgo y el futuro del Caribe colombiano ”. 66p.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia