Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 01 de Febrero de 2019

2192

1

Este fin de semana se celebra una vez más el Hay Festival en Cartagena, uno de los encuentros culturales más importantes que tiene el país. Para reflexionar sobre el papel de la literatura colombiana en nuestra sociedad, la Silla Académica entrevistó a Ramón Illán Bacca, escritor, periodista y profesor del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad del Norte. Lo hizo a partir de dos de sus textos: “Escribir en Barranquilla” y “Mi Caribe” que son sus memorias.

Este fin de semana se celebra como todos los años el Hay Festival en Cartagena cuya finalidad es servir para la difusión de la cultura en Colombia. ¿Cree que este evento cumple ese propósito?

Ramón Illán Bacca: Yo he estado como invitado dos veces en el Hay Festival, en 2006, cuando comenzó y después en 2014. Estos años, he ido algunas veces y otras no.

No se qué tanto cumple el objetivo de difundir la cultura. Yo he visto, generalmente, mucha gente vinculada con las actividades culturales: profesores, escritores, periodistas.

Pero sí es un referente cultural necesario e importantísimo en este momento. Todo lo que truena y relampaguea en el mundillo cultural y artístico de este país, tiene que estar ahí.

Antes era literario más que cualquier otra cosa, pero ahora se ha extendido también a otras ciencias sociales y naturales. Y con eso hay un público más vasto.  Y a otros lugares de Colombia diferentes a Cartagena.

Este año empezó en Aracata donde estuvo la Ministra de Cultura, entre otras personalidades. Esto es un avance con respecto a lo que había antes. Después de las fiestas decembrinas, todo quedaba muy quieto. Ahora es diferente con el Festival de Música y con el Hay Festival, que se realizan en Cartagena.

LSA: Usted distingue en su libro “Escribir en Barranquilla” entre actividades culturales con un sentido más recreativo que cultural ¿El Hay a cuál de las dos categorías correspondería?

Somos una sociedad en la que los eventos culturales no son parte de la cotidianidad sino una irrupción de la cotidianidad.

Ramón Illán Bacca

R.I.B.: Es difícil saber qué tanto va la gente al Hay Festival por mostrarse y qué tanto por un auténtico interés cultural. Eso entra en el campo de la chismografía.

Es muy frecuente que los eventos culturales, por el público que asiste, terminen en eventos sociales, sobre todo, en estas ciudades que todavía tienen una superficie frívola. Y no es que sean las élites las que asisten a esos eventos, es la clase media. La élite no es que sea muy bañada en cultura.

Lo que más representa un riesgo de que terminen siendo ante todo eventos sociales es que dado que en Colombia los eventos culturales no son tan frecuentes se convierten en espacios de encuentro donde también hay un interés personal y social. Somos una sociedad en la que los eventos culturales no son parte de la cotidianidad sino una irrupción de la cotidianidad.

LSA: En su libro “Escribir en Barranquilla” usted dice que tanto a principios como finales del siglo XX la presencia cultural en Barranquilla no era muy fuerte porque el comercio y el dinero eran los valores más aceptados, a diferencia de Bogotá que se ufanaba de ser la “Atenas Suramericana”. ¿Por eso dice que la élite no es que sea muy bañada en cultura?

R.I.B.: En Barranquilla han estado más interesados en las letras de cambio que en las letras literarias y eso todavía es así. No es fortuito. Por su condición de puerto los que llegaban eran comerciantes y no venían exactamente a fundar academias.

Ha sido una sociedad de comerciantes y de hombres libres. Aquí nadie heredó nada de los españoles ni de los marqueses. Bueno, en Colombia tampoco. Pero especialmente a Barranquilla, no llegaron los españoles a poner la iglesia, el cabildo y la alcaldía, no había siquiera una plaza, lo que existió mucho tiempo fue el Paseo Bolívar.

Si quiere pongámosle una florecita y digamos que ha crecido un poco el interés cultural, pero el Teatro Municipal lo tenemos cerrado hace más de un año, y el Parque Cultural del Caribe está muy deteriorado.

En Barranquilla han estado más interesados en las letras de cambio que en las letras literarias.

Ramón Illán Bacca

LSA: ¿Aplicaría eso para todo el país a pesar del lleno de eventos literarios como el Hay?

R.I.B.: No podría hablar del resto del país. En Bogotá es donde se concentra todo el poder político, social y cultural y, por ende, donde están las mejores editoriales, teatros, sinfónicas. Un buen show de estos ocurre una vez cada diez años en Barranquilla. En Medellín, por ejemplo, hay más público y la gente compra más libros. No hay poeta antioqueño que no haya sido divulgado y reconocido. En Barranquilla hay mucha reticencia para comprar libros, en parte porque también hay mucha pobreza colectiva. Esto se ha agravado con los computadores.

LSA: Sobre internet… muchas personas hoy, en lugar de leerse un libro optan por verse una serie, o un documental, ¿cuál es la diferencia con leerse un libro?

R.I.B.: Con el internet me parece que lo recreativo se lleva por delante lo cultural. Una de las cosas que se pierde con esto es que el libro da más tiempo a la reflexión y, por ende, queda más asentado el conocimiento, que con la imagen que genera, sobre todo, entretención. Aunque esto se lo dice un señor de 81 años y quizá los jóvenes tienen otra forma de ver la cultura, y son quienes tienen el futuro.

LSA: Usted destaca que escritores como A.Z. López-Penha lograron un aprecio por la cultura y una visión de negocio con la misma, que parecería que es a dónde apunta Duque con su economía naranja ¿cómo lo hizo?

R.I.B.: López-Penha era un judío sefardita, como muchos de los que poblaron Barranquilla. El tuvo un cine, una librería con predominio de los libros ocultistas y de espiritismo. El vendía lo que pensaba que se iba a vender. Unió cultura y negocio, como hacen las grandes editoriales.

LSA: No es contradictorio lo que usted menciona sobre Barranquilla, con movidas culturales como la que propició el Grupo de Barranquilla, al que usted se refiere en su libro, conformado entre otros, por Gabo, José Félix Fuenmayor y Alejandro Obregón?

R.I.B.: Sí hubo pequeñas presencias literarias muy interesantes. El Grupo de Barranquilla, que comprendió a García Márquez, y más atrás el grupo de Voces que comprendió al “sabio catalán”, Ramón Vinyes. Y, es cierto que había también algunas variantes barranquilleras que lo hicieron posible. Esos movimientos se dieron en Barranquilla en una forma más libre de lo que se daba en el Interior, porque no había una presencia eclesiástica dominante, por el contrario había gente de variadas religiones, lo que dio lugar entre otras cosas a que se fundara aquí el primer cementerio laico del país.

García Márquez hablaba de Barranquilla, como la “Córdoba de la España Medieval”. Pero realmente es cuando vuelve a Bogotá que empieza a realizarse como el gran cronista. Las columnas escritas en Barranquilla fueron recogidas por Jacques Gillard en el 78 y publicadas en su libro “textos costeños".

LSA: ¿Hay algo en lo eclesiástico que cree que va en contravía de la creatividad literaria? Porque en sus memorias, y no con mucho agrado, también habla de su bachillerato y primeros años de carrera en una universidad confesional en Medellín, como de un “humanismo de sacristía”?

R.I.B.: No hilaría tanto. Lo mío se debió a que estaba sumergido con unas tías rezanderas. El ambiente en Barranquilla era distinto. No hubo Ooispo sino hasta el año 35, ni iglesias hasta el siglo XX. De 1917 al 20 circulaban textos de filosofía donde se hablaba de Kant, entre otros, porque contaban con la colaboración de escritores extranjeros, como José Ingenieros, gracias a los contactos del sabio catalán Ramón Vyes.

Mientras tanto, en el interior dominaban Monseñor Carrasquilla y la filosofía escolástica en todo su esplendor.

LSA: ¿Por qué, si el Grupo de Barranquilla fue tan interesante, no cree que tuvo el poder para haber promovido la cultura en Barranquilla?

R.I.B.: No nos digamos mentiras, es la presencia de García Márquez la que ha hecho que la gente comience a interesarse por lo que pasó con el Grupo de Barranquilla. Es un antes y un después. A eso se debe todo el interés por José Félix Fuenmayor, que fue antes de García Márquez, o por Marvel Moreno, que fue después. Son figuras redescubiertas. Ninguno de los manuales de historia de la literatura en Colombia anteriores a los 50 los mencionaban.

Esto responde en buena medida a que la receptividad, los ecos que puede tener ese tipo de movimientos en la gente, generalmente, se deben a las universidades y hasta 1945 no había universidades en Barranquilla.

Por otro lado, el Grupo de Barranquilla que fundó el periódico cultural “Crónica”, era muy bueno, pero no era muy organizado. García Márquez era muy joven cuando eso. Tenía 23 años. Y eso no permitió que hoy se conserven muchos de sus ejemplares. Cambiar periódicos por botellas de ron no da muy buenos resultados. Ni siquiera Alfonso Fuenmayor, el director del grupo, tenía la colección completa. La Universidad del Norte, que se puso en la tarea, sólo pudo recuperar cinco ejemplares y dos o tres más, medio recortados, de un total de 60.

LSA: ¿¿Por qué el alcance e impacto que ha tenido García Márquez en Colombia y en otros países no se ha extendido necesariamente a otros autores y autoras colombianos??

R.I.B.: Depende de la época en que se le mire. Después de García Márquez muchos escritores empezaron a ser traducidos y conocidos en otros países. El camino que él abrió lo pudieron seguir otros como Héctor Abad Faciolince, Evelio José Rosero y Juan Gabriel Vásquez, por ejemplo.

Antes de García Márquez, quizá sólo la Vorágine, de José Eustasio Rivera, y La María de Jorge Isaacs, habían logrado lo mismo. Las demás novelas que se publicaban se quedaban en casa. La presencia de este genio fue lo que despertó el apetito por los escritores colombianos en el exterior.

Pero los que salimos inmediatamente después de García Márquez, durante los 10 o 12 años siguientes, no tuvimos la misma suerte, estábamos a la sombra de un gigante. Eso le pasó también a Policarpo Varón, por ejemplo. Eso ha pasado también con los genios en otras partes del mundo.

LSA: En su ejercicio como escritor ¿El éxito de García Márquez, fue una fuente de inspiración, le hizo querer imitarlo o, por el contrario lo apabulló?

R.I.B.: Me hizo querer tomar distancia, poner un muro y hacer cosas diferentes. Las novelas que he escrito, como la de un espía nazi en Santa Marta, no tienen nada que ver con realismo mágico. Para mí la Costa no es mágica, ha habido mucha pobreza y desigualdad.

Otros escritores y periodistas, por el contrario, después de leer a García Márquez, empezaron a elevar a gentes por los cielos con sábanas y a ver lluvias de pájaros.

LSA: En su obra "Maracas en la ópera", usted retrata una suerte de distinción entre alta cultura y cultura popular. ¿Cree que en el país la creación intelectual y artística ha servido más como una forma de identidad de clase o, por el contrario, como un elemento democratizador?

R.I.B.: "Maracas en la ópera" retrata la historia de amor entre un conde italiano y una  callejera de Getsemaní, y con ello se produce un encuentro entre la alta cultura y la cultura popular. Durante mucho tiempo la alta cultura permeó los periódicos del país. Los que interrumpen esa constante son Gonzalo Arango y García Márquez, que no estaban en contacto con los grandes apellidos y que llegaron a escribir en la gran prensa, abriéndole paso a muchos muchachos nadaístas. Yo leo eso como un elemento democratizador.

En Barranquilla, específicamente, el hacedor de cultura y el consumidor de cultura es la clase media. Y creo que en la Costa en general.

LSA: Hablando de un entorno no favorable en Barranquilla para la cultura, hábleme de la cita de “El Comercio” que hay en su libro, sobre los hábitos de lectura o la falta de ellos, de la gente de la ciudad…

R.I.B.:  Se trata de una cita de la editorial de “El Comercio”, en respuesta a los buenos augurios para ese diario que acababa de empezar a circular en Barranquilla, una ciudad de 35 mil habitantes para cuando eso. Decía que había que quitarle a esa cantidad el 3, de los que no sabían leer, al excedente había luego que quitarle los que no leían por no pagar, y, a la cantidad restante, los que leían pero no pagaban.

Sobre el humor en el periodismo y la literatura en Barranquilla, escribí el artículo “El humor que se mece en la hamaca del Caribe” , en el cual hago referencia a periodistas como Juan H. Palacio, a quien me recuerda esa cita, por su gran humor, no sé si podría decir que costeño, pero irreverente, igualitario..

Palacio trabajó desde muy joven como secretario de Rafael Núñez y vivió hasta el año 40 en Bogotá. Generalmente, se alojaba en el hotel Regina y se iba todos los días al hotel Granada a almorzar a costillas de algún personaje, bajo la advertencia que de lo contrario diría alguna infidencia. Es un personajote.

Todos sus artículos fueron recogidos y publicados en “La historia de mi vida”, que muestra toda la atmósfera de principios del siglo XX en Colombia, a través de los ojos de una persona que siempre estuvo muy cerca del poder sin que se pueda decir que tenía poder.

LSA: En Colombia , y no sólo en Barranquilla, en promedio leen muy poco.  ¿A qué cree que se debe?

R.I.B.: Estamos tres o cuatro pasos atrás. No hay que olvidar que hasta hace muy poco, el analfabetismo era muy alto. La mayoría de los libros en las bibliotecas de los colombianos son del oficio. Los códigos en los estantes de los abogados, los de anatomía en los de los médicos. Los altos impuestos a los libros impiden que más gente pueda acceder a ellos.

En Argentina por ejemplo, donde se lee mucho más que aquí, desde el presidente Sarmiento en el siglo XIX, los índices de alfabetización ya eran bastante altos. En otros países, diría Estados Unidos, se toma a la alta y a la baja cultura como entretenimiento.

La mayoría de los libros en las bibliotecas de los colombianos, son del oficio.

Ramón Illán Bacca

LSA: En una época, los escritores colombianos eran los grandes intelectuales públicos. Ahora parecería que la esfera de influencia de los escritores está más circunscrita. ¿Por qué?

R.I.B.: Cuando las ciudades no eran las urbes que son ahora, el poeta, el literato, ocupaba un lugar relevante, su opinión era tenida en cuenta. Ahora están interesados en el periodista que escribe una nota curiosa, ya sea para animarlo o para atacarlo. Los que tienen eco son los cantantes, los futbolistas. Y la literatura que antes era una forma de entretenimiento creo que perdió ese espacio.

LSA: ¿El lugar del escritor lo ocupó el periodista?

R.I.B.: No podría decir eso pero sí es cierto que la gente sabe quiénes son los columnistas antes de saber quiénes son los escritores. A Evelio José Rosero mucha gente no lo conoce tanto y es genial. Abad Faciolince es bastante conocido por sus novelas, pero también por sus columnas. Los periodistas quieren ser escritores, y los escritores periodistas.

LSA: Usted hace un paralelismo entre la modernidad en la cultura y en el periodismo, dado que usted se ha dedicado a los dos y se ganó un Simón Bolívar de periodismo cultural, ¿cómo es la relación entre uno y otro?

R.I.B.: El ejemplo más claro es García Márquez, que era un excelente periodista y un maravilloso escritor. Y Álvaro Cepeda Samudio, también era un buen cuentista y director de un periódico. Yo no veo esa oposición que los teóricos se han formado.

Los poetas vivían haciendo periodismo, también era una fuente de ingresos. A principios del siglo XX, los periódicos estaban llenos de poetas, que cometían sus pecadillos. Julio H. Palacios o Eduardo Ortega, entre otros, hacían poesía y al mismo tiempo era quienes escribían en el periódico. Claro que también escribían textos muy malos como éste de Ortega que decía “O me das tu amor mujer o me pego un tiro por doquier”. José Félix Fuenmayor escribió poesía y ficción, y tenía una columna en el periódico.

Fíjese en el caso de España, los escritores han sido periodistas. Es el caso de Arturo Pérez-Reverte. Los académicos rara vez terminan siéndolo.

Quizá no hay tanta distancia entre escribir cuentos y novelas y trabajar una noticia con la reportería.

LSA: ¿Por qué cree que con la literatura no ha pasado lo mismo que con el cine y con la televisión, que hasta hace poco, y con excepción por ejemplo de Gaitán, se habían concentrado en retratar a los colombianos alrededor del narcotráfico?

R.I.B.: La literatura colombiana ha reflexionado mucho sobre la sociedad colombiana también a partir del sicariato y de la cultura traqueta. Hay por lo menos 100 libros sobre eso. Yo sólo me he leído dos, porque me aburre el tema.

Hay muchas novelas sobre la violencia también. De esas salvo “Los ejércitos” de Rosero o “El olvido que seremos” o alguno de Juan Gabriel Vásquez que me han parecido muy buenos, no leo tanto sobre esas materias.

LSA: Parecería que hay una nueva generación de escritores reconocidos como Juan Gabriel Vásquez que han roto definitivamente con la herencia del realismo mágico de Gabo y que comienzan a retratar la sociedad contemporánea. ¿Es optimista frente a la literatura contemporánea?

R.I.B.: La sombra de García Márquez se agotó en cuanto a temas pero quedó el buen efecto de escribir. Soy muy optimista frente a los escritores actuales, como decía los leo bastante. También lo soy respecto a los contemporáneos míos como Germán Espinosa y su obra “La tejedora de coronas”, y Roberto Burgos, con sus memorias de la Cartagena colonial en "La ceiba de la memoria".

LSA: ¿Qué tanto puede transformar la literatura a la sociedad?

R.I.B.: Es mejor leer a no leer porque te abre más ventanas al mundo. Pero no necesariamente transforma, el nazismo es un ejemplo de ello, en el pueblo más culto de Europa que era Alemania.

Hay muchos malosos que han sido grandes lectores.

LSA: ¿Cómo podríamos “poner al tiempo del mundo” el valor que los colombianos le dan a la literatura, para usar una expresión muy citada en varios de sus textos?

R.I.B.: Con el mayor acceso a las universidades, esa valoración debería mejorar. Estamos a un paso de conquistar las estrellas que espero que venga acompañado de conquistar las estrellas literarias.

LSA: Usted dice que se escribe para aprender a vivir, para alejar el dolor, para identificarse con otras existencias….Parecería un acto placentero. ¿Lo es?

R.I.B.: Yo me divierto mucho. Así me demore en escribir. De hecho la novela que acabo de terminar, sobre unos anarquistas en Barranquilla a principios del siglo XX, me tomó mucho tiempo. Tengo buen humor y eso ayuda mucho también.

Comentarios (1)

DIDUNDI

01 de Febrero

3 Seguidores

1-Aki en LSV varias veces he cuestionado sobre las 2 primeras preguntas d esta...+ ver más

1-Aki en LSV varias veces he cuestionado sobre las 2 primeras preguntas d esta entrevista, en especial a Lucas Bloguer, preguntando siempre sobre el impacto real positivo q debe dejar en la sociedad tanto Festival d q se realiza en Cartagena y muy específicamente sobre la motivación q debería dejar no propiamente en el ''Mundillo Cultural'' d siempre, sino en la población + elemental d la Heróica.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia