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Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 01 de Noviembre de 2020

Carolina Cepeda Másmela. Foto: César Pachón

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Con un 78 por ciento de los votos, los chilenos aprobaron el domingo pasado que se redacte una nueva constitución, que reemplace a la que impuso la dictadura de Pinochet desde los 80.

Acordaron, además, que no lo hagan los congresistas sino personas elegidas para ese fin, en un claro rechazo a la clase política. Deberán ser mitad hombres, mitad mujeres.

La ola de movilizaciones que dio lugar a ese resultado comenzó en octubre de 2019 y fue la antesala del estallido social que se vivió después en otros lugares como Ecuador y Colombia.

La Silla Académica entrevistó a Carolina Cepeda, profesora de movimientos sociales y relaciones internacionales de la Universidad Javeriana, autora de “Resistencias contra el neoliberalismo: una conceptualización de su ejercicio entre lo local y lo global” y “La ciudad de Bogotá: entre el “giro a la izquierda” y el “giro a la derecha” en América Latina”.

Cepeda analiza las particularidades de la protesta social en Chile y aquello que comparte con la movilización en Colombia.

La Silla Académica: Uno de los logros de la protesta social en Chile fue convocar a una constituyente para modificar la constitución de los 80 que impuso la dictadura de Augusto Pinochet. Ese fue un elemento cohesionador. Acá en cambio parece a veces muy etérea… ¿son procesos muy diferentes?

Carolina Cepeda.: No del todo. Uno puede trazar un paralelo entre lo que ha ocurrido en Chile y Colombia.

No lo digo únicamente por 2019. Si uno va un poco más atrás se da cuenta, por ejemplo, que el movimiento estudiantil de Chile de 2011 coincidió con la Mane en Colombia el mismo año. Los movimientos en ambos países han ido creando lo que en la teoría se llama oportunidades para la movilización social para otros actores.

En Colombia lo que hemos visto recientemente es que la gente cada vez se siente más convocada y le ha perdido el miedo a la calle.

En Colombia lo que hemos visto recientemente es que la gente cada vez se siente más convocada y le ha perdido el miedo a la calle.

Carolina C.

No hemos logrado el punto máximo de la movilización, pero lo que experimentamos a finales de 2019 fue un momento de gran efervescencia, en el que muchos ciudadanos expresaron un fuerte descontento social.

Claro, hay muchas banderas. En la movilización del 21 de noviembre en la calle había gente con pancartas de: ‘No al Fracking’, ‘respeto por los derechos humanos’, ‘fuera el Gobierno Duque’ y eso no es malo.

Al contrario, muestra una gran diversidad.

Lentamente ese descontento, que es una etiqueta muy genérica, ha empezado a aterrizarse de maneras más concretas.

Quizá uno de los elementos cohesionadores dentro de las personas que se movilizan en el país es la implementación del Acuerdo de Paz. Sigue siendo un caballito de batalla para muchas organizaciones sociales, en un sentido concreto que tiene que ver con la apertura democrática: una mayor participación social, política y respeto por los derechos humanos. Y también aglutina a otras personas que no pertenecen a grupos específicos pero que tienen un malestar generalizado.

L.S.A.: ¿Una nueva Constitución realmente va resolver todas las demandas sociales de los chilenos como la reducción de la desigualdad?

C.C.: El elemento de la Constitución es central en Chile.

Durante la dictadura militar se implementaron todas las políticas neoliberales y cuando pasaron a un sistema democrático no solo estaban consolidadas sino que hacían parte de su marco constitucional.

Muchos gobiernos de izquierda y de derecha no pudieron salirse después de ahí. Un profesor chileno decía en una reunión de Clacso -Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales- alguna vez: ‘en Chile todos son neoliberales de izquierda y de derecha, pero todos neoliberales al final’.

La Constitución es uno de los grandes bloqueos que han enfrentado para atender ciertas demandas sociales: no ha sido posible, por ejemplo, reformar el sistema de los fondos privados de pensiones criticados porque en promedio el monto de las pensiones es menor a un sueldo mínimo y las mujeres, los independientes e informales tienen unas menores condiciones de acceso.

Reformar la Constitución es una condición necesaria, pero no suficiente para que se puedan tramitar muchas de las demandas que tiene la sociedad chilena hoy.

L.S.A.: ¿Algunas personas se han preguntado si quienes se movilizan en el país deberían también aspirar a modificar la Constitución o si aquí el problema no va por ese lado y deberían aspirar a otras cosas?

C.C.: Nuestra constitución es progresista, garantista. Reconoce la diversidad cultural, la chilena no lo hace, por poner un ejemplo.

Tratando de superar nuestro fetichismo legal donde creo que hay que lograr una transformación es en las bases, en nosotros mismos y en los otros en las calles.

El movimiento Lgbti ha logrado un reconocimiento importante de sus derechos a nivel normativo: el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo, la posibilidad de heredar al compañero permanente, la determinación de un sexo diferente en la cédula, por citar algunos casos.

Lo ha logrado haciendo lobby en las Altas Cortes y en el Congreso. Pero la gente de a pie, la señora que vende dulces, la gente que monta en Transmilenio y la sociedad en su conjunto no ha interiorizado suficientemente esos cambios, de ahí que el referendo que trató -fallidamente- de pasar la senadora Viviane Morales para que solo parejas del mismo sexo pudieran adoptar tuviera tanta acogida popular.

Nuestras reglas de juego y nuestras instituciones en el papel van más rápido. Eso tiene que invitarnos a pensar un poco en la manera como estamos haciendo política. Y no lo digo en el sentido partidista o electoral, sino en términos de cultura política.

Lo llamo movilización hacia adentro. Hay que incluir cada vez más personas en la discusión política de los temas.

L.S.A.: Un artículo de la BBC decía que la Constituyente es el resultado de las marchas estudiantiles que comenzaron en 2006 y culminaron en octubre de 2019 ¿usted está de acuerdo?

C.C.: En Colombia como en Chile es imposible entender el 2019 si no se conoce lo que ocurrió antes.

En Chile en 2006 hubo un movimiento muy fuerte de estudiantes de secundaria “Los pingüinos” en contra de la privatización de la educación que viene desde Pinochet, justamente.

Probablemente muchos de ellos se unieron a las movilizaciones estudiantiles de 2011. Y en 2019 ya no eran estudiantes pero sí congresistas, que es el caso de Camila Vallejo, una de las principales líderes estudiantiles de 2011 que fue elegida en 2013 como diputada.

Me parece que el mensaje principal para los jóvenes colombianos es que no por el hecho de graduarse del colegio o de la universidad dejan de tener una visión crítica del mundo y su activismo puede continuar en otros ámbitos de su vida.

El mensaje principal para los jóvenes colombianos es que no por el hecho de graduarse del colegio o de la universidad dejan de tener una visión crítica del mundo y su activismo puede continuar en otros ámbitos de su vida.

Carolina Cepeda

En todo caso, aparte de los estudiantes hay otros grupos de interés en Chile que también han ido abriendo camino: los que están en contra de los fondos de pensiones, los pueblos mapuches, las mujeres.

En la teoría de los movimientos sociales se llaman los “madrugadores” que son los primeros en lanzarse a la calle, en pillarse el momento clave para salir y exigir: no aquel en que todos los astros están alineados, sino aquel en que la copa se rebasa y muchas otras personas que no están organizadas se sienten llamadas a manifestarse.

Eso fue quizá lo que pasó en 2019, en Chile y también en Colombia: se rompió la “espiral del silencio”.

Muchas personas se dieron cuenta que había otras personas tan inconformes como ellos y eso tiende puentes.

L.S.A.: ¿Por qué en Colombia es imposible entender lo que pasó en 2019 sin mirar el pasado?

C.C.: En Colombia siempre ha habido organizaciones sociales que se movilizan en el sentido que hacen un trabajo social y político arduo en los barrios, en las zonas urbanas y también en las zonas de conflicto, pero no siempre han estado en las calles y por eso se ha dicho que los colombianos no protestan.

A partir de 2011, por lo menos, eso ha cambiado: tuvimos la Mane, el Paro Agrario, el paro de los transportadores.

Y lo que definitivamente marcó un punto de inflexión fueron las movilizaciones alrededor del Acuerdo de Paz.

El Acuerdo de Paz marcó un punto de inflexión en la movilización social

Carolina Cepeda

Curiosamente fueron pro statu quo, en defensa del Gobierno Santos que negoció la paz y quizá por lo mismo tranquilas porque no hubo presencia del Esmad.

Muchas personas entendieron que la movilización no era ni de guerrilleros como nos habían dicho siempre, ni tan peligrosa como se piensa. Para muchos esas fueron las primeras marchas de su vida.

En las de 2019 la gente sí experimentó la acción del Esmad, que abusa muchas veces de su fuerza como lo dijo recientemente la Corte Constitucional, pero aún así, pese a que golpea, gasea, a los manifestantes, muchos siguen saliendo.

L.S.A.: En Chile también se ha hecho campaña con el fantasma Castrochavista. ¿Cree que está superado ese miedo con gobiernos como el de Bachelet o ahora que justamente se puede caer el manto protector de la Constitución resurgirá con mucha fuerza?

C.C.: El fantasma del castrochavismo va a estar mucho tiempo en América Latina y ya ha colonizado España también. Difícilmente lo vamos a superar.

No tengo forma de saber si Michelle Bachelet hubiera querido ir más lejos y no pudo o si lo que hizo durante su Gobierno era todo lo que ella quería hacer, pero la derecha chilena sí se sentía muy tranquila por la Constitución que les garantizaba mantener ciertos acuerdos.

El movimiento social tendrá que seguir alerta. Hay que tener en cuenta que como en Colombia con el Sí y No al plebiscito, son muchos los "Apruebo" y "Rechazo" en Chile.

Así como en Colombia con el Sí y No al plebiscito, son muchos los "Apruebo" y "Rechazo" en Chile.

Carolina Cepeda

El “Apruebo” una nueva constitución no necesariamente significa que todos tengan un descontento excesivo con el modelo neoliberal, por ejemplo, y tampoco el “Rechazo” significa que todos quieran que los intereses de las élites tradicionales se mantengan intactos, sino que refleja también temores frente al nuevo pacto social.

El miedo se va a concentrar ahora en qué tipo de constitución se va a redactar, a qué intereses va a responder. Y pues lo que sí quedó muy claro en Chile el domingo, es que la élite política no es que esté mandada a recoger, pero sí está muy desgastada.

L.S.A.: El logro no solo fue convocar una constituyente sino que quienes la van a redactar no sean los parlamentarios actuales. ¿Qué significa eso para las democracias representativas en América Latina y en el mundo en general?

C.C.: No solamente en Chile, sino en buena parte de América Latina hay un desgaste con los partidos tradicionales, no solo por la corrupción, sino por la incapacidad de responder rápidamente a las demandas de los ciudadanos en contextos de crisis económica.

Eso pasó en España con los indignados, en Portugal por la misma época, en EE.UU. con el movimiento Occupy Wall Street y en Argentina en 2001 con el “Corralito”.

Lo de Chile es una bofetada a la clase política en términos de su legitimidad: ‘no los consideramos aptos para diseñar una nueva constitución, un nuevo pacto social”.

A partir de eso los congresistas tendrán que pensarse si quieren “reincidir”.

L.S.A.: ¿Qué otros factores fueron determinantes para que la protesta social en Chile llegara al punto de la constituyente?

C.C.: Un factor tiene que ver con el cansancio.

Movilizarse es muy costoso: salir a la calle, mojarse, exponerse a que la Policía lo gasee o lo detenga.

Cuando pese a la lista de los “contra”, la gente decide salir a las calles es porque sus condiciones materiales así se lo imponen.

En Chile, y en parte en Colombia, muchas personas llevan años de precariedad, de promesas incumplidas: ‘espérese un poquito más, sacrifíquese ahora que el otro año tiene un mejor trabajo, una mejor pensión’, pero no llegan.

Una pancarta en las protestas de Chile era diciente de la desesperanza de toda una generación que ya no tiene mucho que perder: "No peleo por mi pensión, porque ya no tuve, peleo para que mis nietos de pronto puedan alcanzar alguna".

Aunado a eso, los canales institucionales se agotaron, estaban cerrados y a la gente no le quedó otra que salir a la calle para hacerse escuchar.

Hubo otro factor cohesionante, además, que fue reconocer el neoliberalismo como una de las principales causas de sus problemas.

Estuve en Chile en noviembre de 2019 y era común leer en las calles grafitis que decían: "El neoliberalismo nació y murió en Chile".

Para los chilenos la palabra neoliberalismo hace parte del argot popular y hay una idea clara de cómo se materializa en el día a día, de allí el impulso que le dieron a la reforma constitucional.

L.S.A.: La constituyente fue una forma de encauzar los conflictos sociales ¿fortalecerá o debilitará la movilización social?

C.C.: Este proceso ciertamente no va a anular la movilización social, por el contrario es un reto fundamental para la gente que está en las calles porque ahora tiene que organizarse, viene la pelea dura, como dijo Garibaldi: "ya construimos Italia. Ahora hay que construir los italianos."

En la calle mostraron ser ultra poderosos, pero eso por sí solo no construye, todavía no ha habido cambios sustanciales.

Aunque hayan votado “Apruebo” hay gente más a la izquierda que otra, hay feministas y no feministas. Tiene que darse lo que yo denomino la movilización hacia adentro. Será la oportunidad para que surjan nuevos movimientos.

L.S.A.: Los constituyentes deben ser la mitad mujeres ¿el movimiento femenista fue tan fuerte como el movimiento de jóvenes en general?

C.C.: El movimiento feminista y las organizaciones de mujeres tuvieron un peso muy importante.

Hubo varios performance de madres de desaparecidos señalando a la Policía y por supuesto el famoso de “Las Tesis”.

Pero hay que ser cautelosos con los efectos.

Es la primera asamblea que va a garantizar un mecanismo para que sea paritaria una vez elegida.

Pero no es la primera que se lo plantea: para conformar la Asamblea Constituyente en Bolivia se planteó que por lo menos las listas de los candidatos a ser constituyentes de los partidos fueran paritarias. Al final, solo tuvieron como el treinta y tres por ciento de mujeres o algo así.

Pero es interesante la comparación, porque en el caso de Bolivia, la mayoría de sus mujeres provenían del MAS lo que garantizó que hubiera una influencia en la Constitución muy clara de ciertos sectores de mujeres: indígenas, campesinas, también urbanas profesionales.

En el caso de Chile, no podemos hacer una lectura de los efectos solamente desde la perspectiva feminista liberal que considera que el solo hecho de que haya mujeres es positivo.

Las mujeres también somos muy diversas y no todas pensamos igual, no todas defendemos lo mismo y eso hay que tenerlo en cuenta. Un ejemplo del pasado lo ilustra: durante la dictadura hubo movimientos de mujeres que defendían a los militares porque defendían la familia.

Es posible que organizaciones de ese tipo sigan existiendo y que busquen participar de la Constituyente.

L.S.A.: Algunas personas dicen: ‘increíble estos chilenos lo que lograron y nosotros acá no hemos logrado nada’, ¿cuál es su balance de la movilización social en Colombia y el pronóstico a futuro?

C.C.: No tenemos que darnos tan duro como sociedad, porque hay que ver las cosas en perspectiva.

Durante décadas de conflicto armado salir a la calle y medio levantar una pancarta equivalía no solamente a que le iban a decir al manifestante que era simpatizante de las Farc, sino que probablemente le iban a pasar cosas por eso.

Entonces dar el salto de una cosa a otra, es importante.

La situación ahora no es completamente distinta: ser líder social en Colombia es peligroso, a la gente la siguen matando tristemente, pero es mucha más la gente que le perdió el miedo a movilizarse.

Tenemos que dejar de ser tan inmediatistas a la hora de entender la movilización social y lo que puede ganarse con ella: no necesariamente cambia la realidad de la noche a la mañana.

Tenemos que dejar de ser tan inmediatistas a la hora de entender la movilización social y lo que puede ganarse con ella

Carolina Cepeda

Uno de los indicadores de éxito en efecto es lograr aquello que se propusieron cambiar desde el día 1 de la protesta, pero también una movilización social puede ser exitosa, simple y llanamente, porque mostró que es una vía para hacer reclamos, es una vía para participar, porque logró convocar sectores que antes no estaban convocados. En Colombia se ha ganado mucho y se ha avanzado mucho en ese sentido.

No debemos sentirnos frustrados.

Comentarios (7)

José Saramago ..

01 de Noviembre

4 Seguidores

- “..sino personas elegidas para ese fin..(en Chile)”:
¿personas con...+ ver más

- “..sino personas elegidas para ese fin..(en Chile)”:
¿personas con una afinidad ideológica particular?
- Desde 2018 Petro lo dijo-palabras mas palabras menos-:“incendiaremos campos y calles con movilizaciones y paros, no dejaremos gobernar”.Petro va aganar en el 2022.
- Sobre el Ilegitimo Acuerdo de La Habana metido a la fuerza a la Constitución:
¿que paso con resultado Plebiscito del 2016?

harriarq

02 de Noviembre

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Movilizaciones, en contra o a favor, son sociales porque en ellas participan p...+ ver más

Movilizaciones, en contra o a favor, son sociales porque en ellas participan personas, el mote que utilizan para disuadir a la gente a destruir el Estado en busca de igualdades que ya están en la ley solo es parte de su publicidad. La búsqueda y la lucha debería ser por como se hace cumplir la ley, no por cambios catastróficos que van a dejar siempre ganadores y perdedores. ÚTILES de algunos y YA

José Saramago ..

02 de Noviembre

4 Seguidores

Jamas he estado en contra de la movilización social, yo mismo como estudiante...+ ver más

Jamas he estado en contra de la movilización social, yo mismo como estudiante de universidad publica participe en varias con exigencias validas, pero esa experiencia y antes el haber prestado servicio militar controlando manifestaciones me han dado sustento para opinar: solo estoy en contra es las intenciones de quienes están detrás e intentan manipular las marchas (Petro, narcos, izquierda, ...).

chjarami

01 de Noviembre

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“Pero la gente de a pie, la señora que vende dulces, la gente que monta en ...+ ver más

“Pero la gente de a pie, la señora que vende dulces, la gente que monta en Transmilenio y la sociedad en su conjunto no ha interiorizado suficientemente esos cambios.” No sé si leer esto descriptivamente, o normativamente. Pero todas las lecturas suenan arrogantes.

harriarq

02 de Noviembre

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Hay una diferencia entre el fenómeno de Chile y el que desean que se repita e...+ ver más

Hay una diferencia entre el fenómeno de Chile y el que desean que se repita en Colombia, la Dictadura de Pinochet, un hecho que marcó al país y que aunque económicamente fue "solucionado", dejo cicatrices sociales muy fuertes. Colombia en cambio sigue en disputas internas, el dizfraz de la guerrilla no cambia quienes son, solo descubrimos poco a poco los aliados que siempre han tenido ocultos.

Henry Castro Gerardino

03 de Noviembre

140 Seguidores

Entre los dos movimientos hay similitudes, pero es evidente que son más las d...+ ver más

Entre los dos movimientos hay similitudes, pero es evidente que son más las diferencias. La Constitución del 91 nos puso a la cabeza de los países latinoamericanos en materia de reformas. Lo que vemos es que no se concretan las conquistas sociales, en tanto que en Chile es la herencia de un dictador. Nos igualamos es en el vandalismo. Las marchas no prosperan porque ellos mismos no tienen claridad

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