Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Camilo Andrés Garzón · 08 de Marzo de 2020

7583

0

 

Si la paloma fue el ave de la paz, las aves de todo tipo que se están perdiendo en el país son el símbolo del posconflicto.

El lunes, el presidente de Estados Unidos Donald Trump le dijo a Iván Duque, de hecho, prácticamente le dio la orden, de fumigar la coca. “Si no fumiga, no va a salir de la coca”, le repitió en frente de las cámaras. Pero es posible que si lo hace también “salga” de la biodiversidad de aves que existe en el país.

Un artículo recientemente publicado en la revista PlosOne, “Tracking extinction risk trends and patterns in a diverse country: A Red list index for birds in Colombia” (2020), escrito por Luis Miguel Renjifo, Vicerrector de Investigaciones en la Universidad Javeriana, y Ángela María Amaya-Villarreal, investigadora del departamento de Ecología en la misma Universidad, junto con Stuart Butchart, plantea los cultivos de coca ilícitos como la mayor amenaza a la supervivencia de las aves, y una de sus conclusiones es que la fumigación, lejos de atacar el problema, lo puede acentuar desde la perspectiva de los pájaros.

En el artículo, los autores describen el índice que construyeron entre 2002-2016, el cual refleja los cambios en riesgos de extinción de aves, desagregados por ecosistemas, regiones y especies; y cómo las aves, joya de la corona de la biodiversidad del país, que fueron víctimas invisibles de la guerra, lo siguen siendo en el posconflicto.

La Silla Académica: En su artículo ustedes afirman que Colombia tiene la fauna de aves más diversa del mundo con más de 1.900 especies, 4.4 por ciento de las cuales solo se encuentran en el país. ¿Por qué Colombia ocupa esa posición privilegiada en el mundo?

Luis Miguel Renjifo: Colombia es el país con mayor número de especies de aves del mundo. Incluso países considerablemente más grandes como Brasil tienen muchas menos especies de aves que nosotros. Nos sigue Perú, luego Brasil y después Indonesia.

Colombia, además, es probablemente el país más biodiverso del mundo y solo Brasil, por su tamaño, nos disputa ese lugar. Esto se debe a que Colombia es un país con regiones geográficas muy contrastantes, con barreras geográficas importantes entre unas regiones y otras, lo que ha generado un proceso de especiación, es decir, de generación de muchas especies en ecosistemas particulares.

Por ejemplo, el cambio en la fauna de aves que se encuentran en la sabana de Bogotá, comparado con el que se puede encontrar en un lugar como Girardot, es más grande que el que existe entre Lisboa y Moscú.

LSA: Sin embargo, ustedes mencionan en el estudio que hay 13 especies de aves que tienen un riesgo alto de extinción, y que de estas ocho están amenazadas principalmente por la expansión de cultivos de coca ilícitos y siete por la caza. ¿Por qué esas son las principales causas?

L.R.: Normalmente, los cultivos de coca ilícitos están estratégicamente ubicados en zonas que son importantes ambientalmente y por ende causan más daño.

Así ocurre en el Suroccidente, en departamentos como Nariño, Cauca y Valle del Cauca, donde en el tiempo que hicimos el estudio, algunas especies de aves pasaron de estar casi amenazadas a estar en peligro de extinción.

En ese entonces, por la política de erradicación de drogas, muchos cultivos que estaban originalmente en el Amazonas pasaron a localizarse en Nariño o en Cauca. Eso no ha cambiado en todas partes: Putumayo sigue teniendo altos niveles de siembra de coca y ahí sigue fuerte la amenaza a las aves. Pero recuerde que este estudio lo hicimos con datos que van hasta el 2016.

LSA: ¿Qué es lo que hace a los cultivos de coca ilícitos tan dañinos para las especies de aves?

Ángela Amaya: La razón por la que los cultivos de coca afectan a las aves es por la deforestación que se requiere para sembrar la coca. Al tumbar selva se produce la pérdida del hábitat para muchas especies, incluyendo las aves.

Nuestro estudio está basado en estadísticas e información recogida por otros investigadores, de manera que no podemos decir específicamente si hay algo en los cultivos de coca en sí que afecte a las aves. Pero lo que es definitivo es que hay una relación causal identificada entre la deforestación movida por la coca y la pérdida del hábitat de las aves.

LSA: Ustedes también mencionan la fumigación con glifosato en su artículo. Trump volvió prácticamente a “ordenarle” a Duque que reactive la fumigación de la coca con glifosato esta semana, ¿qué efecto tendría sobre las aves?

L.R.: El glifosato es un caso super complejo, dependiendo de las tasas que se usen puede ser o no dañino para las aves. En esto Ángela María es más tajante: está totalmente opuesta al uso del glifosato.

A.A.: Sí, radicalmente. El uso del glifosato tiene numerosos efectos adversos sobre la salud humana y sobre los animales e integridad de los bosques. Se sabe que hay algunos efectos por el uso de plaguicidas aunque ninguno está relacionado con el glifosato. En un artículo que no es de Colombia, los autores afirman que encontraron un efecto ligeramente tóxico para las aves y ligeramente persistente entre 14 a 26 días, pero todavía falta mucho por indagar acerca del efecto del glifosato en las aves. 

Hay autores que han evaluado la toxicidad del glifosato, pero especialmente en peces y en personas, por lo que uno podría inferir que tiene que haber un efecto en las aves, pero nos faltan datos para mostrar esto.

Lo que es claro es que como política antidrogas es ineficiente, pues no logra acabar con los cultivos de uso ilícito, sino simplemente desplazarlos a otro lado y eso es justamente lo que citamos en nuestro estudio: tras el uso del glifosato los cultivos se desplazaron a donde podían operar y allí causaron pérdida de hábitat para las aves y otras especies.

LSA: ¿Cree que desde 2016, cuando terminaron su estudio hasta hoy, ha cambiado la principal amenaza a la biodiversidad de las aves?

L.R.: Aquí entra el investigador cauto, porque no tenemos datos para confirmar estas afirmaciones. Sin embargo, creemos que siguen siendo las mismas amenazas que identificamos en el estudio: siembra de coca y caza, aunque añadiría una nueva variable basada en lo que hemos cubierto y es la expansión de ganadería y el acaparamiento de tierras.

De hecho, nos atrevemos a decir que éstas podrían ser la segunda causa más importante que hoy amenaza a las aves desplazando la cacería.

Por ejemplo, el ritmo de la deforestación en Putumayo ha crecido tanto, comparado con el del tiempo en que escribimos el artículo, que es probable que especies que estaban bien cuando hicimos el estudio, hoy se encuentren en una peor categoría de amenaza.

La mezcla de ganadería extensiva y cultivos ilícitos es un cóctel letal para la preservación de los hábitats donde viven las aves.

Como mencionamos en el artículo, este puede ser el caso de dos especies, las cuales pueden estar hoy más amenazadas que en el 2016: estas son el Tachurí barbado (polystictus pectoralis) o el ganso del Orinoco (oressochen jubatus), las cuales dependen enormemente de las cuencas del río Orinoco y Amazonas.

LSA: Ustedes dicen en su artículo que otro de los retos en materia medioambiental es la deforestación propia del posconflicto, ¿por qué es común en esta etapa? 

L.R.: En el artículo mencionamos que después de firmado el Acuerdo de Paz (2016) hay razones para preocuparse por la pérdida de biodiversidad en regiones como la Orinoquía y la Amazonía, porque el área deforestada en 2017 creció un 23 por ciento comparado con 2016, y sólo dos municipios, San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá, en Caquetá, contribuyeron al 34 por ciento de la deforestación nacional en 2018.

De hecho, si se compara con los 4 años antes del Acuerdo, la deforestación aumentó entre 2017 y 2018 un 50 por ciento en la región que rodea la Macarena.

En el mismo periodo se incrementaron 6 veces los incendios en las áreas protegidas donde antes estaba las Farc; es clarísimo que la presencia de ellos había menguado los fuegos.

Nosotros hemos seguido de cerca lo que otros investigadores han estudiado sobre la deforestación y la vemos como una amenaza indirecta para la supervivencia de las aves: bosque que se acaba es bosque perdido como hábitat para las aves.

LSA: ¿Pero no migran a otras partes?

L.R.: Normalmente pensamos que las aves hacen lo mismo que nosotros: si les destruyen el lugar donde viven, se van para otra parte. Como somos tan adaptables, pensamos que todas las otras especies actúan igual.

Lo que realmente ocurre es que cuando uno tumba una selva eventualmente se muere todo lo que estaba ahí.

En el corto plazo algunos individuos sí se mueven a otro lugar, pero hay que tener en cuenta que ese otro lugar ya está ocupado. De modo que para las especies que dependen de un bosque, destruir árboles es equivalente a perder el 100 por ciento de su hábitat.

Detrás de la quema o tala de bosques se pierde mucho más que un árbol, se pierden ecosistemas de relaciones entre especies que están en torno de ese bosque y no pueden encontrar reemplazo.

LSA: En el estudio ustedes defienden la tesis que en Colombia las especies de aves amenazadas representan el 8,7 por ciento del total del país, mientras que en el mundo son el 13,6 por ciento. ¿Qué factores explican esta relativa ventaja de Colombia?

L.R.: En Colombia estamos muy bien comparativamente. No es que el estatus de las aves no esté empeorando en el país. Sí lo está. En el estudio mostramos que la proporción de aves amenazadas pasó del 6.4 por ciento en 2002 al 8.1 en 2016. Pero aún así, lo está haciendo 400 veces más lento que en el resto del mundo.

Si uno compara Colombia con otros países, aquí todavía tenemos ecosistemas silvestres muy extensos, como son la mayor parte de la Amazonía y la Orinoquía, que otros países no tienen.

Como decimos en el artículo, el 50 por ciento de la tierra en el país sigue siendo bosque nativo, mientras que en el mundo es el 30.6 por ciento.

Aunque recientemente se registran procesos de destrucción acelerada por deforestación en Amazonas, por ejemplo, es claro que estas zonas no tocadas han actuado como un colchón que amortigua la pérdida de la biodiversidad.

Pero también alzamos la bandera diciendo que nos tenemos que poner las pilas para aprovechar esta ventana de oportunidad y proteger el estatus único que tenemos en materia de biodiversidad.

LSA: Otra de las conclusiones a las que ustedes llegan es que los ecosistemas en los cuales se ha registrado la mayor pérdida de especies de aves son los altos bosques andinos, los páramos, ríos y humedales. ¿Por qué son estos y no otros ecosistemas?

A.A.: Históricamente, en la región andina ha sido donde más poblaciones humanas se han asentado. Eso ha hecho que la afectación de los ecosistemas sea muy grande.

Bogotá, de hecho, fue en una época un humedal y hoy está prácticamente desaparecido y pavimentado.

Desde el punto de vista de especies extintas, la única especie de aves totalmente extinta que se registra en el país es el llamado “zampullín colombiano” (Podiceps andinus), que habitó las montañas andinas hasta 1977 y se podía encontrar antes en Chapinero y en los alrededores de Bogotá. Se cree que se extinguió por causa de la contaminación de las lagunas y la caza.

No quiere decir esto que lugares como La Macarena y los otros parques nacionales no sean también sitios donde las aves corren riesgo. Solo que en el agregado general son algunos ecosistemas en la región de los Andes donde más especies se reportan amenazadas.

L.R.: Esto se explica, en parte, porque en el país no hay ningún parque nacional de agua dulce o porque las áreas protegidas no se protegen solo porque tengan ríos o lagunas. Sí pueden ser declarados como lugares públicos y de interés general, pero no necesariamente se les concede el estatus de protección.

Aunque a veces ni la declaratoria de protección sirve. Por ejemplo, el Parque de la Sierra Nevada de Santa Marta no ha podido impedir que sus ecosistemas, especialmente de páramo, se sigan deteriorando.

LSA: ¿Qué pasaría si perdiéramos nuestra diversidad de aves?

A.A.: Las implicaciones que tendría la pérdida de aves sería la disminución de la biodiversidad en general.

Estas aves cumplen funciones esenciales de polinización, dispersión de semillas, reciclaje de nutrientes, control de las abundancias de insectos y plagas. Sin las aves, todo este conjunto de tareas deja de hacerse.

Esto sólo lo notamos hasta que un ecosistema deja de funcionar: cuando se ven plagas de ciertas especies, por ejemplo, porque no hay nadie que se coma los insectos. Preservar las aves preserva el papel ecológico que cumplen.

Por lo demás, entre más diversas sean las aves, más saludables van a ser los ecosistemas.

Pasa como con el cuerpo, entre más diversos sea el conjunto de genes y microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo, más saludable va a estar, y podrá enfrentar mejor las posibles amenazas. Lo mismo ocurre con las aves y las demás especies en los todos los ecosistemas.

Proteger las aves es proteger la biodiversidad del país y proteger los bosques es proteger a las aves. Eso es lo que está en juego.

LSA: Alrededor de la biodiversidad que tiene Colombia y con la recuperación de grandes zonas del territorio colombiano por el fin del conflicto, ustedes anticiparon en el artículo que el turismo de aves puede ser un gran dinamizador de la economía del país y de ciertos sectores ¿Qué ha pasado en la realidad?

L.R.: Claramente, el fin del conflicto ha hecho resurgir un interés más general en el valor de la apreciación de las aves, algo que es fácilmente monetizable y que puede generar una actividad económica importante para muchas regiones. Especialmente para gente que estuvo en el conflicto.

No pretendemos que la gente vaya a vivir solo de eso, pero sí les puede ayudar a sostener su economía.

Ya hay muchas iniciativas privadas movidas por gente interesada y no necesariamente académica, que han hecho empresa con turismo de aves.

Hay un artículo académico que calcula que en Colombia los estadounidenses están dispuestos a pagar 308 dólares (1 millón de pesos) por persona por un tour de observación de aves.

Por su parte, ProColombia calcula que los que los avituristas internacionales invierten al menos 3000 dólares (10 millones) por una jornada de avistamiento de 10 a 11 días.

Nosotros tenemos un colega que tiene una muy exitosa conferencia que se llama pajareando con las Farc. Diego Calderón muestra que en una región sometida al conflicto en Antioquia, como Anorí, se realizaron expediciones en las que participaron excombatientes.

Personalmente, conozco el caso de una campesina indígena en Risaralda, que vive en un lugar llamado Cerro Moctezuma, a ella le mataron a su marido y quedó sola y con seis hijas. ¿Cuál es su fuente de ingresos hoy? Recibir observadores de aves.

Ofrece servicios espectaculares alrededor de esa actividad, y gracias a ello, sus hijas están en la universidad. Eso habría sido impensable sin la observación de aves.

Ahora bien, una política inadecuada sería confundir esto con el turismo masivo de observación de aves. El turismo en la naturaleza se basa en un recurso que no se está consumiendo. No se puede sobreutilizar el recurso.

Hay un concepto llamado: morir de éxito, que es lo que pasó con el Rodadero, en Santa Marta, que era antes un lugar extraordinario y hoy es lamentable precisamente por su sobreutilización. Eso es lo que hay que evitar.

LSA: ¿Cuáles son las aves que están en principal riesgo de extinción en Colombia?

A.A.: Especies que están en peligro de extinguirse y cuya probabilidad es extremadamente alta son 16, incluyendo las que ya están probablemente extintas. El cóndor está entre ellas, siendo el símbolo nacional. Las otras tienen un perfil más bajo y, por tanto corren más riesgo porque se desatienden más.

Una de estas especies amenazada es el zampullín blanco (Podiceps occipitalis) y está relacionada con la especie que ya se extinguió. A diferencia de la especie extinta, ésta no se encuentra únicamente en Colombia, también está en Ecuador y hacia el sur del continente. Se encuentra muy seguramente en las lagunas del parque Puracé, pero como son pequeñas sus aguas, su protección es limitada.

Los factores que la amenazan son semejantes a los que hicieron que el otro zampullín se extinguiera: contaminación de las lagunas, fertilizantes en los cultivos circundantes y la introducción de la trucha arcoiris, la cual compite por su alimentación.

LSA: En el artículo ustedes establecen que hacer un índice de riesgos de extinción en aves debe servir para tomar medidas de conservación a tiempo e impedir que se que una nueva especie se declare extinta. ¿En qué momento puede haber un punto de no retorno?

L.R.: La respuesta depende del investigador. Yo tiendo a ver el vaso medio medio lleno. Hay mucha evidencia que apoya mi punto de vista. Hasta que una especie no se ha extinguido, todavía hay tiempo para evitar que se extinga.

Justo acabo de participar en un estudio que determinó cuántas especies se habrían extinguido en el mundo entre 2000- 2020 y 2010-2020 si no se hubieran tomado medidas de conservación, y es muy evidente que muchas especies se habrían extinguido de no ser porque se tomaron medidas de conservación en distintos lugares. Incluso algunas de ellas han dejado de estar en peligro crítico.

LSA: El listado rojo de aves que alimenta las estadísticas de su artículo, en el que estudian 1.718 especies distintas, recoge datos que van hasta 2016; el estudio anterior se había hecho con datos de 2002. ¿Por qué se tarda tanto tiempo en salir cada estudio?

L.R.: Es cierto, apenas han salido dos libros rojos de aves y nosotros basamos el análisis comparando los datos de ambos estudios. Las razones son varias.

Por una parte, tiene que ver con que es muy difícil hacer estas investigaciones porque nadie las financia. A todo el mundo le parece una maravilla el resultado y el libro rojo se vende como pan caliente, pero muy pocos se toman en serio la financiación que requiere el estudio.

Nosotros nos demoramos 10 años haciendo esta investigación, pero nos pudo haber tomado mucho menos, lo habríamos podido sacar en tres o cuatro años, pero como tuvimos que trabajar con las uñas, el tiempo se nos alargó mucho más.

LSA: Entonces, para cerrar, tal vez la más general de las preguntas: ¿para las aves ha sido una buena o una mala noticia el Acuerdo de Paz?

L.R.: El Acuerdo de Paz podría ser una noticia muy positiva si se implementan sus disposiciones sobre protección a la naturaleza, pero no ha habido voluntad política para ello.

En otros países que han firmado un acuerdo de paz para poner fin a un conflicto, se ha observado el posterior impacto negativo en la preservación de la biodiversidad, eso es algo que suele pasar.

Pero precisamente como eso era previsible, es necesario que el post-acuerdo contemple acciones más contundentes que mitiguen esta situación. Sería benéfico para las aves y obviamente en primera instancia para las sociedades humanas.

El punto clave es que el conflicto socava la capacidad institucional. De modo que lo que hay que hacer ahora es fortalecer a las instituciones. No nos referimos a fortalecimiento militar, sino a una capacidad institucional sistémica: inversión en salud, mejoramiento de los parques nacionales, etc.

Hay que ponerle toda la atención a regiones pequeñas en el país pues pueden ser escenarios de extinción muy veloces, y como son tan pequeñas se pueden pasar fácilmente por alto. Pensamos, por ejemplo, en los sistemas montañosos entre Colombia y Panamá o sistemas isleños como San Andrés y Providencia.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia