Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo
Silla Académica

Gobierno Duque

"La tributaria no ayuda a la movilidad social"

Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 16 de Noviembre de 2018

2735

0

 

Se está tramitando la ley de financiamiento en el Congreso y una de las reformas que más revuelo ha causado en la opinión es la de extender un IVA del 18 por ciento a toda la canasta familiar, en un momento en que los resultados del último censo del Dane confirman la reducción de la pobreza y el crecimiento de la clase media en el país.

Hablamos con Consuelo Uribe Mallarino investigadora del grupo de “Política Social y Desarrollo” y vicerrectora de investigación hasta 2016 la Universidad Javeriana, y quien ha escrito entre otros artículos “Fronteras de la Pobreza en Bogotá” en coautoría con Jefferson Jaramillo, director del departamento de Sociología y, How we get here, sobre movilidad social, en coautoría con Jaime Ramírez y Katerin Ariza del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana.

Analizamos con Uribe que tan viable es la propuesta de Duque de que haya un subsidio para el Iva para las personas pobres y los efectos que tendría en la clase media una reforma como la propuesta dado que su estatus es muy vulnerable.

El presidente está proponiendo extender el IVA a toda la canasta familiar y darles un subsidio a las personas de estratos uno, dos y tres ¿cree que crear más subsidios es positivo teniendo en cuenta que según su investigación las personas fijan las fronteras de pobreza teniendo en cuenta si son o no beneficiarios de ayudas estatales?

Consuelo Uribe: El proyecto de ley no habla de utilizar la estratificación como mecanismo para la devolución del IVA a los alimentos que va a pasar de cero por ciento a 18 por ciento, sino de usar los programas existentes de asistencia social como sistema de focalización. Eso quiere decir programas como Familias en Acción o Colombia Mayor que usan el Sisbén.

Es cierto que en el momento que le pedimos a una persona que se ubique en relación con la pobreza el hecho de recibir subsidios puede contribuir a que se identifique como pobre, pero el peso de esto es insignificante con relación a la importancia que tienen para su bienestar.

En todas partes del mundo el grupo que se considera pobre recibe subsidios. Hay gasto público que en Colombia no se percibe como subsidios como los centros públicos de educación y de cuidado de la primera infancia. Estos servicios son fundamentales en una sociedad y si un grupo de población no accede a ellos, hay que lograr las condiciones para que lo haga. Pero otros subsidios son más evidentes y se perciben como aquellos para los más pobres. Eso sucede con el régimen subsidiado de salud, los programas de Familias y Jóvenes en Acción o la ayuda a la población mayor.

No son visibles, pero están subsidiados, los servicios públicos domiciliarios: la electricidad, el gas, el agua, la recolección de basuras, de buena parte de las viviendas.

LSA: ¿Cuál es el problema entonces con los subsidios?

C.U.: Lo que puede ser problemático es la forma como se canalizan los subsidios.

En el caso de la ley de financiamiento del presidente Duque, la devolución solo cubriría a los que están por debajo de la línea de pobreza -cerca del 27 por ciento de los hogares- y quedarían por fuera el 73 por ciento restante, entre los que hay gente con dificultades.

De los sistemas de focalización que tenemos, a saber, el Sisbén (que opera para acceder al régimen subsidiado de salud) y la estratificación socioeconómica (que se usa para subsidiar el acceso a los servicios públicos domiciliarios), ambos tienen errores de inclusión y de exclusión y no han sido actualizados.

El sistema de estratificación socioeconómica (estratos uno al seis)  funciona bien en las ciudades, pero es muy impreciso o inexistente en el área rural. En particular, la estratificación de residencias de grandes propiedades rurales y la actualización del catastro rural son tareas pendientes.

Usar esos sistemas de focalización para la devolución, requiere una administración, unos recursos, un conteo permanente, y se puede prestar para corrupción en la calificación para acceder al beneficio.

LSA: De acuerdo a los resultados del censo ha aumentado la clase media en el país, sin embargo, en su artículo se señala que la gente percibe difícil mantenerse en ese estatus y que las políticas estatales dificultan avanzar a partir de ese punto ¿las medidas tributarias de Duque son un ejemplo de ello?

C.U.: Hay un acuerdo general de que gravar los alimentos de la canasta familiar es sumamente costoso para las personas más pobres porque su gasto en alimentos representa un porcentaje mucho mayor en su gasto total que el que representa para las personas de mayores ingresos. Si eso implica pasar de cero a 18 por ciento del IVA, pues con mayor razón. En los países más ricos esos alimentos o no tienen impuesto o este no sobrepasa el seis por ciento.

Y respondiendo a su pregunta, buena parte de la clase media, la que todavía es muy vulnerable porque acaba de llegar ahí, es la gran sacrificada de la reforma propuesta, porque para ella no habría devolución del IVA. Las políticas que ayudan a la clase media incluyen la educación y la salud públicas, pero es menos claro que se beneficie con el sistema de estratificación y definitivamente no aplica para los programas de protección social y está gravada con impuestos.

En el artículo “How we got here” que escribí con Jaime Ramírez y Katerin Ariza del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana mostramos que la percepción de la clase media es que puede perder su estatus fácilmente si pierde el trabajo por ejemplo o si el Gobierno modifica la política tributaria, como es el caso con esta reforma propuesta.

LSA: ¿Qué relación hay entre la estratificación de las viviendas y el hecho que las diferentes clases sociales en Colombia no interactúan entre sí?

C.U.: El sistema de estratificación que existe en Colombia desde los años 80, ha dado lugar  a una configuración urbana de segregación y segmentación social. En el artículo en el que analizo la política de subsidios a los servicios públicos domiciliarios señalo que van en contravía de la mayor integración social porque segmentan la ciudad de forma que las residencias de los distintos estratos prácticamente no se mezclan.

Las personas no tienen incentivos para cambiar de casa pues si se mueven a una, dos cuadras más allá, que es un estrato más alto, se va a incrementar la tarifa de los servicios públicos y entonces prefieren no hacerlo.

En las ciudades la gente rica casi nunca cohabita con gente pobre. Esos estratos en la representación social se extrapolan a cosas a las que no deberían aplicar.

LSA: En su artículo se dice que en estricto sentido hay residencias estratificadas y no personas estratificadas, pero en el imaginario colectivo la estratificación se extiende a las personas ¿por qué cree que pasa esto? ¿Qué implicaciones tiene que sea así?

C.U.: En Colombia, lo que se estratifica por política son las viviendas, pero en las representaciones sociales se estratifican desde los colegios, hasta el hablado y la ropa, pasando por los centros comerciales.

Hemos producido un método de focalización de subsidios para servicios públicos domiciliarios que constituye un esquema nocivo de diferenciación social.

Cuando miramos en el estudio sobre estratificación social cómo era la vida de las personas de los distintos estratos, encontramos que no solo el mapa de la estratificación mostraba una clara segregación socio espacial que daba lugar a que existieran vidas paralelas: los de estratos superiores van a colegios privados, se mueven en carro, van a los centros comerciales en barrios del mismo estrato, se relacionan con personas de estratos similares y, en Bogotá, no van al sur de la ciudad.

Espacios como el Simón Bolívar o el estadio, donde se cruzan personas de diferentes estratos sociales, son pocos.

Hemos normalizado, vuelto natural, el sistema de diferenciación social. Cuando aplicamos las encuestas como parte de la investigación de la Javeriana, y le preguntábamos a las personas por los estratos, muchos nos decían que ‘siempre han existido, desde la Biblia’.

En Colombia, lo que se estratifica por política son las viviendas, pero en las representaciones sociales se estratifican desde los colegios, hasta el hablado y la ropa, pasando por los centros comerciales.

Consuelo Uribe

LSA: La semana pasada el Dane hizo la segunda entrega de resultados según la cual la pobreza se ha reducido ¿tiene que ver con lo que usted llama la década ganada? ¿Qué tan importante es esa reducción y por qué la gente no lo percibe como un logro?

C.U.: La reducción de la pobreza, como el aumento de la clase media, son fenómenos generalizados para toda Latinoamérica. Los 80 se calificaron como “la década perdida” por el aumento de la pobreza y, la primera década del siglo XXI se denominó “la década ganada”. Es importante que el país tenga menos pobres y más personas de clase media, no solo por el bienestar y mayor consumo que ello implica, sino también porque indica avances en el nivel educativo, mayor capacidad de crítica y de participación política y de movilización. También, mayor uso de internet y mejor utilización de información.

Lo que es especial para Colombia es la concentración del ingreso, que comparte con otros países como el Salvador o Brasil, el alto Coeficiente de Gini. Éste ha disminuido en los últimos diez años por algunas medidas como la formalización del empleo y porque los empleos menos calificados, a los que pueden acceder más personas, han tenido mayor crecimiento que los calificados. Sin embargo, en Colombia todavía la mayoría de la población en edad de trabajar tiene que recurrir al autoempleo y eso no contribuye a mejorar el coeficiente Gini.

En todo caso, con el censo no se puede medir la pobreza o mirar su evolución.

El censo no se puede medir la pobreza o mirar su evolución.

Consuelo Uribe

LSA: ¿Por qué?

C.U.: Porque no le pregunta  a las personas cuáles son sus ingresos. El censo sólo cuenta población y viviendas y su distribución en el territorio. En ese sentido, el nuevo censo va a tener efectos sobre la cantidad de recursos para salud y educación que se distribuyen en las regiones vía el Sistema General de Participaciones creado desde 1993.

LSA: ¿Cuál es un mejor instrumento para medir la pobreza y para mejorar la equidad?

C.U.: La forma de establecer la pobreza en un país es a través de encuestas de hogares, en Colombia, particularmente, la encuesta de calidad de vida.

La limitante que tiene ese instrumento, y que debería corregirse, es que se aplica por muestreo y en éste rara vez queda cobijado el uno por ciento más rico del país. La recomendación de Juan Pablo Jiménez, en su artículo “Desigualdad, concentración del ingreso y tributación sobre altas rentas en América Latina”, es tener en cuenta las declaraciones de renta de ese uno por ciento.

Esa idea fue introducida por el economista francés Thomas Piketty quien se especializó en el estudio de ese rango de la población en todo el mundo, dado el enorme impacto que tiene en la distribución de los ingresos. Es un grupo que percibe un ingreso tan alto que ello tiene efectos sobre la producción y distribución de la riqueza del resto de las personas, pues no necesariamente lleva a generar nueva riqueza o a crear nuevos empleos.  

Colombia, que tiene una desigualdad tan marcada, está llamada a trabajar en ese uno por ciento más rico. El problema es que sólo un porcentaje reducido de la gente presenta declaración de renta, si más personas lo hicieran podría saberse cuáles son los colombianos que puede aportar más impuestos.

No es fácil tapar el hueco fiscal que hay, pero hay medidas tributarias que se podrían adoptar menos regresivas que el IVA, esto no es un paso adelante en el objetivo de que haya mejor equidad. Se debe ubicar a quienes están evadiendo y ampliar la base tributaria.

Y hay otras medidas no tributarias que se pueden realizar. Una de ellas es atacar la inequidad de las pensiones, pues ahí se está gastando casi dos terceras partes del gasto público en protección social. Las pensiones del régimen público tienen un alto componente de subsidio que está yendo a aquellos pensionados que perciben altas pensiones. En otras partes del mundo hay límites a las pensiones públicas para que los recursos alcancen a un grupo más amplio. Además, hay recortes en el gasto público que se pueden proponer.

Colombia, que tiene una desigualdad tan marcada, está llamada a trabajar en ese uno por ciento más rico.

Consuelo Uribe

LSA: ¿Duque está haciendo lo contrario bajándole los impuestos a las empresas?

C.U.: Eso se está haciendo en muchos países con el argumento de que las empresas puedan generar más trabajo. En Estados Unidos con el gobierno de Trump y en Alemania, por ejemplo, al bajarle la tarifa a las empresas del 35 ó 33 al 28 ó 27 por ciento. Pero en la propuesta de la ley de financiamiento para las empresas solo hay buenas noticias y en cambio, para los asalariados y para la parte de la población que no recibe subsidios de asistencia social, solo hay malas.

LSA: Según los resultados del Dane la población creció más lento que lo proyectado. El Director lo explica por una fuerte movilidad social y la inserción de las mujeres en el mercado laboral con la consecuente reducción del tamaño de los hogares. ¿está de acuerdo con esa explicación?

C.U.: La principal causa del desfase es que Colombia hace los censos cuando tiene plata para ello y no cuando toca. Se supone que los censos son cada diez años, todos los países se han puesto de acuerdo para hacerlos en años terminados en ceros y de esa manera tener resultados comparables entre sí. El censo debió hacerse en el 2015 y nos tomamos 13 años para hacer uno nuevo.

Las proyecciones de población que se hicieron con base en los presupuestos que había en el 2005, se desfasaron porque dichos presupuestos ya no están vigentes. Si las proyecciones preveían 50 millones de habitantes para el 2018, los datos del censo arrojan poco menos de 43 millones. Uno de estos presupuestos para las proyecciones fue la tasa de fecundidad (número promedio de hijos por mujer), que fue más baja de lo pensado. El otro, fue la distribución de la población en los territorios.

LSA: ¿Qué cambió?

C.U.: El acceso a la educación de la población en general y, como lo indica el director del Dane, el ingreso de las mujeres al mercado laboral. Lo cual impactó la tasa de fecundidad y el tamaño promedio de los hogares.

Uno de los principales cambios es la reducción del tamaño de la población de 0 a 14 años del 31 por ciento al 22.5 por ciento y el incremento paralelo de las personas mayores a 60 años. La tasa de dependencia se incrementó, es decir, el número de personas que depende de los que están trabajando. Eso da un país muy distinto.

Por otro lado, algo que no es positivo es que aumentó el porcentaje de hogares que tienen jefatura femenina, era del 30 por ciento en el 2005 y ahora es del 41 por ciento. Si se tratara de que ahora mandan más mujeres que hombres en la casa, pues no sería mala cosa. Pero lo que quiere decir que en esos hogares una mujer está respondiendo sola por un hogar, lo cual constituye una situación de vulnerabilidad para esa familia al depender de un sólo ingreso.

LSA: Su estudio muestra que las personas que se ubican en clase media consideran que tienen el derecho de estar ahí por ser perseverantes, emprendedores ¿qué tanto incide el esfuerzo personal en la movilidad social en Colombia?

C.U.: En el artículo sobre “How we get here” encontramos que las personas de los grupos focales de clase media que eran nuevos en dicha clase, tenían en común que todos habían aprovechado oportunidades que se les presentaron asumiendo el riesgo de hacerlo y con mucho sacrificio. Ese riesgo incluyó migrar a la ciudad, cambiar de barrio, estudiar o tomar un crédito de vivienda.

La movilidad social en todo caso es algo que puede tomar más de una generación. Varios decían que no son ellos mismos sino sus hijos, que están en la universidad, quienes verán los beneficios de llegar a la clase media.

Las tasas de rentabilidad de estudiar, que también se conocen como las “tasas de retorno” de la educación, sin embargo, son cada vez menores. Estas se calculan sobre el costo de oportunidad entre no trabajar y estudiar, porque estudiar implica el costo de no estar percibiendo un salario. Estas tasas, en todo caso, van siendo menores a medida que el acceso a la educación se vuelve masivo. Así, tener bachillerato y, pronto, un título universitario, ya no va a hacer tanta diferencia en los salarios posteriores como lo fue en el pasado.

LSA:¿Cuál ha sido el rol del Estado en la movilidad social?

C.U.: Mencionaba antes que las medidas de formalización del empleo han sido efectivas, como también la ampliación del acceso a la educación pública. Programas de subsidios condicionados como Familias en Acción y de cuidado a la primera infancia y la alimentación escolar han tenido un impacto importante para que otros salgan de la pobreza. También han ayudado cambios en la economía, como el incremento en los precios de los commodities, del café y el petróleo.

La movilidad social no es un proceso que se pueda atribuir a las políticas públicas solamente. Hay ganancias que las personas logran a lo largo de su vida y que, gracias a cambios en la economía y a políticas progresivas, consolidan ese paso. Es el caso de políticas de vivienda, educación o acceso a servicios de salud. Pero si es muy frágil y sujeta a vulnerabilidad, puede volverse movilidad descendente. Y una reforma tributaria del tipo propuesto no es un aliado de la movilidad social.

CONTEXTO