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Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 19 de Enero de 2021

Blendi Kajsiu, profesor de la Universidad de Antioquia

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Tras la derrota de la consulta anticorrupción en las urnas con casi 12 millones de votos y en el Congreso donde se intentó revivir, una de las principales banderas de la vicepresidente Marta Lucía Ramírez ha sido su proyecto de ley anticorrupción, que radicará al comienzo de la legislatura.

 

Para analizar este proyecto y las luchas anticorrupción en general, La Silla Académica entrevistó a Blendi Kajsiu, de nacionalidad albanesa, quien es profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia. Kajsiu es autor del libro “¿Corrupción pública o privada? La dimensión ideológica de los discursos anticorrupción en Colombia, Ecuador y Albania” con base en el cual hacemos esta entrevista.

La Silla Académica: Usted habla del espejismo de la corrupción en su libro. ¿Tiene que ver con que todas las mediciones que se hacen del fenómeno son a partir de la percepción que tiene la gente y no de cálculos objetivos?

Blendi Kajsiu: Así es. Cuando uno habla de corrupción pareciera referirse a algo objetivo, claramente identificable, y por ende comparable con la lucha contra las drogas, el crimen organizado o el cáncer de mama, por ejemplo.

Pero la corrupción en realidad no es un fenómeno delimitado; no hay un consenso de lo que es y es más una consecuencia o producto de una conjunción de factores, que una causa. En ese sentido, uno no debe luchar contra la corrupción sino contra lo que la produce. A menudo, se hace lo contrario.

La Silla Académica:Usted dice que la corrupción no es algo concreto. Carolina Isaza una de las coautoras de los tomos sobre corrupción de la U. Externado y que usted cita en su libro, dice que es valioso vincular la corrupción con cosas concretas como los malos servicios que tiene la gente o la falta de acceso a oportunidades ¿no está de acuerdo?

Blendi Kajsiu: La definición dominante de corrupción es el abuso del poder público para favorecer intereses privados. El problema que tiene es que la circunscribe a la esfera pública y la desconecta de otros fenómenos como la degradación del sistema político a la que ya apuntaba Aristóteles o Maquiavelo. 

En este sentido, el abuso del poder público por intereses privados es simplemente un síntoma de la corrupción del sistema político.

Está bien preguntarse ¿por qué los niños están comiendo mal? La respuesta puede ser porque los corruptos se están quedando con la plata del programa de alimentación escolar.

Pero todavía hay una pregunta más para hacerse y es la fundamental: ¿por qué están robando? Desde una perspectiva moralista y personalista podríamos decir que se trata de personas malas, avaras, deshonestas.

Si vamos más allá, seguramente encontraremos que hay unos políticos que roban porque hay un sistema clientelista en el que se cambian votos por favores, muy al estilo del escándalo reciente de Odebrecht. Las definiciones limitadas limitan las preguntas y, por ende, las soluciones.

Entonces una medida como la que propone el nuevo estatuto anticorrupción que está impulsando la vicepresidente Marta Lucía Ramírez, para ir aterrizando en el tema, que consiste en endurecer las penas o en aumentar la transparencia, son “pañitos de agua tibia”.

La Silla Académica: ¿Por qué lo dice?

Blendi Kajsiu: Porque este tipo de situaciones son bastante transparentes.

¿Quién no sabe cuáles son las familias, o grupos económicos o políticos que controlan determinadas ciudades en Colombia? Son además los mismos que financian las campañas y que se quedan con el Programa de Alimentación Escolar -PAE- seguramente.

Tu pones en prisión a ese “burócrata malo” que le dio el contrato a la firma que se robó la comida de los niños y ¿qué pasa después? Viene otro burócrata igual porque no cambiaste nada en el fondo. En ese sentido, es parecido a lo que pasa con la lucha contra el narcotráfico.

Hay que preguntarnos entonces: ¿por qué hay familias que capturan el poder en ciertas ciudades? Una de las respuestas posiblemente es que el Estado no invierte recursos suficientes y ha delegado la prestación de ciertos servicios como la provisión de seguridad, por ejemplo, en élites locales.

Así lo señaló claramente el politólogo Francisco Gutiérrez en su libro “Clientelistic warfare: Paramilitares and the State in Colombia”.

Y ¿por qué el Estado no invierte más? porque, entre otras razones, necesita más impuestos. No recauda los suficientes porque hay evasión fiscal, paraísos fiscales: no todos pagan los impuestos que deberían.

Hay que preguntarnos qué medidas ha implementado el Gobierno Duque en esa línea, que fue una de sus promesas de campaña.

En la propuesta de Marta Lucía no hay algo que ataque esto. El problema es mucho más grave y profundo que las soluciones que se plantean.

Las políticas que mejor combaten la corrupción ni siquiera la mencionan. Algo similar pasa con el narcotráfico.

Blendi Kajsiu

La Silla Académica: ¿Pero enfocarlo en cosas concretas no cree que permite que haya una mayor sanción social frente a la corrupción?, es difícil, por ejemplo, poner a un corrupto al mismo nivel de un homicida, pese a que la desviación de recursos públicos deja, por ejemplo, a la gente sin acceso a salud…

Blendi Kajsiu: En muchos lugares no solo los corruptos no indignan a la gente sino que la gente los apoya porque dada la relación clientelar que tiene con ellos, cree que los han beneficiado de una u otra forma.

El acuerdo informal es que los políticos puedan hacer lo que quieran siempre que cumplan con la promesa de darle el contrato al votante o a su familiar, por ejemplo.

Muchas personas, incluso, piensan que no está mal que roben siempre que hagan algo ¿por qué? En muchos casos porque han sufrido el abandono del Estado.

¿Qué alternativas tienen esas personas al político corrupto? Pocas. En un sistema dominado por familias o castas políticas es muy difícil dar lugar a un ciudadano democrático que pueda denunciar la corrupción y el abuso de los poderosos, especialmente cuando las redes clientelares a nivel local sostienen el poder central. 

No puedes hacer una lucha anticorrupción en el vacío. ¿Qué tanto puedo esperar tener ciudadanos leales si el sistema político funciona en interés de unos pocos? La cuestión clave entonces es ¿cómo podemos hacer un contrato nuevo entre el Estado y los ciudadanos que aumente lo que llamamos la lealtad cívica, una de las bases del republicanismo?

Eso no se resuelve con pedagogía o dándole mayor protección a los denunciantes, otras de las medidas que trae la ley anticorrupción de la Vicepresidente.

¿Quiénes son los actores honestos que van hacer la pedagogía anticorrupción en un contexto político donde la corrupción es sistémica?

Y en materia de testigos ya hay normas que regulan el tema: la Ley 975/05 o el Decreto 4212/11, lo hay que hacer es reforzarlas y aplicarlas.

La Silla Académica: Usted dice en su libro que no es posible entender la corrupción por fuera de la ideología, que es la que la llena de contenido…

Blendi Kajsiu: Aunque parezca obvio que cuando hablamos de corrupción todos nos referimos a lo mismo, en mi libro muestro, en cambio, cómo dependiendo de si un gobernante es socialista del siglo XXI, neoliberal, neoconservador, populista-socialista, tiene una idea diferente de lo que es.

Básicamente a través de la lucha anticorrupción cada uno busca posicionar sus ideales políticos, en ese sentido son las luchas menos transparentes que hay.

Todos los políticos las utilizan para disfrazar sus creencias sin someterlas al escrutinio público. Si una persona piensa que el mercado es la salvación, va a buscar la corrupción principalmente en el Estado y viceversa: si cree que está en el sector privado, va a fortalecer el público.

Ninguna definición es en principio incorrecta, sino siempre limitada.

Recuerdo que hace unos años la Superintendencia de Industria y Comercio sancionó el cartel del papel higiénico. Pero que dos o tres bancos en Colombia tengan entre el 70 y 80 por ciento del mercado no se califica como corrupción.

La Silla Académica: ¿Cómo se ve reflejado el componente ideológico concretamente en el proyecto anticorrupción de Marta Lucía?

Blendi Kajsiu: El presidente Iván Duque, a quien clasifico como neoconservador, ubica la corrupción principalmente en el sector público y en la sociedad, todo el tiempo habla de “cultura de la legalidad”.

Las medidas para combatirla de la ley que impulsa la Vicepresidente se enfocan en en el presupuesto que las personas son “homo economicus”, es decir, que actúan motivadas principalmente para maximizar sus intereses egoístas. Desde esa perspectiva, un funcionario público va a robar cada vez que tiene la oportunidad.

Esa es la fórmula económica anticorrupción. Eso implica que hay que controlarlos todo el tiempo, hacer un monitoreo constante, disminuir los niveles de discrecionalidad.

Pero es imposible normativamente anticipar y regular todas las situaciones porque la vida siempre es más compleja de lo que creemos e incluso la discrecionalidad es deseable en muchos casos.

La apuesta que ha ido ganando fuerza en organismos como la Ocde, por ejemplo, es en cambio la de construir integridad, la de formar funcionarios públicos que no roban incluso cuando tienen chance de hacerlo.

Pero esto nos remita a la pregunta inicial. ¿Qué tanto podemos formar funcionarios públicos íntegros en un sistema político que parece al servicio de unas minorías?.

La Silla Académica: ¿Cómo combatir entonces la corrupción sin caer en la completa negación de toda solución como podría ser la implementación de campañas educativas que propone la Vicepresidente?

Blendi Kajsiu: La corrupción no es un acto especifico o un asunto individual sino un problema sistémico. Es muy difícil construir una democracia transparente en un país con niveles profundos de concentración de la riqueza y el poder. El clientelismo y la captura del Estado que fomentan actos específicos de corrupción son producto de ese contexto socio-económico y hay que proponer cambios estructurales.

La Silla Académica: Usted pareciera sugerir que hay casi una relación de causalidad entre una sociedad desigual y la generación de corrupción… pero, eso no aplica tanto, por ejemplo, para el caso de EE.UU. o ¿si?

Blendi Kajsiu: Estados Unidos es uno de los países con los niveles más altos de corrupción y desigualdad entre las sociedades desarrolladas.

Ahora mismo sus ciudadanos alegan una ruptura del contrato social que se hizo evidente durante la pandemia cuando mucha gente quedó desempleada mientras que empresas como Facebook, Amazon, Apple o Microsoft, aumentaron considerablemente sus ganancias.

En 2008 ya habían vivido el rescate financiero a los bancos, mientras muchas personas fueron víctimas de la burbuja hipotecaria y perdieron todo. Aristóteles señalaba que niveles altos de desigualdad producen sociedades inestables. Ahora bien, EE.UU. no tiene un nivel de desigualdad tan alto como el de Colombia.

Eso se traduce en que tiene una clase media más amplia que hace que haya un colchón entre los muy ricos y los más pobres y un contexto favorable para la formación de lealtad cívica que le pone barreras al sistema clientelista. La clase política refleja entonces mejor el tipo de ciudadanos para los que gobierna.

Los multimillonarios que llegan a la presidencia como Trump no han sido la regla general. Barack Obama era clase media e incluso los Clinton cuando llegaron por primera vez lo eran también.

Santos o Uribe, en cambio, no se puede decir que son de clase media, son de clase alta en términos de su educación, su pertenencia social y su riqueza económica.

Por otro lado, a diferencia de Colombia, que basa su economía en el extractivismo, EE.UU. es un país industrializado, con un alto desarrollo tecnológico, que necesariamente hace que se establezcan otro tipo de relaciones.

Si tu economía se basa en producir carbón, posiblemente los dueños de las minas no van a estar muy interesados o, por lo menos, no tendrán la prioridad de que sus trabajadores sean más educados, contrario a si tu economía se basa en producir computadores. Y todo esto redunda en una mejor o peor democracia.

La Silla Académica: Siguiendo con el caso de EE.UU. algunos expertos opinan que allá ha funcionado regular el cabildeo porque parte de reconocer una práctica y ponerle ciertos límites. De una forma diferente, el proyecto de la Vicepresidenta busca prohibir que los financiadores de campañas puedan contratar con las entidades que dirijan sus beneficiarios políticos… ¿cuál opción es mejor?

Blendi Kajsiu: Me parece que ninguna es suficiente.

Por una parte es bastante claro quién incide en cada proyecto de ley que se tramita en el Congreso. Las presiones que hubo contra la ley que buscaba regular las bebidas azucaradas es un buen ejemplo de esto. O las presiones que han impedido la desconcentración de la tierra en Colombia.

La medida de registrar los lobistas no es mala, pero simplemente hace más transparente la captura del Estado.

No se trata tanto de evitar la influencia de los actores en el sistema político. Eso es imposible. Sino de lidiar con la falta de pluralidad: el problema no es que los bancos están influyendo, el problema es que son dos o tres bancos que controlan todo y ni siquiera pueden fracasar: “too big to fail”, como quedó demostrado en la crisis financiera de 2008 cuando el Gobierno Obama tuvo que salir a su rescate aún yendo en contravía de los principios neoliberales mismos. Porque si ellos fracasan, toda la economía lo hace.

Es imposible que un gobernante no escuche más estos intereses que otros. En otras palabras: tenemos lo que se llama capitalismo para los pobres y socialismo para los ricos. Si los pobres fracasan, fracasan. A los grandes ricos los salva el Estado.

La Silla Académica: Usted dice que el proyecto de ley anticorrupción del Gobierno se basa demasiado en el castigo y todos los días hay procesos y capturas en contra de funcionarios sin que haya cambios sustanciales. Pero la impunidad en Colombia es un problema grave sobre todo en los rangos altos...

Blendi Kajsiu: Es verdad que un alto porcentaje de las personas que pagan cárcel en el país son de estratos bajos y por cierto tipo de delitos como microtráfico o hurto.

Pero, de nuevo, hay que preguntarse ¿por qué eso es así? y aumentando las penas, tipificando nuevos delitos, no se resuelve el problema que está ligado íntimamente con la inequitativa distribución del ingreso.

Los corruptos que no pagan cárcel o lo hacen en condiciones favorables tienen los medios para contratar buenos abogados que dilatan los procesos y tienen los contactos para influir en las instituciones. ¿La impunidad en Colombia es un problema de la ley o de la implementación de la ley?

La Silla Académica: Parecida a esa medida, está también la de poder agilizar la extinción de los bienes. Muchos corruptos aceptan cargos y hacen preacuerdos con la Fiscalía, a cambio de que tras unos pocos años de cárcel puedan salir a disfrutar la riqueza que obtuvieron…

Blendi Kajsiu: La medida no es mala.

Pero más allá de eso hay que tener presente que ese tipo de medidas llevan aplicándose décadas en materia de narcotráfico sin poder prevenir que siga ocurriendo.

Einstein decía que no se puede hacer lo mismo y esperar resultados diferentes.

Según el expresidente Turbay había  que limitar la corrupción a sus justas proporciones. Yo diría, siguiéndolo, que hay que limitar la anticorrupción a sus justas proporciones. Algo ayuda, pero a menudo logra mucho menos de lo que se propone.

Y además, hay que tener en cuenta que muchas veces ese tipo de medidas son contraproducentes en cuanto generan más corrupción, como lo demostraron los escándalos de la Dirección de Estupefacientes en su momento por la indebida administración de los bienes, que aún persisten según informes de la Contraloría.

La Silla Académica: Usted sugiere que varias de las medidas que adopta la iniciativa legislativa de la Vicepresidente si bien no solucionan el problema de raíz, pueden ayudar. ¿Hay otras medidas que pueden empeorar el problema?

Blendi Kajsiu: En general hay un enfoque casi exclusivo en los privados que contratan con el sector público, pero no en el sector privado per se: en los bancos, la concentración, la falta de competencia, la evasión fiscal, los paraísos fiscales. Estudios de organismos internacionales dicen que son miles de millones de dólares los que los Estados pierden por el dinero que se va a paraísos fiscales.

Mientras tanto, en la pasada reforma tributaria se le redujeron a las empresas los impuestos, un hueco que ahora hay que llenar, y no se revisaron las exenciones que ya tenían. No veo al Gobierno Duque haciendo un esfuerzo decidido por controlar el movimiento de capitales, una medida importante no solo para mejorar el recaudo sino para evitar el lavado de activos del narcotráfico, por ejemplo.

Algunos dicen que Colombia tiene unos de los impuestos más altos para las empresas, más del 30 por ciento de renta por ejemplo, pero esto solo es nominalmente dado los beneficios tributarios de los que gozan. Por otro lado, el Gobierno sigue con la tendencia muy colombiana a la inflación normativa: ya hay un Estatuto Anticorrupción de 2011, sí “tiene el problema que lo hizo Santos”, pero debería trabajarse en aplicarlo, más que en reemplazarlo.

Lo más fácil siempre es hacer una ley.

Por último, hay una medida que sí podría empeorar la situación y es la propuesta de crear un “Centro de Información, Análisis y Reacción Inmediata Interinstitucional de Lucha contra la Corrupción”, como una suerte de “bloque de búsqueda”.

La Silla Académica:¿Por qué?

Blendi Kajsiu: Primero, porque ya tienes al menos tres entidades anticorrupción: la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría.

Una verdadera política anticorrupción debería partir de fortalecer estas instituciones que existen fuera del Ejecutivo. No tiene mucha lógica crear una entidad anticorrupción a su cargo dado el riesgo de corrupción que él mismo tiene por su presupuesto y poder de contratación.

Ninguna Ley Anticorrupción es más efectiva que una Fiscalía o una Procuraduría independientes. Desafortunadamente el Gobierno Duque nombró como Fiscal un amigo íntimo y como Procuradora a su exministra.

Una nueva institución requiere además ser regulada, tener presupuesto y conlleva un nivel adicional de coordinación en la estructura del Estado. ¿Quién la va a controlar a su vez? esa siempre es la pregunta de fondo.

Haciendo una analogía, algunos de los que integraron el bloque de búsqueda contra Pablo Escobar, como Hugo Aguilar, terminaron después siendo acusados de vínculos con el narcotráfico y con el paramilitarismo.

Un “bloque de búsqueda o de reacción inmediata” parte además de una mirada totalmente individualista del problema y convierte las consecuencias en causas. Es pensar la corrupción igual que se pensó en el narcotráfico como limitado a Pablo Escobar.

La Silla Académica: Usted estudió medidas anticorrupción en tres países: Colombia, Ecuador y Albania, a la luz de lo ideológico. ¿Encontró medidas que pueden ser útiles?

Blendi Kajsiu: Hay medidas interesantes como las que buscan identificar entidades que funcionen bien y que sean modelo de integridad para otras, se me ocurre el Banco de La República en el caso colombiano -si bien tengo un sesgo porque un familiar trabaja allá-, el problema es que terminan en todo caso siendo islas de integridad.

En cualquier caso, las políticas anticorrupción deben evaluarse en su totalidad. Porque como he dicho hay medidas que pueden ayudar, el punto es si atacan el problema de fondo y si no terminan empeorándolo.

Sobre esto hay muchos ejemplos.

Una de las mayores apuestas contra la corrupción en Italia, por ejemplo, fue la campaña “Manos Limpias” que acabó con la clase política tradicional que representaba el primer ministro Giuliano Andreoti.

¿Qué pasó después de esa campaña? Vino Silvio Berlusconi, uno de los políticos más corruptos que ha tenido ese país.

Donald Trump también llegó a la Casa Blanca diciendo que iba a combatir la corrupción que yacía bajo Washington: “draining the Washington Swamp”.

¿Qué vimos? que contrató sus familiares con plata del erario público, que hacía hospedar a su personal de seguridad en sus propios hoteles, que no pagaba impuestos.

Con Chávez pasó algo similar, su ascenso se basó en la lucha contra la clase corrupta, y terminó siendo un gobierno con altos niveles de corrupción iné hablar de su sucesor Nicolás Maduro. Muchos líderes comunistas se hicieron capitalistas, dueños de todo, combatiendo la corrupción.

La Silla Académica: El fenómeno electoral que fue la consulta anticorrupción, tampoco tuvo mucha suerte, pero dado su enfoque ¿cree que tampoco habrían ayudado medidas como bajarle el sueldo a los congresista? una de las formas de medir la desigualdad en los países es a través de la brecha entre éstos y los ingresos de la gente más pobre...

Blendi Kajsiu: No solo son sueldos altos sino que aún en las vacas flacas que hay actualmente se los aumentan. Y seguramente disminuírselos tendría un impacto simbólico positivo.

Pero podría ser una medida contraproducente porque los políticos corruptos generalmente no necesitan ese sueldo y van tras otro tipo de rentas. En cambio, si queremos que al Congreso lleguen personas diferentes con vocación de servicio público, tenemos que garantizarles una remuneración proporcional a sus responsabilidades.

La historia del parlamentarismo lo confirma. Originalmente la Cámara de los Comunes en el Reino Unido no remuneraba a sus integrantes. Fue el partido Laborista el que abogó porque lo hicieran pues de lo contrario sus integrantes, que pertenecían a la clase trabajadora, no podían aspirar a trasladarse y vivir en Londres para cumplir sus funciones.

Bajarle el sueldo a los congresistas no va a evitar que sigan llegando al Congreso los grupos económicos que controlan la Costa, por ejemplo. Es un canto de sirena. .

La Silla Académica:Los análisis que usted hace en su libro no se limitan a las políticas nacionales. Usted dice que las políticas anticorrupción de los organismos multilaterales también han servido para replicar un orden desigual entre países. ¿A qué se refiere?

Blendi Kajsiu: El gran logro del Banco Mundial fue definir qué se entendía por corrupción porque con ello sentó las bases de las políticas que se han desarrollado para combatirla.

Para ese organismo, la corrupción es fundamentalmente el abuso del poder público para favorecer intereses privados. ¿Qué hay que hacer entonces? Reducir el Estado. Y ese fue la punta de lanza de muchas medidas que implementaron los países en el mundo tendientes a privatizar y a establecer un orden neoliberal.

Los países desarrollados, además, se abrogaron tener el poder de la moral y la autoridad para decirle a los subdesarrollados qué hacer, porque en todas las mediciones aparecen como menos corruptos.

Pero, la corrupción a nivel global solo se entiende a través de la interconexión entre el primer y el tercer mundo. No se puede entender la corrupción en Rusia sin el lavado de dinero que se hace en Suiza o en Londres.

En los rankings, sin embargo, Londres puntúa muy bien, porque las mediciones aguantan con todo. La caída en materia de transparencia en todo caso de países como EE.UU. y el mismo Reino Unido -ahora el Partido Conservador de Boris Johnson enfrenta duros señalamientos en materia de corrupción- tienen su lado positivo y es que abren espacio a que se puedan discutir de forma más profunda los problemas, con menos hipocresía.

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