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Por Ever Mejía · 30 de Junio de 2020

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Los datos dicen todo sobre la gravedad de la crisis: este fin de semana, Barranquilla y el Atlántico superaron las mil muertes por coronavirus. Un tercio de los 3.223 fallecidos que registra hoy el país están en este departamento, que tiene apenas poco más de dos millones y medio de habitantes en total.

Para hablar de emergencia -que según el alcalde Jaime Pumarejo, la gobernadora Elsa Noguera y el presidente Iván Duque, encuentra explicación en la “indisciplina social”-, entrevistamos al médico de la Universidad del Norte Julián Fernández, quien es magíster en Salud Pública y doctor en Epidemiología. 

 

Fernández es autor de más de 30 artículos científicos como "Análisis exploratorio de ondículas de los patrones de estacionalidad del dengue en Colombia" y "Percepción de competencias en epidemiología en México y Colombia durante la epidemia de influenza A (H1N1) entre estudiantes de salud pública", participó en la guía Epidemiología urgente para periodistas de la Fundación Gabo, ha seguido de cerca la evolución de la pandemia en Colombia y en Barranquilla y, en estos tres meses de cuarentena, se ha convertido en un twittero bastante seguido por sus observaciones científicas.

La Silla Vacía: ¿Qué explicación le encuentra desde su experticia a que Barranquilla se haya convertido en foco de contagio del país?

Julián Fernández: Es una combinación de múltiples factores. Uno de los que más incide es la pobreza urbana. El Atlántico es uno de los departamentos con mayor nivel de pobreza y, aunque es cierto que ésta es mucho mayor en departamentos como La Guajira, allá se trata de un problema predominantemente rural.

En el Atlántico, y en particular en el sur de Barranquilla y en el área conurbada con Soledad, hay una alta proporción de pobreza urbana y densidad de la población, que favorecen la propagación.

Sumado a esto, hay otros factores como una desconfianza institucional que es histórica, una estrategia de comunicación que no fue tan clara en algunos momentos y la informalidad laboral, que está asociada a la pobreza. Agregaría también la falta de velocidad en implementar acciones diferentes y anticipadas como uno espera en una capital, como hicieron Bogotá o Medellín, con mayor innovación.

LSV: ¿Qué acciones se demoraron en tomar en la ciudad?

Julián Fernández: En primer lugar, los cercos epidemiológicos y las intervenciones de base comunitaria, ambos asuntos sobre los cuales habíamos llamado la atención desde hace unas semanas.

Ciertamente, hay que decir que en Barranquilla se tenían mapas, desde hace varios meses, de zonas de calor en lugares con mayor transmisión, y se han usado para direccionar estrategias como los cercos. Pero no me refiero a ese tipo de intervención, sino particularmente a vigilancia comunitaria, como se hizo en Cartagena. El mismo ministro (el de Salud, Fernando Ruiz) dijo que Barranquilla debería seguir el modelo de Cartagena, Tumaco y Leticia, que lograron una rápida reducción de la velocidad de transmisión con una combinación entre rastreo de contactos e intervenciones comunitarias.

Es importante también seguir incrementando la rectoría de las EPS para reducir los retrasos en las pruebas y la atención, así como para mejorar la atención domiciliaria integral.

LSV: En concreto, ¿cómo han sido esas intervenciones comunitarias exitosas que no se han hecho en Barranquilla?

J.F.: No es tan fácil como decir que ya sabemos qué hay que hacer, y toca hacerlo. Primero, porque cada contexto es diferente, y segundo, porque los académicos reconocemos las complejidades operativas, y socioculturales que hay en la región, y que dificultan el control de la transmisión. Estamos cargando con el peso de problemas estructurales históricos.

Sin embargo, hay oportunidades para innovar. Una estrategia sólida de vigilancia epidemiológica comunitaria estructurada, y articulada con la vigilancia epidemiológica institucional, donde haya gestores barriales de la propia comunidad para identificar y monitorizar a los más vulnerables se ha ensayado en otros contextos similares. También debo insistir en la necesidad de incrementar el número de rastreadores, todas las ciudades están debajo del número necesario, pero para Barranquilla y el Atlántico es clave hacerlo lo más pronto posible.

Este no es un tema de ventiladores, sino de que los pacientes no lleguen a necesitarlos. Debemos superar la respuesta de emergencia, y pensar en más soluciones a largo plazo.

LSV: ¿Cómo leer la alta letalidad del virus y la curva de contagios ascendente en Barranquilla?

J.F.: Sobre la curva de contagios, lo que tenemos es un incremento de la velocidad que comenzó desde finales de abril. Y esto, además de los problemas estructurales que mencioné, se debe también a la baja atención de ciertos sectores de la población a las medidas que incluyen personas de todos los niveles socioeconómicos.

Esta baja adherencia o atención favorece el contagio. Aparte de los factores ya dichos, es cierto que hay gente que por baja percepción de riesgo siguieron organizando reuniones sociales.

En algún momento en abril, la adherencia a la cuarentena empezó a disminuir y se relajaron las medidas. Eso explica la propagación. Mantener alta la percepción de riesgo, sin generar pánico, pero sí conciencia, es indispensable.

LSV: ¿Y la letalidad?

J.F.: En el tema de la letalidad, Barranquilla está por encima del 4 por ciento frente al promedio nacional es de 3.3 por ciento. Sin embargo, sería irresponsable opinar en ese caso porque la cifra de letalidad de fuentes oficiales tiene una limitación metodológica y es que el denominador depende del rastreo de contagios. Hay más muertos en términos absolutos, en primer lugar, porque hay más casos. Así las cosas, no se puede decir que la probabilidad de morir es mayor en Barranquilla que en el resto del país. Al menos no sin antes hacer otro tipo de análisis, aunque sí es algo que llama la atención.

LSV: Las autoridades locales, apoyadas por el presidente Iván Duque, han reducido la explicación a lo que sucede en Barranquilla a un asunto de “indisciplina social”, ¿qué opinión le merece eso?

J.F.:El discurso de indisciplina social da un mayor peso a la culpa, que es diferente a la responsabilidad, de los individuos. Y eso no reconoce que hay unos determinantes sociales que explican que la gente se movilice.

Tampoco reconoce la responsabilidad colectiva por la no toma de las medidas institucionales. La actitud de las personas frente al virus se puede explicar de muchas maneras: como por ejemplo que tienen baja percepción de riesgo porque los mensajes de comunicación que hablaban de que ‘la única solución es contagiarnos de a poco’ pudieron reducir la alerta. Afortunadamente, se ha redireccionado la estrategia de comunicación desde hace algunas semanas.

Con esto no quiero decir que no haya personas imprudentes que han organizado fiestas, tanto en las clases altas como en las de bajo recursos. Pero cuando yo enfoco el problema solo como un tema de indisciplina, así mismo viene la solución en el mismo sentido únicamente: disciplinar, vigilar y castigar.

Los discursos públicos son narrativas que muestran la manera en que entendemos los problemas y determinan cómo respondemos a ellos.

En cambio, cuando yo enfoco el problema como un tema de responsabilidad, entonces la solución ya no es únicamente disciplinar, sino también generar responsabilidad y consciencia. Esto toma tiempo y es difícil.

Ciertamente, habrá personas que no importa lo que se haga van a tener conductas irresponsables, pero asumir que la mayoría de las personas es indisciplinada nos niega la oportunidad de hablar de educación para la salud, que es algo difícil, pero tiene resultados más efectivos.

Además el discurso de indisciplina refuerza los estereotipos que han padecido las personas del Caribe colombiano.

LSV: En respuesta a lo que pasa, la Alcaldía apretó las medidas del confinamiento (las devolvió casi al principio) y sacó a militares a las calles. A pesar de eso, la gente sigue incumpliendo en muchos barrios el aislamiento. ¿Por qué cree que pasa eso?

J.F.: Lo primero que hay que decir es que nadie tiene la solución a un problema tan complejo. Ese tipo de estrategia restrictiva es la más tradicional, pero puede no ser suficiente cuando hay desconfianza institucional, cuando hay necesidades que no están siendo percibidas por las autoridades y cuando hay una ruptura de la cooperación colectiva, como parece ser el caso.

Yo entiendo que la visión que ha tenido la Alcaldía es de emergencia, y en muchos sentidos lo es porque, por supuesto, estamos al borde del colapso de las UCI. Sin embargo, esto es algo que va a durar varios meses y probablemente años, así que desde esa perspectiva, si bien son importantes las medidas de choque, tenemos que apostarles a medidas de largo plazo porque es insostenible tener medidas punitivas así funcionen.

Dicho eso, sí tenemos aprendizajes en salud pública sobre cómo transformar las conductas de las personas que podríamos poner a prueba.

LSV: ¿Cómo cuáles?

J.F.:Hay experiencias con participación de los líderes comunitarios, promoviendo que ellos tengan recursos y capacidades para ejercer un liderazgo articulado que promueva medidas, que transfiera la información de las necesidades de la población y que identifique personas con alto riesgo. Eso requiere un trabajo de campo de alguien que haya trabajado con estas comunidades, que conozca de sus dinámicas y liderazgos.

Toma meses lograr esa articulación, pero, dado que esto va a durar meses o años, es algo que vale la pena intentar.

LSV: Es probable que en Barranquilla los datos de fallecidos aumenten en los próximos días, ¿hay algo que se pueda hacer en el corto plazo frente a eso?

J.F.: Lamentablemente, el impacto de cualquier medida se va a saber tiempo después. Aunque, sí hay varias cosas que se pueden hacer ya. Una de ellas es mejorar la estrategia de comunicación, que ha sido muy criticada, no solo por epidemiólogos sino por distintas organizaciones sociales y otros académicos; debido a que el mensaje no siempre deja claro el riesgo, aunque reconozco que sí ha cambiado recientemente.

Yo he sugerido que la comunicación del riesgo tenga una voz propia, distinta a la voz de la comunicación de la gestión. El señor Alcalde tiene todo el derecho a tener una voz que comunique lo que él hace, pero esa voz es una voz que llama a inspirar, a la solidaridad. Sería bueno que, además, hubiera una voz más técnica, independiente, que no genere esos apasionamientos políticos, que permita comunicar el riesgo de manera transparente, clara, en tiempo real.

Otra cosa que puede servir es identificar el rastreo de contactos. Estamos todavía, no solo en Barranquilla pero es que acá es más urgente, por debajo del número de rastreadores que se necesita. Se habla de uno por cada tres mil personas. Hacer una gran inversión en contratar y entrenar rastreadores, que es algo que ya se ha comenzado a hacer.

Por supuesto, hay que comenzar a hacer el trabajo comunitario. De ahí se puede tratar de aprender de la experiencia digital y comunitaria de Cartagena, que si bien no es perfecta deja algunos aprendizajes.

Y obviamente la rectoría y la mentoría de las EPS porque los retrasos en la asignación de las UCI nos están pasando factura, aunque han existido progresos tales como por ejemplo centralizar las UCI en el Centro Regulador de Urgencias (Crue).

LSV: ¿Qué le parece la decisión de trasladar a quienes incumplen la cuarentena a la Unidad de Servicios Especializados en Convivencia Ciudadana y Justicia (UCJ)? Según Pumarejo, 395 personas fueron llevadas allí el fin de semana, en una medida criticada porque la UCJ puede convertirse en foco de contagio.

J.F.: De acuerdo con la crítica. En algunos países hay mandatarios que están utilizando este tipo de medidas punitivas, que van desde una multa hasta llevar a la gente a recluir por unas horas.

En el tema de multas, me parece que hay evidencia que es una medida que se agota en el tiempo y que, cuando hay necesidad, las personas prefieren exponerse al castigo que cambiar la conducta. Es decir, si las multas hubieran servido no estaríamos observando lo que observamos ahora.

Además, yo quisiera saber cuántas de esas multas se han pagado.

LSV: Según dijo la Gobernadora Noguera, hace unas semanas de 44 mil multas sólo se habían pagado 31...

J.F.: Y seguramente hay gente que incurre varias veces.

LSV: Según el comandante de la Policía de Barranquilla, Ricardo Alarcón, hay personas que tienen hasta diez multas...

J.F.: Es decir, hay personas a las que eso no les importa o que simplemente no tienen otra opción. En ese sentido, a mí me parece un poco injusto poner en un mismo cajón a las personas que lo hacen por necesidad y a aquellas que lo hacen por irresponsabilidad. No es lo mismo un vendedor ambulante que alguien que organiza la fiesta. Hay un nivel de responsabilidad distinta, y la Policía debería enfrentar eso de manera diferente.

Por otro lado, insisto en que el problema de las multas no es solo si son justas o no, sino si sirven. A mí no me parece claro que sirvan, lo mismo pasa con llevar a la gente a la UCJ.

LSV: ¿Qué hacer con los fiesteros?

J.F.: Si hay un problema de verdad de fiesteros, algo que se ha intentado en otros países es ofrecer alternativas de ocio bajo condiciones reguladas que permitan desestimular ese tipo de celebraciones.

Insisto, habrá personas que no vamos a poder adherir, siempre hay personas que son refractarias a la acción institucional, pero podemos hacer que las que están en el centro se articulen mejor y que sean menos las que se separen de las medidas. Adaptar las medidas a cada contexto particular.

LSV: Otro asunto en Barranquilla -aunque no exclusivo de la ciudad- es el trato a los médicos. Hace poco se registró una amenaza en Soledad contra el médico José Julián Buelvas bajo el argumento de que lamentablemente se le murió un paciente...

J.F.: Totalmente. Este es otro efecto de la desinformación y de las teorías conspirativas formuladas por personas inescrupulosas.

Las personas que se creen este tipo de noticias falsas muchas veces son víctimas que están pasando por el dolor de la pérdida de un familiar, y hay personas y medios de comunicación que han puesto noticias imprecisas o noticias falsas que han favorecido esta idea de que hay un cartel del covid o que los médicos están inventando casos de covid.

Esto es una tontería, cuando el personal de la salud es el que está exponiéndose a una carga laboral, a estrés social y al riesgo de contagio. Son ellos los que han tenido sobre sus hombros gran parte de la pandemia y es una injusticia que contra ellos se generen este tipo de calumnias.

LSV: Más allá de la disponibilidad de las UCI, ¿considera que Barranquilla cuenta con la cantidad de intensivistas suficientes para atender a los pacientes críticos que requieran de un ventilador?

J.F.: En general, a nivel nacional el número de personas con experiencia en cuidado crítico está por debajo de lo que podríamos llegar a necesitar. Por eso se ha hablado de la posibilidad de formar rápidamente en cuidado crítico a médicos de otras especialidades o médicos generales.

También en algún punto se había planteado, si llega a ser necesario, favorecer la homologación de títulos de médicos de universidades acreditadas extranjeras. Esa es una posibilidad que en algún momento se discutió y que genera una resistencia que entiendo, pero quizá en algún momento sea necesario considerarla con todas las garantías de verificación de calidad académica.

LSV: A esta altura, con la cifra de contagios tan alta, ¿se puede revertir la tendencia de Barranquilla?

J.F.: Es hora de que hablemos de forma transparente: esto va a ser grave y vamos a tener miles de muertes, ya llevamos más de tres mil a nivel nacional. Esto es algo que debió decirse de manera más clara desde el principio, no para generar pesimismo, sino para que la sociedad sepa a qué nos estamos enfrentando.

No existía ninguna razón para que esto fuera diferente a como ha sido en el resto del mundo. Y, aunque tuvimos más tiempo para prepararnos, nuestros sistemas de salud son más débiles que los de Europa y los de Asia, por lo que el impacto que la pandemia va a tener en Colombia va a ser grande.

Dicho esto, el hecho de que sepamos que el impacto va a ser grande no quiere decir que tengamos que resignarnos. De innovar depende que en Barranquilla esto sea grave o muy muy grave.

No sé si podemos revertir una tendencia, pero todavía podemos salvar vidas y hacer que el impacto no sea tan fuerte.

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