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Por Camilo Andrés Garzón | Andrés Pacheco-Girón · 16 de Diciembre de 2020

Julia Miranda. Foto: Parques Nacionales Naturales

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Ayer el Ministro de Ambiente, Carlos Correa, le aceptó la renuncia a la directora de Parques Nacionales, Julia Miranda, quien lideró la entidad por 16 años, bajo tres presidentes distintos, y ganándose la reputación de ser una de las líderes de la conservación en el país.

La decisión levantó ampolla entre líderes ambientalistas, como el Representante a la Cámara Juan Carlos Losada, temiendo que el cambio suponga un timonazo frente a la protección del medio ambiente que llevaba la entidad.

Con el anuncio de su reemplazo, estos temores parecen fundados, pues el ministro Correa nombró a Orlando Molano, exdirector del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) en la época de Peñalosa, a quien muchos ven sin la experiencia necesaria en temas de conservación o ambientales. 

Molano, quien es arquitecto de la Gran Colombia y tiene formación en Gerencia de Construcciones y un MBA de la Universidad Politécnica de Cataluña, ya había trabajado en la primera administración de Peñalosa en la construcción de parques.

Pero su trayectoria laboral no pasó por ninguna de las instituciones del medio ambiente del país, académicamente tampoco tiene experiencia en temas de sostenibilidad, y en cambio se ha ganado pleitos con ambientalistas en su trayectoria, como la construcción del parque el Japón en Chapinero, cuando lo cuestionaron por cambiar árboles por una cancha de fútbol 5 y por espacios de juego para niños.

El cambio se fraguó desde que hace dos meses, cuando Correa llegó al Ministerio de Ambiente nombrado por el presidente Iván Duque (en una movida que dejó contenta a su coalición), Miranda y los directores de otras entidades adscritas al Ministerio, como el Ideam y la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (Anla) pasaron su carta protocolaria de renuncia, un gesto usual en los directores de este tipo de entidades para que el nuevo Jefe de la cartera la organice como quiera.

La de Miranda ha sido la única que, hasta ahora, el ministro Correa ha aceptado.

Sobre la decisión dijo Miranda: “No quería salir”, pero le contó a La Silla que está tranquila por haber dejado la conservación de los parques en una posición muy distinta a la que encontró a comienzos de siglo, cuando tomó la dirección de este tema en el país.

Sus primeras experiencias

Julia Miranda comenzó estudiando derecho en la Javeriana, pero desde entonces ya le interesaban los temas ambientales:

“En el pregrado no me enseñaron legislación ambiental, pero yo tenía una gran sensibilidad por los temas ambientales. Esa sensibilidad empezó en mi niñez, cuando iba a la Sabana de Bogotá con mi familia en las vacaciones y los fines de semana”, como contó en una entrevista.

Siguiendo su pasión, decidió hacer una especialización en Derecho Ambiental en la Universidad Externado de Colombia.

De ahí saltó al sector público, cuando comenzó a trabajar como jefe de la Oficina Asesora de Gestión Ambiental del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) de Bogotá, durante la alcaldía de Enrique Peñalosa, entre 1999 y el 2001.

En Bogotá siguió liderando los temas ambientales de la ciudad, asumiendo, esta vez en la alcaldía de Mockus, la dirección del desaparecido Departamento Técnico Administrativo del Medio Ambiente, DAMA, hoy Secretaría de Medio Ambiente, después de reemplazar a Carlos Castaño Uribe, quien también sería director de Parques Nacionales.

Allí, como directora, lideró el diseño del plan de gestión ambiental de Bogotá e impulsó la inclusión de la variable medioambiental en el Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad.

Luego saltó al nivel nacional.

Su legado en Parques Nacionales

En 2004 llegó a la dirección de Parques Nacionales Naturales, una unidad que depende del Ministerio de Ambiente, y que se encarga de la administración de las 59 áreas que conforman el Sistema de Parques del país. A su cargo llegó a tener la gestión del 16 por ciento del territorio nacional.

Miranda llegó a la dirección de Parques en un momento de cambios que se auspiciaba por el marco ambientalista y de reconocimiento de derechos de los pueblos indígenas que abría la Constitución de 1991.

En ese contexto, en 1993, la entidad dejó de ser parte del Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente -Inderena- y pasó al recién creado Ministerio de Ambiente. Los primeros años de la gestión de Miranda fueron claves para consolidar esa transición.

Estando en el cargo, pasó por tres gobiernos: el de Álvaro Uribe Vélez, el de Juan Manuel Santos y, hasta ayer, el de Iván Duque.

En parte por su presencia, Parques Nacionales consolidó una tradición de ser una entidad técnica que han dirigido ambientalistas de primera línea. Antes de ella, Juan Carlos Riascos de la Peña impulsó la política de conservación con comunidades, y Carlos Castaño Uribe, defensor y activista de Chiribiquete, estuvo 14 años en la entidad.

Con los 16 de Julia son 30 años que Parques Nacionales estuvo en manos de técnicos ambientalistas, esto es la mitad del tiempo de existencia de los parques nacionales, que existen desde 1960, con la declaración del Parque Nacional Cueva de los Guácharos como la primera área protegida del país.

Manuel Rodríguez Becerra, ex Ministro de Ambiente, dice que el balance de la gestión de Miranda es positivo y destacó su habilidad de negociación política:

“Tuvo la habilidad política de buscar una ventana de oportunidad con cada presidente para ampliar los parques. El número de parques que se creó bajo su gestión fue extraordinario: se declararon diez parques naturales como áreas protegidas”.

Para septiembre de este año, en Colombia había registradas 1.343 áreas protegidas, que representan el 15,17 por ciento del territorio nacional y son unas 31,4 millones de hectáreas.

Esto es un crecimiento grande pues según el Registro Único Nacional de Áreas Protegidas, Runap, cuando llegó a su cargo eran un poco más de diez millones las hectáreas protegidas, como muestra el siguiente gráfico:

Entre estos logros de expansión de áreas protegidas está que bajo su dirección se logró duplicar el tamaño de Chiribiquete, convirtiéndolo en el segundo parque más grande de toda la Amazonía y el más grande del país.

Y eso también se vio reflejado en el aumento del presupuesto para Parques Nacionales, que pasó de 14 mil millones de pesos cuando ella entró a 120 mil millones este año, algo que logró gestionar a punta de demostrar que los parques necesitan presupuesto para que puedan funcionar.

Pero la capacidad de negociación de Miranda no fue sólo con Ministerios sino que se probó con su apuesta de mediar entre los intereses de los ambientalistas más radicales y los sectores que buscaban réditos económicos de las áreas de conservación.

Como dijo Rodrigo Botero de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo:

“Promovió una visión de conservación que defendía las áreas del interés privado y promovió el acuerdo con los indígenas y campesinos”, dijo.

Y le reconoce logros como que permitió estrategias de erradicación voluntaria en parques cuando hubo el intento de fumigación, y se echó al hombro la sacada de parques, aún con las presiones de extracción de recursos de oro en el Apaporis, de petróleo en Chirí y de Madera en Puré.  

Aunque admite que esa diplomacia la estaba dejando sin oxígeno, pues era atacada por varios frentes. Por una parte, fuego que le caía desde el mismo uribismo, que había señalado su inconformidad por las restricciones para la inversión en infraestructura dentro de los parques, como en el caso del Tayrona y la puja con otros proyectos de inversión que buscaban llevar infraestructura hotelera al parque.

Pero también críticas que le llovían desde otros sectores ambientalistas, que señalaban que aunque la unidad creció durante la dirección de Miranda, también se centralizó, pues aumentaron los funcionarios de Bogotá y las oficinas regionales, pero el número de personas en los territorios se redujo.

Dos fuentes le contaron a La Silla que su llegada a Parques Nacionales marcó una ruptura con una tradición que venía de los anteriores directores: la cercanía de la dirección con los parques mismos; pues aunque muchos consideran que Miranda tenía bien puesta la camiseta del ambientalismo y fue una buena funcionaria, no visitaba con la misma frecuencia los parques y cuando lo hacía, solía hacerlo en helicóptero.

Su contraste se muestra cuando, en 2017 y en contra de la corriente más inflexible del ambientalismo, defendió la construcción de una subestación naval de la armada en la isla de Gorgona, pero dos años después, en 2019, se enfocó en modificar el plan de manejo del Parque Tayrona, prohibiendo el ecoturismo, lo que le trajo las críticas de Uribe.

Aunque más allá de estas peleas, a nivel global cosechó muchos galardones por su gestión.

En septiembre de 2012 ganó el premio de servicio excepcional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una de las organizaciones medioambientales más reconocidas en el mundo; y en 2017 obtuvo el premio Good Stewart, que la International Conservation Caucus Foundation (ICCF) le entregó por “su trabajo de más de una década al servicio de los parques nacionales y la biodiversidad en Colombia”, además de otros premios.

El vilo sobre lo que viene

El cambio en la dirección de Parques Nacionales reafirma la ambivalencia de Duque frente lo ambiental, quien adquiere compromisos ambientales ambiciosos a nivel internacional (como su reciente promesa de reducir en un 51 por ciento las emisiones de efecto invernadero en el 2030), mientras que deja morir en el Congreso el Acuerdo de Escazú (que firmó el país junto con otros 24 de la región y el cual busca protección para los líderes que velan por el medio ambiente y trasparencia en la información de los proyectos ambientales), como contamos en esta historia.

Una fuente del Ministerio de Ambiente, que pidió que no la citáramos, dijo que queda en ascuas el legado de Miranda:

“Uno de los mayores éxitos en política pública son los parques nacionales, pues a pesar de los casos de deforestación y amenazas a líderes protectores, siguen en su mayoría protegidos. La gente piensa en Tinigua y la Macarena, pero la verdad es que la mayoría de parques no tiene problemas de cultivos ilícitos”, dijo.

Según el Mapa de Ecosistemas en Colombia de 2017, sólo el cuatro por ciento del área de los parques ha sufrido una transformación tal que no exista ya allí su ecosistema original.

Para Julia Miranda, que habló con La Silla después de su salida, su gran orgullo es haber aumentado las áreas protegidas y poner el ecoturismo en el centro de la agenda.

“Ahora hay una defensa de los parques que la misma ciudadanía busca, porque sienten los parques como propios. En 2019 casi dos millones de personas visitaron los parques, y eso es motivo de orgullo para mí”.

Miranda es optimista con el futuro de la entidad:

"Parques Nacionales se consolidó mucho en estos años, ahora es una entidad madura, eficiente, que tiene muchos perfiles técnicos en los parques y que tienen un amor increíble por la tarea de la conservación y están en la entidad desde la época del Inderena”.

Después de 16 años, dice que piensa en dejar un buen empalme y luego mirará dónde más trabajar por la conservación de la naturaleza.

Pero no sin antes dejar un mensaje a su reemplazo:

“La persona que ocupe el cargo debe amar la conservación, el trabajo con las comunidades locales y debe oír a la gente de parques, porque ellos son los que conocen la realidad desde los terrenos”.

Contexto

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