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Por Juanita León | Tatiana Duque | Julián Huertas · 07 de Febrero de 2020

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Hoy finalmente se produjo el revolcón ministerial que había tenido en ascuas al país político desde hace más de dos meses. Los cambios de los ministros de Agricultura, Trabajo y Salud, que se suman al que hizo la semana pasada en Interior, calman por ahora las ansias burocráticas de los partidos que Iván Duque necesita para tener mayorías en el Congreso. 

 

Sin embargo, a juzgar por la forma como comunicó el remezón, el Presidente corre el riesgo de que, parodiando su eslogan, esta movida no sea más que una forma de “cambiar conservando, y de conservar cambiando”.

Los nuevos ministros

El presidente Duque nombró a Fernando Ruiz, en el ministerio de Salud, llenando la vacante que había dejado Juan Pablo Uribe, quien renunció en diciembre. 

Ruiz es un médico cirujano de la Javeriana con maestría en salud pública de Harvard y en economía de su alma mater, que ha desarrollado su carrera en la academia pero también en el sector público. Durante 23 años fue director del Grupo de Política y Economía de la Salud del Centro de Proyectos para el Desarrollo (Cendex) de la Javeriana. 

En 2013, entró como viceministro de Salud del gobierno Santos, y tres años después pasó a ser director del proyecto del Centro de Tratamiento e Investigación sobre Cáncer, impulsado por el empresario Luis Carlos Sarmiento. 

En ese cargo, cuyo jefe era la mano derecha de Germán Vargas durante la pasada campaña presidencial, el exministro Luis Felipe Henao, Ruiz armó el capítulo de salud del programa presidencial del exvicepresidente para su fallida aspiración de 2018.  

En la cartera de Agricultura, Duque nombró a otra persona que viene del sector que liderará. 

Se trata de Rodolfo Enrique Zea, un economista de los Andes especializado en finanzas que viene de ser director de Fiduagraria, una entidad clave en el sector agro, porque ayuda a encontrar esquemas para financiar el sector, estructurar fondos de capital privado, o garantías para los empresarios.

Previamente, fue director de Findeter de Santos, otra entidad pública que gestiona recursos para proyectos productivos, donde trabajó por 21 años.

En cambio, con un perfil puramente político, Ángel Custodio Cabrera es el nuevo ministro de Trabajo. Nació en Bogotá y es contador público de la Universidad Nacional, con especialización en Derecho Tributario y Finanzas de la Universidad de los Andes. 

En Bogotá, tuvo su primer cargo más destacado, la dirección regional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), a principios de los 90, que se convirtió de ahí en adelante en su gran fortín burocrático. 

De ahí pasó a ser concejal por el Partido Liberal, formó parte de la lista peñalosista por la “Bogotá que Queremos”, y años más tarde, se acercó a Cambio Radical, por medio del entonces concejal Germán Olano, que era concejal liberal y terminó condenado por el carrusel de la contratación. 

Cabrera entra a reemplazar a Alicia Arango, una de las personas más cercanas a Iván Duque y, a la vez, a Álvaro Uribe. En Interior, estará a cargo de todo el manejo del Congreso y de llevar la voz cantante de las reformas que presente el gobierno en marzo cuando se reanude el trabajo parlamentario.

Que no parezca mermelada

A través de trinos, Duque no solo presentó a sus ministros como “técnicos con sentido social” (una caracterización que aplica a Ruiz y a Zea, pero no a Cabrera, que es un político tradicional “técnico” en conseguirle puesto a sus clientelas) sino que se abstuvo de mencionar su pertenencia a los respectivos partidos. 

En otras palabras, no comunicó que este remezón ministerial fuera parte de un acuerdo político o programático con una coalición partidista; sino más bien como una continuación de su gabinete de técnicos.

Desde que era Senador, fue tal la vehemencia de Iván Duque y de su partido Centro Democrático en contra de la repartición burocrática -la famosa ‘mermelada’- que hizo Santos para sacar adelante sus reformas, que pese a las inmensas dificultades que ha enfrentado para armar una coalición parlamentaria en el año y medio que lleva gobernando, Duque se había resistido a nombrar en el gobierno a representantes de otros partidos.

Incluso, según confirmó La Silla, varios de sus ministros técnicos le llevaban recomendando hacía meses que les diera a los partidos que se habían declarado en el Gobierno -como la U y los conservadores- algunos ministerios para lograr reversar su creciente aislamiento político. Duque se había negado.

Él no solo ha demostrado ser terco, sino ser una persona de convicciones, y ceder en esto era romper una de las cosas de las que se ha sentido más orgulloso y es demostrar que se puede gobernar sin mermelada. 

Tener una relación con el Congreso “sin dádivas, prebendas, canonjías o acuerdos burocráticos” como dijo en su discurso de inauguración, era una de sus ambiciones.

Por eso tardó tres meses en rearmar su gabinete, con el efecto indeseado de haber disparado el apetito burocrático de los congresistas que están hambrientos de puestos, el único camino que muchos sienten que tienen para hacerse reelegir.  

Y por eso los presentó como técnicos.

Sin embargo, los partidos entendieron estos nombramientos como un giro en la forma de gobernar de Duque y un regreso a la forma tradicional de gobernar. Por eso quedaron satisfechos.

Llenadas las expectativas

Para el Partido Conservador, el nombramiento de Zea significa recuperar una cartera que consideraban como propia durante gobiernos anteriores y les da verdadera representación dentro del gabinete, según nos dijeron, por aparte, ocho fuentes godas (entre congresistas, directivos y funcionarios del Gobierno). 

Esto porque los godos no consideraban como representación la presencia en el gabinete de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y de los ministros de Comercio, Hacienda y Transporte, porque eran cercanos a Andrés Pastrana o a la misma Ramírez, que no tienen relaciones con la colectividad.

Su nombre fue incluido, vía el senador cordobés David Barguil, en una lista de 37 que el conservatismo envió a Palacio entre noviembre y diciembre para que el Presidente escogiera a uno de su cuerda y entre los que había técnicos como Zea y políticos como los exsenadores Hernán Andrade y Juan Manuel Corzo.

Sobre por qué mandaron la lista, cinco consultados nos dijeron que fue por orden de Palacio, mientras que los otros tres nos dijeron que fue porque sintieron que Duque necesitaba nombres para refrescar su gabinete.

Y como Agricultura era una cartera que los políticos estaban reclamando (en la Cámara le iban a hacer moción de censura al saliente Andrés Valencia, que no tenía padrino político), aprovecharon la oportunidad.

Zea, como nos dijo un directivo gremial “es técnico pero se ha sabido mover entre los políticos del partido”. El mismo ministro designado aceptó esa cercanía en una entrevista que dio a Caracol Radio esta mañana.

Barguil y Zea son cercanos desde hace años, a tal punto que el congresista movió su nombre como precandidato a la Gobernación en 2018. 

También tiene cercanía con la bancada de las poderosas senadoras azules como Nohora García, Nadia Blel y Miryam Paredes, además del expresidente del Senado, Efraín Cepeda (quien tuvo injerencia en el ICA durante el gobierno Santos).

Además, tiene vasos comunicantes con el Centro Democrático, ya que es cuñado de la directora del partido, Nubia Stella Martínez, por lo que en el uribismo también tiene buen recibo, según nos dijo un directivo de ese partido.

“Así la oposición quiera satanizar, esto no es mermelada, sino representación política. Hemos votado todos los proyectos con el Presidente, queríamos tener una cartera que pudiéramos llamar propia”, nos dijo el representante Juan Carlos Wills, de la cuerda de Cepeda.

Los de Cambio Radical estaban también satisfechos. De los ocho con los que hablamos, sólo uno no quedó contento con el nombramiento, pues consideraba que esto era “una derrota para los senadores”, en la medida en que para él era un triunfo más de la Cámara de Representantes y de Vargas Lleras.

Pues según pudimos confirmar con tres congresistas, el nombre fue propuesto por el presidente de la Cámara Carlos Cuenca Chaux, mano derecha de Vargas. Cuando de la bancada del Senado habían salido otros nombres, como el de Germán Bahamón, cercano al senador Rodrigo Lara, o el de Luis Alexander Moscoso, cercano al clan Char. 

Así que internamente en la bancada el nombre de Ruiz en Salud se entendió como un ministerio para el Vicepresidente de Juan Manuel Santos, pues la cercanía es con él porque elaboró su propuesta de salud en la campaña de 2018. 

La victoria para el Partido es doble porque también podrán garantizar que se adelante la agenda legislativa que ya vienen acordando con el Gobierno y que arrancará con reforma a la salud y a la justicia y así anotarse triunfos en el Congreso. 

Paradójicamente, en La U el nombramiento del único ministro que es realmente político no los dejó contentos, como explicamos en la mañana del viernes

Ellos esperaban que Dilian Francisca Toro, exgobernadora del Valle, fuera la ministra de Salud y frente a su nombre el de Cabrera desilusiona. 

Además, la cartera de Trabajo cargará con un lastre si el Presidente insiste en la reforma laboral que anunció en meses pasados Duque, una de las razones que disparó en noviembre el Paro Nacional. 

El ministerio de Salud con Dilian, entonces, les garantizaba visibilidad, manejo burocrático y contractual y menos chicharrones. 

De los tres nuevos ministros, dos vienen de trabajar con Santos. 

Ruiz fue no sólo su viceministro de Salud sino que fue uno de los funcionarios clave en sentar la posición de ese ministerio de no usar el glifosato para fumigar la coca por los riesgos cancerígenos que tiene; y Zea fue el presidente de Findeter del final de ese mandato. 

El tercero, Ángel Custodio, como congresista de la Unidad Nacional fue clave para sacar adelante las reformas tributarias del gobierno anterior.

A pesar de esos vínculos con el santismo, los líderes del Centro Democrático no tomaron mal los cambios. 

Una vez fueron nombrados, congresistas cercanos a Duque como María del Rosario Guerra y Ernesto Macías celebraron las designaciones de Zea y Cabrera.

Su círculo e incluso uribistas más alejados al mandatario y editoriales de medios uribistas como este de Los Irreverentes ya venían ambientando la necesidad de ampliar la coalición con la narrativa de que no era la mermelada sino representación política.

Y en todo caso, con Alicia Arango en Interior quedaron felices dada su cercanía a Uribe, su fidelidad al proyecto uribista y su influencia sobre Duque. Además, Cabrera es cercano al uribista Diego Molano (ambos fueron directores de Bienestar Familiar) y Zea es cuñado de la presidenta del Centro Democrático.

Esta felicidad de los partidos le da a Duque un mayor margen de maniobra durante unos meses, pero más temprano que tarde se agotará si él sigue fiel a su principio de la ‘no mermelada’.  

Porque, es claro, los partidos lo que quieren es tener acceso a puestos y cargos oficiales, en Bogotá y las regiones, para poder cumplirle a la gente que les ayudó en las campañas y para poder demostrarle resultados a sus bases.

Por ejemplo, el senador charista, Antonio Zabaraín, espera que parte de los recursos del Ministerio sean destinados para mejorar el sistema de salud del Caribe. Otros tienen expectativas más pueriles y la presión sobre los ministros comenzará hoy mismo.

Si los políticos tienen razón, y con este remezón el presidente Duque en realidad abrió la puerta a la repartija burocrática, la pregunta de fondo es la que hizo el director de Portafolio Francisco Miranda en su más reciente editorial “¿Para qué Gobernabilidad?”.

¿Cuáles son las grandes reformas que impulsará el Presidente en marzo? 

Por ahora solo se conoce la de Justicia, que es mínima, y la de Consulta Previa, que responde al interés de los empresarios de agilizar este paso de pedir la opinión de afros e indígenas sobre los proyectos que les afectan. Ambas iniciativas están alineadas con las banderas de Vargas Lleras de su campaña. 

Las reformas más ambiciosas, la Laboral y la Pensional, aún no están listas. Pero dado que oponerse a ellas es una de las fuerzas movilizadoras de las marchas seguramente llegarán al Congreso muy reducidas si Duque decide incorporar las conclusiones de la Conversación Nacional que lleva promoviendo desde diciembre.

En todo caso, dado el perfil de los ministros que nombró hoy -que no tienen un nombre reconocido, ni ideas de ruptura, ni gran carisma- y el contexto político en el que lo hizo, no se avizoran grandes reformas.

“Los cambios ministeriales representan un movimiento que tiene sentido para darle estabilidad a una persona que no quiere sobresalir”, opinó Jorge Giraldo, profesor de ciencia política de la Universidad Eafit y autor de varios libros sobre política y conflicto. “Lo de Duque es el gris, la medianía, entregar el país sin demasiados trastornos. No tiene un talante reformista, ni la fuerza para hacer las reformas.”

Giraldo señala dos oportunidades que tuvo Duque en el pasado para hacer reformas: los resultados de la consulta anticorrupción y las marchas. Ambas oportunidades las dejó pasar.  Este revolcón sería su tercera.

“Duque está mejorando marginalmente”, opina por su parte el politólogo y encuestador César Caballero. “Carlos Holmes es mejor que Botero; Alicia va a ser mejor que Nancy Patricia y Margarita Cabello es mejor que la exministra Borrero”.

En todo caso, en los círculos políticos creen que estos son los primeros de más cambios en ministerios y en entidades descentralizadas.

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