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Por Ana León · 31 de Enero de 2020

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Desde que derrotó al grupo de condenado exalcalde Ramiro Suárez, el alcalde de Cúcuta Jairo Yáñez ha intentado mantenerse lo más alejado posible de la clase política tradicional, tanto en el discurso como en la práctica. 

Esa es la misma apuesta que asumió hace cuatro años en Bucaramanga Rodolfo Hernández, cuyo apoyo fue trascendental para que Yáñez ganara. 

Tal y como le sucedió a Hernández, la primera gran prueba para Yáñez fue la conformación de su gabinete. Y aunque logró conformar un equipo técnico, con experticia en su materia, el resultado muestra lo difícil de lograrlo y los riesgos que trae: suma personas de confianza que vienen de la clase alta de Cúcuta, por lo que se puede ver como elitista, con profesionales jóvenes sin experiencia en el sector público en la región, por lo que pueden cometer errores. Además, algunos tiene vocación política cantada.

El reto del equipo

El triunfo del Alcalde fue inesperado hasta para él mismo. 

Por eso Yáñez nunca tuvo a su alrededor un grupo político sólido, más allá de un par de jóvenes y amigos y algunos políticos verdes que creyeron que su campaña era necesaria como un ejercicio de política alternativa que podría alcanzar 30 mil votos y jamás imaginaron que llegara a los 110 mil como finalmente ocurrió.

 

De ahí que al momento de conformar un gabinete con gente capacitada y que respondiera a su estándar de no tener vínculos con la política tradicional, sus posibilidades se redujeron considerablemente.

“Si usted vive acá y quiere trabajar en el sector público, dígame dónde más si no es o en la Alcaldía o en la Gobernación”, nos dijo un periodista de la ciudad que conoce de cerca el proceso de selección que hizo Yáñez. “Todas las personas que tienen experiencia han trabajado con los políticos de siempre pero eso no los hace necesariamente malos funcionarios”. 

El Alcalde hizo una convocatoria abierta para quienes quisieran trabajar en su administración, incluyendo ser jefes de cartera. Aunque anunció que la selección sería un proceso meritocrático, no hizo público cómo escogió a cada uno y eso le costó críticas de amiguismo y rosca.

Hace dos semanas, el presidente del Concejo, Nelson Ovalles, ahijado político del condenado exalcalde Ramiro Suárez y quien está haciéndole férrea oposición a Yáñez, le pidió que hiciera pública la selección y le dijo al diario La Opinión “el gabinete se conformó con los amigos de los amigos”. 

Según una persona que le habló al oído a Yáñez durante su campaña y su empalme, sí revisó muchas hojas de vida que llegaron por esa vía y seleccionó algunas, como la de las secretarias de Cultura y Hacienda. 

Sin embargo, la mayoría del gabinete son cercanos al Alcalde o recomendados por cercanos a él, y como él, parte de la clase alta de Cúcuta. 

Un caso es el del secretario de Desarrollo, Sergio Maldonado. Es hijo de Jorge Maldonado, dueño de una cadena de restaurantes en Cúcuta y uno de los principales respaldos de Yáñez. Maldonado papá hizo política en los ochenta junto al cuestionado cacique liberal Félix Salcedo Baldión y es una de las caras del fajardismo en Norte.   

Otra es el secretario privado, Abraham Ararat, un cacao cuya familia es dueña de Cerámica Italia y que en las elecciones presidenciales apoyó a Germán Vargas Lleras.

Por lo que pudimos rastrear, al menos otros 7 de los 21 secretarios de Yáñez pertenecen o son cercanos a familias de la clase alta de la ciudad. Aunque tienen perfiles técnicos, queda la duda de sus conocimientos concretos de lo que pasa en Cúcuta.

La pregunta por la experiencia

Ahora, cuando se cumple un mes de la administración de Yáñez, entre los políticos que quedaron por fuera de la Alcaldía ha empezado a crecer la crítica de que los secretarios no tienen experiencia gerencial, ni administrando Cúcuta. 

Aunque según las estadísticas publicadas en la página web del Alcalde, el 95 por ciento de sus secretarios tienen experiencia en el sector público, la mayoría ha sido asesores o consultores y no gerentes, que es la labor de los secretarios. De ahí el primer punto.

El segundo se nota en que solo 4 de los 21 secretarios han trabajado en la administración pública en Norte de Santander, mientras la mayoría vienen de trabajar en Bogotá.

Entre esos perfiles está el secretario de Educación, el politólogo y docente Carlos Arturo Charria. Él viene de coordinar el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá. Aunque es cucuteño, su hoja de vida la puso en el radar de Yáñez la representante de Alianza Verde, Juanita Goebertus, quien ayudó al Alcalde a conseguir el aval verde para su campaña.

Otro caso es el de la secretaria de Seguridad, María Fernanda Fuentes Tuta, abogada que viene de trabajar en la Secretaría de Seguridad de Bogotá. Llegó por recomendación de Francisco Unda, gerente de la Andi en Norte de Santander. 

La dificultad que pueden tener es que Cúcuta tiene dinámicas muy particulares, como el paso fronterizo que lidia con la crisis migratoria y el impacto de la debacle económica venezolana, o como los coletazos del conflicto armado y narcotráfico que vive el Catatumbo, que afecta la zona rural de Cúcuta y algunos de sus barrios más populares.

Esa crítica puede tomar fuerza. Siete de las ocho fuentes con las que hablamos para esta historia, de las que cuatro son políticos, dos son empresarios y dos son periodistas, coinciden en que el arranque de Yáñez no se ha sentido. 

“No ha dejado el papel del viejito del megáfono de campaña. Ya tiene que ser es Alcalde”, nos dijo uno de los políticos. “Aún hay gente en esa Alcaldía que está limpiando las oficinas. Literalmente, arreglando las oficinas para poder arrancar a trabajar y ya vamos en febrero”, dice un periodista. 

Eso, según uno de sus coequiperos en campaña y el empalme, lo saben en la Alcaldía. “Es cierto que muchos no tienen la experiencia ni la experticia dentro de lo local. Eso es un riesgo grande pero prefirieron correr ese que el de aventurarse con ‘expertos’ en la política tradicional”, explica.

En eso se parece a la historia de Rodolfo Hernández en Bucaramanga hace cuatro años. Al igual que Yáñez, arrancó rodeado de gente sin conexiones con los grupos que derrotó, en su mayoría de perfil técnico y con incluso menos experiencia en lo público que el gabinete de Cúcuta. Al final salió con alta popularidad y puso sucesor, aunque en buena medida gracias a su personalidad explosiva.

No ha dejado el papel del viejito del megáfono de campaña. Ya tiene que ser es Alcalde

político de Cúcuta

 

Con lo que no tuvo que lidiar Rodolfo fue con vocaciones políticas personales, mientras dos de los secretarios de Yáñez son conocidos en Cúcuta por su perfil político. 

El primero y más visible es el de Gobierno, Francisco Cuadros. Profesional en ciencias políticas y militante de Alianza Verde, fue candidato a la Cámara de Representantes en 2018 y aunque se quemó, obtuvo 5.660 votos en su primera vez compitiendo en la política local. 

Cuadros fue uno de los que le gestionó el aval verde a Yáñez, a través de la representante Goebertus, y fue una de las caras visibles de su campaña.

El otro es el secretario de Gestión de Riesgos, Huber Plazas, un ingeniero civil que viene de ser candidato a la Alcaldía de Toledo (Norte) por el Centro Democrático y el liberalismo. No hizo campaña con Yáñez y llegó por recomendación de un amigo personal de él, en vista de que tenía experiencia por haber trabajado en la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos. 

Encima, supimos que desde ya uno de los secretarios, el ya mencionado Abraham Aratat, quiere construir camino para la Alcaldía de 2023.

Hace cuatro años Hernández, en medio de su accidentado arranque, tuvo su primer remezón a los pocos meses. Habrá que ver cómo evoluciona el equipo antipolítico de Yáñez en Cúcuta. 

 

Comentarios (1)

Juan Carlos Rincón Escalante

31 de Enero

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Gracias, Ana, por este artículo. Me puso a pensar mucho en mi ciudad. En efecto es muy difícil encontrar gente por la fuga de cerebros a la que lleva el desempleo y el secuestro de las instituciones en una ciudad como Cúcuta. Yo mismo me fui sin planes de volver. Habrá qué ver cómo les va, ojalá que bien.

Gracias, Ana, por este artículo. Me puso a pensar mucho en mi ciudad. En efecto es muy difícil encontrar gente por la fuga de cerebros a la que lleva el desempleo y el secuestro de las instituciones en una ciudad como Cúcuta. Yo mismo me fui sin planes de volver. Habrá qué ver cómo les va, ojalá que bien.

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