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Por Nohora Celedón · 19 de Octubre de 2020

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El presidente Iván Duque enfrenta una encrucijada con su reforma laboral. Si la presenta, cumpliría la promesa que hizo en campaña pero podría meterle más leña a la movilización social que se reactivará el próximo miércoles con el Paro Nacional. Pero si se abstiene de hacerlo, no solo le incumpliría a los empresarios, uno de los sectores que más lo respaldan, sino que tendría poco para mostrar en la lucha contra el desempleo, que se disparó por el covid. 

Hasta ahora no ha tomado ninguno de los caminos. Pero ha dado algunos pasos con reformitas sin llegar al choque frontal de una gran reforma, para la que espera una propuesta de una misión de expertos que ha avanzado en el diagnóstico del problema y no tanto en las propuestas concretas.

La encrucijada quedó en evidencia el viernes pasado: el Departamento Nacional de Planeación publicó el borrador de un documento de política pública para la reactivación económica que incluía recomendaciones base para la reforma laboral que planea presentar el Gobierno en 2021, pero solo duró un par de horas en línea.

Eso después de que varios medios lo retomaron y contaron que incluía entre las propuestas eliminar los pagos de las empresas a la salud, Sena, cajas de compensación e Icbf por sus trabajadores, y facilidades para despedir gente; y que el Ministro de Trabajo, Ángel Custodio Cabrera, y el director de Planeación, Luis Alberto Rodríguez, negaron que fueran a presentar una reforma laboral en esa línea.

Sin embargo, esas propuestas están alineadas con lo que proponen miembros de la Misión de Empleo, encargada de darle el próximo año al Gobierno un borrador de la que debería ser la reforma laboral para actualizar un código de trabajo que se creó en los 50.

La reforma de fondo necesaria

Para muchos analistas, una reforma laboral es más fundamental que nunca con una tasa de desempleo del 16,8 por ciento y la mitad de la población trabajando en la informalidad. El covid desnudó un problema de vieja data: el régimen laboral necesita actualización. 

Para el decano de Economía de la Universidad del Rosario, Carlos Sepúlveda, una de las razones que explican por qué en Colombia el impacto de las cuarentenas y la pandemia pegó más duro al empleo que en otros países de la Ocde, es la rigidez de las normas laborales.

 

“Ante recortes económicos, no permiten ajustes que eviten que la gente pierda sus empleos, y por lo tanto se refleja básicamente en un aumento del desempleo”, dice.

“Es un derecho al trabajo del año 1950, que se quedó con todos los postulados de ese momento”, nos dijo en esta historia la investigadora experta en Derecho Laboral de la misma universidad, Adriana Camacho.

Con ellos concuerda Rosario Córdoba, directora del Consejo Privado de Competitividad. Este centro de pensamiento del sector privado todos los años presenta un informe sobre la competitividad del país, y dice que una reforma facilitaría a las empresas reenganchar formalmente a personas que se han quedado sin trabajo por la pandemia.

“Como hay tantas rigideces en el mercado laboral, es imposible reubicar a la fuerza laboral de manera formal (...) Por cada 100 pesos que destinas al salario de un trabajador tienes que tener 53 más por costos no laborales”, explicó a La Silla. 

Y el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, dijo en esta entrevista publicada el fin de semana por el diario El Tiempo, que la reforma laboral es urgente.

Pero, a juzgar por los ritmos con los que el Gobierno se ha movido alrededor de la reforma, esta no parece prioritaria (o viable) para el Gobierno, al menos por ahora.

Desde la campaña, Duque se comprometió con una reforma que actualizara el Código Laboral y una reforma pensional, dos de las iniciativas que le valieron el respaldo de un sector del empresariado. 

Arrancando su Gobierno, la entonces ministra de Trabajo y hoy del Interior, Alicia Arango, anunció que presentaría una reforma de la que no adelantó mucho, pero que era uno de los puntos del “paquetazo de Duque”  que sustentó el paro nacional del año pasado.

Una fuente del Ministerio de Trabajo nos dijo que el tema no estuvo en la mesa durante el empalme de Arango con el actual ministro Cabrera, quien arrancó montando una Misión de Empleo con empresarios, académicos y sindicalistas para presentar en febrero del otro año unos documentos de diagnóstico y una propuesta de reforma laboral. 

La Misión ha tenido seis sesiones y organizó una serie de foros temáticos en los que ha discutido el tema. 

Todavía no hay una propuesta concreta pero un miembro de la misión del sector privado, nos dijo off the récord que la expectativa es que su documento le dé al Gobierno la legitimidad que necesita para presentar una reforma de fondo.

El Ministro Cabrera también dijo a La Silla que si bien este año no habría una reforma laboral, con el reporte de la Misión esperan empezar a trabajar en un proyecto para el próximo año.

El Gobierno sí ha dado algunos pasitos para reformar normas laborales, cada uno con su costo político. 

En marzo publicó el decreto 1174, que permitió que a los trabajadores que ganan menos del salario mínimo, porque trabajan menos de 8 horas diarias, coticen pensión por el tiempo trabajado. Este llevó a que los sindicatos se salieran de la Misión de Empleo. 

Con el Plan de Desarrollo creó el piso mínimo de protección social para darle un tipo de beneficios a personas que ganan menos del mínimo, que también fue señalado de ser una minirreforma que le quitaba beneficios a los trabajadores y alimentó las movilizaciones del año pasado.

De acuerdo con la profesora de Economía de la Universidad Javeriana, Luz Karime Abadía, este camino de reformar mediante resoluciones y leyes menos ambiciosas es una opción que le permitiría al Gobierno hacer los ajustes puntuales que se necesitan para permitir que el mercado laboral sea más flexible y reenganchar laboralmente parte de las personas que perdieron su trabajo por la pandemia.

Esto porque para que la mega reforma con la que sueñan los empresarios se materialice, a pesar de que fue una promesa de campaña, hay mucho trecho.

El embolate

Los sindicatos de entrada no piensan que una reforma que salga de la Misión sea tan legítima como esperan el Gobierno y los empresarios.

Diógenes Orjuela, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (la central sindical más grande del país), critica la Misión como va hoy.

“Es una misión de empleo sin sindicato, deslegitimada, porque es una misión de empleo del yo con yo, del gobierno con los gremios que son lo mismo”, dijo Orjuela, que además afirma que una eventual reforma laboral en ese sentido podría volverlos a llevar a las calles. 

Pero incluso él cree que sí hay que hacer una, porque la situación actual dista de ser la ideal, pues se necesitan más garantías para la sindicalización y para las garantías laborales.

Además de la esperable oposición de los sindicatos, políticamente una reforma es difícil de sacar adelante en un año preelectoral. Más hoy, con la movilización social más activa que nunca.

“Yo honestamente veo que al Gobierno le da miedo, no se quiere meter en una cosa impopular, y no tiene una estrategia para poder hacerlo”, nos dijo un dirigente gremial que cree que la reforma es indispensable y nos habló off the récord

También dijo que ha escuchado de varios miembros del Gobierno que no hay ambiente para una reforma.

A esa dificultad se suma otra, según el presidente de la Asociación de Agricultores de Colombia y miembro de la Misión, Jorge Enrique Bedoya.

“Yo no creo que en medio de la discusión de salario mínimo que se viene en diciembre, el Gobierno se pueda poner a negociar una reforma laboral. Si acaso habría que hacerlo entre enero y febrero para presentarla en marzo, nosotros estamos listos para dar la discusión”, dijo a La Silla. 

Como la propuesta de la Misión se presentará en febrero, no habría tiempo para discutirla y ambientarla con otros actores, lo que le daría más legitimidad, antes de que llegue al Congreso.

Córdoba, del Consejo Privado de Competitividad, también se mostró pesimista.  Cree que la oposición de los sindicatos no permitirá que se haga la reforma. “Hay unos grupos de interés que se benefician del estatus quo (...) Se hace como un boicot político que no permite que se hagan las reformas necesarias”, dijo a La Silla.

Dos congresistas uribistas nos dijeron que en su colectividad todavía no han discutido si se debe presentar la reforma. 

Uno de ellos nos dijo extraoficialmente que no tenía dudas de que en 2021 no habrá buen ambiente para ella: “Me parecería ridículo ver al Gobierno en esas sin Congreso y en año electoral”.

Para el representante vallecaucano Cristian Garcés la cosa es más matizada, pues considera que el Gobierno se la jugará si hay “acuerdos nacionales”.

Según dijo a La Silla el Ministro de Trabajo, por ahora los planes del Gobierno sí incluyen presentar una reforma estructural el próximo año. 

Pero sin mayorías claras en el Congreso, con una fuerte oposición sindical a cualquier reforma y su partido necesitando apoyos para 2022 esos planes no son tan claros. La duda es si las pequeñas reformas logran reducir el desempleo tanto como lo necesita un país con 4 millones de personas sin trabajo, 1,3 millones que salieron del mercado laboral y 5,7 millones en la informalidad

 

Comentarios (3)

Carlos Campo

19 de Octubre

0 Seguidores

La reforma laboral es de los pendientes más importantes y más urgentes en Co...+ ver más

La reforma laboral es de los pendientes más importantes y más urgentes en Colombia. No es posible progresar con una tasa de informalidad del 50% y un desempleo estructural de largo plazo por encima del 10% - y es sabido que lo impulsa los costos laborales para las empresas formales. Con el desastre del COVID a cuestas, ninguna reforma puede tener más impacto sobre el colombiano del común que esa.

AlvaroH

20 de Octubre

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El problema es que una reforma que sacrifica al trabajador (¿de dónde sale t...+ ver más

El problema es que una reforma que sacrifica al trabajador (¿de dónde sale tanta plata para cotizar en salud si la empresa no la asume?) para engordar a empresarios no va a solucionar ni lo uno ni lo otro.

Gustavo Adolfo

20 de Octubre

0 Seguidores

Obviamente toda marcha es un acto político y la política trata de cómo se gobierna y organiza la sociedad. Si las demandas de la Minga son para hacer proselitismo por Petro que importa? lo que corresponde al presidente es solucionar problemas, no encerrarse a esperar que pase el ventarrón.

Obviamente toda marcha es un acto político y la política trata de cómo se gobierna y organiza la sociedad. Si las demandas de la Minga son para hacer proselitismo por Petro que importa? lo que corresponde al presidente es solucionar problemas, no encerrarse a esperar que pase el ventarrón.

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