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Rubén Darío Acevedo Carmona

Director del Centro Nacional de Memoria Histórica • TOTAL DE CONEXIONES 3
Actualizado: 12 de Abril de 2021

Nació en Andes, Antioquia, el 4 de febrero de 1951. 

Sus padres eran campesinos y pequeños propietarios, pero cuando Acevedo tenía siete años la familia decidió mudarse a Medellín. Allí terminó el colegio y, con 19 años, entró a estudiar ingeniería industrial en la sede Medellín de la Universidad Nacional. 

En la universidad conoció el movimiento estudiantil, y participó en asambleas, manifestaciones y hasta “pedreras”. Sin embargo, los semestres perdidos por las huelgas estudiantiles le pasaron factura y, ya endeudado con el Icetex, se vio obligado a abandonar sus estudios.

Entró a trabajar como obrero en Polímeros, fábrica de textiles vinculada a Coltejer. Allí se metió de lleno en el mundo sindical, impulsando la creación del sindicato de la fábrica. 

Por esta época “tenía ya influencias de izquierda y muchos amigos en la izquierda”, según le dijo Acevedo a La Silla, e inició su militancia política. 

Sobre los detalles de esta militancia hay versiones encontradas. 

Según cuenta la revista Cerosetenta, compañeros de Acevedo en ese tiempo aseguran que su militancia en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) era conocida. Incluso, un exmilitante del EPL le dijo a El Espectador que Acevedo “llevaba la vocería en los eventos sindicales de la época y hacía propaganda revolucionaria en favor de esta guerrilla”.

Acevedo, por otra parte, niega categóricamente haber apoyado alguna vez la lucha armada. Incluso sostiene que nunca militó en el PCML, pues entró al momento de una división interna dentro del partido que tuvo como resultado la salida de una de sus facciones, en la que Acevedo se matriculó.

Esta facción conformaría un movimiento político nuevo llamado Ruptura, crítico de la lucha armada. Allí militó alrededor de cuatro años, y, según le dijo a La Silla, incluso fue perseguido y amenazado por el EPL —que surgió como el brazo armado del PCML— por cuenta de sus críticas al uso político de la violencia. 

Por esa época empezó su amistad con Jose Obdulio Gaviria, hoy político uribista y senador del Centro Democrático. Según cuenta Acevedo, se movían por los mismos círculos, que describe como “una izquierda más abierta”. 

Gaviria le dijo a La Silla que Acevedo “siempre ha sido un académico y un gran estudioso”. Y a finales de la década de los 70 decidió volver a la universidad, “por una búsqueda de nuevos conocimientos y la desilusión con movimientos de izquierda que no fructificaron, que no lograron echar raíces”, nos dijo Acevedo. 

Acevedo luego volvió a la universidad, a la Nacional de Medellín, a estudiar historia. 

Durante su carrera universitaria fue uno de los fundadores de la Escuela Nacional Sindical, a principios de los 80, junto con amigos de varios grupos de izquierda “que estaban desanimados y desencantados del dogmatismo y el radicalismo”, nos dijo.

En esos años también inició su militancia en Firmes, un movimiento de lo que llamaban la izquierda democrática, opuesto a la lucha armada e impulsado por intelectuales como Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón. Allí llegaron personas de varios grupos como Ruptura, en medio de una izquierda que Acevedo describe como “muy atomizada y dividida”. 

La cabeza de Firmes fue Gerardo Molina, un político e intelectual de corte liberal socialista que en ese entonces era senador. Se convertiría en una especie de tutor para Acevedo, quien empezó a estudiar sus textos y llegó a ser su biógrafo. Su tesis de pregrado se tituló “Gerardo Molina: el intelectual, el político”. 

En Firmes se volvió a encontrar con Jose Obdulio Gaviria, también militante, quien describe el movimiento como “un grupo de intelectuales y profesionales con vocación política pero sin mucho éxito”. 

En el año 86 Firmes apoyó la candidatura de Álvaro Uribe Vélez al Senado, cosa que le chocó a Acevedo en su momento. “En ese tiempo yo todavía era un hombre de izquierda, y nos oponíamos a las tesis neoliberales. De Uribe se decía que era un neoliberal”, dice. 

Poco después, Acevedo dejaría de militar en política para dedicarse a la academia y la docencia. 

En 1987 entró como profesor a la Universidad Nacional de Medellín. Allí obtuvo también el título de magíster en historia en el año 92. Más adelante, en el 2004, obtendría el título de doctor en historia en la Universidad de Huelva, en España. 

La década de los 90 vio a Acevedo alejarse cada vez más de la ideología de izquierda. 

Venía desilusionado por “la combinación de todas las formas de lucha y una izquierda que no lograba compaginarse con los movimientos sociales de la población por su dogmatismo”, según le dijo a La Silla. A esto se sumaron la caída del muro de Berlín, y finalmente de la Unión Soviética, y los cambios en el modelo económico de China. 

Y al finalizar la década vinieron las negociaciones del Caguán, que fueron una frustración muy grande para Acevedo: “Lo que vi fue un despliegue de crueldad, de atentados, en nombre de una revolución que no tenía por qué llegar a esos extremos”. 

“Darío fue muy crítico, eso le valió mucha persecución de la extrema izquierda”, le dijo a La Silla Jose Obdulio Gaviria. 

A pesar de esto, cuando llegaron las elecciones presidenciales del 2002 “todavía estaba con unas fiebres tardías”, según cuenta Acevedo, y su voto fue por el candidato liberal, Horacio Serpa. 

Aunque en esa ocasión no le dio su voto a Álvaro Uribe, durante los siguientes años Acevedo se convertiría en defensor del entonces presidente y su proceso de Justicia y Paz con los paramilitares. Al día de hoy ese apoyo no ha flaqueado, y se refirió a Uribe como “el Grancolombiano” en su cuenta de Twitter, cuando la Corte Suprema le dictó medida de aseguramiento en el 2020.

En 2003 lideró un movimiento para impulsar el nombramiento de Marco Palacios a la rectoría de la Universidad Nacional. La elección de Palacios provocó un rechazo profundo entre los estudiantes, particularmente en las izquierdas, que se volcaron a hacer protestas e incluso interpusieron demandas judiciales. Acevedo lo defendió. 

Como secretario académico de la Nacional de Medellín le correspondió lidiar con el sindicato de la universidad. “Ellos dicen que hubo una masacre laboral, pero yo nunca despedí a nadie.” dice Acevedo.

En el 2013 llegó al cargo de vicedecano académico de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, donde unos años después protagonizó otra controversia. Esta vez fue acusado de atentar contra la libertad de cátedra en la carta de renuncia del profesor Gabriel Cabrera a la dirección del Departamento de Historia. 

Cabrera lo acusó de vetar cursos sobre fascismo y marxismo, a través del Consejo de Facultad, pasando por encima de la decisión del Comité Asesor del Pregrado en Historia. Acevedo le dijo a La Silla que no hizo esto con intención de veto, sino debido a que el curso le parecía “muy flojo, académicamente impresentable, con cero bibliografía”. 

Acevedo estuvo en la vicedecanatura académica hasta agosto de 2017, cuando se pensionó. Ese mismo año fue nombrado profesor emérito. 

Alrededor del 2015 se retiró definitivamente de la Escuela Nacional Sindical, aunque ya desde antes había dejado de participar activamente en sus actividades. Sobre su retiro, le dijo a La Silla que fue porque “llegó mucha gente distinta”. Por esa época, sus diferencias ideológicas con quienes hacían parte de la escuela eran cada vez más profundas, como le dijo a la revista Cerosetenta Norberto Ríos, un líder sindical que militó con Acevedo.

Entre estas diferencias sobresalía la marcada oposición de Acevedo al proceso de paz con las Farc. Desde sus columnas de opinión atacaba al proceso de paz y al gobierno de Juan Manuel Santos, a cuyos miembros tachó de “torcidos y desleales”.

En los años siguientes continuó siendo un duro crítico y opositor del Acuerdo de Paz y sus instituciones. Desde su perfil de Twitter calificó a la JEP de “monstruo” y a la Comisión de la Verdad de “mamerta”. 

Por todo esto, cuando en 2019 se anunció que era candidato para dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), institución dedicada a las víctimas del conflicto armado, recibió un profundo rechazo de varios sectores. 

La situación no mejoró cuando, en febrero de ese año, dijo en una entrevista con El Colombiano, que el conflicto armado no podía convertirse en una verdad oficial. 

Ese mismo mes llegó al cargo de director del CNMH. 

Un año después, el CNMH perdió su membresía en la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia, a raíz del no reconocimiento del conflicto armado por parte de Acevedo. 

Desde el cargo, Acevedo ha hecho declaraciones polémicas sobre temas del conflicto, como que las Fuerzas Militares no fueron un actor principal del conflicto armado, que los falsos positivos no fueron una política de Estado y, más recientemente, manifestó dudas sobre la cifra de falsos positivos que reveló la JEP.

También le ha apuntado a visibilizar otros sectores de víctimas del conflicto, como ganaderos, empresarios y soldados. 

Su nombramiento y su gestión han recibido rechazo por parte de organizaciones de víctimas —que incluso han retirado sus archivos y aportes del CNMH—, así como de la comunidad académica y sectores políticos de centro e izquierda. 

Desde el uribismo, en cambio, celebran su gestión. “Yo creo que encontraron la horma del zapato”, le dijo a La Silla Jose Obdulio Gaviria. 

La más reciente controversia que ha protagonizado Acevedo, y que aún no se resuelve, son las acusaciones de censura en la exposición piloto del Museo de Memoria. A cuenta de esto, Acevedo está siendo investigado por la JEP, que además dictó una medida cautelar para preservar la exposición. 

Ante estas críticas sobre su gestión Acevedo responde que vienen de sectores de la opinión que “se creen dueños de la verdad”.

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