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Alfonso Cano

Ex comandante de las Farc • TOTAL DE CONEXIONES 1
Actualizado: 13 de Julio de 2016

Alfonso Cano, cuyo nombre real es Guillermo León Sáenz, asumió la comandancia de las Farc después de la muerte de Tirofijo en 2008. Fue miembro del Secretariado desde principios de los 80 y ocupó varios puestos en la organización hasta antes de ser dado de baja por el Ejército en 2011.

Antes de convertirse en el comandante de las Farc, era el Jefe Político del Bloque Occidental. Aunque los medios siempre lo pintaron como el ‘intelectual’ de la guerrilla, lo cierto es que era tan línea dura como Jojoy. La diferencia es que no nació en el monte como varios de los otros jefes guerrilleros sino que era un universitario de la ciudad cuando entró a la guerrilla.

Nació el 22 de julio de 1948 en Bogotá, hijo de una profesora y un agrónomo, que junto a sus seis hermanos se crió en un ambiente de una familia clase media. Su familia era cercana al conservadurismo y, en particular, al laureanismo. Cano entró, en 1968, a la Universidad Nacional a estudiar antropología, donde también estudió derecho y se destacó por ser un estudiante aplicado.

Se unió a las Juventudes Comunistas, JUCO, y pronto se convirtió en un líder de la organización. Fue detenido después de manifestaciones de ese grupo y llegó a estar hasta seis meses en la cárcel. Luego pasó a ser comisario del Partido Comunista y desde mediados de los años 70 abandonó la universidad y las Farc lo comenzaron a invitar al Huila y al Sumapaz para que dictara talleres de marxismo a frentes guerrilleros. Por estas actividades, en 1981, su apartamento fue allanado y él fue capturado y encarcelado en la cárcel Modelo de Bogotá. Allí fundó una biblioteca para los presos y se dedicó a leer hasta que salió en 1982 con la amnistía del gobierno de Belisario Betancur.

Los miembros de la JUCO quisieron enviarlo a Moscú, entonces capital de la Unión Soviética, para protegerlo y seguirlo formando en la doctrina comunista, pero él prefirió irse a vivir a las montañas y fue acogido, sin tener que luchar en el frente, en Casa Verde, la sede de los comandantes de las Farc, gracias a su cercanía con Jacobo Arenas.

Durante el proceso de paz con Belisario Betancur, Cano era de los pocos guerrilleros instruidos en la academia que quedaban, por lo que comenzó a ganar posiciones y poco tiempo después fue nombrado miembro del Secretariado. Según informes de gente que lo conoció, Cano había hecho votos de pobreza y de obediencia y no tenía más privilegios que los de los guerrilleros rasos.

Junto a Arenas, Cano intentó sacar adelante la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que intentaba reunir a todas las guerrillas del país que fracasó con la desmovilización del M-19 y el EPL, el PRT y Quintín Lame. Cano se convirtió en mediador entre la ideología de Arenas y la estrategia militar de Manuel Marulanda y comenzó a diseñar con el primero el proyecto de la Unión Patriótica, pero también fue el artífice de la expansión de la guerrilla durante la tregua pactada con Betancur, logrando la instauración de escuelas de formación de cuadros militares y políticos, que instruyeron y dotaron a las guerrilla de mandos medios.

Cuando se rompieron los diálogos con Betancur, Cano comenzó a tener más responsabilidades militares, pues le fue designada la la dirección del bloque noroeste en la región bananera de Urabá. Después de la caída del comunismo a finales de los 80 en Europa, Cano buscó que las Farc adaptaran un modelo propio diferente al soviético y se inclinó por crear un ideario basado en la figura de Bolívar. Arenas lo apoyó, puesto que era experto en la vida de Bolívar.

Cuando murió Arenas en 1990, Cano quedó como segundo al mando, detrás de Marulanda, y estuvo presente en varias negociaciones con el gobierno, no por iniciativa propia, sino porque las Farc habían tomado la decisión colectiva. Cano encabezó las delegaciones en los diálogos de Caracas en 1991 y en Tlaxcala en 1992 y fue el negociador político del grupo. Su visibilidad en las negociaciones y su poca experiencia en el campo de batalla, hicieron que fuera visto como un líder inclinado al diálogo y no un hombre de armas, pero en la realidad no era así. Era tan radical como Jojoy.

El Gobierno de César Gaviria pensó en invitar a las Farc a la Asamblea Constituyente de 1991, pero la guerrilla, según el gobierno, exigía la mitad de las curules y no tener que atenerse al desarme. Cano no quería una negociación como la del M-19, “de entregar las armas a cambio de un taxi”, así que se quedaron por fuera.

En 1993 las Farc realizaron su octava reunión para redefinir su estrategia. Cano comenzó a pensar en su estrategia de movimiento bolivariano y partido clandestino. Pero también sabía que para ganar el respeto de la tropa, tenía que hacer méritos militares. Por lo que se concentró en esfuerzos bélicos. Cano se fue a la región entre el Valle y el Tolima y se dedicó a reunir hombres para acrecentar las filas de la guerrilla. Se ubicó en el Cañón de las Hermosas que es como el triángulo de las Bermúdas para el Ejército por su configuración geográfica. Han muerto decenas de soldados allí.

Durante las negociaciones del Caguán, entre 1998 y 2001, Cano tuvo un bajo perfil en las conversaciones, por una parte porque no confiaba en el resultado de las negociaciones y, por otra, porque seguía ocupado reclutando nuevos miembros para el Movimiento Bolivariano. Después de las negociaciones del Caguán, la guerrilla secuestró a 12 diputados del Valle, una acción planeada por Cano y Pablo Catatumbo, uno de los golpes urbanos más fuertes de las Farc .

Cano siguió ampliando su influencia en la frontera entre el Valle y el Tolima y la amplió a zonas del Putumayo y del Cauca. Cano al interior de las Farc era reconocido por su línea comunista y por haberse mantenido al margen del narcotráfico y demás negocios de la guerrilla.

En ausencia, fue condenado a 40 años de prisión por secuestro extorsivo y terrorismo por la toma de Mitú, en 1998; a otros 40 años por el ataque a Puerto Lleras (Meta) de 1999; a otros 40 años por la masacare de Tierra Alta (Córdoba), de 2001; a 39 años de prisión por el asesinato de un menor en 2002; a 17 años de prisión por tentativa de homicidio agravado y rebelón por el ataque a una comisión de la Fiscalía en San José de Apartadó en 2002, y  otros 40 años por el atentado al Club EL Nogal de Bogotñá en 2003.

En noviembre de 2011, después de varias arremetidas, las Fuerzas Militares finalmente dieron con él y murió en combate. Fue sucedido por Timochenko.

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