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Por Andrés Bermúdez Liévano · 22 de Septiembre de 2015

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La comunidad indígena de Nariño que fue pionera en erradicar los cultivos de amapola en su resguardo acaba de ganarse el premio más importante de la ONU en temas de desarrollo sostenible local, lo que le da un reconocimiento internacional al proyecto más exitoso de sustitución comunitaria de cultivos en el país.

Los indígenas inga de Aponte, que desde hace diez años han logrado mantener su resguardo libre de cultivos de amapola, fueron escogidos ayer como uno de los 21 ganadores del premio de la Iniciativa Ecuador del Programa de Desarrollo de la ONU (Pnud).

 

Desde que en 2003 decidieron decirle ‘no’ a la amapola, el resguardo liderado por Hernando Chindoy se concentró en buscar alternativas de subsistencia como el cultivo de trucha y de café especial, como contó La Silla en una crónica que fue parte de nuestro libro sobre la Ley de Víctimas.

Sobre todo decidieron fortalecerse como comunidad, rescatar sus tradiciones y trazar su plan de vida, un proceso que les permitió enfrentar a las Farc y a los paramilitares que operan en la zona y -pese a las constantes amenazas, que perduran hasta hoy- mantener libres de cultivos ilícitos las 22.283 hectáreas de su resguardo.

Su caso es una excepción en Colombia, pues los cultivos ilícitos se han venido concentrando fuertemente en resguardos indígenas y consejos comunitarios afro.

Si se firma un Acuerdo final en La Habana, el ‘modelo Aponte’ -que arrancó como una iniciativa de resistencia a las Farc- podría terminar siendo uno de los ejemplos para aterrizar el acuerdo sobre drogas que firmó esa guerrilla con el Gobierno en La Habana.

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