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Por Juanita León | Juanita Vélez · 01 de Junio de 2018

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Uno de los ejes de esta segunda vuelta, sobre los cuales los indecisos tendrán que decidir, es el Acuerdo de Paz.

La disyuntiva no es necesariamente entre paz o guerra, como lo ha planteado Gustavo Petro, ya que Iván Duque tiene pocas posibilidades jurídicas de modificar lo que tiene que ver exclusivamente con las Farc y los ex jefes guerrilleros han dicho que no volverán al monte.  Más bien tiene que ver con si el Acuerdo de Paz marcará la hoja de ruta del futuro de Colombia o será una política marginal para garantizar que los desmovilizados no retomen las armas.

Lo que propone Duque

El uribismo siempre se ha opuesto a la idea de que existió un conflicto armado. Creen que lo que hubo es una “amenaza terrorista” de las Farc, y que por lo tanto, el gobierno ha debido propiciar una desmovilización de los guerrilleros (muy generosa, si se quiere) pero no una negociación entre iguales.

 

Por eso, las propuestas de Duque no incluyen suspender el pago mensual que se les hace a los ex guerrilleros o quitarles los espacios de capacitación, desafiliarlos de salud o reducir el apoyo a los proyectos productivos. Por el contrario.

“Tenemos que ser amables y generosos con la base guerrillera que se desmovilizó y reinsertó”, dijo Iván Duque celebrando su triunfo el domingo. “Pero hay que garantizar que los máximos responsables le cumplan al país y asuman responsabilidades. Sin eso no hay paz duradera”

El corazón de las modificaciones de Duque le apuntan más bien a quitarle a la cúpula la posibilidad de que por la vía del Acuerdo conserven o adquieran poder.

Él propone cuatro cambios sustanciales: que en la Constitución quede que el narcotráfico no es un delito amnistiable en ningún caso; que los que cometieron delitos atroces paguen prisión en un sitio de reclusión permanente así no sea cárcel y no solo una pena alternativa; que los exguerrilleros no puedan hacer política antes de pagar esa pena de prisión; y que los agentes del Estado no sean juzgados por la JEP sino por una sala especial de la Corte Suprema de Justicia.

Ninguno de estos cambios es probable en términos prácticos, como lo explicamos en esta historia.

Por ejemplo, los exguerrilleros de las Farc no van a pagar cárcel salvo que cometan delitos después de firmado el Acuerdo, algo que ya está contemplado en el mismo pacto. La razón de esto es que así Duque pasara una ley endureciendo las penas, por el principio de favorabilidad los desmovilizados gozarían de la pena más baja que es la alternativa consignada en el Acuerdo de paz.

Para evitar que los guerrilleros condenados por delitos atroces participen en política tendría que pasar una reforma constitucional. Y en la Corte Constitucional, que tendría que avalarla, hay seis votos sólidos a favor del Acuerdo que podrían argumentar que esa reforma viola el Acto Legislativo 02 de 2017, que dice que hay que cumplir los fines del Acuerdo Final durante los siguiente tres gobiernos. Y uno de los fines del proceso en la Habana era que cambiaran las balas por los votos.

Lo que sí puede pasar es que vía la Corte o, incluso vía interpretación de la JEP, traten de amarrar que los guerrilleros no puedan hacer política antes de pagar las penas, lo que le ofrecería la victoria ‘simbólica’ a Duque de que los de la cúpula de la Farc tengan que renunciar a sus curules automáticas cuando la JEP falle sus casos. Aunque sería un golpe grande para la confianza de los guerrilleros en el proceso e incluso puede hacer que mandos medios en las zonas de capacitación se vayan con rasos a engrosar las disidencias o armar nuevos grupos.

Duque podría prohibir en la Constitución la conexidad del narcotráfico con el delito político pero eso no aplicaría a Timochenko o a ninguno de los otros, salvo que volvieran a delinquir (como presuntamente lo hizo 'Santrich').

En conclusión, será poco lo que podrá hacer Duque para reversar lo que tiene que ver directamente con las Farc.

Lo que sí podría hacer y que va más allá de la exguerrilla, es quitarle protagonismo al Acuerdo de Paz en la vida del país. Hay varias formas de hacerlo.

La más obvia es no meterle voluntad política a la implementación. Es decir, no meterle suficiente plata a los programas que desarrollan el Acuerdo para darle prioridad a otras políticas gubernamentales.

Nombrar funcionarios de segundo nivel a cargo de agencias clave para el aterrizaje del Acuerdo o acabarlas, como ha dicho que lo hará.

Por ejemplo, si decide acabar con la Agencia de Renovación del Territorio, la que aterriza los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, Pdets, significaría que en esos 170 municipios que se escogieron teniendo en cuenta variables como la afectación por el conflicto y la debilidad institucional, no se harían programas y proyectos para transformar esas regiones como esperaba el Gobierno Santos, sino que  ntrarían a competir por la atención del ministro de Agricultura que probablemente tendrá como prioridad el desarrollo agroindustrial.

También podría no patinar los proyectos de ley que aterrizan el Acuerdo en el Congreso y concentrar a su ministro del Interior en una agenda legislativa diferente. Como se vió durante las últimas legislaturas, incluso con el Gobierno jugado por esa bandera no fue fácil sacar al final los proyectos que desarrollan el Acuerdo como el de las curules para las circunscripciones de paz que finalmente se hundieron.

Pero quizás el mayor cambio que haría Duque es cambiar la narrativa de lo que significa ese Acuerdo de Paz para Colombia.

Si para Santos (por lo menos en el discurso oficial), o para Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, el Acuerdo de Paz era “una oportunidad histórica” para Colombia, no lo será para Duque.

Para Jaramillo –que se había soñado la idea de la “paz territorial”- la dejación de armas por parte de las Farc era solo el primer paso de una democratización más profunda del país. Una especie de refundación.

Duque, y la coalición del No que él representa, no lo ven así. Creen que el Acuerdo es más una entrega a la guerrilla que algo que necesite o beneficie a Colombia.

Como Duque cree que algunos o todos los jefes de la Farc siguen delinquiendo y que no han entregado todas las armas ni la plata, también podría reforzar las labores de inteligencia del Ejército y la Policía para intentar cogerlos ‘in flagrancia’ y extraditarlos, consiguiendo otra victoria simbólica para su electorado.

“Si nosotros vamos a ver cabecillas que sigan en el negocio del narcotráfico, los vamos a someter rápidamente a la legalidad y los vamos a extraditar,” dijo.

Es decir, Duque parte del supuesto de que el proceso de paz “es un fracaso” con todo lo que eso implica.

Puede ser que en unos años diga que fue un “éxito” gracias a los ajustes que le hicieron y de esa manera reivindique el papel histórico del uribismo y minimice el de Santos. Pero definitivamente no va a fincar su gobierno en los elementos más transformadores del Acuerdo.

Y es en esa concepción del Acuerdo en lo que se diferencia sustancialmente de Petro.

La ‘Coalición de la paz’ de Petro y el juego a las organizaciones sociales

“Lo que está delante de nosotros en los próximos 15 días es si Colombia vuelve a la violencia o si Colombia construye una era de paz”, dijo Petro en tarima el domingo celebrando su triunfo y poniendo a la paz como eje de la discusión.

Para eso está hablando de crear una ‘Gran coalición de la paz’, intentando así convencer a los votantes de centro de irse con él para defender los Acuerdos.

“Está reeditando el 2014 buscando, como pasó con Santos, que toda la centro izquierda se vaya con él por la paz”, nos dijo el analista Francisco Miranda.

La idea de esa gran coalición fracasó con las decisiones de Fajardo, De la Calle y Robledo de irse con el blanco, de los liberales de irse con Duque y de los Verdes y el Polo de dejar a sus militantes escoger entre Petro y el voto en blanco. Pero Petro le sigue apostando a convencer a los ciudadanos que le apuestan al Acuerdo de Paz.

Petro ha dicho que no solo no quiere hacerle cambios al Acuerdo y para eso impulsará la aprobación de las leyes que faltan para aterrizarlo en el Congreso, sino que cree que ese es apenas el primer paso de una “paz con justicia social” y para eso buscaría darle más juego y sobre todo poder regulador a las organizaciones sociales.

Profundizar la idea de “construir democracia de abajo hacia arriba” que estaba en el Acuerdo, pero que perdió fuerza tras la renegociación con los de la Coalición del No, en la que el ex presidente Uribe pedía purgar el eje transversal de la democracia directa que apuntaba a fortalecer el poder de decisión de esas organizaciones.

Por ejemplo, para los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, Pdets, el acuerdo renegociado aclara que los presidentes de juntas de acción comunal y las organizaciones sociales puedan participar en la priorización de los proyectos de los Pdets, pero no decidir puesto que esto es competencia de los alcaldes, gobernadores, Congreso, concejos y asambleas.

O también en el acuerdo inicial las zonas de reserva campesina ganaban nueva vida (el Gobierno se compromete a promover el acceso a la tierra en esas zonas y a hacer efectivo el apoyo estatal en sus planes de desarrollo), aunque se aclaraba que no tendrían autonomía como la de los territorios indígenas. Pero en el renegociado quedó que el Acuerdo por sí mismo no crea nuevas zonas, quitándole un miedo a los del No de que esas zonas se volvieran “pequeños caguancitos” y le dieran más juego a organizaciones sociales afines a la Farc.

Petro propone, por ejemplo, en el punto de drogas, que el Programa Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, Pnis, sea “participativo, incorporando a las comunidades en las decisiones y soluciones”.

En concreto, según nos dijeron en su campaña, Petro quiere que  “las comunidades, a través de sus organizaciones, participen en el diseño, ejecución y evaluación de los programas de sustitución y de restauración ambiental de las áreas afectadas por los cultivos de uso ilícito”.

También nos dijeron que frente al proyecto de ley de alternatividad penal que busca dejar de perseguir por un año a los pequeños cultivadores (hay una discusión en el Congreso de si son los dueños de 1,78 hectáreas o 3,8), él cree que “necesariamente tiene que ser conciliado y validado con la participación de las organizaciones de los pequeños cultivadores (Coccam, etc), particularmente en la definición de los tamaños prediales a ser cobijados en la alternatividad penal”.

Eso implicaría retirar el proyecto y conciliar con ellos.

Esa visión propia de la izquierda de la participación popular difiere sustancialmente de la noción de participación como la ha entendido el BID o el Banco Mundial, y que es en últimas la que ha asumido el gobierno Santos.

Mientras que en la noción tradicional, el gobierno escucha a los beneficiarios de los proyectos y luego toma la decisión que incorpora o no esas visiones, en la idea de la participación popular de izquierda no es lo que diga el gobierno sino que se entiende que la gente es el gobierno y decide por sí misma lo que le conviene. Es la participación ciudadana como autogobierno.

Esta idea era lo que le asustaba a los uribistas, y al Establecimiento en general porque consideran que puede conducir a más conflictividad, a la imposibilidad de llegar consensos mínimos para para sacar adelante programas del Gobierno o proyectos de desarrollo. Que en últimas conduce a la parálisis. 

Por eso en últimas lo que está en juego en esta segunda vuelta es entre la narrativa de que el Acuerdo significa solamente desmovilizar y reinsertar a los excombatientes o la de que es una puerta de entrada para recuperar el poder para el pueblo.

Vea nuestras historias de otros ejes: progresismo o conservadurismo y izquierda o derecha

Comentarios (6)

svelez

01 de Junio

0 Seguidores

Sería interesante saber de parte de los candidatos su opinión (¿objetivos?)...+ ver más

Sería interesante saber de parte de los candidatos su opinión (¿objetivos?) sobre los 3 millones de hectáreas que se deben entregar a los campesinos según el acuerdo. La meta de este gobierno es entregar más de 1 millón (lamentablemente dudo que les cumplan).

DIDUNDI

01 de Junio

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1-Votè no PROPIAMENTE x un candidato, voté x unas ideas d verdadero cambio e...+ ver más

1-Votè no PROPIAMENTE x un candidato, voté x unas ideas d verdadero cambio en el rumbo delincuencial dl país; en ese camino encontrè 3 opciones y decidí apoyar la q considero ser capaz d lograr transformaciones d fondo con carácter, norte claro y definido, dejando como 2a-3a opción otras q se supone tenian en común el futuro inmediato dl país x encima d las conveniencias políticas. Me propuse...

DIDUNDI

01 de Junio

3 Seguidores

2-..apoyar cualquiera d esas 3 opciones en 2a vuelta, con la seguridad y convi...+ ver más

2-..apoyar cualquiera d esas 3 opciones en 2a vuelta, con la seguridad y convicción q sus propuestas sin ser perfectas indicaban un cambio básico en el derrotero dl pais; y ME EQUIVOQUÉ, creí q d verdad esas opciones todas a pesar de sus diferencias estaban conectadas en ganar un round a la clase política corrupta q se supone rechazaban y definitivamente la boca puede con todo..q' DECEPCIÓN TAN HP

DIDUNDI

01 de Junio

3 Seguidores

3-Tanto D La Calle como la Coalición han retrocedido desde el mismo domingo a...+ ver más

3-Tanto D La Calle como la Coalición han retrocedido desde el mismo domingo a lo + retrógrado d la incoherencia política q se haya visto. Con un tal me retiro No me retiro y actuando como los + típicos politiqueros oportunistas, dicen ser consecuentes cuando en realidad lo q hay es rabia, envidia y celos.
Les quedó grande el compromiso d país y en el 2019 se las cobramos x BRUTOS Y EGOÍSTAS.

Elizabeth Prado

01 de Junio

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No estoy de acuerdo con las dos narrativas sugeridas.La paz en Colombia, obvia...+ ver más

No estoy de acuerdo con las dos narrativas sugeridas.La paz en Colombia, obviamente pasa por el mejoramiento de indicadores sociales y la presencia del Estado en las regiones cooptadas por grupos ilegales. Hay diferentes formas de abordar la solución a esos retos y el pueblo colombiano elija a quien elija, está decidiendo cómo hacerlo.El pueblo somos todos, no solo el que vota en un sentido u otro

AlvaroH

01 de Junio

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Con un programa que es en buena medida continuista de lo que hemos tenido siem...+ ver más

Con un programa que es en buena medida continuista de lo que hemos tenido siempre, o al menos por más de veinte años, la mejora será lenta y concentrada en unos pocos puntos, no en los temas que asustan al uribismo a pesar de que en otros países totalmente capitalistas se hayan realizado esas reformas.

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