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Por Juanita León · 09 de Agosto de 2020

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En tan solo un año, varios episodios han puesto a prueba la fortaleza de las instituciones en Colombia: las marchas del año pasado, la pandemia y esta semana la detención de Álvaro Uribe.

Las instituciones no solo aquí, sino en el mundo entero, enfrentan hoy unos desafíos que permiten anticipar cambios profundos en su naturaleza en los próximos diez años.

Para nuestro nuevo podcast El Futuro del Futuro, patrocinado por Sura, entrevistamos hace unas semanas a Manuel José Cepeda sobre el futuro de las instituciones democráticas.

Cepeda es uno de los cerebros de la Constitución del 91, uno de los exmagistrados que mayor impacto tuvo en la Corte Constitucional y uno de los juristas que diseñó el capítulo de justicia transicional del Acuerdo de Paz.

Esta es la entrevista editada para mayor claridad.

La Silla Vacía: El año pasado vimos marchas en casi todo el mundo, incluido Colombia, y la credibilidad en las instituciones sigue siendo muy baja. Pero con la pandemia hay otra vez un protagonismo oficial muy grande. ¿Va a cambiar la covid esa tendencia anti institucional?

Manuel José Cepeda:

Yo creo que, el coronavirus sin duda mostró dos cosas: que las instituciones importan, y que los líderes son fundamentales. La idea de que la sociedad se puede organizar y funcionar bien de manera autónoma, por vía del mercado o por vía de la coordinación horizontal entre ciudadanos y empresas, ha perdido fuerza. 

Sin embargo, las tendencias básicas que presentan un desafío a las instituciones están ahí. Hay una desconfianza profunda en las instituciones. Las personas le piden ayuda al Estado, no porque confíen en el Estado, sino porque necesitan la ayuda. La desconfianza sigue ahí y no solo afecta instituciones públicas, sino también instituciones privadas. 

Segundo, hay un problema muy grave relacionado con el saber. Es decir, en este momento hay una diferencia enorme en cuanto a quién sabe más sobre los temas relevantes. Cuando se diseñaron las instituciones actuales, que operan en la mayoría de las democracias de Occidente, el presupuesto era que los líderes, los representantes, sabían más. Y por eso es que había que delegarles la capacidad de tomar decisiones. 

Hoy es evidente que eso no es así, en la mayoría de las democracias occidentales del mundo, porque hay un grupo de ciudadanos que tienen un mayor conocimiento de cualquier tema en el cual los líderes tengan que tomar decisiones. Eso se agudiza un poco más con esta crisis del coronavirus, porque lo que hemos visto es que aparecieron unos nuevos expertos, que dicen lo que hay que hacer. 

Aparece un nuevo experto que dice “hay que hay que cerrar la economía, o si no la gente se va a contagiar y va a haber muchos muertos”. Y no hay cómo discutir eso, las economías del mundo se cierran. Hay un tercer saber, que es el de los súper expertos, que lo hemos visto con el tema de la pandemia. 

Estos expertos están, también, transformando las instituciones como el área de las comunicaciones, el área de la inteligencia artificial, el área de la genética, en fin.

Hay muchos temas que van a tener una incidencia enorme,en cómo funcionan las instituciones de aquí a diez años. Inclusive desde el punto de vista de las manifestaciones, vemos que ellas continúan. Lo que pasa es que, ahora aparecen en el llamado Primer Mundo. Tenemos que a raíz del asesinato de George Floyd, a pesar de las restricciones por el coronavirus, se desató un movimiento buscando acabar con la discriminación y la opresión racial en Estados Unidos. 

Y ese movimiento lo vimos de manera sorprendente en las calles de Nueva York, de Chicago, de Los Ángeles, de las principales ciudades de Estados Unidos. Se reflejó luego en las capitales del mundo con un eslogan “Black Lives Matter”, y ese eslogan no lo creó un líder. No hubo un gran dirigente que coordinara eso en todo el mundo.  Fue creado espontáneamente, pegó y tuvo un impacto, y seguirá teniendo un impacto enorme, transformador, rebasando la capacidad de las instituciones de responder a ese desafío.

L.S.V.: ¿Qué es lo que ha provocado que justo en esta época haya tal desconfianza?

M.J.C.: 

Hay muchos factores. El primero es que la población en general es mucho más educada. Cuando se diseñaron las instituciones representativas, generalmente había una élite muy educada, y la mayoría del pueblo no tenía mucha educación. En los últimos doscientos años, eso ha cambiado enormemente.  No sólo porque hay una mejor educación formal, sino por las numerosas fuentes de educación no formal. Entonces tenemos una ciudadanía que sabe mucho más. 

Pero además, hay unos grupos de profesionales que saben también más que esa ciudadanía, y que no se involucran en la política representativa normal. Entonces un gobernante dice algo de economía y hay una cantidad de economistas que saben más de economía que ese gobernante y dicen ‘uy no, eso no se ha debido decir así’, o, ‘ese no es el camino’. 

Hay un primer cambio estructural, que es ese: los ciudadanos, en general, y los profesionales, saben más que los que hablan normalmente sea como líderes, o como orientadores en los medios de comunicación. Y eso crea un problema muy grave, estructural. 

Segundo problema: la representación. La representación fue construida a partir de unas sociedades más homogéneas. Ahora no solo tenemos sociedades muy heterogéneas, sino que se valora la diversidad. Hay una dignidad en reafirmar la diferencia. 

Entonces, los mecanismos de representación que fueron diseñados para sociedades homogéneas no alcanzan a canalizar las demandas y expectativas de una sociedad muy heterogénea, con múltiples demandas. De ahí el crecimiento de la sociedad civil. 

La sociedad civil, básicamente, lo que hace es reflejar organizaciones que transmiten las demandas y expectativas de grupos que abogan por unas determinadas cosas, o que le dan importancia a unos determinados problemas, que el proceso político democrático ordinario no alcanza a canalizar bien. 

Un tercer cambio estructural muy grande, y que viene desde hace ya un tiempo, es lo que se ha llamado el fin de la deferencia. 

L.S.V.: ¿El fin de la deferencia?

M.J.C.:Es decir, la gente, los ciudadanos comunes y corrientes, y los profesionales que son cada vez más, ya no dicen ‘sí, yo defiero a lo que diga el gobernante, sea en el Congreso, en el Ejecutivo, en las Cortes, no’. Ya no se defiere. ‘Ya yo también quiero participar’, es más, ‘yo sé más, oígame a mí”.  Entonces aviva la desconfianza.

Y un problema también muy importante es que la gente quiere más. Ha habido tanto progreso, se ha avanzado muchísimo, como lo han resaltado múltiples análisis, que la gente quiere mucho más. 

L.S.V.: ¿Cree que en los próximos diez años esas dos tendencias -de la gente que cree que sabe más que sus gobernantes y la de los super expertos- se van a agudizar? 

M.J.C.:Sí, yo creo que la tendencia va a ser a que el poder va, evidentemente, a depender del saber. Es decir, habrá unas personas que saben tanto, sobre todo, saben mucho más que el resto, y es un conocimiento muy especializado, que lo que esas personas hagan y digan va a tener una influencia enorme en todo el mundo. 

Pensemos, por ejemplo, en lo que pueda hacer un experto en edición del genoma humano en un laboratorio. Lo que esa persona haga puede eventualmente tener un impacto en la evolución de la especie humana. Y no hay ninguna institución a cargo de eso ni ningún órgano que esté tratando de regular ese problema que es mundial. Eso puede pasar en China, Estados Unidos, Francia, en África, en un laboratorio, en cualquier parte. Entonces, este es un primer problema. 

Pero, del otro lado, tenemos una, digamos, imposibilidad de las instituciones nacionales de enfrentar esos problemas. 

Lo que hay es un desafío enorme para la coordinación y la cooperación global. La pandemia del coronavirus lo ha mostrado. Es un fracaso total, en coordinación y cooperación global.

De otro lado, como hay un empoderamiento tan grande de la ciudadanía, lo que tenemos es reclamos de los ciudadanos que dicen “pues puede que los expertos digan eso, pero yo quiero otra cosa”. 

Aquí lo hemos llamado la rebelión de las canas. Personas que reconocemos muy respetables dicen, “Yo entiendo que tengo un riesgo, los expertos dicen que las personas mayores de 70 años tienen la más alta probabilidad de enfermarse y de fallecer, pero déjeme tomar la decisión”. 

Hay un reclamo de autonomía, y de respeto por la dignidad y la capacidad de cada individuo de decidir qué quiere. Esa tensión va a estar ahí. La capacidad de las instituciones para mediar esa tensión, tal y como están diseñadas, se ve precaria. 

L.S.V.: Cree, entonces, que el futuro de la democracia liberal, como la conocemos, es muy endeble?

M.J.C.:La democracia liberal ya tiene múltiples desafíos. El populismo es uno de ellos. Populismo de izquierda, de derecha. Pero también hay tendencias autoritarias. 

Creo, también, que hay un problema enorme de cómo recuperar la capacidad de representación y de las instituciones para responder a los problemas de manera estable y legítima. Y eso se está discutiendo en todo el mundo. 

En Colombia, por fortuna, con la Constitución del 91, cuando ya estos problemas eran incipientes, tomamos unas decisiones muy interesantes. Y yo creo que habrá una prueba enorme para las instituciones colombianas, pero hasta ahora, creo que las instituciones han podido adaptarse rápidamente, lo que ha permitido solucionar problemas que se consideraban insolubles. 

En cambio, si uno mira Estados Unidos, lo que tenemos es lo contrario. Tenemos una gran rigidez, y una crisis que jamás pensábamos que se fuera a presentar en una democracia de las más respetadas del mundo, con la Constitución más antigua y admirada del mundo.

L.S.V.: ¿Las instituciones serán muy diferentes en diez años?

M.J.C.: Depende de las decisiones que tomemos. Una de las cosas más importantes que están cambiando es que realmente la capacidad de tomar decisiones, a nivel de las sociedades, influye muchísimo en el rumbo que tomamos. 

Como lo anotaba al principio, los líderes cuentan. A nadie se le ocurriría decir “No, Estados Unidos es una sociedad muy fuerte, tiene instituciones muy poderosas, la sociedad civil es maravillosa, la economía es poderosísima, los líderes no cuentan en Estados Unidos”. ¡Claro que cuentan los líderes en Estados Unidos!, como cuentan en Europa y, por supuesto, como han contado en América Latina. 

Entonces, lo que va a pasar depende mucho de cómo en estos diez años se seleccionan los líderes, qué líderes estarán en el poder. 

Pero segundo, yo creo que va a ser muy importante abrir muchos más espacios de deliberación democrática en escenarios donde hay expertos. 

Una de las cosas más impactantes es cómo aparecen los súper expertos que dicen una cosa y no hay manera de establecer una deliberación sobre lo que dicen. No estoy cuestionando que lo que hayan dicho esté bien o esté mal, sino que no hay deliberación y controversia ilustrada e informada sobre lo que dicen. Y yo creo que ahí hay un desafío muy grande hacia el futuro. 

Por supuesto, un tercer desafío es qué va a pasar con los partidos políticos y con las agremiaciones y con cualquier órgano o institución de representación. Tienen que repensarse completamente. El fraccionamiento y la crisis de los partidos en todo el mundo es evidente, y hay un desafío enorme en ese campo. 

Por supuesto, eso va a impactar en cómo funcionan los congresos, en cómo funcionan las legislaturas y las asambleas a nivel departamental y regional. 

Hay unos temas enormes de cómo repensar las instituciones representativas. La pregunta es, ¿se trata de hacerlas más representativas o se reconoce que hay que crear espacios paralelos de participación y deliberación, porque la representación, tal como ha sido concebida, ya no da, ya no funciona?

L.S.V.: ¿Es contradictorio que la gente esté más empoderada y que, al mismo tiempo, surjan opciones más autoritarias o son dos caras del mismo fenómeno?

M.J.C.: Creo que son dos caras del mismo fenómeno, que es en esencia que ciudadanos empoderados no sienten que las instituciones están respondiendo adecuadamente a sus expectativas. Y aparece un líder que se dice representante de esas expectativas, o salvador frente a un problema, o recuperador de un pasado que se está perdiendo. 

Algo que para mí sí refleja una gran contradicción es cómo una ciudadanía mucho más educada se ha visto muy vulnerable a la manipulación. 

En esencia, gente muy inteligente, con una gran educación, cree en mentiras.

L.S.V.: ¿Por qué se da eso?

M.J.C.: Por las nuevas tecnologías hay una enorme capacidad de manipulación, aún de esa ciudadanía mejor educada, y ahí sí hay una contradicción enorme. No es que la mejor educación de la ciudadanía lleve a unos ciudadanos que van a tomar mejores decisiones. Esa es una gran paradoja. La capacidad de generar confrontación entre ideas y posiciones la estamos perdiendo. 

Hay un fraccionamiento también de comunidades aisladas, que repiten y repiten su misma verdad, no dialogan con la comunidad que piensa distinto. Y eso es gravísimo para el funcionamiento de las instituciones

L.S.V.: ¿Qué pasa con ese consenso básico que hace posible el surgimiento del Estado si no hay una una mínima identidad? ¿Habrá más guerras internas?

M.J.C.:Lo que tenemos en este momento es una reafirmación de los nacionalismos y una reacción frente a la globalización. Pero no es claro cuánto durará esa reafirmación en la medida en que crisis globales como esta epidemia del coronavirus; como ya son los problemas ambientales gravísimos de cambio climático o de acceso a agua; los problemas relacionados con las desigualdades estructurales que hay en el mundo; todo eso no se puede resolver con la reafirmación de los nacionalismos. 

Y entonces el gran desafío, la gran pregunta es, ¿los nacionalismos serán pasajeros y vendrá una era de coordinación, y cooperación internacional? ¿O los nacionalismos van a destruir lo que se había construido en instituciones globales? 

En estos últimos dos meses hemos leído en los medios de comunicación, y en documentos académicos, artículos que responden a la pregunta de si será que Europa se va a desmoronar, y eso sería gravísimo. 

Pero esa pregunta ya se plantea, ¿por qué? Por la reafirmación de los nacionalismos. Entonces, desde el punto de vista institucional, hay algunas reformas que a nivel nacional se pueden hacer, pero hay otras que ya son reformas de las instituciones globales, la gobernabilidad global. 

L.S.V.: Qué difícil esas perspectivas, y tan difícil anticiparlas. En este contexto, ¿qué destrezas se necesita desarrollar para ejercer un liderazgo en diez años?

M.J.C.: Yo creo que la más importante es la capacidad de oír. Porque la concepción de liderazgo que tenemos, que predomina, es la capacidad de mandar y de hablar, de decir qué hay que hacer. 

Pero en este nuevo contexto, muy importante para cualquier líder del futuro, es la capacidad de oír y la capacidad de valorar las diferentes voces que escucha y, por supuesto, la capacidad de mediar en las contradicciones que va a escuchar al oír unas voces muy diversas. Ese es un reto enorme. 

Pero un segundo reto de cualquier líder es, en el futuro, poder dar tranquilidad sin imponerse autoritariamente. Y lo que estamos viendo es que en muchos países los líderes que se destacan, son líderes que imponen, y usan un estilo muy autoritario de liderazgo. 

Creo que un reto de los liderazgos futuros es cómo generar tranquilidad, estabilidad, orden, sin imponer una visión. Eso está por construirse. Ahí las instituciones que se ciñen o reformen, jugarán un papel crucial.

L.S.V.: ¿Parte de la habilidad que van a tener esos líderes es poder comprender lo que saben estos súper expertos o, por el contrario, es poder hacer un contrapeso a esos expertos?

M.J.C.: Yo creo que se requiere diseñar instituciones que permitan que los súper expertos deliberen entre ellos, pero deliberen de una manera que sea inteligible para la ciudadanía y que permita que los líderes tomen decisiones sin quedar atrapados en una u otra perspectiva. 

Porque los súper expertos, precisamente porque son súper expertos, hay muchas cosas que ignoran, que no saben. Y lo que tratan es de hacer el mejor esfuerzo de avanzar en la incertidumbre. 

Obviamente, el mensaje que se manda hacia afuera no es ese, el mensaje es “hay que hacer esto, porque si no va a ocurrir algo muy grave”, pero se necesita crear ese espacio de deliberación que he mencionado. 

En inteligencia artificial, sin duda, en avances genéticos, sin duda, en temas epidemiológicos, por supuesto. Así podemos seguir mencionando muchos problemas y avances tecnológicos que requieren una aproximación distinta a cómo funcionan las instituciones.

L.S.V.: ¿En diez años, qué instituciones en Colombia serán muy fuertes, y cuáles, que hoy son fuertes, van a tener mucho menos poder?

M.J.C.:Pues yo creo que eso depende de decisiones que se tomen en los próximos años, pero creo que es indispensable avanzar en reformas a las instituciones de representación. Porque lo que tenemos es un Poder Judicial muy fuerte, porque básicamente en Colombia todos esos problemas que hemos discutido terminan siendo llevados al Poder Judicial, para que resuelva algo. 

Los procesos de representación política no están funcionando adecuadamente, y esa es una agenda pendiente. En 1991 se trató de hacer unas reformas, no han logrado los resultados esperados y ahí yo creo que está el desafío mayor. 

Yo creo que lo que también va a empezar a consolidarse, y es necesario tratar de anticipar, lo que yo llamo el fortalecimiento de los poderes horizontales.

L.S.V.: ¿A qué se refiere?

M.J.C.:Las instituciones funcionan verticalmente. Ahora hay un poder horizontal, en que organizaciones de ciudadanos o a veces de manera espontánea, los ciudadanos irrumpen, cambian la agenda política, plantean cambios. Eso hay que darle un espacio institucional, de expresión. 

El peor contraejemplo es lo que vivimos en Estados Unidos con las protestas raciales, que fue maravilloso, la reacción de indignación que se presentó en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd. Pero, claramente, las instituciones quedaron totalmente desbordadas. 

Lo mismo vivimos en América Latina antes de la pandemia, y lo estamos viviendo en Europa en otras circunstancias. Entonces, ¿cómo organizar la expresión de ese poder ciudadano horizontal que aparece en minutos? 

Por cierto, no es un poder que evoluciona gradualmente y entonces se ve venir, sino que ocurre un hecho, de manera muy rápida, se presentan unos fenómenos políticos, y eso está bien en una democracia. 

Lo que falta es diseñar instituciones que permitan darle una canalización y un manejo a esas expresiones, de manera que responda las expectativas y mantenga la estabilidad y permita progreso, permita evoluciones al mismo tiempo.

L.S.V.: Usted es optimista por naturaleza, y mi última pregunta es si también es optimista sobre ese futuro de las instituciones?

M.J.C.:Yo creo que va a ser muy diferente en diferentes lugares del mundo, porque las tendencias y las capacidades de respuesta son muy distintas. Yo creo que, sin duda, las instituciones de la democracia liberal están enfrentando los desafíos más grandes de las últimas décadas. Algunos dicen que son los desafíos más grandes desde la Ilustración. Pero, también, estamos viendo cómo en las circunstancias más difíciles, las instituciones tienen unos espacios de respuesta que son satisfactorios. 

Entonces, yo veo unos desafíos muy grandes, pero no soy derrotista. No creo que se venga un derrumbe. 

Lo que sí creo es que es fundamental construir instituciones, no pensando solamente en los problemas del pasado, sino en los desafíos del futuro. Y ahí es donde me preocupa enormemente lo que pasa. Porque todas las transformaciones que se están presentando por las nuevas tecnologías, por los desafíos globales que hemos mencionado, no forman parte de la agenda de la reforma institucional de los países. 

Ahí es donde tengo la mayor preocupación: no reformar pensando en el pasado, sino reformar construyendo un futuro ante los desafíos que podemos anticipar.

 

Comentarios (2)

José Saramago ..

09 de Agosto

3 Seguidores

Sin Justicia, ni Seguridad no hay Paz.
La Constitución del 91 trajo avan...+ ver más

Sin Justicia, ni Seguridad no hay Paz.
La Constitución del 91 trajo avances, pero trajo un dañino retroceso: POLITIZO de la justicia, ahora hay mucha corrupción e ineficiencia en la justicia, eso la ha debilitado como institución, como poder. Sumado tenemos una sostenida guerra sucia: judicial, política, ideológica, mediática; contra las Fuerzas Militares,núcleo de la seguridad(asociada a Uribe).

José Saramago ..

09 de Agosto

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¿estaremos en próximas décadas frente aun inminente colapso de la civilizac...+ ver más

¿estaremos en próximas décadas frente aun inminente colapso de la civilización?
La clave del futuro esta en el conocimiento,en la buena educación, pero necesitamos lideres no politiqueros, que ademas de ilustrados, sean inteligentes, modernos, visionarios del futuro; de esos no hay en Colombia, y no lo habrá pronto, lo que habrá en Colombia en la próxima década sera los del tipo jefes populistas.

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