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Por Efraín Rincón · 02 de Febrero de 2021

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Sin una sola dosis de vacuna contra el covid que haya pisado el suelo colombiano y a pesar de que el presidente Iván Duque anunció el viernes que cerró negociaciones suficientes para vacunar a 35 millones de colombianos, el país enfrenta un panorama difícil para recibirlas: hasta los más ricos, como Canadá o la Unión Europea, sufren las demoras en las entregas de las vacunas. 

Como contamos, que las vacunas no hayan llegado todavía tiene que ver con las decisiones que ha tomado el Gobierno durante la negociación con las farmacéuticas, los resultados de eficacia y seguridad de las vacunas y hasta la incapacidad de producirlas.

Pero a esa demora para arrancar seguramente se sumará otra que puede demorar todavía más la llegada de la inmunidad de rebaño: las farmacéuticas no están logrando producirlas a la velocidad esperada. 

Pfizer, Astrazeneca, Moderna y el Instituto Gamaleya han anunciado en los últimos días que no podrán entregar en las fechas estimadas las dosis para los países más ricos, por lo que ya hay amenazas de demandas en la Unión Europea. 

Claudia Vaca, del Centro de Pensamiento en Medicamentos, resume lo que está pasando en tres factores: los picos de contagio que aumentan la demanda, algunos países acapararon las dosis al comprar varias veces las que necesitan y hay líos con las cadenas de producción de las farmacéuticas. 

Por eso, aunque Colombia en principio tiene aseguradas dosis para vacunar a 35 millones de personas, seguramente deberá enfrentar la escasez mundial de vacunas.

Las farmacéuticas no dan abasto

Hace unas semanas la farmacéutica Pfizer, la que sacó más rápido su vacuna y de quien llegarían las primeras dosis a Colombia, anunció que reduciría sus entregas a Europa para finales de enero e inicios de febrero mientras hace unas adecuaciones en su fábrica de Puurs, Bélgica, para aumentar su capacidad de producción a dos mil millones de dosis por año.  

El plan de Pfizer era enviar la mayoría de las dosis desde dos plantas en el mundo. Una está ubicada en Puurs, Bélgica, para abastecer principalmente la demanda europea y, como explica Pfizer, apoyar la producción de vacunas desde la planta en Kalamazoo, Michigan, para suplir a Estados Unidos.

Pero, bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos decidió restringir la exportación de vacunas hasta que se asegure la demanda del país. Esto hizo que todo el peso de producción recayera en la planta de Puurs. 

La noticia de las demoras de Pfizer, a la que se suma la de Astrazeneca y Moderna, no le cayó bien a los países de la Unión Europea, Canadá o México.

Y ya hay consecuencias.

La Comisión Europea impuso un control sobre las exportaciones de las farmacéuticas que producen en Europa, con la potencial prohibición de las exportaciones de vacunas fuera de la Unión Europea. 

Además, el viernes hizo público el contrato firmado con Astrazeneca, como parte de la puja que tuvo durante la semana pasada con esta farmacéutica por las demoras anunciadas el 22 de enero. Aunque tachó información clave, como el número de dosis y las fechas de entrega, quedó claro que éstas son “estimadas”.

Tras esta puja, el domingo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que Astrazeneca se comprometió a entregar 40 millones de dosis en total antes de que termine marzo. Una victoria que es una derrota: es apenas la mitad del compromiso inicial.  

De este lado del Atlántico, Pfizer ya le dijo a México que se va a demorar en las entregas, así que ese país metió el acelerador en la búsqueda de otras vacunas y acordó con Vladimir Putin por lo menos 24 millones de dosis de la vacuna rusa, la Sputnik, para los próximos dos meses. Se espera que la próxima semana lleguen las primeras 200.000. 

Eso a pesar de que la Cofepris (el Invima mexicano) no ha aprobado esa vacuna.

Además, tres días después de que el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, anunciara esa llegada, la farmacéutica Gamaleya dijo que por la alta demanda y mientras aumenta su capacidad de producción, habrá retraso de tres semanas, especialmente para el mercado latinoamericano (Argentina, Bolivia y México). 

Para Francisco Rossi, experto en salud pública internacional y en políticas farmacéuticas, lo que ocurre responde a un modelo en el que las nuevas tecnologías como estas vacunas se mueven por los intereses del mercado.

“Es importante que haya escasez por la disposición a pagar”, explica Rossi, señalando a las farmacéuticas. Como explicó Zain Rizvi del grupo de monitoreo Public Citizen al New York Times, el argumento es que si los Gobierno financian la investigación de las vacunas, deberían estar en capacidad de permitir que mucha más gente las produzca.

Es un panorama similar al que hubo al comienzo de la pandemia con los ventiladores o los tapabocas, que llevaron a que muchos países, incluso Colombia, controlaran y prohibieran la exportación de estos elementos.  

Ese trancón pone en aprietos a los planes de vacunación de las grandes potencias de la Unión Europea, Estados Unidos o Canadá, que en previsión a las demoras compró vacunas para cuatro veces su población. 

Y los países de menor ingreso quedan con una amenaza mayor, más para Colombia, que no ha recibido ni una dosis. 

Mientras se destraba la producción, a Colombia le toca esperar

El viernes, Duque anunció que el 20 de febrero comenzará la vacunación y que negociaron con la gringa Moderna 5 millones de vacunas, y con la china Sinovac otros 1,2 millones de vacunas, para completar las dosis necesarias para cubrir al 70 por ciento de la población y así lograr la inmunidad de rebaño.

Así, Colombia tiene un portafolio con vacunas de Pfizer, Astrazeneca, Moderna (que ya han declarado retrasos de entregas), Johnson & Johnson y Sinovac. Además, las que puedan llegar por el mecanismo Covax, que recientemente acordó con Pfizer recibir 40 millones de dosis.

Pero esta diversidad no garantiza que se pueda vacunar a las 35 millones de personas este año, por las demoras. 

De hecho, Duque recientemente dijo que del mecanismo Covax le aseguraron la entrega de dosis de Astrazeneca y Pfizer a mediados de febrero, y que el compromiso de los acuerdos bilaterales es que lleguen más vacunas entre el 15 y 20, en dos semanas. 

Además, contó que Covax incluyó a Colombia en los 18 países (como El Salvador, Bolivia y Perú) que recibirán 377,910 vacunas de Pfizer este mes en un programa piloto llamado “Primera ola”. 

Pero no es seguro que lleguen todas a tiempo, como ya se vio en otros países. Y ese es un riesgo que asumieron todos los gobiernos. 

De hecho, uno de los argumentos de Astrazeneca en su puja con la Unión Europea es que el contrato tenía una cláusula conocida como “Best Reasonable Efforts” o, “mejores esfuerzos razonables”, que los exime de comprometerse a un calendario específico siempre y cuando hagan esos esfuerzos.

“Esa es la manera jurídica y elegante de decir ‘pues ahí iremos viendo cómo y cuándo entregamos esas vacunas", escribió en un tweet Carolina Gómez, del Centro de pensamiento “Medicamentos, información y poder” de la Universidad Nacional.  

Por eso, para ella el principal problema al que se enfrenta un país es que haya desabastecimiento de vacunas. La pregunta es qué hacer al respecto, cuando la vacuna solo la producen un puñado de farmacéuticas que sencillamente no tienen capacidad de hacer más.

Hay tres propuestas.

En una concuerdan Claudia Vaca, Francisco Rossi y Gómez: diversificar el portafolio apuntándole a vacunas que no sean de occidente. 

Eso parece ser justamente lo que está haciendo el Gobierno con el anuncio de Sinovac (de la que el Ministro Fernando Ruiz confirmó que llegarán dosis hacia el 20 de febrero) y de tener un acuerdo de confidencialidad con el Instituto Gamaleya. 

Eso marca un cambio en su estrategia que explicamos en esta historia, de tomar un sendero cauto y solo apostarle a vacunas cuando tengan resultados de eficacia y seguridad o aprobaciones de agencias reputadas como la EMA europea o la FDA gringa. 

Eso se nota especialmente en la Sputnik, sobre la cual había dudas de su eficacia, pues los resultados interinos de la fase 3 de sus ensayos clínicos no habían sido revisados por otros expertos. Eso cambió justo hoy cuando se publicaron en la revista médica The Lancet; muestran que tiene un 91,6 por ciento de eficacia (una de las más altas, como Pfizer y Moderna). 

La Sputnik ya se aprobó para uso de emergencia en Argentina, Bolivia, Paraguay y Venezuela. 

Sin embargo, Vaca cree que el país arrancó tarde para diversificar su bolsa de vacunas con la rusa y la asiática. Y ante la escasez, grandes como Alemania no ven con malos ojos la llegada de estas dosis si en la Unión Europea les dan el visto bueno, y esto equivaldría a más peso en la producción de esas empresas. 

La otra propuesta es activar una estrategia regional a través de la diplomacia y hacer exigencias en bloque, como sucede con la Unión Europea, algo que no ha funcionado hasta ahora y que es difícil que fructifique, ya que Colombia tiene una diplomacia comercial y que se ha centrado en la lucha antidrogas o el cerco diplomático a Venezuela, pero sin una agenda que contemple la pandemia. 

Además, Covax, la estrategia que une en una vaca la plata de los países, se ha debilitado con el tiempo, aún más con las negociaciones bilaterales de cada gobierno con las farmacéuticas. 

Una fuente del Gobierno le dijo a La Silla fuera de micrófonos que, aunque se planeaba ir en alianza con otros países que dan con el océano Pacífico (Ecuador, Perú, México y Chile), “Todo el mundo salió e hizo sus negocios por aparte”.

La tercera es sumarse a las iniciativas de países como la India y Sudáfrica en la Organización Mundial del Comercio para suspender temporalmente el derecho de propiedad intelectual y “que no sea obligatorio para los países conceder patentes (monopolios) sobre las tecnologías en salud para covid”, como dice Gómez.

Pero es difícil que esa funcione en el corto plazo: Colombia, incluso suspendiendo las patentes de las vacunas, no tiene la capacidad de producirlas, una decisión de largo plazo que ya nos dejó en desventaja a la hora de negociar las vacunas, como contamos

Por eso, si se logra, sería para que hubiera más capacidad de hacerla pero en otros países, justamente como la India o más proyectos conjuntos como el de Argentina y México que producirán vacunas de Astrazeneca para América Latina.

En el Ministerio de Salud le dijeron a La Silla que hasta el momento no han recibido información sobre algún tipo de incumplimiento por parte de las farmacéuticas. “Todo sigue dentro de los tiempos establecidos”, enfatizó el viceministro Alexander Moscoso. 

Pero lo que está ocurriendo en el mundo, y aún si el Presidente y el Ministro de Salud ya dijeron que las vacunas llegan el 20 de febrero y se va acorde al plan, la demora en las dosis, la rapiña mundial y el auge de nuevas variantes del virus ponen en jaque esos anuncios.

 

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