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Por LaSillaVacia.com · 18 de Enero de 2021

Playa Blanca, Cartagena. Tomada de Twitter @ElUniversalCtg

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El nuevo encierro con el que arrancamos este año en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali es el resultado de una temporada de vacaciones marcada por la proliferación de fiestas familiares con débiles protocolos de bioseguridad y, probablemente, agravado por la movilización de personas a lo largo y ancho del país, con actividades turísticas.

La decisión de mantener abierto el turismo y de promover esta actividad se tomó como una apuesta para que en el último mes del año se recuperaran parte de los 81.000 empleos directos solo en los sectores hoteleros y de transporte aéreo, y los ingresos que genera esta industria a la economía que en un año normal rondarían los 37 billones de pesos.

Y más que objeto de presión de un gremio o empresario particular, esta determinación fue más bien el resultado de una visión compartida entre gobierno Duque y los empresarios de la industria.  Esta relación se viene construyendo desde la campaña electoral, y durante la pandemia con una comunicación permanente principalmente a través del Ministro de Comercio, José Manuel Restrepo, y su viceministro de Turismo, Julián Guerrero. 

Por un lado, ambos ven como prioridad la reactivación económica del sector, y por el otro consideran que los protocolos de bioseguridad para esta industria reducen a su mínima expresión el riesgo de contagio derivada de ella.

Los gobiernos locales, al menos de las autoridades de los 9 departamentos y ciudades con las que hablamos para este artículo (Antioquia, Quindío, Santander, Bogotá, Cartagena, Santa Marta, Cali, Medellín y Armenia) también se alinearon a esta visión. 

Incluida una de las más férreas críticas a las políticas de reactivación de Duque y sus ritmos, Claudia López, que incluso se fue de viaje de vacaciones en diciembre y posteó fotos en sus redes sociales.

Pese a que la experiencia en otros países hacía previsible que el aumento de casos sucediera, el Gobierno Nacional asumió el riesgo y mandó una señal a los colombianos y a los gobernantes locales de que era seguro viajar por el país.

Un riesgo calculado que quedó en evidencia cuando en enero la ocupación de camas UCI empezó a crecer y el Ministerio de Salud y el de Interior recomendaron mediante esta circular restringir ciertas actividades, en caso de que la ocupación de camas UCI superara un 70 por ciento, y de la que fueron exceptuados los hoteles y restaurantes.

 

La esperanza de reactivación

Al hablar con funcionarios del Gobierno Nacional y con directores de los gremios más representativos del sector turístico es claro que para ambos la opción de restringir las actividades en diciembre no era viable.

Todos tenían la esperanza de que diciembre fuera un mes de reactivación, algo que se estaba viendo desde septiembre, cuando empezó la apertura de la mayoría de sectores económicos del país con protocolos de bioseguridad aprobados por el Ministerio de Salud.

A nivel nacional, el turismo tiene un peso importante de cerca del 4 por ciento en el PIB, pero es más clave aún en la generación de empleo. De acuerdo con el Dane, los servicios de alojamiento y comida representan cerca del 7 por ciento de las personas ocupadas. 

Es decir, el comportamiento del sector en diciembre era clave para que el Gobierno pudiera lograr su meta de llegar en 2020 a una tasa de desempleo de 14 por ciento. Algo en lo que insistió el presidente Iván Duque en su programa Prevención y Acción desde octubre cuando se empezó a consolidar una mejora en las tasas de desempleo.

Desde la perspectiva de algunas ciudades había un interés alineado, como en Cartagena, cuya economía depende en un 30 por ciento de esta actividad.

Con la pandemia y las restricciones de viajes la actividad del sector se desplomó. De nuevo, el Dane, con su Encuesta Mensual de Alojamiento muestra que entre octubre de 2019 y octubre de 2020 los ingresos del sector cayeron 64,7 por ciento, el personal ocupado cayó en 41 por ciento y los salarios 19 por ciento.

Según la misma encuesta, en octubre ya la actividad se venía recuperando, de una ocupación hotelera de 8,6 por ciento en abril, ya estaba en 25 por ciento, y  la expectativa era, según este informe de Cotelco (el gremio de los hoteleros), que en diciembre la ocupación llegara a 29 por ciento en todo el país.

Esta expectativa no se cumplió. De acuerdo con el presidente de Cotelco, Gustavo Toro, en parte porque el aumento de casos a finales de diciembre llevó a mayores restricciones para la movilidad a nivel local, y en parte porque hay menos plata y más temor para viajar.

Hubo campaña del Gobierno y los gremios

En todo caso, fue esta esperanza de una mayor y rápida reactivación que les permitiera a los empresarios y a la economía en general sacarle provecho a una de las temporadas más fructíferas para el negocio uno de los principales factores no solo para no restringir el turismo, sino para promoverlo con estrategias como las campañas de Gran Finde

Esta fue una estrategia articulada por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y el Fondo Nacional de Turismo, Fontur, que consiste en que el Gobierno, en compañía de las secretarías municipales de turismo, promueve la venta de paquetes turísticos por un tiempo determinado en un portal de internet. 

Se hizo una versión en noviembre para vender paquetes turísticos en navidad y otra en diciembre; según el diario Portafolio, ambas permitieron vender 300 mil millones de pesos en paquetes turísticos. 

En esta iniciativa participan también siete gremios influyentes, entre ellos Anato (de agencias de turismo), Cotelco, Acodrés (restaurantes) y Fenalco (de comerciantes).

Los presidentes de Cotelco, Acodrés y la presidenta de Anato coincidieron en que el Gran Finde es una muestra más, junto con la ley de turismo que les bajó los impuestos al sector, de lo prioritario que es el sector para el Gobierno.

Henrique Gómez-París, de Acodrés, dijo a La Silla que dadas esas señales y el compromiso del Gobierno de no cerrar la economía para los privados era claro que tendrían oportunidad de recuperar algo de los ingresos y del empleo perdido en diciembre. 

Con motivo de la pandemia, estos gremios reactivaron un grupo informal que tenían, la Cámara Colombiana de Turismo, Ctur. Desde allí envían cartas al Gobierno cuando tienen peticiones puntuales, para presionar por medidas concretas mostrándose como un frente unido como esta que enviaron para pedir medidas de reactivación al turismo, entre ellas exenciones de impuestos que quedaron incluidas en la reforma a la Ley de Turismo, aprobada el año pasado. 

Un riesgo calculado

Pero en diciembre, no mandaron carta alguna y toda la comunicación fue directa a través del Ministerio de Industria y Comercio, el entonces viceministro del Interior, Daniel Palacios, y el viceministro de Salud, Alexander Moscoso.

En las regiones, tampoco consideraron restringir el turismo.

“Hay unos sectores que han hecho inversiones para atender a las personas, que no son servicios que impliquen aglomeraciones, no son afectaciones graves para la salud pública. Bajo esa medida es no perjudicar tanto a un sector”, fue la respuesta del secretario de turismo de Cali, Carlos Martínez.

El gerente de Covid de Antioquia, Leopoldo Giraldo, dijo a La Silla que aunque eran conscientes del riesgo de aumentar la movilidad en diciembre, en el departamento buscaron “equilibrar esa movilidad poblacional con la situación económica de los diferentes sectores”

Y el riesgo lo advirtieron varias organizaciones del sector salud, como Asociación de Sociedades Científicas, Asociación Colombiana de Medicina Crítica y Cuidado Intensivo (Amci) y la Asociación de Clínicas y Hospitales. 

"La economía y la salud no se gustan en estos momentos, entiendo que hay presiones desde muchos sectores y que es difícil tomar decisiones en esta situación. Pero lo crucial es tener salud y vida", dijo a La Silla Jose Luis Accini, director de Amci, uno de los gremios que envió cartas a las alcaldías de Bogotá, Medellín y Cali porque relajaron las restricciones justo en diciembre.

Tanto él como otros dos epidemiólogos que consultamos para esta historia, Andrés Vecino, de la universidad Johns Hopkins, y Jorge Luis Acosta, Coordinador de Maestría en Epidemiología Clínica de la Universidad del Norte, coinciden en que el mayor foco de contagios no fue el turismo, sino las reuniones familiares.

De acuerdo con Vecino, dos razones más justifican que el Gobierno no pusiera una restricción más dura: por un lado, el agotamiento de las medidas que hace que la gente incumpla esas restricciones; y por otro el hecho de que ese tipo de restricciones deberían evaluarse de manera regional.

Pero para Acosta, es claro que el turismo aportó casos y vale la pena discutir hasta qué punto es necesario poner más límites a esta actividad para evitar situaciones más restrictivas como las que se están viendo ahora.

Pero para el Gobierno Nacional y los empresarios ese dilema se resolvió con protocolos.

La fe en los protocolos bioseguridad

Cuando La Silla le preguntó al Ministerio de Salud por qué en sus recomendaciones a los alcaldes y gobernadores les sugería mantener al sector turismo como exento de las restricciones de movilidad, el director de Prevención y Promoción del Ministerio de Salud, Gerson Bermont, nos dijo que era por dos razones.

La principal es que restaurantes y hoteles formales ya tenían listos protocolos de bioseguridad, que lo están cumpliendo, y que por eso el índice de contagios en estos establecimientos es mínimo. 

Estos protocolos se aplican desde septiembre cuando se reabrió el turismo e incluyen, entre otras medidas, aforos limitados en los restaurantes, para que las mesas estén separadas, toma de temperatura y registro de síntomas de los clientes, y desinfecciones periódicas de las zonas comunes.

De hecho, en mayo el Ministerio de Turismo lanzó un certificado de bioseguridad para que las empresas acrediten que cumplen con todas las medidas y darle confianza a los turistas.

“No estamos teniendo contagios en los sitios que están bien regularizados cumpliendo los protocolos. El contagio se nos está presentando en la informalidad, en las reuniones familiares, con los vecinos”, dijo Bermont.

La segunda razón para que el turismo fuera una actividad exceptuada de medidas como los pico y cédula o restricciones de movilidad entre ciudades es práctica: esto limita mucho la clientela para estos negocios que ya invirtieron en protocolos de bioseguridad; porque si, por ejemplo, una pareja está conformado por una persona de cédula par y otra de impar, no podrían entrar al mismo tiempo al restaurante o tendrían que perder su reserva.

A nivel local también se mantuvo abierto el turismo con la confianza en que los protocolos de bioseguridad funcionan para evitar el contagio, así nos lo repitieron las autoridades de salud de las entidades territoriales consultadas.

Quien mejor ejemplificó este argumento fue la secretaria de Productividad de Antioquia, Maritza López: “Uno de los municipios más turísticos es Santa Fe de Antioquia y la semana pasada no tenía más de 20 casos pero en diciembre albergó 40 mil turistas. El vector de contagio es la actividad social, no la actividad económica”, dijo a La Silla.

El problema de la confianza en los protocolos es que estos solo se pueden controlar en cierto tipo de establecimientos. “El turismo implica otras cosas distintas a estar en un hotel, implica compras, tomar trago e ir a lugares donde se pueden formar aglomeraciones, y esto se sale del control”, dice Acosta.

El mismo director de Cotelco aseguró a La Silla que si  bien mantienen los protocolos de bioseguridad en las instalaciones hoteleras, no pueden controlar lo que pasa por fuera.

Casos de esta falta de control se vieron en diciembre en Santa Marta, que recibió 200 mil visitantes en sus playas y tuvo una ocupación hotelera del 74 por ciento, y donde se reportaron casos de aglomeraciones en el ingreso de las playas. Algo similar ocurrió en Valledupar

A nivel local, la apertura, aún con protocolos también se presta para que no haya disciplina. 

Por ejemplo, en Santander, una de las excepciones más llamativas a los toques de queda era que cualquier persona podía salir si iba a parques temáticos (llamativo porque el fortín político del clan Aguilar, al que pertenece el Gobernador Mauricio Aguilar, está cimentado en los parques Panachi y el Cerro del Santísimo, como contamos aquí).

Esta excepción le permitía a cualquier persona violar la cuarentena solo con una reserva que se podía hacer por internet y sin necesidad de pago alguno.

En pocos días, el Gobierno anunciará una nueva jornada de El Gran Finde, que promoverá la venta de paquetes turísticos para Semana Santa y vacaciones de mitad de año. Sin embargo, esas temporadas en las que los empresarios y los gobiernos tienen ahora puestas sus esperanzas de reactivación tendrán que enfrentarse al espejo de los contagios de diciembre y al estrés del sistema de salud que estamos viviendo en enero.

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