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Por Juanita León · 17 de Diciembre de 2020

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Con votaciones en bloque fue aprobada anoche la reforma al Código Electoral. Es una ley polémica que viene con un contentillo: la paridad de género en las listas para las corporaciones de elección popular. Es un pasito en las luchas de género, y no el gran logro histórico que han pintado algunos medios y políticos.

De ahora en adelante, en las listas donde se elijan cinco o más curules para corporaciones de elección popular o las que se sometan a consulta, el 50 por ciento de inscritos tienen que ser mujeres.  

Para listas de menos de cinco curules, se aplicará el 30 por ciento. 

El proyecto fue aprobado por 90 votos a favor y uno en contra, el del senador Roy Barreras, quien dijo que esa paridad no era real, sino de pura forma. 

Propuso en cambio que,  independientemente de las listas de los respectivos partidos, las 50 mujeres con más votos fueran elegidas senadoras. Una propuesta que fue abrumadoramente rechazada con el argumento de que era populista o inconstitucional, o ambas (Implicaría cambiar el artículo 262 de la Constitución). 

En cambio fue aceptada la del senador de Cambio Radical, Antonio Zabaraín, que metió un parágrafo para aclarar que cuando la lista sea impar, el respectivo movimiento o partido definirá si quedan más mujeres o más hombres (muy probablemente un hombre más).

Aquellas listas que no cumplan con la paridad serán revocadas.

Una ganancia marginal

Como contó La Silla hace un mes, la iniciativa para que hubiera paridad en las listas fue inicialmente impulsada en el proyecto de reforma política por las representantes Ángela María Robledo (de Colombia Humana), Juanita Goebertus (del Verde), Adriana Matiz (del Conservador) y José Daniel López (Cambio Radical).

 

La propuesta exigía listas cerradas con paridad y alternancia (lista cremallera: hombre, mujer, hombre, mujer) para las corporaciones de elección popular.   

Era una propuesta que se había hundido varias veces en el pasado, y esta vez no fue la excepción. 

Naufragó con la oposición de congresistas del Centro Democrático, como el representante Edward Rodríguez, quien presentó ponencia para eliminar la paridad de la reforma política, e inclusive de mujeres del mismo partido como la representante Margarita Restrepo que opinaba que aprobar la paridad sería “regalarle curules” a las mujeres.

Después de que se hundió, la iniciativa fue recuperada en la reforma del Código Electoral. Esta vez sin dientes. Y quizá precisamente por eso, encontró poca resistencia.

Desde 2011 existe la cuota femenina del 30 por ciento en algunas listas y, sin embargo, las mujeres siguen siendo minoría de 4 a 1. 

El Congreso lo integran 108 senadores y 171 representantes a la Cámara. De ellos apenas 55 son mujeres. Esto es, el 19,7% (diez puntos porcentuales por debajo del promedio del continente y cinco puntos por debajo del promedio mundial): 23 senadoras y 32 representantes. 

De hecho, en las listas para las elecciones del 2018, ni una mujer ‘extra’ a la cuota del 30 por ciento exigida se postuló.

La excepción fue el partido Mira, que no solo presentó un 57 por ciento de mujeres en su lista, sino que eligió un 75 por ciento de mujeres (dos senadoras de tres, y la única representante a la Cámara del partido).

El Mira lo logró porque como le dijo a La Silla Irma Herrera, congresista del MIRA y vicepresidenta de la Comisión de equidad de la mujer del Congreso, en su partido son “pioneros en adoptar medidas como el sistema cremallera en las listas y la promoción de listas cerradas encabezadas por mujeres, así como la formación de lideresas”. 

Precisamente las medidas que habrían sido verdaderamente revolucionarias y que no quedaron en esta reforma, que hace que en la práctica la victoria pueda ser marginal.

La razón es matemática. En listas de tres curules (la mayoría a la Cámara) la exigencia seguirá siendo que haya solo una mujer. Y en listas más grandes es inusual que salga elegido más del 10 por ciento de toda la lista, máximo el 20, así que el cambio tendrá un impacto gradual.

Es cierto, como lo muestra este mapa, que ahora aumentarán las circunscripciones territoriales que pasarían de no tener una cuota a tener una del 30 por ciento y también las del 30 al 50 por ciento.

Como lo dijeron durante el debate los senadores de La U José David Name y Zabaraín, de Cambio Radical, será un reto para los partidos conseguir mujeres políticas y con votos. 

La Silla ha demostrado en el pasado que para cumplir la cuota apenas formalmente, con frecuencia los partidos incluyen en las listas a las secretarias del partido o a parientes que no tienen ninguna intención de hacer campaña ni de salir elegidas. Y las ponen en los últimos puestos. Son relleno.

Aunque hay unas políticas sobresalientes y muy influyentes en el Congreso, como las que se han dado la pela para sacar la paridad, para muchas mujeres, sobre todo si tienen hijos pequeños, apostarle a la política es difícil. Las sesiones del Congreso duran hasta la medianoche, para solo citar un escollo, y la misma actividad proselitista es hostil para aquellas mujeres que no descollan en el voto de opinión: una campaña tradicional exige, como mínimo, tomar mucho trago y dejarse manosear por mucha gente.  La política es física.

Adicionalmente, como también contamos, es frecuente que mujeres políticas que buscan financiación para su campaña se enfrenten a insinuaciones sexuales de sus potenciales financiadores. 

Es decir, para que haya más mujeres en la política tiene que haber un cambio cultural. Y ese cambio, a la vez, puede ser jalonado en la medida que más mujeres salgan elegidas.

Por ejemplo, la bancada de mujeres en el Congreso, sacó recientemente el proyecto de licencia compartida que extendió la licencia de paternidad de 10 días a 8 semanas y el proyecto para que las parejas puedan decidir el orden de los apellidos; ordenó incluir un trazador presupuestal en el Plan de desarrollo para hacerle seguimiento a los rubros en el Presupuesto nacional dedicados a la mujer; y tramitó varias leyes para prevenir y atender casos de violencia contra las mujeres. 

Con la inclusión de este artículo en el Código Electoral, así sea para meterlas en los últimos puestos de las listas, los partidos se tendrán que esforzar ahora por encontrar mujeres dispuestas a postularse porque las secretarias y asistentes del partido no les darán abasto. Y quizá concluyan que es más fácil seguir el ejemplo del Mira y crear escuelas de formación e incentivos reales para que las mujeres realmente tengan un chance de salir elegidas.

Incluso si no lo hacen, ahora será más visible si la mitad de la lista es de relleno, so pena de que el 51 por ciento de su electorado, que son mujeres, lo note, y los castigue por ello.

 

Comentarios (1)

Olga L Gonzalez

18 de Diciembre

391 Seguidores

Buen articulo. Las reglas de juego determinan el nivel de democracia que tenemos. Juanita, afirmas: "Es frecuente que mujeres políticas que buscan financiación para su campaña se enfrenten a insinuaciones sexuales de sus potenciales financiadores". ¿Donde fue narrado esto? Haces alusion a no sé qué articulo que quisiera leer.

Buen articulo. Las reglas de juego determinan el nivel de democracia que tenemos. Juanita, afirmas: "Es frecuente que mujeres políticas que buscan financiación para su campaña se enfrenten a insinuaciones sexuales de sus potenciales financiadores". ¿Donde fue narrado esto? Haces alusion a no sé qué articulo que quisiera leer.

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