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Por Héctor Riveros · 02 de Noviembre de 2019

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La próxima semana el Ministro de Defensa, Guillermo Botero, deberá enfrentar una nueva moción de censura, esta vez en el Senado de la República, es probable que no haya los votos suficientes para aprobarla, pero razones sí y de sobra.

La moción, que no hemos podido estrenar en casi treinta años, está instituida para derivar responsabilidades políticas a los ministros por “asuntos relacionados con su cargo”. Es el típico instrumento usado para tumbar gobiernos cuando pierden la mayoría en los regímenes parlamentarios. No hay que probar nada, quiero decir, no se trata de derivar una responsabilidad jurídica en la tenga que discutirse si el funcionario infringió una norma o no, basta con que la mayoría le haya perdido la confianza.

El hecho de que el gobierno no cuente con una coalición mayoritaria en el Congreso mantiene a los ministros en el filo de la navaja y Botero lo recorre en situación de riesgo permanente.

Al ministro lo mantiene en el cargo, además de la férrea defensa que el partido de gobierno hace de su persona, aunque no de su gestión, el hecho de que a los congresistas les da un poco de “temor reverencial” enfrentarse con los representantes del sector defensa y de la fuerza pública. Les piden favores permanentemente, de protección para ellos y sus familias, de traslados de uniformados, de permisos especiales y un largo etc por lo que prefieren tenerlos de amigos.

De no ser por ello, el ministro se habría caído. La percepción de que la situación de inseguridad está fuera de control es generalizada, incluso en la bancada del Centro Democrático, reunida para derivar responsabilidades por la derrota electoral del domingo pasado, varios congresistas le reclamaron al Presidente por ese hecho y éste tuvo que echar mano de estadísticas para desvirtuar los argumentos de sus copartidarios.

Las múltiples encuestas que se aplicaron en la época de campaña en la que preguntaban a los ciudadanos cuál era el problema más grave que deberían afrontar los nuevos mandatarios locales y regionales, la inmensa mayoría respondía que la inseguridad, muy por encima de otros también graves como corrupción y desempleo.

Pero claro que la situación no es solo de inseguridad subjetiva, como llaman los técnicos al miedo, sino también de inseguridad pura y dura. Las cifras del hurto a personas, es decir del atraco, siguen en aumento y aunque el homicidio parece estancado en las cifras, el regreso de las masacres, los asesinatos selectivos, e incluso las ejecuciones extrajudiciales harían tambalear a un ministro en cualquier parte.

Botero no ha podido liderar planes operacionales para conseguir que la fuerza pública garantice por una parte los derechos de reunión, de movilización y de expresión de los distintos sectores sociales que protestan contra el gobierno. Los operativos fallan por imprevisión como cuando no tomaron medidas para proteger las instalaciones del Icetex por donde pasaría una marcha estudiantil o por exceso como cuando torpemente usaron la fuerza para dispersar pocos manifestantes que obstaculizaban el tránsito en la Carrera séptima de Bogotá al frente de la Universidad Javeriana lo que ocasionó una reacción que mantuvo esa vía cerrada durante tres días.

Ya Botero había permitido el cierre de la vía Panamericana durante largos días por no haber desplegado un operativo disuasivo previo. La fuerza pública llega tarde, a confrontar y no a evitar los hechos.

Los choques con los manifestantes son totalmente contraproducentes y en el mundo están inventados métodos, como el que se probó antier en Barranquilla de diálogo con los convocantes de las marchas para que transcurran pacíficamente.

El ministro no ha podido poner en marcha mecanismos eficaces de protección de ex Farc para protegerles su vida. Todas las semanas suman muertos, incluso a manos de miembros de la fuerza pública como ocurrió con Dimar Torres en el Catatumbo o en zonas especialmente protegidas por ejército y policía como pasó la semana pasada en el espacio de reincorporación del departamento del Meta.

La dramática situación que se vive en algunas zonas del país, especialmente en el norte del Cauca, sin que la fuerza pública logre contener una situación de emergencia humanitaria sería motivo suficiente en cualquier parte del mundo para que un ministro renuncie, como lo hicieron casi todos los del gabinete del gobierno en Chile. La responsabilidad política que en Colombia pareciera no existir.

Divisiones al interior de las fuerzas armadas que Botero tampoco ha podido aplacar y que han permitido develar que, por ejemplo, se había emitido la instrucción de aumentar los resultados operacionales incluso con bajas lo que podía ser un incentivo perverso para que reaparecieran los falsos positivos.

Como si fuera poco, casos de corrupción al interior de las fuerzas que no se han detectado a tiempo y frente a los cuales no hay evidencia de que el ministro haya reaccionado con contundencia.

Al deterioro de la situación de inseguridad, a los casos de abuso militar y policial, a la matanza de indígenas y líderes sociales que no para, a la falta de cohesión interna de la fuerza, a los casos de corrupción al interior de las instituciones a su cargo, a todo eso, por lo que debería responder, que jurídicamente no es contestar, sino responder, es decir asumir las consecuencias, hay que sumarle las informaciones equivocadas y las explicaciones justificativas que ha dado en ya varios casos, que en algunas veces parecen anécdotas pero que en realidad, por estar de por medio la vida o la libertad de las personas resultan ser vulneraciones graves a los derechos de las víctimas.

Esta vez la votación no va a estar tan fácil para el Ministro como la vez anterior, el gobierno lo va a defender con todo y probablemente lo logre salvar pero será una victoria pírrica porque mantendrá un funcionario desprestigiado, sin liderazgo ni conocimiento al frente del sector que es bandera del partido de gobierno y sus congresistas votarán en contra de la moción pero le seguirán reclamando al Presidente por el deterioro de la situación de seguridad en las regiones que, a su juicio, les hizo perder las elecciones.

 

Comentarios (1)

Marleny Barrera López

02 de Noviembre

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De acuerdo, Botero debió renunciar hace muchas masacres. Pero, su renuncia no mejorará en nada la seguridad, mientras siga el Mindefensa en manos de Uribe. Si Duque no se ha atrevido con Botero, menos con Uribe. El uribista que llegue seguirá el mismo camino.

De acuerdo, Botero debió renunciar hace muchas masacres. Pero, su renuncia no mejorará en nada la seguridad, mientras siga el Mindefensa en manos de Uribe. Si Duque no se ha atrevido con Botero, menos con Uribe. El uribista que llegue seguirá el mismo camino.

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