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Por Jineth Prieto · 21 de Octubre de 2018

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Arrancó la época del año en la que La Silla Santandereana busca Súper Amigos. 

Ya son tres años de este proyecto que nació en buena parte gracias a los aportes que ustedes hicieron para que La Silla Vacía empezara a cubrir las movidas de poder de las regiones desde las regiones. 

Desde entonces nos hemos esforzado mucho por desentrañar los intereses que se mueven detrás de cada decisión pública en los dos santanderes, incluso, algunas veces en Arauca, departamento que terminamos adoptando por la cercanía geográfica.

Pero para que lo de desentrañar sea bidireccional, la idea es contarles el detrás de cámaras de esta Silla. 

Nosotros somos la segunda pata regional de La Silla Vacía, nacimos detrás de La Caribe, pero inicialmente pensamos que en los santanderes solo estaríamos presentes para las elecciones de 2015.

Fue gracias a que nuestros contenidos tuvieron tanta acogida en la región que nos quedamos y que la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, vio en este proyecto un activo valioso para el periodismo de los dos departamentos. 

Nuestra financiación viene principalmente del convenio que tenemos con esa universidad, que nos presta las instalaciones para funcionar y tiene la exclusividad de la pauta en nuestro home, a cambio nosotros servimos como uno de los semilleros de las nuevas generaciones de periodistas de la región.

Ese apoyo de la Unab por supuesto respeta la libertad editorial de todos los contenidos de La Silla.

Cada una de las sillas regionales, en las que además de La Santandereana y La Caribe, contamos a La Pacífico, La Sur, La Paisa y La Cachaca, tienen su propia identidad, que ha sido construida a partir de los perfiles de sus editores.

Como dice nuestra directora Juanita León: “Cada quien le ha puesto su sello personal”.

Aquí escribimos dos periodistas ciertamente jóvenes, yo que soy la editora y tengo 29 años, y Ana León de 24. 

Ambas amamos lo que hacemos y nos apasiona la investigación. Ese es precisamente el fuerte de esta pata regional.

Se nota tanto que el chiste interno entre las demás sillas es que La Santandereana tiene alma de contraloría. 

Ese sello nos ha llevado a contar historias como las que develaron el uso de contratistas y funcionarios para impulsar las campañas presidenciales y al Congreso en los dos santanderes. 

También ha sido clave para relatar los hilos que tejieron una nueva sombra sobre el excongresista Fredy Anaya y su emporio empresarial, la del contratista de Cúcuta que confesó cómo se estaba negociando plata de esa Alcaldía hasta para financiar futuras campañas, o la de la pareja de esposos amiga de los Tavera que saltó del anonimato a quedarse con el negocio de los seguros en el departamento.   

Contar a cuatro manos las movidas de poder en dos departamentos implica trasnochar, algunos fines de semana sin descanso, y largas jornadas de viajes a territorios como el Catatumbo, zonas rurales de Arauca y el Magdalena Medio para contarles historias que a distancia no podríamos escribir. 

Pero ese esfuerzo vale la pena en buena parte porque año tras año hay personas que no solo nos leen, sino que nos dan un voto de confianza inmenso al donar dinero para que sigamos existiendo.

Este año queremos seguir contando con ustedes y hacer crecer nuestro círculo de Súper Amigos. 

Nuestra meta con lo que recaudemos será producir contenidos que puedan viralizar el criterio en todo el país en una época en la que con las campañas locales las mentiras tendrán inundadas las redes sociales. 

Donar es muy fácil. Pueden hacerlo entrando a este link o en la esquina derecha del home.

Ayúdennos a seguir contanto el poder de los santanderes desde los santanderes.

Esta Silla es tan suya como nuestra. 
 

 

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