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Por Alexander Sanabria · 04 de Febrero de 2021

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La persona más importante para Colombia en su relación diplomática con el gobierno de Joe Biden será un funcionario de carrera, comprometido con los derechos humanos, y con un gran conocimiento sobre el país pues fue el segundo en la Embajada de Brownfield durante el final del segundo período de Álvaro Uribe.

De ser confirmado, Brian A. Nichols será el nuevo encargado de América Latina en el Departamento de Estado de Estados Unidos, la oficina que maneja las relaciones políticas con Colombia. Este nombramiento anticipa el giro en la visión de Biden sobre Colombia.

Para bien o para mal, por primera vez en las altas esferas del gobierno de Estados Unidos habrá personas con un conocimiento y un pasado en Colombia. Pues el Asesor de Biden para América Latina en la Casa Blanca, Juan González, también tiene un vínculo especial con este país porque es hijo de colombianos, vivió en Colombia hasta los siete años, y ha mantenido una relación estrecha con el país.

Como lo indica este cable de Wikileaks escrito por Nichols como Subjefe de Misión en la Embajada en Colombia en 2009, su conocimiento de las complejidades políticas que atravesaba el país en ese momento era bastante profundo.

COLOMBIA IN THE POLITICAL DOLDRUMS

Un activista no tan diplomático

Nichols es afroamericano, el primero en ese cargo desde Terence Todman en la década de 1970, y viene de ser embajador en Zimbabue, Africa.

Nació en Rhode Island, estudió en la prestigiosa universidad de Tufts y arrancó su carrera diplomática en 1989 como funcionario consular en la Embajada de los Estados Unidos en Perú. 

Más tarde, entre 2014 y 2017, estuvo a la cabeza de esa embajada donde lideró estrategias contra la extracción ilegal de oro, la tala ilegal, el tráfico de vida silvestre y la degradación ambiental.

Aunque la embajada de Brownfield, como todas las anteriores y posteriores, empujó la fumigación aérea de la coca, ya como embajador en Perú, Nichols apoyó y exaltó el proceso de erradicación manual de coca como un ejemplo para otros países incluido Colombia.

Esto significaría un cambio de actitud en las cabezas gringas frente a cómo manejar la expansión de los cultivos ilícitos y estaría más alineado con lo propuesto en el capítulo de las drogas del Acuerdo de Paz que con la visión del presidente Duque, que lleva dos años tratando de reiniciar la fumigación aérea, como quería Trump.  

Además, estaría en línea con el reciente informe elaborado por un grupo de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en el que participaron asesores de Biden, que demuestra el fracaso de la estrategia antidrogas en Colombia.

Nichols sonó en los medios de comunicación gringos a mediados del año pasado cuando, el partido gobernante de Zimbabue pidió su expulsión como embajador en el país, calificándolo de “delincuente” y acusándolo de financiar a los organizadores de unas protestas antigubernamentales. 

Esto debido a que, en medio de las protestas del movimiento Black Lives Matter tras la muerte de Floyd, el embajador habló con pasión sobre raza y represión en Estados Unidos al tiempo que denunció en Zimbabue una “violencia patrocinada por el Estado contra manifestantes pacíficos, sociedad civil, líderes laborales y miembros de la oposición”.

Ese tipo de manifestaciones públicas y abierto activismo en temas polémicos no son comunes en el mundo diplomático, y mucho menos en una administración como la de Donald Trump que nunca apoyó el movimiento en contra de la brutalidad policial en Estados Unidos.

Es más, como lo recuerda Adam Isacson, una de las personas más expertas en la relación bilateral Estados Unidos-Colombia, en este hilo de twitter, un artículo de la revista Foreign Policy dijo en 2017 que el gobierno de Trump había decidido no nombrar a Nichols como Embajador en Colombia porque era negro, y en cambio había optado por un diplomático de menor rango como Joseph Macmanus. 

Por eso, Isacson y otro activista de derechos humanos en Estados Unidos con interés en Colombia, le dijeron a La Silla que este nombramiento les genera mucha ilusión por el compromiso que Nichols ha demostrado con los derechos humanos y con los derechos de los afro en particular. 

El nombramiento de Nichols, sumado al de González, muestran que el viraje en la administración de Biden frente a la región, y en particular frente a Colombia, podría ser más rápido y más drástico de lo anticipado. Y esto será una buena noticia para temas como la protección de los líderes sociales y la implementación del Acuerdo de Paz. No necesariamente para Duque y su círculo de poder, incluyendo a Francisco Santos, el interlocutor inmediato de Nichols en Washington.

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