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Por Tatiana Duque · 18 de Octubre de 2017

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La reforma política, que aterriza el Acuerdo con las Farc en temas de participación y ampliación de la democracia, está en la cuerda floja. E incluso si el Congreso la aprueba, es casi seguro que no tendrá efectos en las elecciones a Congreso del próximo marzo.

Hoy la reforma cumplió su segunda semana en la plenaria de Cámara sin avanzar en la votación de los artículos, pasó su informe de ponencia pero los representantes no han votado ni uno de los 14 artículos (cuando fue radicada tenía más de 20).

 

Es no solo porque la preside el vargasllerista Rodrigo Lara quien, como hemos contado, es uno de los principales opositores de la reforma sino porque ayer, 47 de los 166 representantes se declararon impedidos para votarla porque tienen investigaciones en la Corte Suprema (y cambiaría los jueces de los magistrados de ésta), y porque hoy la plenaria le dio prelación a votar el presupuesto de 2018, que debe salir esta semana.

Como el Senado lo está votando al mismo tiempo y seguramente tendrán que conciliar ambos textos, en eso se concentre el Congreso mañana. Es decir, la reforma solo volvería a debatirse la próxima semana.

Por fechas, si se vota rápido en Cámara (algo difícil, porque trae temas polémicos como la lista por coalición de partidos pequeños y las listas cerradas para las elecciones al Congreso, Asambleas y Concejos e impone nuevas normas para la financiación de campañas en época preelectoral), llegaría la última semana de octubre al Senado y no saldría antes de mediados de noviembre, por muy temprano.

Como requiere una revisión de la Corte Constitucional, que por Fast Track tarda un mes, no habría reforma en firme antes de medidados de diciembre - cualquier tardanza podría chocar con la vacancia judicial, de mediados de diciembre a mediados de enero, y la postergaría todavía más.

Pero incluso los mejores panoramas la dejan ya muerta para las elecciones al Congreso porque los candidatos deben inscribirse entre el 11 de noviembre y el 10 de diciembre, y necesitan tener las reglas claras.

A eso se suma que la reforma perdió el respaldo político del exjefe negociador, Humberto de la Calle, quien negoció el punto de participación en Cuba y quien dijo que “en vez de abrir la democracia la cerraba”. Y hoy también el de quien la redactó, el exministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quien dijo en una rueda de prensa que su “hundimiento era inminente”.

El ministro del Interior y reemplazo de Cristo, Guillermo Rivera, no la da por muerta y trabaja con una subcomisión de congresistas que se instaló ayer para definir aspectos difíciles, y espera que avance cuando el Congreso apruebe el presupuesto. Pero el calendario no le sonríe y seguramente salga una reforma que solo aplique para las elecciones regionales de 2019.

CONTEXTO

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