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Por Jerson Ortiz · 03 de Junio de 2020

Un cuarto de la población económica de Neiva estaba sin empleo en abril.

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Neiva ostenta el preocupante título de ser la ciudad del país con la mayor tasa (25 por ciento) del desempleo histórico que se está registrando en Colombia, como consecuencia de la pandemia del coronavirus.

Para las estadísticas del Dane, una persona desempleada es esa que no trabajó por lo menos una hora remunerada en la semana, y en la capital del Huila entre febrero y abril fueron 42 mil en esa situación.

Ellos representan un cuarto de la población económicamente activa, y hacen parte de un drama que venía desde antes del Covid, como lo evidencia el hecho de que ya en febrero se había registrado la tasa más alta (16,7) desde 2007, cuando la ciudad estaba azotada por el conflicto armado.

Además del confinamiento, la cifra acumulada del desempleo está relacionada con la altísima informalidad, la caída de sectores como la construcción, el fantasma de una nueva crisis petrolera y la falta de industria de Neiva.

Por eso, además de lo que deje el virus, es posible que la cantidad de desempleados siga creciendo en los próximos días.

La cara de la desocupación

El alcalde de Neiva, Gorky Muñoz, se pifió cuando dijo que en la ciudad había 100 mil desempleados al suponer que la tasa del 25 por ciento que dio el Dane se aplicaba sobre el total de la población proyectada para el 2020, es decir sobre unos 400 mil habitantes. 

En realidad el porcentaje del Dane se aplica sobre la población económicamente activa, es decir, la que es mayor de doce años, tiene trabajo, lo ha tenido o lo está buscando, y que en Neiva se redondea en unas 158 mil personas. La operación dice, entonces, que, para el Dane, hay unos 117 mil neivanos ocupados y unos 42 mil desempleados.

Comparados con el mismo trimestre de 2019 son 33 mil ocupados menos, y 21 mil desempleados más. 

Aún con el descache en las cuentas de Muñoz, las cifras son escandalosas y no se veían en la ciudad desde hace casi 15 años. 

 

Camilo Silva es uno de esos nuevos desempleados en Neiva. Él es músico y director de una agrupación vallenata que se llama ‘La Banda del Meke’ de la que hacen parte otras nueve personas que dependen económicamente de la música. 

Arrancaron hace ocho años dando serenatas en ‘La Playa’, que es la plaza donde se hacen los músicos en las noches a la espera de que los contraten. Gracias a la disciplina y dedicación grabaron varias canciones, empezaron a sonar en las emisoras locales y comenzaron a tocar en las discotecas y en fiestas populares. 

Así lo hicieron hasta el 15 de marzo cuando se ordenó el aislamiento preventivo. No han podido volver a trabajar porque están prohibidas las reuniones masivas, y las discotecas no pueden funcionar.

“Antes de todo esto, teníamos unos cinco o seis toques por fin de semana, o sea como unos 25 al mes. Eso nos daba para sacarnos sueldos como de 800 o 900 mil pesos para cada uno. Un mínimo, por decirlo así”, comenta. 

Eran salarios y empleos informales porque ninguno de los diez músicos cotizaba salud o pensión, pues si lo hacían no les alcanzaba para los gastos mensuales.

Antes de la pandemia, esa informalidad laboral en Neiva llegaba al 54 por ciento, siete puntos más que el promedio nacional, según datos del Ministerio del Trabajo.

Dicho de otra manera, de cada 10 personas ocupadas, la mitad se movían en actividades económicas que no son estables y no tienen garantías laborales como salud, pensión, cesantías.  Ahí entran vendedores ambulantes, meseros, mototaxistas, taxistas, músicos, mecánicos, entre otros, que se tuvieron que recoger en la pandemia.

Esos empleos informales fueron los que se destruyeron en su mayoría. 

Sin toques y sin ingresos, algunos músicos de ‘La Banda del Meke’  tuvieron que regresar a vivir con sus familias, incluso en sus ciudades de origen, como Florencia.

A Camilo le tocó reorganizar la economía de su casa porque aunque su esposa sí pudo mantener su trabajo como auxiliar contable de una trilladora de café, gana un salario mínimo y la plata no les alcanza.

“Tocó hablar con la dueña de la casa para pedirle que nos bajara el arriendo, y estoy haciendo los trámites para sacar a la niña del colegio al que la habíamos metido porque ya no nos alcanza para la mensualidad”, comenta. 

Se encarga de cuidar los dos niños, uno de meses y la otra de siete años, y por eso no puede salir a buscar otra ocupación. “Piensa uno en hacer mototaxi o irse para el campo a coger café, pero con quién deja uno a los niños, porque puede uno conseguir quién los cuide pero hay que pagarle y no hay con qué”, añade. 

Esta semana el Alcalde Muñoz autorizó la reapertura gradual de la economía, pero Camilo y su banda seguirán parados porque bares, discotecas y reuniones masivas se mantienen cerrados por indicaciones del Ministerio de Salud. 

La incertidumbre laboral también está entre los que tienen una fuente de trabajo formal. 

La cifra puede aumentar

Como en los últimos años la tasa de desempleo de Neiva ha estado por encima del promedio nacional, es posible que en la medición que haga el Dane de mayo, las cifras sigan creciendo. 

Eso va a depender de qué tanto se puedan reactivar miles de trabajos suspendidos en medio de la pandemia. 

Paola Bustos tiene 38 años, está vinculada desde hace diez como auxiliar administrativa de una clínica odontológica. Al finalizar marzo la clínica paró actividades pero a ella le dijeron que le iban a pagar ese mes, aunque descontando el subsidio de transporte. 

En abril la mandaron a vacaciones, le dijeron que solo le iban a pagar los aportes de salud y pensión, y que por la cuarentena les iban a suspender los contratos que tienen a término indefinido. 

De mayo no le han dado razón, pero cuenta que a una compañera que lleva 10 años en la empresa ya la llamaron a decirle que la van a liquidar y que debía llegar a un acuerdo con los jefes.

Ella cree que será la siguiente en el listado porque supo que la clínica cerró sus sedes en Pitalito (Huila), Florencia (Caquetá) y Girardot (Cundinamarca), y no se ven planes de reactivar la sede que hay en Neiva. 

Anticipándose al golpe, y para garantizar el dinero para los gastos de alimentación y colegio de su hija, buscó retirar las cesantías pero no pudo porque las tiene en el Fondo Nacional del Ahorro, que es una entidad del Estado, y allá le dijeron que los empleados a los que les rebajaron los salarios, suspendieron los contratos o mandaron de licencia temporal no remunerada solo pueden retirar una parte del ahorro de sus cesantías en las cuatro Administradoras de Fondos de Pensión (AFP) privadas (Porvenir, Protección, Colfondos y Skandia).

Eso es cierto, según confirmó la presidente del Fondo Nacional del Ahorro, Cristina Londoño, quien en medios explicó que no es posible el retiro del ahorro en la entidad pública por su manejo de cesantías como garantía crediticia.  

“Ante el Dane debo aparecer que tengo trabajo, pero sin sueldo”, se lamenta Bustos. 

Camilo Córdoba está en las mismas pero en un sector doblemente golpeado: el petrolero. 

Tiene 29 años, trabaja desde hace nueve como operario de una empresa que hace mantenimiento a pozos petroleros. El 27 de marzo salió de un campo en Piedras, Tolima. Ese día la empresa le notificó que suspendían labores y que por eso lo mandaban a las vacaciones que tenía pendientes. 

Al finalizar abril, con los campos aún cerrados, lo mandaron a licencia no remunerada y le dijeron que le mantenían solamente el pago de la seguridad social. Va por la segunda licencia no remunerada, con un agravante: de los doce compañeros que había en su línea de trabajo antes de arrancar la cuarentena, ahora solo quedan él y otro más. 

A nivel nacional estima que pasaron de 80 a 30. 

Córdoba no tiene hijos, pero se encarga de los gastos de sus abuelos y de su hermana menor. En estos años se metió en unos créditos con bancos para comprar un carro y pagar unas deudas, pero sin ingresos tuvo que renegociar. 

También pensó en las cesantías, pero igual que Paola Bustos las tiene en el Fondo Nacional del Ahorro y no pudo sacarlas. 

Según los datos de una encuesta que hizo el mes pasado la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), el gremio de las petroleras, si la crisis de los precios y las restricciones se mantienen, las compañías podrían recortar, a diciembre, el 8 por ciento de sus empleos directos y el 72 por ciento de los indirectos, que es la modalidad por la que hay más gente trabajando. 

Eso tendría un impacto duro en Neiva porque es un sector que mueve otros frentes de la economía regional. 

Así se vio ya entre 2015 y 2016 cuando, por cuenta de la caída internacional de los precios del barril, en esta capital y otros municipios petroleros del departamento, se perdieron tres mil empleos directos e indirectos en ese sector, como lo resumió un estudio de la Cámara de Comercio. 

Desde el 2016, esta ciudad no volvió a tener una tasa de desempleo por debajo del 10 por ciento.

Un golpe que afectó a otros renglones porque, por ejemplo, los hoteles tuvieron reducciones hasta del 65 por ciento en la ocupación debido a que eran cada vez menos los trabajadores petroleros que se hospedaban ahí.  

También dejó de circular dinero porque las entidades bancarias se abstuvieron de otorgar nuevos créditos a empresas y trabajadores del sector. 

La reactivación

Con ese saldo laboral en rojo, el alcalde Gorky Muñoz le puso ruedas a la reapertura económica que autorizó el Gobierno Nacional porque dice que así no solo bajaría la desocupación sino que descansan las finanzas del municipio. 

Desde ayer, Muñoz autorizó la reapertura del comercio al por mayor y al detal, las casetas de vendedores ambulantes,  los centros comerciales (con una capacidad máxima del 30 por ciento), los talleres mecánicos, y amplió el pico y cédula a tres números por día.

“Si usted suma estos sectores (el comercio, el turismo, la hotelería, comida), eso da más de un 53 por ciento y hoy todas esas actividades están paradas y por eso este coletazo de la desocupación”, comenta el mandatario. 

Dice que los neivanos deben aprender a convivir con el virus. Hasta ahora en la ciudad se han reportado 143 casos de contagiados por Covid.

Muñoz ha insistido en la reapertura, (incluso propuso abrir las discotecas y bares pero el Gobierno le dijo que no), porque así también puede aliviar las cuentas del municipio. 

Para suavizar el golpe económico, la Alcaldía subsidió el pago de las facturas de acueducto y alcantarillado de los meses de marzo y abril en los estratos uno, dos y tres por 6.600 millones de pesos, y ha invertido más de 10 mil millones de pesos en mercados (en contratos que, en todo caso, son sospechosos, como lo hemos contado). 

Además el pago del impuesto predial se corrió para junio. 

Desde la Administración creen que es una carga que está por desbordarse y por eso van a instalar una mesa de reactivación de la que esperan sacar un plan para presentarle al Gobierno Nacional y que armonice lo económico con la salud. 

En el Plan de Desarrollo que aprobó el Concejo esta semana incluyeron unas líneas de crédito a pequeñas empresas y van a modificar el estatuto tributario para generar beneficios a sectores afectados por el Covid. 

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