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Por Elisa Castrillón Palacio · 27 de Abril de 2021

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Rafael González tiene ocho años, vive en Medellín y está en tercero de primaria. Desde marzo del año pasado, cuando el covid llegó a Colombia y se cerraron los colegios, recibe casi todas las clases de manera virtual.  Más de una vez, le ha pedido a su mamá que abra los colegios, por lo menos el suyo.

Y es que si bien la suya es la experiencia de más de 500 mil niños y adolescentes en Antioquia que están en edad escolar, tiene un matiz: su mamá es Alexandra Peláez, la secretaria de Educación del departamento. 

Con su gestión y la de su equipo de trabajo, 226.915 niños y niñas —que representan el 44 por ciento del total de estudiantes de Antioquia— han regresado a las aulas en 117 municipios.

En total, Antioquia ha logrado que el 71 por ciento de las escuelas del departamento regresen a la presencialidad bajo el modelo de alternancia, todo un récord si se compara con otros departamentos.

Por ejemplo, en Atlántico, solo el 19 % lo han logrado; en Santander, un 32 % y en Caldas, el departamento que más se acerca a los resultados de Antioquia, un 69%.

La Secretaría de Peláez ideó estrategias de enseñanza a través de la radio comunitaria, la televisión pública y cartillas asistidas para garantizar el acceso a la educación, especialmente a los niños y niñas en la ruralidad. Y ha convertido a Antioquia en un ejemplo en modelos de educación alternativa y presencialidad.

“Ella merece un reconocimiento porque ha logrado manejar a los sindicatos y priorizar la educación presencial” a través de un seguimiento epidemiológico municipio por municipio, dice Isabel Segovia, viceministra de Educación preescolar, básica y primaria en el gobierno de Álvaro Uribe.

La combinación para el momento

En Alexandra Peláez hay dos aspectos que saltan a la vista: que tiene poco de política y mucho de técnica; y que es mamá.  Ambos se han fusionado en este momento en que la educación en Colombia atraviesa su crisis más profunda.

“Como funcionaria y como mamá empujo la alternancia porque sé que hay vacíos conceptuales. Un padre y una madre que no han terminado primaria muy difícilmente van a acompañar metodológicamente a un niño”, dice sobre la urgencia de establecer un modelo de alternancia exitoso. 

 

Peláez, oriunda de Manizales, llegó a la administración pública en 2006 en la primera gobernación de Anibal Gaviria, justo después de terminar su posgrado en Gestión y Políticas Públicas en la Universidad de Chile. 

Le dijo a La Silla que siempre tuvo claro que quería dedicarse a la administración pública y por eso les envió su hoja de vida a todas las gobernaciones del país hasta que Claudia Restrepo, entonces secretaria de Educación departamental de Anibal Gaviria, la contrató en esa dependencia después de una entrevista telefónica. 

Desde entonces ha sido clave en la vida política de Aníbal Gaviria. Fue coordinadora programática en su campaña de 2019 y, como otros de los actuales secretarios, aportó cinco millones de pesos a esa candidatura. 

Además de trabajar con Aníbal, trabajó en Planeación de las alcaldías de Sergio Fajardo y Alonso Salazar y luego en 2013, Aníbal la nombró secretaria de Educación de Medellín.

Con solo un pequeño periodo por fuera de las instituciones públicas en 2016, Peláez lleva 15 años dedicada a lo público en Antioquia.  Pero manejar la educación durante la pandemia ha sido la mayor prueba.

En marzo, cuando empezaron a presentarse los primeros casos de covid en el país, su primera decisión fue no cerrar los colegios hasta no entender qué era lo que iba a pasar y cómo se iba a propagar el virus. Pero el Gobierno Nacional y la Gobernación tuvieron que ceder a los miedos de los padres y el 16 de marzo el Ministerio de Educación emitió una circular que obligaba a cerrar los colegios y les daba tres semanas a las instituciones para idear modelos de educación a distancia. 

En municipios como Medellín y Envigado ese nuevo modelo se tradujo en trasladar el colegio a la virtualidad. Los privados, por ejemplo, crearon plataformas virtuales de enseñanza y en los colegios oficiales, los maestros empezaron a dictar sus clases por videollamadas. 

Pero en la ruralidad la situación era distinta. 

Buena parte de las casas en el campo no tienen conexión a internet. En algunas veredas o municipios, no había computadores o tabletas, y los maestros daban sus clases a través de notas de voz de Whatsapp o prestaban a los estudiantes sus propios celulares para que escucharan los mensajes.

Para hacerle frente a la crisis, la Secretaría de Peláez —con un presupuesto anual de cinco billones de pesos— repartió 172 mil guías de estudio en las veredas y corregimientos dispersos en la ruralidad. También creó Profes Melos, un programa de televisión de cuatro materias básicas transmitido todos los días a las 10 de la mañana a través de Teleantioquia, el canal público del departamento. La iniciativa se trasladó también a la radio, con el programa Escuela de Colores a través de las emisoras comunitarias. Pero el acceso seguía siendo insuficiente.     

Además, a los indicadores que mostraban un departamento desconectado y con problemas estructurales de infraestructura, se sumó el espejo que Alexandra tenía en su casa con el reto que implicaba acompañar a sus hijos, de 2 y 8 años, a estudiar a través de internet. 

“Las preguntas mías como mamá son las mismas de las mamás de los 500 mil niños en Antioquia —dice— en zonas rurales no tener alternancia es no tener estudio”, dice Peláez. 

Por eso es que este departamento fue uno de los primeros en empezar con la alternancia en los colegios y, aún con una crisis de salud muy crítica, de los que menos colegios ha cerrado. Hasta el 18 de abril, 3.101 sedes educativas habían abierto sus puertas a los estudiantes en los 117 municipios que dependen de la Secretaría.

Incluso después de esa fecha, cuando la Gobernación empezó a tomar pedidas para atender el tercer pico de la pandemia, la alternancia sigue funcionando en 104 municipios de Antioquia. 

La apertura está justificada en que, si bien ese es también uno de los departamentos a los que el tercer pico de la pandemia le ha pegado más fuerte, hay municipios con pocos casos activos de covid o que no reportan nuevos casos hace días. 

Abrir las aulas implica el seguimiento epidemiológico de cada municipio, cada vereda y cada corregimiento para determinar los riesgos y las posibilidades, algo que Peláez hace a diario. “Es un ejercicio necesario porque hay que saber dónde cerrar y dónde abrir”, explica Isabel Segovia. 

Quienes la conocen dicen que le hace honor a su formación como economista porque le gusta trabajar a partir de datos que soporten todos sus proyectos. “Es como una hormiguita. La recuerdo pegada de un computador manejando cifras, sacando indicadores, promedios. Es muy práctica”, dice Magda Restrepo, directora de la Fundación Fraternidad, que trabaja en temas de educación en Antioquia.

Sin embargo, no ha sido fácil convencer a todos los sindicatos de maestros de los impactos a largo plazo de mantener a los niños por fuera del colegio.

La Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA), por ejemplo, ha expresado que rechaza la “postura intransigente” de la secretaria porque “insiste en no suspender la alternancia en todo el territorio antioqueño”. Y en el municipio de Angelópolis hasta el 19 de abril ninguna sede había implementado la alternancia por la presión de los sindicatos. 

La diferencia es que en Antioquia —en gran parte por la tenacidad  y la convicción de Peláez— los que se resisten a volver al colegio son minoría.  Y a diferencia de los demás niños colombianos, los antioqueños regresaron hace meses a clase. Incluido Rafael, que regresó por un tiempo a su colegio en septiembre de 2020 bajo el modelo de alternancia, aunque en su caso nada tuvo que ver su mamá.

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