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Por Efraín Rincón · 08 de Diciembre de 2020

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Esta historia hace parte de la Sala de Redacción Ciudadana, un proyecto de periodismo colaborativo entre los periodistas de La Silla Vacía y miembros de organizaciones de la sociedad civil que cuentan con información valiosa.

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El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación cumplió el sábado pasado, 5 de diciembre, su primer año.  En la ceremonia de firma de la ley que le dio orígen, el presidente Iván Duque recibió el informe de la Misión Internacional de Sabios que tras nueve meses de trabajo, le entregaron una hoja de ruta para crear una nueva y ambiciosa política pública con estrategias para encarar desafíos sociales y productivos en el largo plazo con la participación del Estado, la universidad, la empresa y la gente.

Para la Misión, constituída por 43 expertos y expertas en distintas áreas del conocimiento, era clave que existiera el Ministerio y liderara esa política. Pero varios de sus miembros comparten dudas sobre qué tanto está teniendo en cuenta sus recomendaciones, especialmente por el borrador de un documento Conpes de ciencia que publicó el Ministerio en septiembre y que establecerá formalmente la política de Ciencia, Tecnología e Innovación para los próximos diez años.  Está desalineada con lo que plantearon los sabios.

La hoja de ruta de la Misión

El Gobierno le encargó a la Misión una carta de navegación “para el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación”.  

Para ello, se organizó en ocho focos por temas como bioeconomía, ciencias de la vida, energía sostenible, e industrias creativas y culturales, y planteó propuestas para cada uno de ellos y otras cuatro transversales.

Más plata

La Misión propuso que Colombia pase de invertir el 0,25 por ciento del PIB en investigación y desarrollo (I + D) a 1,2 por ciento en el 2028. Es decir, multiplicar casi por cinco la plata que le mete.

Igual, eso solo sería la mitad del 2,4 por ciento del PIB que invierten en promedio los 37 países de la Ocde, según cifras del Observatorio de Ciencia y Tecnología.

Para lograrlo propuso diseñar modelos de financiación de varios actores, y en etapas: que inicialmente el Estado ponga el 0,8 por ciento del PIB y el sector privado otro 0,4 , para llegar al 1,2, en el 2028; y que luego el sector privado tome las riendas e invierta el 0,95 por ciento del PIB, y el público el 0,85, para llegar al 1,8 por ciento. 

Para llegar a eso, para el 2022 la inversión debería sumar el 0,53 por ciento del PIB en I+D.

Que funcione mejor su organización

Recomendó que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti), que hoy hace parte del  Sistema Nacional de Competitividad, fuera independiente y lo dirigiera un Ministerio de Ciencia, que ya se creó.  

Entre otras, pidió crear un Consejo Nacional de Política de CTI para que asesorara al Presidente.   

Que la ciencia sea más fuerte en la educación

La Misión propuso que se “avance rápido” en acceso a la educación de calidad a niños y niñas de 0 a 5 años, y universalizar y diversificar la educación secundaria.  

Para esto propuso crear un instituto de investigación en educación y alta formación de maestros, y un “plan agresivo de becas y estímulos” para ellos.

Crear misiones y centros para los grandes retos  

Recordando que el ser humano llegó a la Luna gracias a que se coordinaron esfuerzos de la academia, la empresa y el Estado, propuso misiones para movilizar plata e investigación en la solución de retos (e iniciar con cinco emblemáticas en temas como la bioeconomía o el agua y el cambio climático para aprovechar la biodiversidad del país y garantizar los recursos de manera sostenible), y los centros porque  “generan economías de escala, alcance y aglomeración para la transferencia tecnológica”. 

Esta es la visión que sigue lejos de lo que está desarrollando el Gobierno, según el Conpes y según los expertos. 

La plata sigue siendo un problema para la ciencia

Moisés Wasserman, bioquímico, ex rector de la Universidad Nacional y ex miembro de la Misión, cree que la apuesta financiera del Gobierno no tiene la ambición que se necesita, y que está en el informe.

Esto es evidente en el borrador del Conpes, que no define el presupuesto para los próximos años ni explica cómo va a diversificar las fuentes de financiación, una de las propuestas de la Misión para lograr el salto en inversión.

Por ahora, de hecho, la meta sigue lejos: el dato más reciente de inversión en I+D del Observatorio de Ciencia y Tecnología, fue de 0,2 por ciento del PIB en 2019, cuando la meta del 0,53 es para 2022.

Aunque no hay datos de I+D unificado para los años siguientes, el presupuesto del Ministerio creció pero no tan rápido como se necesitaría para alcanzar lo que propuso la Misión de los Sabios: de 350 mil millones de pesos en 2019 a 392 mil millones en 2020 y 413 mil millones en 2021 (apenas un 0,04 por ciento del PIB). 

El Ministerio dijo oficialmente a La Silla que trabajan en diversificar las fuentes de ingresos, además de tener más espacio en el Presupuesto General de la Nación; y entre ellos le apuntan a que otros ministerios puedan poner plata o a la cooperación internacional.

Además, recuerda que en julio, en plena pandemia, sacó el decreto 1011 que desarrolla el Plan de Desarrollo y permite a las pequeñas y medianas empresas descontar de su impuesto de renta las inversiones en ciencia, tecnología e innovación.

Es decir, que el Gobierno no saca plata de los impuestos para financiar la ciencia y la innovación sino que crea incentivos tributarios para que los privados inviertan, una apuesta que en todo caso ya existía y que este año puede dar certificados para descontar impuestos por 1,5 billones de pesos, cuando el año pasado fue 1 billón. 

Pero igual el dinero de este año es solo el 0,15 por ciento del PIB y el aumento frente a 2019 es del 0,05. Aunque falta que expertos del Observatorio sumen los demás rubros de la inversión en I+D, ese aumento todavía está lejos de llevar a la meta del 0,53.

Además de la plata, el cambio en la gobernanza de la ciencia también va a medias.

La gobernanza de MinCiencias que esperan en la Misión

Otra de las críticas de los miembros de la Misión al borrador de Conpes es que no hay propuestas de fondo como las que recomendaron. 

En él, MinCiencias propone 19 acciones para cumplir con su objetivo (desde incrementar la vocación científica en niños y jóvenes hasta lograr más transferencia de conocimiento al sector privado, pasando por mejorar la comunicación pública de la ciencia y la gobernanza del sistema nacional de ciencia).

Pero para Silvia Restrepo, vicerrectora de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes y ex miembro de la Misión, lo que propone son acciones que cierran brechas del pasado pero que no responden a una estrategia a largo plazo.

“Los objetivos tienen que venir de un plan más ambicioso y eso fue lo que se dejó en el documento de la Misión”, argumenta.

Justamente para que se puedan armar y ejecutar coordinadamente esas acciones se necesita que MinCiencias encabece el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología y que este deje de ser parte del Sistema Nacional de Competitividad, pero formalmente todavía no es así.

Esa carencia es algo que, de forma tácita, el mismo Ministerio acepta y busca cambiar. 

El sábado en el evento de conmemoración del primer año del Ministerio, la ministra Mabel Torres anunció que están revisando un borrador de decreto sobre el Sistema. “Busca que el Ministerio sea el líder, articulador y coordinador de la ciencia, la tecnología y la innovación”, dijo.

En el Ministerio le confirmaron a La Silla que Torres lo firmará en los próximos días y que con él también se crea el Consejo Científico Nacional en el que estarán el Presidente, el MinCiencias y 10 investigadores. Es decir, darán otro paso para aterrizar la Misión, con un año de demora.

El sábado, también tras un año, la Ministra Torres lanzó una de las misiones emblemáticas que propuso la Misión, la de bioeconomía. 

Contó que busca crear un modelo de economía sostenible que aproveche la diversidad natural y cultural del país, que espera que represente el 10 por ciento del PIB en 2030, y que tiene para arrancar 50 mil millones de pesos del Gobierno.

Sobre la tardanza, el Ministerio le explicó a La Silla que debió madurar la idea: “No debe desconocerse el trabajo de formulación, consulta y ajuste que se adelantó durante el 2020, junto a diversos actores del Sncti”.

Aunque ese es un ejemplo de cómo se han movido algunas recomendaciones de los Sabios, el senador Agudelo recuerda otras que no se han materializado, como la creación de nuevos centros e institutos de I+D.  

Para él, como para Wasserman y Restrepo, en el Conpes debe estar incluida la visión de la Misión, aterrizada en por lo menos algunas de sus recomendaciones.

Para avanzar, la ciencia requiere tiempo, e incluso logros rápidos, como la vacuna para el covid, dependen de años de investigación básica que se aplican ante problemas concretos. Por eso, que el Ministerio hasta ahora empiece a aplicar las recomendaciones de la Misión que armó el Presidente, prende las alarmas.

Al fin y al cabo, hace 26 años se creó la primera Misión de Sabios en Colombia que, de la mano de Gabriel García Márquez, hablaba de “un país al alcance de los niños” y que la inversión para ciencia y tecnología alcanzara el 2 por ciento del PIB. 

Eso no pasó. El reto es que la nueva Misión no corra el mismo riesgo.

 

Esta historia hace parte de la Sala de redacción ciudadana, un espacio en el que personas de La Silla Llena y los periodistas de La Silla Vacía trabajamos juntos.

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