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Por Jineth Prieto · 04 de Abril de 2021

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“Si yo tengo una berraca lanza en el rabo ¿Qué hago yo? Me la quito. Para que no me chuce más y ya”.  

Esa oración resume cómo funciona la lógica del poder dentro del fútbol en Colombia. Muestra por qué es casi que un fortín impenetrable a los cambios, y por qué al que no encaja le cierran la puerta o lo sacan.

Fue pronunciada por Álvaro González Alzate, el presidente de la división aficionada de fútbol (Difútbol), en una reunión privada con jugadoras de la liga femenina hace 5 años.

Hace dos años se convirtió en una de las pruebas que las deportistas presentaron para sustentar sus denuncias de que ese dirigente presuntamente auspiciaba malos manejos en el principal deporte del país. 

Le pidieron su renuncia. 

No era la primera vez, en 28 años que lleva en el cargo, que alguien dentro del mundo del fútbol le pedía lo mismo a González. Tampoco era la primera vez que alguien lo señalaba de algo similar. Pero el poder de González se puede medir, en parte, por cómo ha logrado sortear, uno a uno, todos los escándalos que ha enfrentado. 

Lo han señalado de llevar razones de amenazas, de promover vetos y de corrupción. La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) lo multó con 46,4 millones de pesos por hacer parte de la reventa de la Selección Colombia. 

También ha sido protagonista por opiniones discriminatorias. Equiparó la homosexualidad a una enfermedad contagiosa y respaldó declaraciones como que el fútbol femenino promovía el lesbianismo. Aún así, su permanencia en la Difútbol jamás se ha puesto en discusión internamente. 

Álvaro González ha sido definido por la prensa deportiva como el poder detrás del poder en la Federación Colombiana de Fútbol (FCF). Su nombre es capaz de despertar odios y amores, en un negocio que mueve tanta plata como hinchas en Colombia.

Como presidente de la Difútbol maneja al dedillo casi todas las ligas de fútbol aficionado del país, la cantera del fútbol profesional. Los clubes que la integran son los que organizan las juntas de acción comunal de los barrios, los de las empresas locales y las regionales. También están las divisiones menores de los clubes profesionales.

Además, también tiene la capacidad de ser decisivo cuando se elige presidente de la FCF, conoce como pocos la letra menuda del fútbol en Colombia, y está detrás de las grandes decisiones que giran en torno a ese deporte. 

Esa capacidad ha hecho que el presidente de la Difútbol sea la constante en la ecuación de poder del fútbol en Colombia. Todos van y vienen, menos él.

Quienes han seguido de cerca sus pasos coinciden en describirlo como un político en el fútbol y como la muestra pura de cómo se mueve el poder de ese deporte desde sus entrañas.

Para este perfil La Silla Vacía habló con deportistas, periodistas, dueños de clubes, directivos y exdirectivos de ligas. González no quiso concedernos una entrevista. 

Los inicios

González nació en Caldas, estudió derecho pero nunca se graduó, es tecnólogo deportivo, tiene 77 años y, de esos, 54 los ha dedicado al fútbol. Una carrera reconocida en ese mundo con homenajes y conmemoraciones

Empezó jugando como defensa en los colegios en los que estudió en Manizales y Fresno, pero desde entonces se dio cuenta que tenía más talento para organizar torneos que para jugar. 

En todo caso, su contextura y estatura eran un impedimento para proyectarse profesionalmente: solo mide 1,59 metros.

González entró oficialmente a la dirigencia deportiva poco después de terminar el colegio como auxiliar de su hermano, Carlos Ernesto, quien para entonces era secretario del Comité de Fútbol de Manizales.

 

Algunos años después, cuando los comités se convirtieron en ligas departamentales, Álvaro González asumió el puesto de secretario en esa organización. Su hermano lo había ocupado, pero prefirió irse de funcionario a la alcaldía de Manizales.

Esa palomita fue el punto de partida del ascenso de Álvaro González. En ese cargo asistía a reuniones de la Difútbol en Bogotá y empezó a darse a conocer entre los demás dirigentes. Para ese entonces ya era un consolidado dirigente deportivo en Caldas y fue director ejecutivo de esa liga.

En el 84 González encabezó un movimiento cuando varias ligas se desafiliaron de la Difútbol para organizar la Copa Colombia. Aunque fracasó en ese intento, la movida le dio la entrada a la organización.

El entonces presidente Saúl Veláquez le ofreció irse para la capital a trabajar de lleno a la Difútbol, donde alzó vuelo. Pocos años después se convirtió en director ejecutivo, el segundo cargo de esa organización detrás de la presidencia. Al tiempo, fue nombrado como revisor fiscal en la FCF, organización sombrilla donde están tanto las ligas aficionadas como las profesionales, que se organizan bajo la Dimayor.

Siendo fiscal de la FCF González hizo dos movidas grandes que le dieron visibilidad.

El ascenso

Recién posesionado como fiscal de la FCF y luego de haber promovido la creación del Colegio Nacional de Árbitros que estaba bajo la batuta de la Difútbol, González anunció que emprendería una cruzada para encontrar a los árbitros corruptos.

Corría el año 90. Por ese entonces en el país pululaban las denuncias de que los árbitros eran comprados por carteles del narcotráfico para torcer resultados de los partidos. La otra cara de la moneda eran las noticias de árbitros desaparecidos y secuestrados que aparecían con amenazas de muerte si “pitaban mal”. 

Hacía un año había ocurrido el asesinado del árbitro Álvaro Ortega. Su muerte ocasionó que ese año se convirtiera en el único hasta ahora sin estrella en el fútbol profesional. El torneo fue cancelado a pocas semanas de finalizar en señal de luto. Entonces González promovió la salida de varios árbitros, por considerar que tenían un aumento de patrimonio injustificado y habían tomado decisiones controversiales.

Su segunda movida reconfiguró el poder de la FCF y fue la antesala de la entrada de González a las grandes ligas de la dirigencia del fútbol en el país.  

Poco después del Mundial de Italia 90, González le hizo una auditoría al entonces presidente de la FCF, León Londoño. Como fiscal, dijo que había plata que no estaba soportada. Para entonces, Londoño ya había perdido respaldo dentro de una parte de los dirigentes del fútbol profesional que estaba buscando su salida. El anuncio del joven director de la Difútbol precipitó su renuncia.

Sin embargo, al final resultó que todas las cuentas estaban en orden. González aseguró que, en todo caso, la FCF se estaba manejando “como una tienda” .

Cuando la Federación empezó a buscar un nuevo presidente, surgió el nombre de Juan José Bellini. Pero a Saúl Velásquez, entonces presidente de la Difútbol y jefe de González, no le gustó. Sobre Bellini pesaban ruidos porque venía de dirigir el América y tenía relaciones con los hermanos Rodríguez Orejuela, cabezas del cartel de Cali. 

Eran rumores, para entonces no confirmados, y Bellini tenía el respaldo de la mayoría de clubes profesionales. Fue nombrado como presidente de la FCF en 1992.

Pero su oposición a ese nombramiento le “costó el cargo en la Difútbol” al jefe de González, Saúl Velásquez. Un año después de ese episodio terminó renunciando a la presidencia de esa organización, según dijo, por “miedo” . Con el campo abierto, González escaló a la presidencia de la Difútbol, de la que ha sido inamovible.  

Semanas después, Velásquez denunció que había recibido amenazas de parte de Bellini y acusó abiertamente a Álvaro González de haber sido el emisario de esos mensajes.

González ha negado que eso sea cierto. Bellini también. 

Tres años después, Bellini terminó saliendo de la FCF en medio de las investigaciones por sus relaciones con el Cartel de Cali. Después fue condenado por esos hechos. 

Por su parte, Velásquez, quien terminó enfrentando sus propios líos por captar dinero ilegalmente a través de una cooperativa, aún se mantiene en sus denuncias.

El primer tiempo

En la práctica, la Difútbol maneja las canteras de jugadores del fútbol profesional y se encarga de administrar y dirigir los torneos del fútbol aficionado. 

La Difútbol agrupa las 34 ligas departamentales que existen en el país (una por cada departamento, la de Bogotá por ser Distrito Capital, y una que le dejaron a las Fuerzas Armadas).

Además, es única en su ramo. Ninguna federación, por lo menos en el continente, descarga sus responsabilidades sobre el fútbol aficionado en una organización con personería jurídica diferente.

La Difútbol no es una entidad que mueva mucha plata. No arrastra tantos recursos como la división profesional, que tiene derechos de televisión y los patrocinios más grandes. Aún así, el poder que ejerce es enorme. 

Álvaro González ha jugado bien en las dos bandas, en las ligas y la política de la FCF.

Al año de posesionarse como presidente de la Difútbol, la prensa deportiva lo elogió porque consiguió patrocinios a largo plazo para los torneos de la época y cerró el balance financiero con un superávit de 50 millones de pesos. 

A González le reconocen que desde que llegó amplió el número de torneos que se jugaban en la división aficionada, incluyó más categorías, y las ha ejecutado con éxito.

Además, el poder que tenía la Difútbol en ese momento, que además del fútbol aficionado manejaba el arbitraje nacional, le dio para emprender una segunda movida dentro de ese campo.

En el 2002 promovió una operación que recibió el nombre "Nasar” (no a sobornos arbitrales). Fue llevada a cabo con ocho árbitros que actuaron encubiertos para ofrecerles sobornos que salían de plata de la Difútbol a otros árbitros, con el fin de descubrir los que se dejaban sobornar.

La operación concluyó con la salida de varios jueces y ha sido defendida por González, pero también fue cuestionada. 

En ese entonces, e incluso varios años después, algunos implicados denunciaron que les tendían trampas. Otros decían que aceptaban porque les decían que el dinero venía de González. Hubo varios señalados a los que nunca se les comprobó nada irregular.

Para ese momento, el poder de González seguía en aumento. En 2002 terció para que quien se quedara con la presidencia de la FCF fuera Óscar Astudillo. En principio el plan era que solo iba a estar dos de los cuatro años, pero se quedó todo el periodo.

Pero un año más tarde, en 2003, González recibió el primer golpe a su poder.  

Una decisión de la Fifa pidió que se creara una Comisión Nacional Arbitral que estuviera bajo la batuta de la Federación. Eso generó un enfrentamiento entre la Difútbol y la Dimayor, que en ese entonces estaba encabezada por Luis Bedoya, quien años más tarde, estando a la cabeza de la Federación, confesó corrupción en el escándalo del "Fifagate".

Bedoya pidió que se acatara la directriz y se creara la Comisión. El enfrentamiento dio para que los árbitros comandados por González se fueran a huelga. Al final, González perdió esa pelea.

El presidente de la Difútbol, aún hoy, se mantiene en que esa decisión no fue acertada y pide que vuelva a crearse un Colegio de Árbitros como el que él impulsó. Pero en 2012, cuando se empezó a rumorar que González podría retomar el poder del arbitraje del país, un grupo de ábitros se fueron a huelga, esta vez contra él. 

El segundo golpe lo recibió con la reforma de estatutos que hizo la FCF a petición de Coldeportes en 2006. 

En ese entonces se estableció que el Comité Ejecutivo, que a su vez es el que pone al presidente de la Federación, ya no tendría cinco sino siete integrantes. Con eso González quedó sin la posición preferencial, pues antes ponía dos de los cinco directamente y elegía al tercero de una terna que le presentaba la Dimayor. 

La nueva regla repartió las cargas entre la Dimayor y la Difútbol. La primera quedó con cuatro votos que le corresponden por los 36 clubes profesionales que la integran, y la segunda con tres que representan a las 34 ligas de fútbol aficionado.

La elección que estrenó ese reglamento la perdió González. Bedoya, quien hasta ahora había sido el dirigente que más le había puesto trabas a su poder, se montó en la FCF.

“No hay angustias, ni ningún problema. Cuando nosotros impusimos nuestras tesis nunca nos declaramos ganadores. Hoy no me siento perdedor”, dijo en su momento González a El Tiempo.

Cuatro fuentes del mundo del fútbol, dos exdirigentes y dos periodistas bien dateados le dijeron a La Silla que González y Bedoya jamás se llevaron bien, pero que acordaron no enfrentarse mutuamente para no poner los reflectores sobre su relación. “Era algo así como un pacto de no agresión. Entendieron rápidamente que llevarse bien era la única forma de no afectarse”, le dijo a La Silla un dirigente del fútbol profesional. 

De hecho, una de esas fuentes nos relató que en el marco de esa tregua, Bedoya terminó ayudando a González cuando la Liga Antioqueña de Fútbol intentó ponerle competencia y quitarle el poder. Ambos habrían acordado limitar la participación antioqueña en la Difútbol “para así quitarle aire a ese intento de disidencia”, explicó esa fuente. 

El episodio, que no pudimos confirmar con otras fuentes, confirma que González tiene una capacidad enorme para aglutinar a las ligas departamentales en torno a lo que él quiere.

El segundo tiempo

Las 18 fuentes con las que hablamos nos detallaron que es hábil manejando las relaciones internas y que por eso siempre tiene las mayorías. “Maneja ese arte perfectamente”, nos dijo un directivo de una liga que pidió no ser citado para ahorrarse problemas. 

Las ligas aficionadas tienen una particularidad con respecto a los clubes profesionales. Salvo las más grandes -Cundinamarca, Bogotá, Valle y Antioquia-, tienen pocos recursos y dependen de los apoyos que les da la Difútbol.

Esos apoyos consisten en programar torneos en sus sedes, colaborar con la dotación, giros para el sostenimiento, ofrecer cargos en comisiones, tanto internas como de organismos internacionales de fútbol, y hasta entregar invitaciones VIP para los partidos de la Selección Colombia.

Cuatro dirigentes regionales en diferentes latitudes del país le dieron a La Silla buenas referencias de González. En Santander nos dijeron que “le cabe todo el fútbol del país en la cabeza”; en Putumayo que “es un gran dirigente”; en el Valle que “es un gran administrador”; en La Guajira que “la gestión ha sido muy conveniente”.

Sin embargo, esa lectura dentro de las ligas tiene otra cara con los clubes aficionados.

La pirámide de poder en el fútbol aficionado funciona así: los clubes se afilian a las ligas y las ligas son el brazo en las regiones de la FCF a través de la Difútbol. 

El cálculo es que alrededor de 3 mil clubes hacen parte de ese organigrama, pero en todo el país hay al menos tres veces ese número de clubes que funcionan por fuera de los estándares de la FCF.

Los clubes aficionados, por ser la base de esa pirámide, son clave porque sobre ellos es que recae la formación de jugadores. Sin embargo, su labor es independiente, se financian con lo que reciben por la inscripción de jugadores o actividades propias (bazares y rifas) y no reciben apoyo directo de la Difútbol.

El descontento en una parte de ese sector es tanto que incluso el año pasado se conformó en Cali una asociación de clubes de fútbol aficionado (ya suman 150 afiliados en todo el país), bajo el nombre de Accfa, con la consigna de que en la Difútbol están desconocidos y esa organización no vela ni representa sus intereses.

“Hay hasta competencia desleal. El señor González, a través de las ligas, les prohíbe a los clubes participar en eventos que no sean oficialmente de la Federación y los sanciona. Eso es todo lo contrario a fomentar el fútbol en el país”, dijo a La Silla Andrés Guapache, exjugador profesional de fútbol y cabeza de esa organización

Es cierto que ha pasado. La Difútbol prohibió a sus clubes participar en eventos como el torneo de Pony Fútbol, cuando esa competencia estaba en manos de la Corporación Paisitas. En ese evento se descubrieron talentos de varias figuras actuales de la Selección Colombia, como James Rodríguez, Falcao García, Jackson Martínez y David Ospina.

Hace dos años finalmente la FCF se llevó a Bavaria como patrocinador de ese torneo y también le puso Pony Fútbol. La Corporación Paisitas cambió el nombre del evento al Festival de Festivales y aún lo sigue realizando.

“El poder de González es una aplanadora interna también. Ir en contra de él es arriesgarse a terminar asfixiado si la idea es enmarcarse en la Fifa”, nos explicó un dirigente de un club.

Por eso, esa organización está pidiendo que se reactive la Tercera División del fútbol con descensos y ascensos (se acabó en 2010 y actualmente solo se puede descender y ascender entre la A y la B), para que la competencia de los clubes aficionados con las divisiones inferiores de los profesionales vuelva a tener un papel protagónico.

Esa ha sido una de las peticiones del Gobierno de Iván Duque a la FCF, en el Congreso están pensando en tramitar un proyecto de ley para incluirla, y, como contamos en esta historia, dentro de esa organización sí hay plata para financiarla pese a que sus dirigentes han dicho que no es así. 

La tercera división, más allá de su existencia misma, es clave en la balanza del poder del fútbol. 

Si hay más equipos debería haber más votos dentro de la FCF. Eso rompería el equilibrio actual de poder, que, entre otros, le permite a González tener una capacidad grande de decisión dentro de la Federación. Sus tres votos en el Comité Ejecutivo siempre están alineados, mientras que en la Dimayor los 4 que hay normalmente se dividen en pujas internas.

Por eso, aún con el cambio de estatutos de 2006, el director de las ligas aficionadas en Colombia sigue ejerciendo un poder tan grande sobre el fútbol nacional. 

Además, se abriría el debate de qué división debería entrar a manejarla, si la Difútbol o la Dimayor, y eso generaría una puja interna, como ya ocurrió en el pasado.

Encima, los equipos profesionales, deberían someterse a descenso en una categoría adicional y si eso ocurriera, entraría en juego el costo de la ficha deportiva, que bordea los 5 mil salarios mínimos legales vigentes y que se desvalorizaría en caso de que alguno termine en la C.

“Esa es la razón por la que ni Álvaro González ni ningún presidente de la Dimayor, que son los que manejan la Federación, quieren tercera división”, nos dijo un periodista que lleva varios años siguiendo de cerca las movidas de poder del fútbol.

Así que la gestión de González se puede calificar dependiendo del lente con el que se mire.

El aguante

Aún con las sombras que hasta ahora habían rodeado su trayectoria en la Difútbol, Álvaro González nunca había tenido que sortear tantos escándalos como en los últimos seis años.

En 2016 la Fiscalía anunció que lo investigaría un presunto enriquecimiento ilícito, porque habría un incremento injustificado en su patrimonio, tras recibir una denuncia anónima que lo relacionaba con presuntas actividades ilícitas.

No pudimos conocer detalles del avance de esa investigación en la Fiscalía y González no nos habló, por lo que no pudimos confirmar con él si estaba activa o se la habían archivado. 

En 2018, tras el escándalo del "Fifagate", en el que Luis Bedoya reconoció que había recibido varios miles de millones de pesos en sobornos, apareció González en la lista de beneficiarios de dineros presuntamente irregulares. La cifra fue de 55 mil dólares. 

González se ha defendido diciendo que esos pagos fueron equivalentes a asesorías que prestó en la Conmebol, la entidad que agrupa el fútbol de Sudamérica y a través de la cual se repartieron millones de dólares en coimas. 

Pero luego, el entonces director de la Dimayor, Jorge Perdomo, denunció a González ante la Conmebol. Además de que no existían informes de gestión sobre las asesorías de las que hablaba González, según Perdomo, si las hubiera prestado, estaría inmerso en un conflicto de intereses. Porque González, además de la Difútbol, integra el Comité Ejecutivo de la FCF.

La Conmebol, ente que fue uno de los más golpeados con el “Fifagate”, respondió la denuncia de Perdomo con una carta en la que aseguraba que no había “mención ni identificación de operaciones sospechosas”. Aseguró que los pagos habían obedecido a honorarios por “funciones desempeñadas, gastos de representación y reembolsos de gastos, entre otros conceptos”.

Sin embargo, hasta ahora no se conocen las actividades que habría desempeñado González en la Conmebol, y González ha dicho que no se referirá a ellas porque tienen cláusula de confidencialidad.

El año pasado tuvo el más grande revés, cuando la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) lo sancionó, junto a otros siete dirigentes de la FCF, por su participación en un cartel para revender las boletas del Mundial de Rusia 2018. 

Su participación, según la decisión de la SIC, estuvo en filtrarle datos confidenciales a la firma que debía salir beneficiada de las demás ofertas que llegaron a la FCF para competir por la boletería, y permitir que se le adjudicara el contrato.

Por esos hechos le tocó pagar una multa de 46,4 millones de pesos. Además, la FCF fue condenada a otra multa de 16 mil millones, que, como contamos, salieron del presupuesto para el fomento del fútbol, justo en un año en el que por la pandemia ese deporte quedó congelado. Los clubes aficionados bajo la batuta de González llevaron la peor parte. 

Además, en medio de la pandemia, terminó cuestionado porque, aunque la FCF le dio 5 mil millones de pesos para ayudar a las ligas del país en la crisis, solo hay registros de que giró poco más de 2 mil millones.

Cinco ligas le dijeron a La Silla que hubo un giro de 60 millones, pero que correspondía a la repartición de los excedentes de la FCF en 2019, y que recibieron otro giro de 15 millones, que sí fue adicional para la crisis del Covid. Si les llegó a todas la misma suma, la Difútbol habría girado en total 2.550 millones de pesos sumando los dos rubros, por lo que la otra mitad de la plata se quedó en la entidad.

En el MinDeporte le pidieron explicaciones. En La Silla solicitamos la respuesta que la FCF le dio a esa solicitud, pero en el ministerio no nos respondieron al cierre de esta historia. 

Un macho del fútbol

Más allá de lo deportivo, Álvaro González ha ocupado varios titulares de prensa por declaraciones homofóbicas y misóginas. 

En 2019, jugadoras de la Selección Colombia denunciaron malos manejos administrativos en el fútbol femenino, maltrato, acoso laboral y sexual. Como parte de esas denuncias filtraron el audio en el que González reconoce que en la FCF vetan a quienes no son funcionales a sus intereses.

Yoreli Rincón, una de las goleadoras, le dijo a La W sobre González: “Hay personas que te hablan bonito pero por detrás te dan cuchillo, eso hemos sentido con este Álvaro González”. Isabella Echeverry, otra jugadora, dijo en esa misma entrevista que González era “la bestia negra del fútbol”.

Además, en una entrevista que le concedió a la Liga Contra el Silencio, Carolina Rozo, quien denunció que Didier Luna, técnico de la Selección femenina, la acosó sexualmente, contó que González le ofreció un puesto en la FCF cuando su proceso estaba andando en la Fiscalía y aún no había sido condenado su agresor. 

Ese mismo año, González defendió a Gabriel Camargo, presidente del Tolima, cuando dijo que “el fútbol profesional femenino era un caldo de cultivo de lesbianismo tremendo” y aseguró: “(...) como somos un país de doble moral e hipócritas, expresamos nuestros conceptos personales en privado, pero no nos atrevemos a hacerlos públicos. Y, además, nos lanzamos en picada contra todo aquel que se atreve a hacerlo".

González tenía antecedentes con declaraciones similares.

En 2011 cuando el director técnico Hernán Darío "el Bolillo" Gómez golpeó a una mujer, comentó: “Qué tal que a Piedad Córdoba, quien siendo mujer y quien merece el respeto de nosotros, y que encuestas han confirmado que tres cuartas partes del país la odian a muerte, hubiera sido la agredida. ¿No estaría todo el mundo aplaudiendo y felicitando al hombre que la agredió?”.

Y en 2012, en medio de un escándalo sobre presuntos abusos sexuales en el gremio de los árbitros, dijo: “En mi concepto, puedo decir que el homosexualismo es una enfermedad muy contagiosa”.

Aún en medio de esa espiral de críticas, la continuidad de Álvaro González parece estar asegurada en el poder del fútbol. De hecho, le dijo a El Heraldo que quería durar otros 35 años al frente de la Difútbol.

Al fin y al cabo, como él mismo dijo en la conversación que filtraron las jugadoras de la selección femenina: “El que manda, manda, aunque mande mal”.

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