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Por Héctor Riveros · 28 de Noviembre de 2020

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Así como la pandemia le permitió al Presidente Iván Duque recuperar algo de opinión favorable, el fin de la tragedia le dará otro empujón y quizás le permita terminar su gobierno con niveles de aprobación superiores al 60%. Todo depende de él mismo, las circunstancias externas le han terminado por ayudar.

Lo que viene dentro de algunos meses cuando la pandemia esté controlada será un ambiente de optimismo. A la primera pregunta de las encuestas políticas: usted cree que las cosas están mejorando o empeorando? La respuesta muy mayoritariamente será: “mejorando” y eso condiciona los demás resultados.

Y es que la situación estará mejorando, no especialmente por la gestión gubernamental, pero mejorando y eso es lo que importa. En el próximo noviembre seguramente la mayoría de la población estará celebrando la llegada de las fiestas decembrinas y disfrutando el fin de las asfixiantes restricciones soportadas en el 2020 y el primer semestre del 21. En Cali no habrá una triste feria virtual sino una bullosa, con mucha gente en la calle, dándose los abrazos que no se pudo dar el año anterior. Y eso mismo pasará en Barranquilla o Pasto con sus carnavales.

Seguramente habrá un desempleo alto, pero será menor al que tenemos hoy y algunos de los efectos negativos en el indicador de pobreza se estarán atendiendo con subsidios.

Tendremos varios meses, prácticamente todo el segundo semestre del 2021, con una narrativa de triunfadores: “vencimos al virus”, “ganamos la batalla”, “juntos somos capaces de superar hasta los desafíos más difíciles” y un largo etcétera de frases de ese estilo, que tienen algo de verdad y mucho de banalidad pero que alimentarán un ambiente triunfalista.

A pesar de las consecuencias de la pandemia, que medimos en decenas de miles de muertes, en retroceso económico y en pobreza, el ambiente no será de desolación y en términos políticos no será de indignación.

Un clima social positivo, en el que cada cual, incluso los más afectados, le darán más espacio a la ilusión que a la desesperanza, no es propicio para discursos polarizantes.

La mayoría de los actores políticos están haciendo sus cálculos para el 2022 con el supuesto de un clima de opinión negativo, pero, si una situación tan anormal sigue su curso normal, la campaña presidencial, al menos la primera parte se desarrollará en un ambiente positivo y probablemente la mayoría de la población preferirá a quien use un lenguaje de: “todos unidos” al de unos contra otros.

El uribismo, que ahora se está despegando del Presidente porque no quiere asumir las que prevé consecuencias negativas de un gobierno impopular, echará mano de Duque, quien navegará, sin culpa, como el que sacó el barco de la tormenta.

La diferencia de la pandemia con otros desastres es que sus consecuencias más visibles desaparecen como por arte de magia de un día para otro, tal como llegaron. Cuando la pandemia esté controlada, y lo estará máximo en seis meses, los estudiantes podrán volver sin restricciones a colegios y universidades, habrá nuevamente bares, restaurantes, cines, fiestas, reuniones familiares. No habrá que esperar meses a que una decisión gubernamental produzca el efecto que permita recuperar eso, no, será al otro día.

Claro que las consecuencias económicas, que afectan a un sector grande de la población, tienen efectos más duraderos, pero aún esos afectados, en un efecto que seguramente podrá documentar la psicología social, tendrán una actitud más positiva.

La economía va a rebotar, no por genialidad del Ministro de Hacienda sino por un hecho casi natural. Quienes no perdieron los ingresos durante la pandemia, que es un porcentaje mayoritario de la población, tendrán incluso ahorros productos de gastos aplazados que les permitirán tomar decisiones de compra que seguramente no esperarán mucho para hacer. Seguramente después todo tome su curso normal pero en los primeros meses pos pandemia habrá un crecimiento rápido del consumo.

Esos vaticinios optimistas los puede dañar el propio gobierno si se equivoca en la lectura del ambiente y se deja presionar por su partido de volver a intentar la venganza contra Santos y el ataque al proceso de desmovilización de las Farc, o si se deja empujar por economistas ortodoxos que estarán presionando por reformas tributarias para las que no hay ni tiempo, ni viabilidad política, o si se deja tentar por gremios oportunistas que no querrán deja pasar la oportunidad para promover “flexibilización” laboral con el pretexto de la reactivación.

Duque podrá, en cambio, administrar el ambiente en su favor, desempolvar el discurso de posesión que prometía unidad, dejar de irse contra la JEP e incluso habrá opción de volver coger la guitarra y hacer jugaditas con un balón. La pandemia controlada y el deseo de recuperar, no la “vida productiva” que tanto invocaba al inicio del desastre sino la “vida social” que ha sido incluso más afectada dejará espacio a un poco de liviandad.

Ojo con el 22: apuesto a que la gente no saldrá a votar con rabia sino con esperanza

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