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Por Juan Esteban Lewin · 07 de Enero de 2019

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Este es un año de elecciones regionales, el primero completo de presidencia de Iván Duque y el del cierre de períodos de los actuales alcaldes y gobernadores. La Silla considera que estas serán las grandes historias del año que arranca y que esperamos poder cubrir en profundidad.

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El reajuste de los poderes regionales

La definición de las elecciones locales y regionales será central en el debate político de este año.

En cada municipio y departamento se definirá no solo quién gobierna sino qué fuerzas ganan y pierden poder, qué gobernantes llegan con coaliciones amplias o fáciles de montar en sus asambleas y concejos y cuáles lo tendrán más difícil, y qué carreras o grupos políticos están en crecimiento y cuáles van de capa caída.

Por ejemplo, se jugarán las aspiraciones nacionales de Luis Pérez en Antioquia, Federico Gutiérrez en Medellín, la fuerza de la hegemonía de la casa Char en Barranquilla, la resiliencia de Ramiro Suárez en Cúcuta, poderes crecientes como Jorge Rey en Cundinamarca y Mario Castaño en Caldas, y el casi dominio regional de Dilian Francisca Toro en el Valle.

 
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La consolidación de polos de izquierda, centro y derecha

Varias de las carreras locales tendrán relevancia nacional no solo por la importancia de las ciudades o departamentos en las que se juegan, sino porque ayudarán a definir si la política colombiana local también va migrando de un sistema de alianzas de grupos políticos clientelares a una puja más ideológica de posiciones de derecha, centro e izquierda.

Aunque no es nuevo que el voto no clientelista defina las elecciones en las grandes ciudades y varios departamentos, la alineación ideológica de las candidaturas no siempre ha sido tan claro, y de darse como en las presidenciales refrendaría una de las principales transformaciones del poder del 2018.

Los resultados en Bogotá y Cali, por ejemplo, serán un termómetro de la viabilidad de armar coaliciones victoriosas de izquierda; y lo que ocurra en Antioquia,el Eje Cafetero, Norte de Santander o Huila servirá para saber si siguen ganando alianzas de derecha como la que llevó a Iván Duque a la Presidencia.

Si todo eso se da, las elecciones de octubre definirán que la política en Colombia funcionará más como es usual en el mundo.

 
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La puja de la clase política tradicional por mantener su poder

Otra de las grandes historias de este año será la estrategia de los políticos tradicionales para seguir vigentes, en por lo menos dos espacios que son centrales para su poder.

Uno es si el Gobierno Duque mantener su relación de distancia e independencia frente al Congreso, sin dar puestos ni cupos indicativos a cambio de votos, después de que en su primer período legislativo eso le valió el hundimiento de su reforma a la justicia, la pérdida del corazón de su reforma política y haber podido pasar una reforma tributaria que refleja su visión económica pero que no resuelve las necesidades fiscales que dijo tener.

En ese espacio, si Duque cambia esa decisión los políticos tradicionales lograrían recuperar poder (algunos conservadores, cristianos y uribistas han tenido acceso a burocracia y no lo han perdido), que en todo caso muchos han mantenido por sus fortines locales o regionales, o en otras entidades que escapan al poder presidencial, desde universidades públicas hasta organismos de control.

La segunda área es la electoral. Después del duro golpe por la derrota del candidato del grueso de los políticos tradicionales, Germán Vargas, en primera vuelta presidencial, y de la distancia que ha marcado Duque, la incidencia en los gobiernos locales es todavía más necesaria. En las grandes ciudades no es obvio que lo logren, y candidaturas más cívicas y de opinión como las que ya han ganado en el pasado pueden reducir sus espacios de poder.

Si pierden alcaldías contra candidatos como hace cuatro años fueron Rodolfo Hernández en Bucaramanga, Rodrigo Lara Sánchez en Neiva o Maurice Armitage en Cali, por lo menos algunos caciques van a tener más difícil mantener su poder.

 
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Los efectos de la mayor inmigración que haya vivido Colombia

Con las cifras históricas de potencialmente más de 1,1 millones de venezolanos en el país, una de las historias de este año será cómo se siguen integrando a la sociedad colombiana. La presión por servicios sociales, la búsqueda de trabajo de los inmigrantes y los brotes de xenofobia pueden ser solo algunas de las aristas de esta historia, que incluso puede tener efectos electorales en algunas zonas.

Además, ese flujo puede crecer a medida que la crisis en Venezuela aumente.

 
5

La relación entre Uribe y Duque

Una de las grandes historias de poder de este año es cómo evoluciona la relación entre el Presidente y su padrino político, que ha sido tranquila pero sin alineación total, como cuando Álvaro Uribe acompañó a Paloma Valencia a presentar una reforma a la justicia contraria a la del Gobierno, o cuando, en pleno debate televisado contra el Ministro de Hacienda, rechazó ampliar el IVA a la canasta familiar y así mató una propuesta del Gobierno.

Habrá muchos temas para ponerla a prueba, desde la política de drogas hasta la definición de cambios en los ministerios que pueda hacer Duque - pero sobre todo en la justicia y en la aplicación del Acuerdo de Paz con las Farc.

En la justicia, tema en el que el Gobierno dijo que presentará una nueva reforma constitucional, porque a Uribe lo persiguen los fantasmas de indagaciones e investigaciones penales, incluyendo varias que la Sala Penal de la Corte Suprema declaró de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles. Por eso, lo que Duque haga o deje de hacer frente frente a las Altas Cortes, y especialmente la Suprema, puede incidir en esa relación.

En el Acuerdo, para Uribe es fundamental que el Gobierno ayude a que en la puja por la llamada verdad histórica gane su visión de que lo que hubo en Colombia fue una amenaza terrorista de las Farc, y no un conflicto entre una oligarquía abusiva y un pueblo oprimido, que es la de los farianos.

Por eso, lo que puede impactar esa relación no es que el Gobierno avance en la reintegración de los ex combatientes, sino en su relación con la JEP y a la Comisión de la Verdad, que ayudarán a construir esa verdad histórica. También puede impactar que el Gobierno le meta la ficha a  aplicar los puntos más transformadores del Acuerdo como la reforma rural.

 
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Los avances de los escándalos de corrupción

El escándalo de Odebrecht marcó el 2018, así como en 2017 fue el del cartel de la toga. Además, otros escándalos como el de la contratación del fondo paz o los del PAE suelen mover las noticias todos los años. En la medida en que la conflicto ha perdido relevancia, ellos estos temas los han ido ganando, y por eso sus avances (y los nuevos que aparezcan) seguramente marcarán este año.

Además, también impactarán la novela del Fiscal General, Néstor Humberto Martínez, ya sea directamente por lo que ocurra con el escándalo de Odebrecht, o indirectamente si nuevos escándalos lo eclipsan.

 

 
7

Las maromas fiscales

Con una reforma tributaria que no tapó todo el hueco fiscal, este año el Gobierno deberá hacer maromas para respetar la regla fiscal, y para armar un presupuesto para 2020 que también la respete a pesar de que ella exige que se vaya reduciendo el déficit cada año.

Esta historia puede incluir recortes de gasto, mayor endeudamiento o incluso una nueva reforma tributaria, que no solo sería impopular sino que podría golpear más la popularidad de Duque y dificultar su relación con los empresarios.

 
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Las decisiones de la JEP

Este año la justicia transicional, que ya está andando, tomará decisiones que darán de qué hablar. No solo en el mediático caso Santrich, en el que debe definir si da luz verde a que siga el trámite de la extradición o no, sino que deberá tomar decisiones trascendentales.

Por ejemplo, seguirá abriendo casos y por esa vía definiendo cuáles son los delitos más graves que se cometieron en el conflicto; deberá definir cuáles fueron los casos más graves o representativos de secuestros de las Farc y de los homicidios conocidos como ‘falsos positivos’; y podría alcanzar a emitir las primeras condenas para las personas que acepten su responsabilidad en esos casos, y por esa vía definirá qué tan parecida a la cárcel serán sus sanciones.

Esas decisiones seguramente tendrán ecos políticos importantes.

 

 
9

La consolidación de las disidencias y el futuro del ELN

En materia de conflicto, las disidencias y el ELN seguramente serán los actores más visibles. El segundo no solo por el congelado proceso de diálogo, sino por su paulatino crecimiento; las segundas porque su proceso de unificación parece estar avanzando y en esa medida se convertirán en un punto de debate sobre la efectividad del Acuerdo de La Habana.

Eso porque su aumento le da argumentos tanto al uribismo para decir que el Acuerdo quedó mal negociado y por lo tanto la culpa es de Juan Manuel Santos, como a la oposición para decir que el uribismo encarnado en Duque está incumpliendo el Acuerdo.

 

 
10

El futuro de la implementación del Acuerdo

Completando su primer año y con Plan Nacional de Desarrollo aprobado, el Gobierno de Duque tomará decisiones que demuestren hasta dónde hará o no trizas el Acuerdo.

Por ejemplo, debe resolver la tensión entre su propuesta de política antidrogas con mano dura y los compromisos del programa de sustitución de cultivos del Acuerdo; definir si apoya las 16 curules para los víctimas que se acordaron y naufragaron en el Congreso, y las 8 que propone el uribismo; si le mete fuerza a su reforma política para cumplir el Acuerdo o la deja languidecer; y si impulsa las reformas en materia de tierras que se acordaron.

En paralelo, se verá si las audiencias de la Comisión de la Verdad darán para ir contando la historia (como ella quiere) o no y si la política de seguridad para los líderes sociales permite que haya con quienes aplicar el Acuerdo en el campo.

Contexto

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