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Por Julián Huertas · 10 de Octubre de 2019

foto: Twitter Partido Conservador

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El Partido Conservador llegará a las elecciones con una estrategia en la que las alianzas son clave, como en el resto de los partidos, pero con más candidatos propios que los demás. 

Eso muestra que le apuesta a la fuerza de su tradición (acaba de cumplir 170 años), que lleva a que tenga militantes y candidatos en la mayoría de departamentos del país, y la existencia de unos votos azules que, aunque cayeron dramáticamente tras la Constitución de 1991, se han mantenido relativamente fieles los últimos años. 

A esa fortaleza interna, que le permite tener más candidatos que otros partidos, se suma que los estatutos del partido pone límites a con quién aliarse, una suma de factores que llevó el director del partido, el veterano excongresista Omar Yepes, a poner por encima los candidatos conservadores.

A crecer porque casi tocan fondo

Hace cuatro años, el Partido Conservador se quedó prácticamente sin poder regional,pues solo ganó  tres capitales - Montería con el godo Marcos Daniel Pineda, y Valledupar y Quibdó con candidatos que coavaló pero no eran azules- y cuatro gobernaciones - Risaralda con Sigifredo López y en Tolima con Oscar Barreto, ambos candidatos azules, y coavales en Arauca y Quindío-.

Esa pérdida de poder se refrendó en las legislativas del año pasado, pues pasó de 19 a 14 senadores (y pueden ser 13, si se llega a decretar silla vacía para la prófuga Aida Merlano) y de 26 a 21 representantes a la Cámara. 

Frente a eso, en estas elecciones parece que tienen cómo recuperar algo de poder regional, pues tienen candidatos propios en 16 de las 33 capitales y en 15 de las 32 gobernaciones , ligeramente más que los liberales, que tienen 16 y 13, y sustancialmente más que La U, que estuvo en el poder 12 años y sólo tienen 11 y 7, respectivamente. 

Esto, según una conservadora que nos habló fuera de los micrófonos es porque “al militante conservador le cuesta mucho no votar por un candidato de su logo” y porque, según ella, en el directorio Yepes, que no tiene voto en él, “en muchos casos se puso bravo” y exigió ”que el partido debe tener vocación de poder”.

La decisión final de la entrega de los avales para gobernaciones y ciudades capitales la tomó el directorio nacional conservador, compuesto por 18 miembros del partido.

Ómar Yepes marcó la línea de preferir candidatos conservadores de cada departamento o ciudad y fue quien firmó todos los avales.

Con esa directriz, los comités departamentales presentaban unos candidatos y el directorio nacional daba el visto bueno.

Asimismo, los congresistas podían presentar sus candidatos y se hicieron alianzas sólo si no había un candidato conservador fuerte.

Aunque tener más candidatos no garantiza más victorias, muestra una estructura amplia en el país, en contraste con la debilidad de su principal competidor por los votos de derecha,  el Centro Democrático, a quien le costó mucho trabajo encontrar candidatos propios.

Yepes le dijo a La Silla que ve opciones de ganar siete gobernaciones con candidatos godos, aunque coavalados por otros: Nariño con Damir Bravo, Risaralda con Diego Naranjo, Tolima con Ricardo Orozco, Huila con Carlos Chavarro, Norte de Santander con Silvano Serrano, Caquetá con Arnulfo Gasca y en Bolívar con Vicente Blel. 

El representante cordobés Wadith Manzur coincide con la lista y añade que en La Guajira con Nemesio Roys hay opciones. 

En nuestra reportería en las regiones, encontramos que efectivamente están fuertes, aunque está apretado todavía en  Nariño, La Guajira y Risaralda.

Ya en capitales, aunque tengan candidatos propios, no es muy claro que vayan a tener la misma: tienen ficha en Leticia, Tunja, Manizales, Florencia, Yopal, Popayán, Quibdó, Inírida, Neiva, Riohacha, Santa Marta, Villavicencio, Cúcuta, Mocoa, Ibagué y Mitú, pero en ninguna es claro que tenga las de ganar. 

Eso refleja otra realidad: los votantes conservadores son más rurales o de pequeños municipios, donde los partidos tradicionales mantienen más tracción. Como dice un congresista conservador, “en las ciudades se mueve mucho más el voto de opinión y en todas las ciudades del país hay un fenómenos en el que los logos están desgastados”. 

Por eso, en las capitales tienen más una apuesta a obtener un pedazo de poder, más que a ocuparlo ellos directamente.

El partido más unido

La disciplina de partido a la que le apuntan los godos para ganar más gobernaciones también ha servido dentro de casa. 

Después de las duras disputas por el aval presidencial de 2014, en la que Marta Lucía Ramírez le arrebató la posibilidad de coavalar la reelección de Juan Manuel Santos a la mayoría de congresistas gracias al apoyo de las bases y luego la división de los godos por haber entrado a la Unidad Nacional santista, este año se vivió con bastante calma ese proceso.

Según cinco fuentes conservadoras con las que hablamos para esta historia, a diferencia de casos pasados solo hubo una pelea dura por una aval grande, el del candidato a la Alcaldía de Montería, que es la ciudad más grande con alcalde conservador.

Allí una facción liderada por al representante Wadith Manzur y la senadora Nora García Burgos quería darle el aval al candidato que va punteando, Salin Ghisays, y otra, liderada por David Barguil, a Carlos Ordosgoitia. 

Esa pelea se dio porque aunque Barguil se eligió a la Cámara con el grupo de García en 2010 y 2014, para las elecciones del año pasado armó rancho aparte para llegar al Senado. 

Finalmente apoyan a Ordosgoitia pero posiblemente pierdan esa alcaldía, la única de capital que tenían. 

En Antioquia, aunque los diferentes grupos no pelearon y el partido avaló a Juan Camilo Restrepo Gómez, cuando el liberal Aníbal Gaviria empezó a ganar ventaja los senadores Carlos Andrés Trujillo y Juan Diego Gómez se fueron a donde él

Aunque entregaron el aval, Yepes los dejó en libertad. 

Más allá de ese caso, en lo nacional el partido ha estado unido, a diferencia de sus viejas divisiones entre ospinistas y pastranistas, entre ‘lentejos’ samperistas y opositores, o entre santistas y no santistas. 

Como todos se montaron al bus victorioso de Iván Duque y muchos tienen relaciones de vieja data con la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, han logrado una unidad que no tienen otros partidos como La U, los liberales o Cambio Radical.

Eso se nota en que no hay mayores divisiones en sus relaciones frente al Gobierno, lo que facilitó el acuerdo a la hora de dar avales.

“En la bancada ya entendimos cómo es el manejo del Gobierno anti mermelada y ya no creo que nos vayamos a despegar de ellos”, explicó una conservadora que pidió no ser citada. 

Esa unidad, que facilita también hacer campaña en la mayoría de regiones, probablemente ayude a mantener los dos millones de votos que suelen tener los azules. Y si eso, como todo indica le ayuda a recuperar poder regional, puede ser un freno al declive constante del Partido Conservador en las últimas décadas.

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