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Por Julián Huertas · 19 de Septiembre de 2019

Foto: Twitter

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La estrategia uribista en las elecciones que vienen, como contamos, incluye apoyar candidatos de otros partidos que probablemente ganen, algo novedoso pues hace cuatro años fue con más candidatos propios, sólo se alió en algunas zonas con los conservadores e hizo muchas apuestas a sabiendas de que estructuras más tradicionales los derrotarían. 

Esa suerte de insurgencia ideológica de derecha ya no es la marca principal del Centro Democrático, lo que muestra el cambio del partido que nació con fuerza en 2014.  

A nivel regional, ya no se la jugará tanto por el voto de opinión que pueda endosar la imagen del expresidente y senador Álvaro Uribe, y por demostrar que existe uribismo en todo el país, sino por participar en victorias que podrían darle representación política.  

Con ese cambio de estrategia, el partido puede ir creciendo regionalmente y organizar una estructura más sólida, similar a la de los partidos tradicionales.

Pero también corre el riesgo de perder parte del carácter ciudadano y diferenciador que lo ha ayudado a ser exitoso en lo nacional, y de enviar un mensaje a la ciudadanía de que la clase política se cierra sobre sí misma justo cuando los partidos tienen, en general poca popularidad, como muestra la Gallup Poll más reciente.

A buscar alianzas o a frenar a la izquierda (y lograr curules)

“Lo más duro es encontrar buenos perfiles a nivel regional” le dijo a La Silla un senador uribista que pidió no ser citado. “Eso no justifica que nos vayamos con otros partidos, pero tengo fe en que son buenos candidatos y que tienen similitudes con el uribismo”. 

Un lío del uribismo para estas elecciones fue encontrar candidatos lo suficientemente fuertes como para vencer estructuras de vieja data y no volver a perder como hace cuatro años. 

Que eso fuera un lío es una novedad, pues en 2015 el Centro Democrático mantuvo hasta el final a candidatos que no tenían opciones, como Pacho Santos en Bogotá (sacó el 12 por ciento de los votos, un lejano cuarto lugar), Gonzalo Guarín en Boyacá (8 por ciento y el cuarto puesto), Leonardo Barrero en Cauca (5 por ciento, cuarto lugar), Melecio Quinto en Chocó (1 por ciento y el mismo lugar) o Rigoberto Ciceri en el Huila (9 por ciento y el tercer puesto).

Y aunque coavaló a seis candidatos a gobernaciones, solo en un caso, el de Arturo Calderón en el Cesar, los aliados no fueron los conservadores. Además, varios de ellos como Gustavo Londoño en Vichada, Constantino Rodríguez en Guaviare y Carlos Uriel Naranjo, quedaron muy lejos del 20 por ciento, por lo que no fueron candidatos fuertes.

Este año, en cambio, coavaló a nueve candidatos a Gobernación que parecen con opciones de ganar y ellos podrían cogobernar; son especialmente fuertes y tienen pinta de ganadores o de dar la pelea Elsa Noguera en Atlántico; el cuestionado Mello Cotes en Magdalena; en San Andrés con Nicolás Gallardo, heredero de Julio Gallardo, imputado por el cartel de la Toga; el hijo del parapolítico Vicente Blel Saad, Vicente Blel Scaff en Bolívar; o Ángela Hernández en Santander.  

Algo similar pasa en alcaldías, pues apoyan a Miguel Uribe en Bogotá, a pesar de que votó por el Sí y viene del liberalismo, a Jorge Hernán Mesa en Manizales, también liberal; a Claudia Lucero López, esposa y ficha del representante liberal Miguel Ángel Pinto, en Bucaramanga; a Jaime Pumarejo en Barranquilla, de Cambio Radical, al Chontico Ortiz en Cali. 

Todo eso muestra que la apuesta es menos ideológica que hace cuatro años y más orientada a ocupar espacios de poder, así sea como aliados menores en una coalición con antiguos enemigos políticos como los liberales o los partidos de la vieja Unidad Nacional de Juan Manuel Santos, contra los que hizo campaña el uribismo.

“Si Elsa Noguera gana, esperaríamos tener representación política en esa Gobernación, así sea un espacio pequeño”, le dijo a La Silla un senador uribista que pidió no ser citado. 

En algunos casos, sin embargo, no se fueron con el candidato más fuerte, pero porque tienen otros objetivos en la mira.

“En Cundinamarca no nos fuimos con el de Rey y dejamos a nuestro candidato Wilson Flórez que, aunque sabemos que va a perder, no permite que de segundo quede una fuerza alternativa”, le dijo a La Silla un senador uribista. 

Algo similar ocurre en Boyacá, donde no avalaron al aspirante que venía haciendo la tarea, Guillermo ‘Mono’ Sánchez, sino a Jonathan Sánchez, que tiene aval conservador, de Cambio Radical y la ASI, para ponerle más duro el camino al candidato que más tiene opciones de ganar, la ficha del senador verde Jorge Londoño y su aliado, el Gobernador Carlos Amaya, Ramiro Barragán.

En los dos casos buscan evitar que crezca la izquierda, en Cundinamarca porque buscan quedarse con el segundo puesto, que ahora entregará una curul en las asambleas y concejos, y en Boyacá dando la pelea.

Pero esos casos son menos visibles que los de buscar candidatos, propios o ajenos, que pintan ganadores, por lo que tienen una  estrategia mucho más tradicional que incluye tener representación política en una lógica tradicional. 

Una lógica que hace cuatro años no estaba en el horizonte y que se suma a que estar en el Gobierno ha alimentado algunas estructuras uribistas. 

El poder tradicional a nivel nacional 

Con la llegada de Iván Duque al poder, el Centro Democrático ha sido el primero en la lista de la poca representación política que ha entregado el Presidente. 

Por ejemplo, varios de sus primeros nombramientos fueron a uribistas que se quemaron al Congreso, como contamos en su momento y luego puso a uribistas que han usado las entidades a su cargo en lógica de fortines burocráticos, como Claudia Ortiz en la Agencia Nacional de Desarrollo Rural o Susana Correa en el DPS.

Dos congresistas uribistas con los que hablamos coinciden en que Correa ha favorecido más a sus amigos que a todo el partido, algo que ha creado roces y que se suma al malestar que sienten tres de los cinco uribistas con los que hablamos para esta historia, porque Duque no les ha entregado burocracia nacional. 

Ese malestar refleja que los congresistas sienten urgencia de armar una estructura más sólida en las regiones porque no tienen claro si el senador Uribe querrá buscar de nuevo una curul en 2022 y los arrastrará, y en todo caso las elecciones del año pasado les dejaron a muchos la enseñanza de que tienen que organizarse desde ahora.

Un partido tradicional en proceso y a las malas 

Desde que el expresidente Uribe decidió abrir las listas al Congreso el año pasado, los congresistas, que son parte fundamental de cualquier partido grande, se enfrentaron a buscar sus propios votos para pelear sus curules. 

Unos corrieron a armar estructuras regionales, otros las tenían desde antes de llegar al Centro Democrático pues venían de otros partidos y otros se quemaron. Al final, Uribe fue clave para jalonar 19 curules al Senado con sus casi 900 mil votos, pero le fue mejor a los que tenían estructuras. 

Por ejemplo, la senadora Paola Holguín se había dedicado a armar en Antioquia los famosos ‘paolos’ que han sido mediáticos por las vallas que ponen en el departamento y que le ayudaron sacar la segunda votación más alta después de Uribe, con 60 mil votos.

Algo parecido logró María Fernanda Cabal, quien saltó de Cámara a Senado con una estructura fuerte en Bogotá y la quinta votación de la lista, o la representante antioqueña Margarita Restrepo, que quedaron envueltas en denuncias de compra de votos. 

Asimismo, otros lograron elegirse con estructuras propias que llegaron al uribismo, como la senadora casanareña  Amanda González, que con la maquinaria de su primo el gobernador uribista Alirio Barrera y sin haber sido nunca candidata, tuvo la tercera votación más alta del partido: 46 mil votos. 

También es el caso del senador bugueño John Harold Suárez quien, como contó La Silla Pacífico es un político de vieja data que ha estado en varios partidos y tiene su propia estructura local basada en contratos y burocracia. 

De hecho, entre los senadores que sacaron más de 35 mil votos tenían estructuras fuertes: además de Holguín, González y Cabal, estaban el opita Ernesto Macías, el antioqueño Santiago Valencia (hijo del barón conservador Fabio Valencia Cossio) y el boyacense Ciro Ramírez (hijo del exsenador azul de su mismo nombre, condenado por parapolítica).

En contraste, el senador José Obdulio Gaviria, quizás el ícono más fuerte del uribismo purasangre en la bancada, entró raspando, peleando en el escrutinio los votos con Milla Romero, otro purasangre.

Eso muestra cómo el partido ha ido encarando las elecciones más allá de hacer política arrastrados por Uribe, como en 2014, que los llevó a una lógica más tradicional.  

“En 2015, con listas cerradas y candidatos sin fuerza aprendimos la lección”, resumió a La Silla otro senador uribista que también pidió no ser citado.

Por eso, en estas elecciones se la juegan por armar sus estructuras, lo que incluso lleva a pujas como la que hay en el Huila entre el expresidente del Senado, Ernesto Macías, y el representante Álvaro Hernán Prada, que tiene aspiraciones de llegar al Senado. 

Armar esos grupos propios, con lógicas tradicionales, les ayuda a depender menos de la baja aprobación del presidente a quien le hicieron campaña. Pero también puede ser el cierre de una puerta para unos partidos menos atados a la burocracia y los contratos, más moderna y a partir de debates o posturas ideológicas. 

Al final, si el Centro Democrático sigue el camino de volverse más tradicional, Colombia recibirá una señal de que ni siquiera un partido que tiene votos asegurados por la popularidad y el liderazgo de Uribe, y que nació con bríos renovadores, logra salirse de las lógicas tradicionales y clientelistas.

Comentarios (4)

Marleny Barrera López

19 de Septiembre

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Buen artículo. Reconocimiento del ocaso de Uribe. Hay un error de escritura en relación al opitazgo de Ernesto Macías o les quedó bien?

Buen artículo. Reconocimiento del ocaso de Uribe. Hay un error de escritura en relación al opitazgo de Ernesto Macías o les quedó bien?

Hector Piragauta

19 de Septiembre

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El CD saben que Uribe en la plaza publica es débil y las manifestaciones te...+ ver más

El CD saben que Uribe en la plaza publica es débil y las manifestaciones terminan en camorras, cosa que le gusta a él pero que desgasta a las campañas regionales. El sigue siendo bueno reuniéndose con los gremios, con los ganaderos, palmicultores, terratenientes y con las fuerzas de extrema derecha en cada región o con quienes son puras sangres o tienen intereses en en el Gobierno Nal.

Hector Piragauta

19 de Septiembre

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El ocaso llega al mesias; en algunas campañas ruegan que no venga a eventos a...+ ver más

El ocaso llega al mesias; en algunas campañas ruegan que no venga a eventos abiertos porque el pueblo esta cansado del odio y de la guerra y vio una luz de esperanza en la PAZ. Pareciera que en algunas campañas Uribe fuera igual a las amantes: en la noche se duerme con ellas y de día se niegan!!

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