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Por Camilo Andrés Garzón · 01 de Junio de 2020

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El mes que arranca hoy será el de las definiciones de los estudiantes universitarios que aún no deciden si matricularse o no, debido a los cambios que está sufriendo la educación por la pandemia del coronavirus.

En junio, cuando finalice el periodo de matrículas, se sabrá la cifra de deserción exacta, pero desde ya la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun) calcula que ésta podría llegar a un 25 por ciento, una caída que en realidad venía desde 2016, tanto en el sector privado como en el oficial, con una tasa promedio de 7 y 5 por ciento respectivamente. 

Hasta hace unos días seguía siendo incierto también cómo iba a ser la educación universitaria en el segundo semestre del año.

El 23 de mayo, el presidente Iván Duque anunció que en las instituciones de educación superior podrán retornar presencialmente los laboratorios desde junio y julio, y que desde agosto reanudarán actividades usando un modelo de alternancia entre clases presenciales y virtuales.

En la práctica, esto está lejos de despejar las incertidumbres sobre cómo se desarrollará todo, pues aún no es clara la concreción de la alternancia y cuáles clases y procesos serán presenciales y cuáles no.          

Para muchos estudiantes hay un dilema obvio frente a si pagar o no semestres, que en el caso de algunas privadas equivalen a millones de pesos cancelados tras grandes esfuerzos, por clases que en gran parte seguirán recibiendo virtualmente.

Hasta ahora el debate se ha centrado mucho ahí, con estudiantes que cuestionan o se quejan, y universidades que están respondiendo con algunos descuentos o alternativas de pago. 

Pero ahí no acaba. Más allá de la plata de la matrícula, estudiantes y familias también debaten asuntos como si deben tomar clases presenciales en ciudades con el contagio disparado, terminar la carrera así para entrar pronto al mercado laboral o estudiar y trabajar para ayudar a enfrentar la crisis económica familiar. 

Así lo evidencian estos tres testimonios, que reflejan dudas que asaltan a toda una generación. 

Laura o el temor al contagio

Laura Estefany Pantoja estudia diseño industrial en la sede de Palmira de la Universidad Nacional. Está apenas en primer semestre y ya la crisis le cambió todos sus planes sobre lo que esperaba que fuera la universidad.

Laura es de Buenaventura. Apenas terminó el colegio se le abrió la opción de estudiar en la Universidad de los Andes con una beca para población afrocolombiana que cubría casi todos los costos. Pero la perspectiva de vivir cinco años en Bogotá la desanimó y se decidió a comienzos de este año por estudiar en Palmira, más cerca a su casa.

Cuando comenzó la pandemia, de repente se vio encerrada en el cuarto que alquiló para vivir cerca a la universidad. Como no tenía todavía cédula y no había sacado la contraseña, no podía salir a la calle y le tocaba pedir domicilios todo el tiempo. 

“Estaba desanimada en Palmira. No tuve tiempo de hacer amigos, entonces no conocía a nadie. Mi familia estaba preocupada por mí así que mandaron a un familiar a que me recogiera y me llevara a Buenaventura. Desde ahí volví a la ciudad y ahora estoy acá viviendo de nuevo con mi mamá”, dice. 

“Si uno quiere estudiar lo que yo elegí tiene que salir de Buenaventura, pero el coronavirus nos tiene de vuelta acá”.     

El dilema de Laura no es por ahora el de pagar la matrícula. En la Universidad Nacional paga 112 mil pesos al semestre y lo puede sortear, le inquieta más el arriendo de la casa que dejó en Palmira, por la que le toca seguir pagando, así no viva ya ahí, pues hizo contrato hasta final del año. 

Y más allá, a lo que Laura (y su familia) le teme es a la apertura de las clases en agosto, pero por el contagio: 

“Se supone que la universidad va abrir atendiendo protocolos, pero con una enfermedad donde la mayor parte de personas contagiadas no tiene síntomas claros, en muy difícil protegerse. Yo preferiría que no volvamos a clases presenciales pues estamos expuestos”.  

Por ahora, la idea del modelo híbrido que propone Duque va en la dirección de darle prioridad de salida a los programas con componente técnico, como el de Laura, y a los estudiantes que llegan a primer semestre y no han tenido la experiencia de estar en la universidad, aunque se espera que todos puedan tener al menos un porcentaje de presencialidad. 

Pero aún si las clases virtuales son una opción para Laura, es consciente de que no lo son para todo el mundo. La virtualidad asegura que siga viendo clases pero con menor calidad: “En ocasiones no puedo estar en línea porque se cae el internet y es claro que el aprendizaje no es el mismo, se avanza más lento”, dice. 

Con el agravante de que en una carrera como la suya el componente práctico es inesquivable y no podrá sustituirlo la virtualidad:

“Mi carrera requiere manejo de materiales como estructuras con alambre y opalina que no tenemos dónde conseguir ahora porque los lugares que los venden están cerrados”, afirma.  

Por ahora, Laura planea quedarse en Buenaventura, pero todavía no sabe si le pedirán volver a la vida que rápidamente dejó en Palmira para continuar con sus clases presenciales desde allí. Tampoco sabe si realmente quiera volver. 

María Fernanda quiere trabajar pronto

María Fernanda Zuñiga está en séptimo semestre de biología en la Universidad del Rosario. La cuarentena la hizo celebrar sus 20 años en casa y podría obligarla a graduarse allí también. 

Le queda apenas un semestre para terminar la carrera y, aunque las expectativas por el trabajo no están muy altas, prefiere no retrasar su salida al mercado laboral, así eso signifique pagar varios millones por tomar muchas de sus clases virtualmente.        

“Somos 15 estudiantes en el programa. Necesitamos estar en laboratorio para poder hacer la tesis desde ahí y así acabar. El problema es que el laboratorio está siendo usado para procesar pruebas de coronavirus, por lo que nos faltará espacio para garantizar distancia entre nosotros”, dice.  

María Fernanda ya hizo las paces con la idea de terminar su carrera desde la casa:

“Visto por el lado bueno, me estoy ahorrando cinco horas diarias cada día que antes se me iban en arreglarme, salir a la calle, llegar a la universidad y volver a mi casa. Ese es tiempo que me ahorro para descansar y estar con mi familia”, dice. 

Su casa en el barrio Modelia está a tope. María Fernanda tiene su propio  computador para estudiar, pero ahora todos los cuatro miembros de su familia están trabajando desde allí y no hay señales de que eso vaya a cambiar pronto. 

El recibo de pago de matrícula, que normalmente ya para este entonces ha llegado, todavía no lo han recibido, pero desde ya muchos de sus compañeros dicen que pagar un semestre de 9 millones de pesos para estar desde su casa, no vale la pena.

“Nunca se va a igualar esto a una clase presencial. Pero la perspectiva de quedarme en casa seis meses sin hacer nada y de atrasar el grado, hace que igual sea mejor pagar toda esa plata”, afirma.     

Juan David y el dilema de volver a casa o seguir trabajando

Juan David Gutiérrez estudia derecho en la Javeriana de Cali. Entró como parte del programa de Ser Pilo Paga. Su problema no es de plata, pues no tiene que pagar el siguiente semestre debido a que está becado. 

Su dilema se centra, más bien, en que, por sus buenos resultados, actualmente tiene un trabajo remunerado como ayudante de investigación de un profesor que le dictó clases de responsabilidad estatal y no lo quiere perder, pues con eso ayuda un poco a su familia que está en crisis económica.

Si decidiera no estudiar, podría perder esa entrada que le sirve para mandarle desde Cali algo de plata a su casa en Sogamoso, de donde es oriundo. 

Juan David comenta que, más allá de su caso específico, alrededor suyo ve cómo muchas personas no tienen para seguir pagando sus estudios y en su misma familia la crisis ha pegado duro y nadie, excepto él, está recibiendo ingresos ahora mismo.   

“Es imposible no ver que mucha gente está siendo afectada. La universidad tiene opciones de crédito pero no hay reducción del costo de la matrícula. No se justifica tener que pagar el mismo valor por algo que claramente no es igual”, dice indignado.

Casi todas las universidades han tomado medidas para incentivar que los estudiantes se inscriban, van desde focalizar la entrega de becas y auxilios económicos para quienes tienen dificultades económicas hasta descuentos que, según la institución, van del 5 al 30 por ciento de la matrícula.

Aunque no en todas hay por ahora hay descuentos y la Javeriana es una de ellas. 

Alrededor suyo, Juan David ve cómo algunos de sus amigos se endeudaron en el Icetex para estudiar. Cada vez es menos claro que los vayan a contratar pronto, pero sí que se quedarán con la deuda. En medio de todo, a él le ha ido bien. Trabaja ya para un profesor ayudante de investigación que le dictó clases de responsabilidad estatal en la universidad.  

Para no exponerse, Juan David prefiere moverse desde su casa hasta su trabajo en bicicleta, pero el día le queda corto para unos desplazamientos que pueden ser de 1 hora entre uno y otro extremo de la ciudad.

Hace menos de un año, cuenta que participó de las protestas estudiantiles masivas contra el Gobierno Duque. Lo movía ya entonces una indignación con el estado de la educación superior y dice que no se le han acabado los motivos.

“Las voces se han callado porque la gente tiene miedo a salir para expresar su indignación. Pero el inconformismo sigue con las condiciones económicas de los estudiantes. De hecho, tenemos más motivos ahora porque estamos más frágiles”, dice.

Las nuevas marchas no se ven en el horizonte cercano. Juan David espera seguir trabajando desde Cali y terminar pronto su carrera. Como María Fernanda o Laura, no está convencido de la calidad de la educación que tendrá en el segundo semestre, pero esperar para graduarse no le conviene, así que prefiere seguir con el modelo virtual.

Para Luz Karime Abadía, quien es la codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, la virtualización de ciertas porciones de la oferta académica se consolidará como una tendencia mucho después de que termine la pandemia. 

“En Colombia no gozan de buen prestigio los programas 100 por ciento virtuales. Están asociados a baja calidad. Esta crisis va a cambiar eso. Es una oportunidad para ampliar el acceso a instituciones de educación superior para muchas zonas del país donde no llega oferta educativa”, dice.  

En lo que sigue del mes se espera que las universidades abran sus cartas para saber qué irá presencial y qué virtual y así los estudiantes decidan si quieren o no inscribirse. 

Solo hasta que pase esto se sabrá el impacto real del coronavirus en la educación superior, que ya hizo que algunos rectores y directores académicos, como en la Universidad de los Andes, decidieran reducirse sus salarios entre un 10 y un 20 por ciento, mientras que otros congelaron la contratación de nuevo personal académico.  

Y sólo hasta entonces podrán estos estudiantes aclarar un poco el dilema que hoy los tiene pensando si es mejor parar o seguir estudiando aún si no saben muy bien para qué.

 

Comentarios (7)

Elgatodeschrodinger

01 de Junio

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No es un falso dilema, las Universidades ya no son garantia de que la gente tenga los conocimientos minimos para labores muy sencillas, a veces es mejor tener un buen tecnico para muchos temas que un profesional, como se ve en este mismo sitio, la mayoria no entiende de ciencias, matematicas o puede argumentar coherentemente, al final no hay beneficio real para la sociedad en desperdiciar recursos

No es un falso dilema, las Universidades ya no son garantia de que la gente tenga los conocimientos minimos para labores muy sencillas, a veces es mejor tener un buen tecnico para muchos temas que un profesional, como se ve en este mismo sitio, la mayoria no entiende de ciencias, matematicas o puede argumentar coherentemente, al final no hay beneficio real para la sociedad en desperdiciar recursos

AlvaroH

01 de Junio

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Todo eso desde su punto de vista, desde luego.

Todo eso desde su punto de vista, desde luego.

Elgatodeschrodinger

02 de Junio

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Si, no se si se ha dado cuenta pero los comentarios son desde el punto de vista de quien escribe, comandante no le enseñaron eso?, estar bajo una ideologia totalitaria en la montaña le hace perder la perspectiva?, trate de buscar un comentario en este sitio que no sea la representación de la perspectiva personal del autor, creo que el lavado de cerebro no les permite ver individuos, es triste ver

Si, no se si se ha dado cuenta pero los comentarios son desde el punto de vista de quien escribe, comandante no le enseñaron eso?, estar bajo una ideologia totalitaria en la montaña le hace perder la perspectiva?, trate de buscar un comentario en este sitio que no sea la representación de la perspectiva personal del autor, creo que el lavado de cerebro no les permite ver individuos, es triste ver

AlvaroH

01 de Junio

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Y eso que este artículo se queda en el tema del pregrado, en las maestrías t...+ ver más

Y eso que este artículo se queda en el tema del pregrado, en las maestrías también hay enredos.

Camilo Andrés Garzón

02 de Junio

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Así es, Álvaro. Nos enfocamos en pregrado, pero sabemos que los enredos son ...+ ver más

Así es, Álvaro. Nos enfocamos en pregrado, pero sabemos que los enredos son en otras instancias de la educación.

Tatiana Torres Muñoz

01 de Junio

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Eso no es nada. Hace poco charlaba con mi hermana que si mi padre me hubiese d...+ ver más

Eso no es nada. Hace poco charlaba con mi hermana que si mi padre me hubiese dado el dinero que corresponde a hacer dos carreras en el Rosario para crear mi propia empresa, hoy en día posiblemente tendría casa propia y una situación laboral y económica mucho más estable. La promesa de tener una carrera universitaria como vía segura al desarrollo profesional es hoy en día relativa.

Camilo Andrés Garzón

02 de Junio

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Tati, tienes toda la razón. Este solo es el segundo golpe a una crisis más a...+ ver más

Tati, tienes toda la razón. Este solo es el segundo golpe a una crisis más amplia de la cual tenemos datos estadísticos desde hace 4 años. Y eso que las carreras hace 10 años estaban a precios muy distintos.

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