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Por Juan Esteban Lewin · 19 de Julio de 2018

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El sábado pasado un panfleto firmado por las “Águilas Negras” amenazó de muerte a decenas de defensores de derechos humanos, líderes de víctimas, a la subeditora de El Tiempo Jineth Bedoya y a La Silla Vacía. El día siguiente María Jimena Duzán recibió una amenaza de muerte vía Twitter. Y el lunes una llamada a RCN Radio, por alguien que dijo ser del ELN, amenazó a su directora, Yolanda Ruiz, y a los periodistas Juan Pablo Latorre y Jorge Espinosa.

Esa seguidilla de amenazas mereció un amplio cubrimiento de prensa y menciones de apoyo del presidente Juan Manuel Santos y su sucesor, el presidente electo Iván Duque. Pero además de ellas hay amenazas casi cotidianas a decenas de periodistas en todo el país, que han tenido menos visibilidad pero que no por eso son menos riesgosas.

Las amenazas sonadas

La primera amenaza fue el panfleto firmado por las “Aguilas Negras” contra 49 personas y 16 organizaciones, en su mayoría defensores de derechos humanos, líderes de víctimas y políticos de izquierda. Curiosamente también estaban la subeditora de El Tiempo, Jineth Bedoya, los salientes senadores Juan Manuel y Carlos Fernando Galán (liberal y de Cambio Radical) y La Silla Vacía.

  Panfleto amenaza Águilas Negras by Anonymous 5dGWFZxZD on Scribd

Según lo que La Silla pudo verificar con la Fiscalía el grupo criminal llamado “Águilas Negras” fue desmantelado hace años. Sin embargo, es usual que aparezcan panfletos y amenazas firmados con ese nombre y su logo, y con listas más bien largas de personas:

Lo que no es usual es que incluya a periodistas: de las 96 amenazas que ha documentado la Flip este año, solo dos tienen su firma a pesar de que han revisado muchos panfletos para cerciorarse de que entre los amenazados hay periodistas o no.

Por eso, lo más probable es que se trate de algún otro actor que usa ese nombre para darle más credibilidad a la amenaza y para encubrirse. Según Vaca, muchas listas de amenazados repiten nombres “típicos” e incluyen unos pocos que no son los usuales, que probablemente por eso son a quienes el panfleto envía un mensaje más directo.

En el caso de María Jimena Duzán, la amenaza que ella misma reveló salió de una cuenta de Twitter aparentemente creada solo con ese objetivo y que luego cerró.

Es similar a lo que ocurrió con el caricaturista Matador, su colega de El Espectador X-Tian, o la que recibió hoy Luis Carlos Vélez.

Por último, las amenazas a RCN tienen dos antecedentes claros. Uno es que su emisora en Bucaramanga ya había recibido una amenaza similar. Hace algunas semanas recibieron una llamada de alguien que dijo ser el ELN, usó el mismo alias y les exigió lo mismo, dejar de hablar de las organizaciones sociales supuestamente afines a esa guerrilla a la hora de referirse a líderes sociales amenazados o asesinados.

Curiosamente algo parecido ocurrió en abril con la emisora de Valledupar Cardenal Stereo, que recibió una llamada muy similar. Y, como en las dos llamadas a RCN, dentro de las exigencias de quien llamó estaba dejar de hablar de alias Guacho.

A pesar de la gravedad de esos tres casos, son apenas la punta del iceberg.

Un panorama preocupante

La Fundación para la Libertad de Prensa, Flip, ha documentado 96 amenazas contra 117 periodistas en lo que va del año.

La cifra es tan alta que motivó que el miércoles pasado, antes de las amenazas visibles, sacara un comunicado de prensa en el que mostraba que en todo 2015 hubo 59 amenazas, en todo 2016 documentó 90, y en 2017, a julio, tenía 65 reportes. En total, han crecido un 40 por ciento desde 2012.

Las amenazas son, de lejos, la mayor agresión que sufren los periodistas, según los datos de la Flip, que ponen en segundo lugar 25 casos de acoso judicial y luego 14 de estigmatización.

La Flip ha encontrado que esas amenazas responden generalmente a varios patrones.

Uno es que en muchas ocasiones se trata de “reporteros que alternan sus labores con el activismo social”, como explicó en su comunicado. Son personas que se enfocan en temas puntuales, desde trata de personas hasta defensa del ambiente,y que le dan despliegue como periodistas a las investigaciones que hacen como activistas.

El segundo es el caso de decenas de periodistas de poblaciones pequeñas o medianas que investigan la corrupción o delincuencia local.

Allí, donde es más fácil que los afectados conozcan a los periodistas, donde suele haber menos diversidad de medios y donde, en muchos casos, el Estado es el principal empleador y financiador de medios, las amenazas son particularmente graves y efectivas.

“Lo que buscan es que los periodistas se autocensuren, y muchas veces lo logran”, explica Pedro Vaca, director a Flip. “Usualmente los periodistas saben exactamente cuál es el tema que motivó las amenazas, porque en esas zonas suelen hacer periodismo de registro y avanzar con una o dos investigaciones, así que pueden conectar los puntos muy fácil”.

Y el tercer caso es el de zonas con presencias de grupos armados ilegales como el Catatumbo, la zona rural de Tumaco o la Comuna 13 de Medellín.

Según la Flip, aunque muchas amenazas se siguen dando  por otras vías, las redes sociales se han convertido en el espacio más usual para hacer amenazas, especialmente twitter sobre todo a periodistas de un perfil alto y Facebook y Whatsapp para muchos más.

En ese universo amplio de amenazas, hay casos menos visibles que los del fin de semana, pero más fuertes.

Casos extremos

Ricardo Ruidiaz, director del programa “Rompe cabezas arma corazones” de Colmundo Radio y director de la Fundación Amigos Unidos, es uno de esos periodistas que también son activistas. En su caso, de derechos de los niños, inicialmente en temas como bullying pero recientemente en redes de trata de menores vinculadas al llamado Clan del Golfo, su uso para venta de drogas y explotación laboral.

Ha recibido 18 amenazas en poco más de un año, la más reciente esta semana con un panfleto firmado por las “Autodefensas Gaitanistas”. Todo arrancó cuando empezó a abordar esos temas, y de tipos muy diferentes.

La primera amenaza, una llamada en vivo a su programa en mayo de 2017, una persona que se identificó como miembro del Clan del Golfo dijo que no debía seguir investigándolos. Dos semanas después, tras denunciar en el Dijín hechos contra menores, lo llamaron de nuevo  le dijeron “Periodista sapo, supimos que estuvo en la Policía, lo vamos a bajar”. Desde entonces ha recibidos varias llamadas más, incluyendo dos de supuestos sicarios que le dicen que los habían contratado para matarlo pero que les quitaron el negocio.

También lo han perseguido. Por ejemplo, lo siguieron una vez en dos carros, dos veces lo rondaron personas en motos, encontró cuatro hombres armados a la entrada de su casa y una vecina vio a varias personas entrando al balcón de su apartamento , pero sus gritos los hicieron huir.

En varios casos las llamadas le han dado datos de sus movimientos o de dónde está en ese momento. Por ejemplo, cuando se tomaba un café en un centro comercial y le dijeron “periodista hijueputa, siga tomando café que mañana le ponemos una bomba en la marcha”; cuando estaba en una iglesia “estamos frente a la iglesia”, o le dijeron “usted estaba hoy comiendo con un funcionario de la Alcaldía.”

Las amenazas también lo han perseguido a su natal Barrancabermeja, donde apoyó marchas por el derrame de petróleo de La Lizama y la protección de líderes ambientales y lo llamaron varias veces con fases como “Periodista hijueputa no se aparezca más por acá por Barranca ni por el Llanito. ¿Oyó, gonorrea? No se vuelva a venir más por acá, ¿oyó, hijueputa? Deje de estar haciendo marchas y toda esa vaina. Lárguese”.

Incluso, en noviembre de 2017 le arrojaron una granada.

A pesar de todo eso, hace un mes la Unidad Nacional de Protección estuvo a punto de reducir su esquema de seguridad, algo que no ocurrió gracias a la presión pública de la Flip y varios medios.

Otro caso es el de Alberto Castaño, activista ambiental y quien fue director del extinto programa de Blu radio llamado Blu Verde.

En marzo recibió esta amenaza por Twitter: “@MONOCASTAO Abrite de acá con tus denuncias, pirobo, dejá explotar la naturaleza que pa eso es, capitalismo siempre. Ayer te vimos pagando en la Comercial Papelera, cuidado sigues azarando el parche”.

Eso fue días después de que publicara una nota denunciando el asesinato sistemático de líderes ambientales, indígenas y sociales, y llevó a que saliera del país para iniciar un proceso de asilo.

Y otro es el de Érica Londoño, reportera de Caracol Radio en Guaviare, quien ha sido hostigada desde 2012: le han lanzado piedras a la emisora y a su casa, han hackeado la cuenta de correo de Gmail de la emisora para poner el nombre “Caracol Ratas del Guaviare” y, sobre todo, le han enviado mensajes de texto amenazantes y de diferentes asuntos.

Por ejemplo, “periodistas caracol medio amarillista los declaramos objetivo militar a Erika Londo?o Gustavo Chica Jorge Ramirez Y adventirles (sic) que no los queremos ver en las zonas donde hacemos presencia militar igual decirles que sabemos de cada uno de los movimientos y desplazamientos que hagan este es un mensaje de la organizacion militar bloque heroes del Guaviare y bloque heroes del ariari”.

O “hps periodistas de la derecha erica y gustavo las farc ezisten como grupo armado del pueblo y aki en guaviare y meta mandamos nosotros o empiesan a decirlo o atengance o los actos revolucionarios por cierto bonito su hijo erica (sic)“.

Estos casos, y otros similares, han puesto a prueba la capacidad de los periodistas de seguir investigando y la del Estado de evitar que los callen.

El programa de protección a periodistas, que existe desde el gobierno Pastrana y hoy maneja la Unidad Nacional de Protección, logró reducir y casi erradicar los asesinatos a periodistas, pero no ha sido efectivo para contener el crecimiento de las amenazas.

Como lo que hace es crear medidas de protección que van desde entregar un celular y un chaleco antibalas, hasta poner esquemas de seguridad con escoltas y vehículos blindados, pueden evitar que se pase de la amenaza al atentado, pero no necesariamente evita situaciones como la de Ruidíaz, en las que la tortura psicológica pueden callar al periodista.

Con la reciente ley que creó un delito específico de amenazas, el Fiscal General, Néstor Humberto Martínez, creó un primer grupo de cuatro fiscales encargados de aplicar ese delito a hechos como los de los periodistas. Eso, en plena escalada de amenazas, puede ser un primer paso para que el Estado cambie su política.

“Debería pasar de una mirada reactiva, que protege a los periodistas cuando ya fueron amenazados y de forma individual, a un costo muy alto, a una proactiva, en la que se mire el origen de los riesgos y se busque extinguirlos” dice Vaca. “En lugar de darle a los periodistas un traje de bomberos para que vuelvan a luchar con el fuego, extinguir el fuego”.

Comentarios (3)

José Saramago ..

19 de Julio

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Rechazamos las amenazas contra la integridad de los periodistas. El Estado deb...+ ver más

Rechazamos las amenazas contra la integridad de los periodistas. El Estado debe proteger su labor, y las autoridades y la justicia deben investigar y llegar hasta los responsables.

Ahora, eso de “Águilas Negras” no existe, es lo mismo como firmar “Anónimo”, cuando el autor de las amenazas no quieren que se reconozca, o busca despistar de donde vienen las amenazas, firma así: “Águilas Negras”.

Henry Castro Gerardino

20 de Julio

140 Seguidores

Es triste registrar estas noticias. Parecería que vivimos en un país de salv...+ ver más

Es triste registrar estas noticias. Parecería que vivimos en un país de salvajes. Lo que no entiendo es por qué no han dado con las cuentas que envían esas amenazas, como si sucedió con el caso de Petro, en buena hora. En los municipios pequeños es más fácil. Allí están personajes, concejales y ediles que conocen a los autores de las amenazas. Bien, se podría citarlos para indagarlos y enlistarlos

Orlando Arroyave

21 de Julio

0 Seguidores

Pero, ¿qué son las Águilas Negras? Una pregunta importante para una socieda...+ ver más

Pero, ¿qué son las Águilas Negras? Una pregunta importante para una sociedad y en especial para la Fiscalía. Dicen que no existen, aunque matan. Los medios de comunicación afirman como Wikipedia, que eran antiguos paramiliares que ya no existen... No existen las masacres, ni los líderes asesinados, ni las desapariciones forzadas, ni los falsos positivos... nada... ni siquiera las Águilas Negras.

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